No, no viajamos a Iguazú, fuimos a un hospital quirúrgico porque Norberto, mi pareja abierta desde hace quince años, tuvo que hacerse una operación de cataratas en uno de sus ojos. Y como yo tenía un celular y mucha ansiedad, fui tuiteando o posteando en facebook, la crónica de lo acontecido. En un mes le operan el otro ojo, por lo tanto esta es la primera parte de una saga. Acá abajo la cronología completa.
14:00. Estamos haciendo la admisión para que intervengan el ojo derecho de Norberto, que tiene cataratas. Ya le pusieron la pulsera con su nombre.
14:10. Sala de espera en el Instituto Quirúrgico del Callao
14:17. Cada 15 minutos hay que poner gotas en el ojo derecho. En la segunda dosis ya parece un personaje de Poe. Después viene la fase Lovecraft.
14:23. Norberto se puso mucho perfume, sospecho que tiene metejón con el cirujano.
14:35. Subimos al sexto piso, cambiamos una sala de espera por otra. El ojo de Norberto ya es un planeta extraño.
14:50. En el sexto piso hay unas acuarelas espantosas de 1997, decorativamente menemistas. ¿Quién cura el arte de los hospitales?
15:10. Norberto se queda dormido en la sala de espera, anoche no pegó un ojo (si me permiten la expresión).
15:14. Quinta gota y el ojo derecho de Norberto es lo más parecido a una remake de El exorcista: está poseído. La próxima vez le tiro agua bendita.
15:20. Otra sala de espera. Acá le piden que se ponga un delantal en el baño y que salga "sin mostrar nada". ¿Tendrá cara de exhibicionista?
15:40. La enfermera le toma la presión a Norberto y le pregunta por las pastillas que toma y para qué. Al dar la lista larga de enfermedades en voz alta y clara, porque el nombre de tantas pastillas es difícil de recordar, la media docena de personas que espera quirófano en la misma sala pone cara de póker y traga saliva. ¡Que la sigan tragando!
15:55. Una silla de ruedas se llevó a Norberto. Me dejó un beso y un tufo a perfume incrustado en mis fosas nasales. No paso el antidoping de amor.
16:08. Me hacen esperar en el bar del piso 9. Me entretengo adivinando la especialidad de médicos, saco siempre a los traumatólogos por la cara.
16:20. La espera me hace maquinar: y si al mirarme con la visión recuperada, Norberto me deja por el cirujano. 15 años de relación en la tiniebla.
16:50. La moza del bar grita: "familiares de Gutipati". Cuando respondo me dice que tengo que ir al 4 piso a recibir el parte de cirugía. Nervios.
17:10. En el 4 piso hay un timbre y desde el parlante me preguntan quién soy. Dije que venía por el parte. Miro una puerta cerrada hace 15 minutos.
17:20. Veinte minutos y nada: la espera me parte.
17:35. Toqué timbre nuevamente: otra voz y desentendimiento de mi reclamo del parte. Ya soy Spiderman, camino por las paredes.
17:45. Tras más de media hora, una enfermera sale y dice que Norberto no ingresó al quirófano y él quiso que me avisen el retraso. Piensa en mí.
18:15. Vuelve la espera. Mastroianni decía que al actor de cine le pagan por esperar en rodajes más que por actuar. Hoy me tocó el papel de boludo.
18:30. 2 horas de Norberto a manos de un cirujano desconocido. Prefiero que lo secuestren en el túnel de Amerika, y él seguro también prefiere eso. A veces pensamos igual
19:05. El pirata ya está en tierra firme, a salvo mas nunca sano. (ver foto de arriba)
martes, 14 de mayo de 2013
domingo, 12 de mayo de 2013
Polvos de la lujuria
Triple función en el Cine Club Divine: un registro del recital de Divine en the Hacienda en 1983, la película Al este del oeste de Paul Bartel y un corto experimental que ensamblé y musicalizo en vivo, en modo dj, con un set de covers. Todo este exceso divinesco es como homenaje a los 25 años de la muerte de Divine (1945 -1988). Abajo los textos que escribí sobre dos de las películas proyectadas. Dirección e información, arriba en el flyer.
Lust in the Dust era el nombre original del western camp Duelo al sol y así bautizó Paul Bartel a su estampida cinematográfica para hacer polvo al universo dominado por el cowboy con un revolver cargado por Divine. Por esta película, el crítico Leonard Maltin se preguntaba confundido si el personaje que Divine interpretaba era un hombre o una mujer; no podía entender que el actor iba más allá de los géneros, de los binomios heredados como formas de clasificación asfixiante. Como en Polyester, Divine vuelve a hacer dupla con Tab Hunter para interpretar a una cantante de saloon que tiene un tesoro bien guardado en el culo.
Divine SM
Argentina, 2008, 15'
Argentina, 2008, 15'
Una hagiografía del monstruo más libertario de la historia del cine, construida a partir del libre ejercicio de un voyeurismo sedado de cámara lenta que permite distorsionar aún más, pervertir aún más, cada una de las muecas de Divine (1945-1988). Y esa esperpéntica presencia está creada con la técnica con que John Waters, co-creador de Divine, fotografía las imágenes televisivas de sus fetiches cinematográficos.
miércoles, 8 de mayo de 2013
Bajo el Saul
Uno de los mejores recuerdos de mi paso por la Facultad de Filosofía y Letras fue una clase que preparé sobre Saul Bass, el creador más grande de títulos de crédito para películas. Hice un compilado en VHS de secuencias de títulos de películas de Bass para Otto Preminger, Alfred Hitchcock, Robert Wise, Martin Scorsese para analizar la potencia conceptual en cada una, de cómo entendía la identidad narrativa y estética de cada película y la podía proyectar en una animación gráfica siempre distinta, a veces metabolizando de manera inteligente las influencias vanguardistas. Si muchas veces Vértigo de Hitchcock se vota como mejor película de la historia del cine, tal vez una parte del crédito debería ir para Bass, cuyos títulos con técnicas de op-art y psicodelia, más la secuencia de la pesadilla de Scottie, suman muchos puntos para la personalidad de la película (existen, incluso, análisis de Vértigo basados solo en su secuencia de créditos). Se dice también que el storyboard de la escena de la ducha de Psicosis fue dibujado por Bass, lo que no suena muy absurdo. Alguna vez me gustaría escribir algo extenso sobre este capo. Hoy Google dedicó su doodle a Saul Bass con un mash-up basado en algunas de sus creaciones, casi como una remake de ese VHS que hice hace más de quince años.
martes, 30 de abril de 2013
Pezón, pezón, qué grande sos
Hoy cumpliría 52 años Batato Barea, y sus tetas ya tendrían 22 años, ambas serían mayores de edad. Celebremos, recordando su expresión con esta nota que escribí para el suplemento Soy hace algún tiempito. Y recuerden: la vaca no da la leche, se la sacan.
lunes, 22 de abril de 2013
TV-Shirt
Richard Hell había escrito en su remera “Please Kill Me”, pero finalmente fue su tocayo, Richard Lloyd, quien se la puso para tocar una noche en Max’s Kansas City. Y unos fans peligrosos de ojos desencajados se acercaron a Lloyd y le preguntaron si era verdad, que si realmente quería que lo mataran, ellos podían hacerle el favor. Tal vez fue en ese mismo momento que nació la frase célebre: “Punk is dead”. Sacrificio, martirología y otras ciencias de la muerte se convertían en punta de lanza en los 70 made in NY, para crear un vértigo de dos minutos. Estamparse un fanzine en el pecho y convertirlo en desobediencia generacional (y así darle nombre a la historia oral del punk que escucharon Legs McNeil y Gillian McCain). Eso fue Television, una banda de pocos discos, mucha épica y canciones por las que entregar la vida. En épocas del No Future, Tom Verlaine y sus secuaces sintonizaron el aparato perfecto para ver a lo lejos y sentir adentro el ruido de los fantasmas. Y vienen a Buenos Aires a demostrar que su sonido atraviesa las paredes. Ahí nos vemos.
domingo, 21 de abril de 2013
Break On Through (To the Other Side)
"Go, Vulnavia. Your work is complete, come and join us on the other side", le dice Dr. Phibes a la segunda Vulnavia, Valli Kemp, en esta saga que emerge de las cenizas. Hoy, un día de gracia para este blog, habrá por primera vez en la historia de la humanidad, un FOCO VULNAVIA, dedicado a la heroína que nos reúne. O sea que ya saben, si quieren sumarse y pasar al otro lado (o sea al Bazofi), las puertas están abiertas: la cita es hoy mismo, a las 18 horas, en Moreno 1199 (esquina Salta), donde se proyectará El Dr. Phibes vuelve de la tumba. La entrada es gratuita hasta llenar la capacidad de la sala.
jueves, 11 de abril de 2013
Rayas de flashback
En el ciclo Cultura VHS: ojos de videotape, cuatro personas fueron invitadas a proyectar por primera vez sus cintas negras, artefactos que construyeron con sus videograbadoras: mixtapes o simplemente fragmentos fetichistas a modo de flashback tóxico. Lo que sigue es casi una crónica:
Un clip de Radiohead, con una mira de metralla en modo zoom desatado, irrumpido por las rayas se transforma, blur y sus lens flares mediante, en una canción sin imagen, mutilada por la velocidad con que Flavio Lira grababa mtv como si sampleara las convenciones del lenguaje de la tv para descomponer el pop; Mónica Galán, siempre de malicia altiva y suave, pasando de pantalla como en un videogame novelesco, infinita en su rol de escudera de Andrea del Boca o de Paula Vázquez Prieto, la verdadera heroína del ensamble de tv noventosa con las peores tipografías del videograph; culos playeros, chongos en piletas, explosiones de uñas fucsias, infiernos de labios rojos, tetas ardiendo al sol atómico, días de la independencia de la belleza porno, torsos y esqueletos, carne y destrucción, toda la brasa desmontada en cascadas de tapes por la privilegiada visión rayos-x de Romina Iglesias, en perfecto desincronismo con la música castigada por Reno que a nosotrxs nos vuelve más monstruos; el héroe americano más grande es al que peor le fue, pero alguien lo guarda en cajas negras oblongas, ataúd en el que sobrevivió casi íntegro para exhibir que cuando viene la revolución en el peor plato volador de la historia (que es un efecto tecnoretro de los cincuenta antes que ET viajase en naves casi hi-fi), decía, cuando aterrizan los marcianos para vestir de calzas y capa liliputiense al profesor de rulos rubios y así convertirlo en el tonto de la serie (heredero del más torpe de la tv, Maxwell Smart), ahí mismo suena la mejor canción del mundo galáctico (la del hombre que cayó a la tierra para destruirnos a fuerza de hits), y así Mariano Kairuz (él no está en facebook porque es igual de tecnoretro), aclara que Space Oddity no está en la edición de dvd, fue sacada seguramente para no pagar derechos. ¿Ustedes se preguntaban que se perdió en la cultura digital? Esa canción es una de las respuestas. Pero por suerte siempre hay amigxs que saben devolvernos lo que la injusticia comandada por los idiotas inútiles quiere sacarnos. Proyecten lo que quieran.
Un clip de Radiohead, con una mira de metralla en modo zoom desatado, irrumpido por las rayas se transforma, blur y sus lens flares mediante, en una canción sin imagen, mutilada por la velocidad con que Flavio Lira grababa mtv como si sampleara las convenciones del lenguaje de la tv para descomponer el pop; Mónica Galán, siempre de malicia altiva y suave, pasando de pantalla como en un videogame novelesco, infinita en su rol de escudera de Andrea del Boca o de Paula Vázquez Prieto, la verdadera heroína del ensamble de tv noventosa con las peores tipografías del videograph; culos playeros, chongos en piletas, explosiones de uñas fucsias, infiernos de labios rojos, tetas ardiendo al sol atómico, días de la independencia de la belleza porno, torsos y esqueletos, carne y destrucción, toda la brasa desmontada en cascadas de tapes por la privilegiada visión rayos-x de Romina Iglesias, en perfecto desincronismo con la música castigada por Reno que a nosotrxs nos vuelve más monstruos; el héroe americano más grande es al que peor le fue, pero alguien lo guarda en cajas negras oblongas, ataúd en el que sobrevivió casi íntegro para exhibir que cuando viene la revolución en el peor plato volador de la historia (que es un efecto tecnoretro de los cincuenta antes que ET viajase en naves casi hi-fi), decía, cuando aterrizan los marcianos para vestir de calzas y capa liliputiense al profesor de rulos rubios y así convertirlo en el tonto de la serie (heredero del más torpe de la tv, Maxwell Smart), ahí mismo suena la mejor canción del mundo galáctico (la del hombre que cayó a la tierra para destruirnos a fuerza de hits), y así Mariano Kairuz (él no está en facebook porque es igual de tecnoretro), aclara que Space Oddity no está en la edición de dvd, fue sacada seguramente para no pagar derechos. ¿Ustedes se preguntaban que se perdió en la cultura digital? Esa canción es una de las respuestas. Pero por suerte siempre hay amigxs que saben devolvernos lo que la injusticia comandada por los idiotas inútiles quiere sacarnos. Proyecten lo que quieran.
lunes, 1 de abril de 2013
La cinta negra: ojos de vhs en el Rojas
Cultura VHS: ojos de videotape
La revolución del video hogareño creó nueva forma de cultura que eclosionó en la década del 80: por ejemplo, prácticas audiovisuales inéditas donde cualquiera podía manipular películas, incluso modificarlas, gracias a la videograbadora. Estética, absurdo, low fi, DIY, industria y nuevas ideas que no solo cambiaron la historia, sino que también la permitieron rebobinarla. Este ciclo recupera distintas facetas del VHS, desde grabaciones maniáticas y raros registros hasta películas creadas en ese formato, para volver a darle play a la extraña dimensión del videotape.
Miércoles 3 de abril, 20 horas
Víctor Maytland presenta:
Isla se alquila por hora (1989). Dirigida por Roberto Sena y Néstor Robles, con Federico Luppi, Marta González, Mario Sánchez, Divina Gloria, Andrés Redondo, Carlos Rotundo, Alicia Aller, Betty Villar, Jorge Rossi, "Las Guerreras".
Héroes otra vez (1990). Dirigida por Roberto Sena.
Antes de ser el Rey del Porno vernáculo con el seudónimo de Víctor Maytland y su éxito en VHS de Las tortugas pinjas (1990), Roberto Sena filmó varias películas en el auge del formato, como estas dos rarezas que se presentan en continuado.
Miércoles 10 de abril, 20 horas
Video(grabadora) Club:
parte de la videofilia estuvo basada en el fetichismo personal por grabar desde la tv para acumular cassettes de fragmentos. Montajes azarosos, reliquias y souvenirs audiovisuales, mix tapes y demás frankensteins del vhs presentados por docentes, músicos, periodistas y artistas como Paula Vázquez Prieto, Mariano Kairuz, Flavio Lira y Romina Iglesias.
Miércoles 17 de abril, 20 horas
Raro VHS presenta:
Video Violencia ¡Cuidado al alquilar! (Video Violence... When Renting Is Not Enough, 1987)
Esta rareza filmada en video y lanzada exclusivamente en VHS, resulta un perfecto homenaje a los videoclubes de barrio, al auge del cine casero de ínfimo presupuesto y a las películas de terror que llenaron los estantes de la época de oro del video hogareño.
El coleccionismo de video en su máxima expresión vernácula, Raro VHS presenta esta película y un compilado de algunas de los momentos más excéntricos que guardan sus videotapes.
Miércoles 24 de abril, 20 horas
Videocámara Stylo:
se presentarán registros biográficos y excentricidades en video de músicos, periodistas, artistas y docentes como Lucas Gutiérrez, Mora Sánchez Viamonte, Sol Santoro, Reno y Javier Cereceda con su VHS Fanzine.
Todas las funciones son en el Centro Cultural Rojas, Corrientes 2038. Entrada Gratis.
Coordinador Área Cine y Video: Raul Manrupe
Curador y programador: Diego Trerotola
jueves, 24 de enero de 2013
Calvin & Hobbes' Not Dead
Mis veranos son calvinistas, debo reconocerlo. Especialmente en enero que, para escapar del incendiario asfalto carbónico, me dedico a recorrer las desventuras del infante y su tigre en el planeta Bill Watterson. No sé por qué será, pero me pega así, sin planearlo, como si fuese una estación predeterminada, siempre en la misma época acampo junto a las viñetas cuadriculadas por el pincel virtuoso. ¿Tendré un reloj biológico sintonizado con Calvin & Hobbes? Recientemente me llegó la edición completa de las historietas de C&H, cuatro tomos ordenados cronológicamente, aunque para leerlas no hay orden que valga y el tiempo que retratan es una muy específica detención de la duración: las agujas de Watterson se clavan donde la niñez todavía no está domesticada del todo y la experiencia gira alrededor de la exploración libertaria del mundo de la mala educación. Será por eso que me refugio en esas páginas atemporales durante enero: es el mes donde el tiempo más se siente en Buenos Aires (porque la ciudad se queda quieta y las horas pasan a fuego lento). Ahora estoy más objetivamente protegido, porque como la discografía completa de Ramones (quienes también lograron detener el tiempo a lo largo de su obra), esos cuatro libros son la garantía palpable de que se puede pulverizar el aburrimiento. Y porque son un arma segura de destrucción de todo lo pesado de este mundo, tengo los tomos bien escoltados, custodiados por Johnny Ramone de un lado y por Batman pirata del otro. No creo que nadie se atreva a meter mano ahí.
lunes, 21 de enero de 2013
Muertes secundarias
Tardaron dos días en difundir la noticia; internet movie data base (imdb) se demoró una semana en actualizar su biografía. El lunes 14 de enero había muerto Conrad Bain y fue, alrededor del mundo, una noticia secundaria, sin la urgencia de las primicias, porque el actor entraba en la categoría de "nombre irreconocible si no se adjunta una foto de su momento de fama". Y ese momento que permite reconocer su identidad ("Ah, sí, el Sr. Drummond"), fue entre 1978 y 1986, cuando protagonizó la sitcom Blanco y negro, como el millonario padre viudo y adoptivo de Arnold y Willis. No sabemos mucho más de este actor, porque al menos en cine y tv actuó bastante poco después de aquellos años dorados de vivir en un penthouse en Park Avenue. Creo que de las series de mi infancia esta era una de las que más me gustaba, todavía recuerdo capítulos completos; incluso mi memoria erótica llega a tener una detallada evocación del padre de la amiga de Kimberly y su escena en el balcón-terraza apretando una naranja, que debe estar entre las primeras confirmaciones de mi fetiche por los gordos gigantones. Igual la serie Webster (1983-1989), un claro rip-off de Blanco y negro, tenía al más hot padre adoptivo de afroamericanos, Alex Karras, un chongo futbolista convertido en actor, que incluso interpretó a un personaje gay en Victor Victoria. Karras murió el 20 de octubre del año pasado, y de eso recién me entero. Espero que en la próxima entrega de los Oscars los recuerden a ambos, en el típico desfile de fotos que nutre nuestra necrofilia chic cada año.
viernes, 4 de enero de 2013
La rotación de la tierra
2012 terminó televisivamente muy arriba gracias a 23 pares, la serie creada por Albertina Carri y Marta Dillon que nos hacía temblar (por emociones de muy distinta especie), capítulo a capítulo, con su ficción-laboratorio: melodrama tribal con golpes de humor y locura, saga de post identidad, folletín de primitivismo amoroso matriarcal. Si no la vieron en tele, la tienen disponible y completa para ponerse al día (si pasan por acá). Y abajo les dejo la intro de la nota que escribí en el Soy sobre la serie.
La tierra se mueve en los títulos de 23 pares, la animación imprime al terruño un movimiento sutil y ambiguo, podría ser soplado por una brisa, agitado por un temblor o empujado por el crecimiento subterráneo de un árbol. Y ese es, sobre todo, el valor agregado de esta serie en la cosecha 2012 de la televisión argentina: hacer temblar un poco los cimientos de las representaciones mediáticas, especialmente de las ideas preconcebidas sobre identidad, género, diversidad sexual y familia. Es una serie que tiene los pies en la tierra pero solo para comprobar que debajo el mundo gira a distintas velocidades y se muda sin avisar en qué dirección, avanzando sin obedecer señales de tránsito. Y si una semilla se transforma vertiginosamente en un árbol también en los títulos, es para marcar no tanto un nuevo nacimiento sino la posibilidad de ramificaciones, de ser verdor y ser rama pelada, ir de una estación a otra por la ruta de una orgánica mutación.
La tierra se mueve en los títulos de 23 pares, la animación imprime al terruño un movimiento sutil y ambiguo, podría ser soplado por una brisa, agitado por un temblor o empujado por el crecimiento subterráneo de un árbol. Y ese es, sobre todo, el valor agregado de esta serie en la cosecha 2012 de la televisión argentina: hacer temblar un poco los cimientos de las representaciones mediáticas, especialmente de las ideas preconcebidas sobre identidad, género, diversidad sexual y familia. Es una serie que tiene los pies en la tierra pero solo para comprobar que debajo el mundo gira a distintas velocidades y se muda sin avisar en qué dirección, avanzando sin obedecer señales de tránsito. Y si una semilla se transforma vertiginosamente en un árbol también en los títulos, es para marcar no tanto un nuevo nacimiento sino la posibilidad de ramificaciones, de ser verdor y ser rama pelada, ir de una estación a otra por la ruta de una orgánica mutación.
viernes, 30 de noviembre de 2012
Post Bear
Enero de este año comenzó peludo: publiqué una nota en la revista Inrockuptibles (que cada vez está más buena), donde celebraba la prolífica actividad osuna en la historieta vernácula. Además de evocar a El ósculo hirsuto, recurrente en este blog, ahí hablaba de la publicación del primer libro nacional de cómic bear: Horror, desperté con un cazador de Rubén Gauna. Ahora, para ir cerrando el año, la segunda parte de la historieta, editada para la última Marcha del Orgullo LGTBIQ, viene con un prólogo mío (del que cito un fragmento abajo, y pueden leer en el adelanto publicado en el Soy). Arriba, otra vez aparezco en el universo de Horror... al que, por supuesto, pertenezco con orgullo libidinal. Este domingo, a las 19, el libro se presentará en el Bar de FM La Tribu (Lambaré 873): habrá barbas para acariciar y frotarse.
A toda comedia le gusta la inversión como materia prima para el chiste, pero Gauna y sus personajes la llevan a un lugar de máxima incorrección. Si las políticas de la identidad y la orientación sexual tomaron su potencia en la afirmación social de ciertos modelos positivos, Horror... muestra el lado oscuro de la fuerza del deseo, cuando la libido nos hace girar el lado B. Si ya hay una teoría y una práctica de la post identidad, ésta tal vez sea la primera historieta post bear, la que ponga un poco en crisis el mundo de los osos como un lugar estancado: ahora ser un oso o un cazador es reinventar las reglas de un cosplay, es una fiesta de disfraces, un juego de rol. Por eso, en sincronía con la cultura queer, Horror... representa la peligrosa aventura de la incertidumbre, la identidad como algo inestable, que puede mutar en nuestra propia cama, donde creíamos que podíamos controlar nuestra fantasía.
A toda comedia le gusta la inversión como materia prima para el chiste, pero Gauna y sus personajes la llevan a un lugar de máxima incorrección. Si las políticas de la identidad y la orientación sexual tomaron su potencia en la afirmación social de ciertos modelos positivos, Horror... muestra el lado oscuro de la fuerza del deseo, cuando la libido nos hace girar el lado B. Si ya hay una teoría y una práctica de la post identidad, ésta tal vez sea la primera historieta post bear, la que ponga un poco en crisis el mundo de los osos como un lugar estancado: ahora ser un oso o un cazador es reinventar las reglas de un cosplay, es una fiesta de disfraces, un juego de rol. Por eso, en sincronía con la cultura queer, Horror... representa la peligrosa aventura de la incertidumbre, la identidad como algo inestable, que puede mutar en nuestra propia cama, donde creíamos que podíamos controlar nuestra fantasía.
miércoles, 14 de noviembre de 2012
Signos de partir
Hace mes y medio, Lisa Kerner inauguró en Milión su muestra de dibujos llamada "A punto", sobre la que escribí una nota en el Soy. El pasado 1 de noviembre, para abrir el mes del Orgullo LGTBIQ, volvió y, otra vez, fue millones: ahora Lisa expone sus últimas creaciones y escribí el texto de abajo para la nueva muestra, bautizada "Implosión", que se puede visitar en Casa Brandon, ese lugar donde el arco iris flamea y se agita todo el año.
“Implosión” de Lisa Kerner
Acción de romperse hacia dentro con estruendo las paredes de una cavidad cuya presión es inferior a la externa
¿Muchacha punk o muñecas rusas? ¿Ultrapop o dark? ¿Imaginario cartoon o realismo queer? ¿Tomboy o Riot Girl? El pulso de Lisa Kerner se pregunta por dónde alinearse mientras su trazo ondulante dibuja siempre un signo de interrogación hecho cuerpos y almas gemelas o mellizas. Dos o más, las Lisas que se despliegan multiplicadas son un juego de las siete diferencias amalgamado en un mismo rectángulo, como el reflejo y su distorsión sentados a la misma mesa para devorarse mutuamente. Hay algo de electricidad en el serpenteo, como si la implosión de esta muestra tuviese que ver con el mismo rayo que da vida a la Novia de Frankenstein que se activa para partir a la dibujante: partir en el sentido de quebrar o dividir, pero también de marchar o mudarse. Por eso, en esta serie de autorretratos, Lisa se fragmenta otra vez en distintas figuritas que forman un álbum incompleto, pero que igual tiene premio: la sabiduría de reconocer que somos una colección inacabada de identidades que una vez capturadas se comienzan a escabullir. Y siempre es ese horizonte en perspectiva, donde las ratas hacen equilibro y el arco iris nos cobija, que nos señalan los puntiagudos pelos amarillo solar de las Lisas.
“Implosión” de Lisa Kerner
Acción de romperse hacia dentro con estruendo las paredes de una cavidad cuya presión es inferior a la externa
¿Muchacha punk o muñecas rusas? ¿Ultrapop o dark? ¿Imaginario cartoon o realismo queer? ¿Tomboy o Riot Girl? El pulso de Lisa Kerner se pregunta por dónde alinearse mientras su trazo ondulante dibuja siempre un signo de interrogación hecho cuerpos y almas gemelas o mellizas. Dos o más, las Lisas que se despliegan multiplicadas son un juego de las siete diferencias amalgamado en un mismo rectángulo, como el reflejo y su distorsión sentados a la misma mesa para devorarse mutuamente. Hay algo de electricidad en el serpenteo, como si la implosión de esta muestra tuviese que ver con el mismo rayo que da vida a la Novia de Frankenstein que se activa para partir a la dibujante: partir en el sentido de quebrar o dividir, pero también de marchar o mudarse. Por eso, en esta serie de autorretratos, Lisa se fragmenta otra vez en distintas figuritas que forman un álbum incompleto, pero que igual tiene premio: la sabiduría de reconocer que somos una colección inacabada de identidades que una vez capturadas se comienzan a escabullir. Y siempre es ese horizonte en perspectiva, donde las ratas hacen equilibro y el arco iris nos cobija, que nos señalan los puntiagudos pelos amarillo solar de las Lisas.
jueves, 25 de octubre de 2012
LSD (Love Sylvester's Disco!)
Recién ahora encuentro este documental abreviado donde John Waters da una definición perfecta de Sylvester, refiriéndose a la participación del cantante afro junto a The Cockettes, compañía hippie-drag psicodélica de los 60: "El no era un hippie de barba con un vestido, era Billie Holliday o Diana Ross en LSD". Si lo hubiese visto antes, incluía esa definición en el texto que escribí para el suplemento Soy, a propósito del libro La historia secreta del disco de Peter Shapiro. Abajo les copio el final de la nota, que se puede leer completa acá (y les recomiendo que, si no recuerdan o no saben quién es Sylvester, hagan clic en el link al video que nombro en la nota, siempre y cuando estén en un lugar que les permita bailar a sus anchas, si no van a tener que correr los muebles para hacer lugar, porque el que no baila con eso en vez de sangre debe tener detergente en las venas).
Lydia Lunch, citada en el libro de Shapiro, lo dice con metáfora orgánica: “La música es el tejido conectivo entre protesta, rebelión, violencia, conciencia sexual y comunidad”. Tal vez esta conexión llegó a su éxtasis a través de Sylvester, responsable de los falsetes más andróginos y orgásmicos del Hi-NRG, una abreviación de alta energía, un subgénero de la música disco creado a partir del acelerado beat del bombo que reproducían el galope del caballo como banda sonora sexual, con líneas melódicas de sintetizadores donde convergía el grito de placer con el ruido de la máquina. Sylvester era un afroamericano queer, uno de los primeros cantantes populares abiertamente homosexual, que había sido parte de los espectáculos hippie-drag de The Cockettes a fines de los ’60, imitando a Josephine Baker. Pero en su carrera solista, en el auge total del disco, su máximo hit fue “You Make Me Feel (Mighty Real)”, aun con potencial rupturista en su desafío a las convenciones que son síntesis de las políticas de resistencia integracionistas del movimiento dance. “Mientras gran parte de la música que coloreaba la escena disco gay tenía la alegría insistente de un espectáculo de porristas de secundaria y por lo general conjuraba ante todo la imagen de dos muñequitos de esos que mueven la cabeza como asintiendo chocándose mutuamente, ‘You Make Me Feel (Mighty Real)’ interpelaba a la tradición musical afroamericana preguntándole qué ‘realidad’ se suponía que debía representar para los hombres negros gay que, prácticamente alienados de la sociedad entera, estaban forzados a esconder sus identidades verdaderas a lo largo de casi todas sus vidas... Sylvester contrariaba al exterior indiferente del synth pop con una intensísima expresión de arrobamiento. El modo en el que Sylvester cantaba ‘I Know You Love Me Like You Should’, corriéndose hasta un registro tan alto que sólo podía ser completado por un zumbido de sintetizadores, bien podría ser el momento ‘diva’ definitivo de la historia del disco.” Basta mirar el video del hit: su perfomatividad drag múltiple mezcla estética leather de botas de cuero con glam marciano a lo Bowie, pero también abanico de teatralidad marica retro y turbante afro con perfume de gospel, entre otras modulaciones del crossdress. Y aunque, por momentos, Sylvester es el único en una discoteca vacía, parecería representar a todos y todas en un mismo cuerpo, su nombre es legión. Para cuando aparecen las bailarinas interraciales, encabalgadas franeleando con gimnasta felicidad lésbica, este videoclip pre MTV termina de hacer de las políticas integracionistas del disco un legado luminoso de electroshock. Y esos destellos de juego ambiguo de fines de los ’70, para cuando Sylvester murió de sida en 1988, ya estaban lo suficientemente demonizados por el movimiento de la “Muerte del Disco”, con acciones como quemas públicas de vinilos dance empujadas por argumentos de odio y otros de seudociencia que parecían paródicos, como los de científicos de la Universidad de Ankara, en Turquía, que “probaron que escuchar música disco hacía que los cerdos se volvieran sordos y los ratones, homosexuales”. En un punto tenían razón, la sensualidad polimorfa del disco fue la cumbre del ratoneo para muchos homosexuales, pero también para heterosexuales y demás identidades espectrales sin nomenclatura que titilaron en el tornasolado auge de ese amor libre electrificado.
lunes, 15 de octubre de 2012
Domingos de Ramos
Calzaba borceguíes las cuatro estaciones y sobre mi cama, mi altar adolescente: póster de Ramones con collage fotográfico de la grabación de Bad Brain y otras canciones de su ruta a la ruina. Se acercaba el final de los 80, una década corta, y mi punk interior latía con un folletín que salía en el Sí de Clarín, firmado por Laura Ramos. Había vuelto de Lanús a vivir a la casa-departamento natal de Barracas, y ya tenía la independencia suficiente para vivir en primera persona lo mortal que era Buenos Aires, ciudad-paraiso que en ese momento Ramos exploró mejor que nadie para fundar una cosmogonía entre la crónica y la ficción, poblada por criaturas con las que me hermanaba la desobediencia pop. Mi identificación primaria era con el Chico Aguja, teleadicto criado en la trastienda de una mercería (aunque, de manera un poco anacrónica, yo trastocaba su sobredosis de tv por mi cinefilia enfermiza). En aquellos tiempos, mil y una noche me soñé personaje de Laura Ramos en Buenos Aires me mata. Sobreviví a aquellos años, por poco; no salí ileso pero acá sigo. Y para cuando Laura recomenzó a publicar en Clarín hace pocos años su nuevo folletín Cuadernos privados, ahora en formato dominical, ya nos habíamos cruzado un par de veces por ahí, desarrollando una amistad, dentro y fuera de su extraordinaria columna.
El domingo pasado, Laura me cumplió mi deseo secreto: convertirme en uno de sus personajes. Escribo esto y se me hinchan los lagrimales. Paro acá y sigue ella.
Por Laura Ramos
07/10/12
Además de considerarse un fetichista fundamentalista de las canas, las panzas y las barbas (Papá Noel es su ícono sexual), Diego Trerotola se define como anarco-culinario, glotón y omnívoro. Jovencísimo socio fundador del primer club de osos de Argentina, que difunde la estética del gay gordo, peludo y con barba como una sensibilidad positiva y erótica, su militancia agita contra el modelo hegemónico gay del joven David lampiño y delgado. En la ideología osuna encontró la guarida de sus obsesiones eróticas y alimenticias. Nada más delicioso que ir a la disco con un grupo de osos amigos y olvidar la música que están bailando para imaginar el desayuno de las siete de la mañana.
Su crónica (de paso, es un ultrasofisticado crítico de cine, además de actor de videoclips y músico amateur) de una aventura anarconeosexual con el director Stuart Gordon en un festival de cine causó cierto revuelo. “Nada puede elevar más mi pasión cholula que un viejo gordo asociado a la obscenidad, la perversión y el exceso del cine de terror. El palpitar de mi corazón flúo era tan fuerte, mi deseo era tan truculento, que tuve lo que merecía... Fue una relación bastante platónica, pero lo más parecido a un noviazgo sin sexo que tuve en mi vida… Nos reímos mucho, hablamos hasta cansarnos de cine de terror y le declaré, sin arrodillarme, que me casaría con él si él no fuese heterosexual. A pesar de mis avances desvergonzados, aceptó ir a solas a mi habitación, donde me dejó acariciar su panza firme y generosa: era el oso de peluche más eróticamente áspero que mi tacto rozó.”
El punk cambió su adolescencia. Su única remera de los Sex Pistols tuvo que robarla de una mesa de saldos –sitio ominoso para un héroe-, porque no tenía ni un centavo. De vuelta en su casa de Lanús, no se sacó la remera en todo el verano. De tanto usarla, la foto de Sid en blanco y negro se fue despintando progresivamente hasta casi desaparecer, o tal vez la tinta fue absorbida por la piel hasta confundirse con su sangre.Pero hubo años de su vida en que sólo escuchaba Ramones: “Ramones con sus canciones-cohete crearon el punk-rocket que largó chispas a lo pavote en la ya explosiva década del 70” (prosa de Diego). Él mismo es una leyenda rocker: lo vi varias veces arrojarse al público desde los escenarios de Él mató a un policía motorizado, una banda de “punk espacial”, y cantar en los de 107 Faunos, que además tomaron su cara como imagen de sus flyers.
El punk cambió su adolescencia. Su única remera de los Sex Pistols tuvo que robarla de una mesa de saldos –sitio ominoso para un héroe-, porque no tenía ni un centavo. De vuelta en su casa de Lanús, no se sacó la remera en todo el verano. De tanto usarla, la foto de Sid en blanco y negro se fue despintando progresivamente hasta casi desaparecer, o tal vez la tinta fue absorbida por la piel hasta confundirse con su sangre.Pero hubo años de su vida en que sólo escuchaba Ramones: “Ramones con sus canciones-cohete crearon el punk-rocket que largó chispas a lo pavote en la ya explosiva década del 70” (prosa de Diego). Él mismo es una leyenda rocker: lo vi varias veces arrojarse al público desde los escenarios de Él mató a un policía motorizado, una banda de “punk espacial”, y cantar en los de 107 Faunos, que además tomaron su cara como imagen de sus flyers.
Lo de la cinefilia arrancó más o menos así: el test vocacional que se hizo en el colegio señaló Artes. El día en que abandonó una clase de Filosofía para ver una película de Daniel Tinayre con Mirtha Legrand se dio cuenta de que se había equivocado. Sus verdaderas clases de cinematografía empezaron en los cines del centro de Lanús, pero la graduación llegó a los dieciséis años, el sábado a la tarde en que conoció a un cinéfilo de cuarenta y nueve en la puerta del cine Maxi. Noviaron en la sala del Cineclub Núcleo y en la majestuosa Lugones. Durante los cinco años en que duró el noviazgo (que, como en las verdaderas tragedias, terminó con la muerte) (la de Ernesto, por hiv) veían veinte películas por semana. La pasión ultrafetichista de Ernesto por el cine terminó de darle forma a su cinefilia. A los veinte años publicó su primera crítica.
La peluquería en la que trabajaba su mamá fue el parque de diversiones de su infancia. Los enormes sombreros plásticos para secar el pelo eran sus juegos de Italpark. Allí filmó su primer cortometraje, la historia de una peluquera vampira. En sexto grado se convirtió en héroe por haber sido el único al que dejaron ver (y el que aguantó hasta el final) el estreno de El exorcista por tele. Su condición de mago desde los doce años, un legado de su papá, que murió cuando él tenía trece, le sumaba un aura cool. Justo en ese momento engordó y se convirtió en el gordo. Le gustaba, y le sigue gustando ser el gordo. El mayor shock culinario de su casa familiar fue la llegada de la freidora eléctrica: era la televisión color de los electrodomésticos. Su mamá, delgada y preciosa, adora la fritura y los pescados fritos: sus rabas son míticas.
Su teología alimenticia, o más bien su Tractatus Logico-Philosophicus culinario (¡Viva el locro, el asado, la pizza y el fast food!) rechaza con énfasis la sal, un producto sobrevalorado y culpable de uno de los problemas claves del capitalismo: la insatisfacción consumista. La sal domina al mundo, advierte Diego, y también la cadena de frío. El enfriamiento de los alimentos es inútil, me alerta: la heladera es un electrodoméstico innecesario, al servicio de la mera acumulación. ¡Si todas las heladeras del mundo se desenchufaran se terminaría el calentamiento global!
Hace catorce años encontró, por fin, al oso de sus sueños: su novio Norberto (barba canosa, relación abierta) en algunas Navidades trabajó de Papá Noel en una juguetería.
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