viernes, 31 de agosto de 2007

Chica de tapa


Una de las grandes virtudes de la nueva versión de Fierro (más modesta y acomodada que aquella que estalló en los 80) es la definitiva democratización de la tapa. Ahora, Fierro se aleja de la repetición de la estética pornofantástica de Chichoni, un ilustrador de talento, hábil y sutil, que marcó la primera etapa de la revista. Con suerte diversa (ese es el riesgo y el vértigo de la democratización) las tapas de este nuevo período proponen formas de lo más opuestas, generando una idea más acabada de la pluralización de la historieta, principal rasgo de Fierro en su revolucionaria idea de revista, variando desde el dibujo realista y la narración clásica al delirio estilístico, y a veces arty, de la historieta underground. Y, como espacio gestor de pequeñas rupturas, la última tapa de Fierro tiene el carácter de genialidad. La ilustradora en este caso es Alejandra Lunik y su sensibilidad tiene una génesis definida, porque según confiesa la pasión por lo pesadillesco tuvo su revelación en la estética del historietista e ilustrador Carlos Nine: "Desde que leí Humberto y Garrapié en la revista Humi y vi la tapa que preparó en el número de esa revista dedicado a E.T., tuve pesadillas por su culpa." En la tapa de Lunik para la Fierro hay sólo cinco mujeres, de varios tipos y tamaños, en un living dionisiaco. Una mujer rechoncha de piel blancuzca con cola diablesca y alas de hada, se recuesta en un sillón junto a una muñeca inflable de curvas creada a imagen y semejanza de las chicas de las publicidades de toallas íntimas. A un costado del sillón, dos niñas se aprietan en beso lésbico; otra niña con cuernos nos mira debajo de una silla, pero su mirada es menos desafiante que la que nos echa la rechoncha con sus ojos verdes enmarcados en un flequillo (¿rolinga o ramone?) y con evidente gesto de amargura: ¿nos pregunta que estamos mirando? ¿cuestiona que nuestros ojos interrumpan su intimidad? ¿nos invita desganada al banquete báquico? La impronta lésbica desafía, fuera de las representaciones machistas del porno industrial, para ofrecer una versión lustrosamente monstruosa. Así las cosas, esta tapa compite cabeza a cabeza con la del Humpty Dumpty acuchillado en el teatro cómico de la crueldad absurda que Max Cachimba delineó en la cara del número 6 de esta nueva etapa de Fierro. Era hora de sacar los monstruos del closet cuadrado de la historieta para dejarlos fluir como si escaparan de una pesadilla.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

buen texto e interpretación
saludos

alejandra lunik dijo...

Guau! Muchas gracias!