miércoles, 17 de diciembre de 2014

Había una canción escondida



Uno de los mejores momentos de 2014 fue la filmación de este videoclip para la canción Omar de Bestia Bebé. Nada más que agregar, solo muchas gracias a Tom Quintans y toda la gente que participó, que están nombrados acá abajo.

Bestia Bebé - Omar

Actúan: Ronald, La Baby, Klaurock, Doktor Chali, González, Platón, Carlos, Big Diego, El Pelado.
Dirección: Diego Trerotola.
Cámara: Andrea Guzmán, María Zamtlejfer. 
Edición: Juan Pablo Menchón. 
Asistentes: Pancho y Tony.

bestiabebe.com.ar
laptra.com.ar
correo@bestiabebe.com.ar

Buenos Aires, Argentina 2014.

martes, 2 de septiembre de 2014

Ladrones de flores de cementerio


Cuando ganó la beca para estudiar cine en Italia, Manuel Puig quería cumplir el deseo de traspasar la pantalla, de arañar hasta desgarrar esa tela que separa al público de cineastas y estrellas para poder ser un habitante de esa perspectiva que la imagen nos ofrece y nos niega, esa trampa para el ojo voyeur. En la escuela romana, las cosas no fueron fáciles para ese joven que de niño recortaba fotos de las estrellas favoritas que alucinaba en un cine pampero para crear su propio libro cinematográfico. El neorrealismo italiano de esos años regía la educación con una estética y una narrativa que para Puig era inhabitable, a él lo movía un glamour y un éxtasis de melodrama estilizado que casi era impronunciable en los parámetros cinematográficos de esa escuela. Tener un carné de estudiante le permitía a Puig ver sin mucho gasto las películas que se correspondían con su lengua materna cinéfila, con su idioma estético. Como era políglota, también trabajaba como traductor de subtítulos para películas italianas y así pudo seguir ejerciendo su cinefilia glam. En esos momentos fue que encontró su propio sistema de traducción: mientras escribía un ejercicio de guión para la escuela, la voz de un personaje se desvió y le trazó la línea que lo llevaría a ser el primer y más grande novelista pop de Latinoamérica. Ese guión tuvo etapas de mutación hasta que se llamó La traición de Rita Hayworth, fue la novela donde Puig tradujo a un nuevo lenguaje su experiencia desde la infancia con el cine, desviando las imágenes de las películas con un ticket único que le permitía viajar de la literatura a la pantalla. En su traducción de Rita Hayworth, el glam se degradaba hasta mostrar otras caras, abriendo perspectivas, multiplicando las imágenes como cuando una película comienza a pasar mal por el proyector y los fotogramas tiemblan en la pantalla, produciendo fantasmas alrededor de los cuerpos, haciendo visible un aura por el pulso trabado del deslizamiento del celuloide. Esos accidentes que producen desvíos de magia inesperada.


La historia contenida en La traición de Rita Hayworth comienza en La Plata, un lugar donde el migrante Puig vivió alguna vez. Yates de pantano también tuvo su crash incial en La Plata, donde coincidieron Romina Iglesias y Antolín, ambos migrando de otros lugares con distintos planes pero también para seguir buscando lo que Puig viajó a encontrar a Italia: multiplicar la experiencia de esas imágenes con que el cine sigue fraguando nuestra personalidad y la de nuestra generación. Aunque mutando de pantallas, yendo de la monstruosa dimensión de la sala de cine al rectángulo domesticado de la computadora, el cine todavía sigue incólume en su capacidad de interpelar hasta la conmoción, pero ahora se lo puede desmontar hasta fetichizar el fragmento o poder capturarlo para llevarlo puesto. Pero también se lo puede profanar volverlo a trazar desviado desde nuestra subjetividad, nuestro estilo, nuestro glam degradado, un poco como retribución (y casi como venganza) por todo lo que nos afectan. En ese plan, Iglesias y Antolín le imprimen ese afecto y esa afectación a los frames, los fotogramas y las fotografías para que tengan una sobrevida zombie, el lujo de una forma atrofiada de eternidad. Ladrones de flores de cementerio con la convicción de que pueden evitar que se marchite el fulgor. Iglesias navega en impresiones de sensualidad sensorial sobre superficies pulidas de terror gótico donde la lujuria ritualista es el precipicio para un deporte extremo de elegancia amenazante; Antolín se hunde en la contemplación del instante donde la dispersión y la concentración estéticas se superponen para ir por los géneros cinematográficos sin pirotecnia pero que igual alcanza un clímax intenso, inédito, íntimo de calidez pop. Ambos están en ese filo donde traducir la imagen ajena es inventar el propio lenguaje en la confusión del píxel y el pincel para cartografiar el accidente geográfico de sus miradas, como los lectores de iris que nos encandilan para reconocer nuestra identidad.

Diego Trerotola


Casa Brandon
presenta

YATES DE PANTANO

Una muestra de Romina Iglesias y Antolín


Musicalizan Martha de la Gente y DJ Gatito
Curaduría Diego Trerotola

Inauguración
 miércoles 3 de septiembre, 20 horas
Luis María Drago 236

miércoles, 25 de junio de 2014

El rey del falsete



Hace cinco años, al momento de la muerte de Michael Jackson, publiqué esta nota, con el título El rey mutante, en el Suplemento Soy de Página/12. Todavía creo que tiene vigencia, porque el mito sigue vivo.
En su libro Cool Memories, un diario formado por ensayos rotos y mínimos, Jean Baudrillard viaja por la cultura del primer lustro de los ’80 para seguir el pulso de su tiempo, para tratar de hacer el libro más contemporáneo posible. En su elíptica captura de ese presente, Baudrillard se cruza a mitad de su camino con el Michael Jackson de Thriller y lo define con una cita del sociólogo Alain Soral: “Jackson es un mutante solitario, precursor de un mestizaje perfecto porque es universal, la nueva raza a partir de las razas, por así decirlo. Los niños de hoy no tienen un bloqueo en relación con una sociedad mestiza: éste es su universo, y Michael Jackson prefigura lo que ellos imaginan para un futuro ideal”. A esa idea nítida sobre una nueva forma de mestizaje cultural, Baudrillard agrega: “Michael se ha hecho rehacer el rostro, desrizar su cabello, aclarar la piel, o sea que se ha construido minuciosamente: esto es lo que lo convierte en un niño inocente y puro; el andrógino artificial de la fábula que, mejor que Cristo, puede reinar sobre el mundo y reconciliarlo, dado que es más que un niño dios: un niño prótesis, un embrión de todas las formas soñadas de mutación que nos liberarían de la raza y del sexo”. Unos años después, Baudrillard vuelve a invocar a Jackson para soltar la frase más contundente de su versión de las nuevas sensibilidades de los ’80, donde la política de la diferencia de la revolución sexual se volvía “juego de la indiferencia” de los sexos: “Todos somos transexuales. Así como todos somos mutantes biológicos en potencia, también somos transexuales en potencia. Y ni siquiera es una cuestión de biología. Todos somos simbólicamente transexuales”. La biografía de Jackson lo autorizaba a semejante afirmación, y es verdad que el Rey del Pop fue la quintaesencia de una nueva clase de monstruo que modeló la tecnología. El monstruo en que nos trasformamos todxs.

EL EXTRAÑO MUNDO DE JACKSON

En el comienzo de todo fue el espanto: Thriller fue catalizador de mutaciones y el principal afectado por su radiación fue Michael Jackson. Es verdad que todo comenzó en Jackson 5, en esa infancia corrompida por el pop donde el niño perdió la inocencia que trató de recuperar convertido en un andrógino Peter Pan que sueña desesperadamente la tierra del Nunca Jamás. Si bien es cierto, ese dato biográfico del niño estrella volcado a reconstruirse como ficción de la industria de la música es recién en Thriller donde adquiere mayor importancia, cuando su vida se transforma en una tecnoficción. Ese disco-Frankenstein no sólo cambió la historia de la música pop, con su híbrido de estilos del hard rock a la balada, pasando por el pop bailable, sino que, sobre todo, la revolución de Jackson se hizo cuerpo en el videoclip como forma de arte total, como juguete tecnológico ideal para la metamorfosis. Abrevando en la estética homoerótica de la película de terror adolescente de la década del ’50, en el video Thriller Jackson se transformaba en Gato Monstruo y en zombie, convertido en el rey del terror pop gracias a los efectos de maquillaje de las manos mágicas de Rick Baker, un cirujano-artista-plástico del cine, también creador de FX de Videodrome de David Cronenberg, una película sobre el cuerpo con prótesis de video. Y desde ese momento Michael Jackson fue un cyborg cronenbergiano, y se puede hacer una biografía de él a partir de sus videoclips, que absorbieron su existencia trocada en imagen táctil de su cuerpo. Su sexo no era masculino ni femenino, porque no era biológico, era tecnológico, tenía el sexo del cyborg, antes que Donna Haraway lo definiera en su manifiesto sociofeminista sobre la construcción de los géneros de 1991: “Un cyborg es un organismo cibernético, un híbrido maquinal y orgánico, una criatura de la realidad social tanto como una criatura de la ficción”. Jackson hizo del cuerpo su discurso, más que otrxs ídolos del pop/rock, porque era un cantante-bailarín de gracia felina, donde su paso más famoso, el moon walk, ponía en escena su doble direccionalidad característica: el paso fingía la mímica de caminar hacia adelante pero se deslizaba hacia atrás. Pero sobre todo Jackson fue un cuerpo mediado por la tecnología, donde se transformaba, videoclip mediante, en un ser extremadamente proteico: no era ni blanco ni negro, ni masculino ni femenino, ni joven ni viejo, ni atlético ni enfermo, ni humano ni animal, ni lindo ni feo y, sobre todo, ni bueno ni malo: al papel del delincuente juvenil que le gustaba interpretar en los videos se le superponía el inofensivo ángel de la luz asexuado. En la secuencia de la canción “Speed Demon” de su película Moonwalker (1988), Will Vinton lo convierte en muñeco de plastilina, dibujo animado, y cuando baila como humano está literalmente fuera de la ley: es que Jackson movía la pelvis con una ambigüedad insólita, su mano en la bragueta a veces parecía agarrar el paquete y a veces su dedo se hundía como si tuviese las dos gónadas del hermafrodita perfectx. En su otro videoclip célebre, Black or White (1991), fue el primero en usar el software morphing virando el rostro de personas de distintas razas y pigmentaciones, y convirtiéndose él mismo en pantera negra: su cuerpo de cyborg ya devenido software lo liberó de la identidad sexual y racial. Identidad deriva de idéntico, y Jackson, como buen mutante, nunca quiso ser igual.

CADAVER EXQUISITO

Si me permiten la expresión, Jackson fue claro desde el principio: al aceptar hacer el rol del Espantapájaros en The Wiz (1978), la remake del clásico camp El mago de Oz, sabía que su destino era ser un monstruo de cuento infantil, el freak domesticado, hogareño, que acompaña los sueños de una generación como el ET de Spielberg para el que compuso una canción. En Thriller quedó establecido, pero se subrayó en Ghosts (1997), un mediometraje dirigido por Stan Winston, quien junto a Rick Baker sería el artista de efecto de maquillaje más virtuoso del Hollywood fantástico. Ahí, con la tecnología digital, el cuerpo de Jackson dejó de ser analógico para explorar nuevas transformaciones virtuales: el rey del pop es ahora rey del píxel, fantasma en la máquina, materia incorpórea que atraviesa todos los cuerpos, como su voz, como ese falsete que lo hizo famoso, el más célebre de la historia de la música, que viaja a la velocidad de la ambigüedad, porque es un quejido de animal en celo con timbre humanoide andrógino. Si existen las reinas del grito del cine de terror, las scream queens, Jackson fue más que el rey del pop, el rey del falsete: la voz artificial fue su modulación predilecta hasta el punto de ser la canción de todxs. Cantar y bailar es falsearlo todo: lo natural queda fuera del cuerpo. En Cool Memories, Baudrillard escribía que “la música del walkman penetra en nuestro cuerpo como en un sueño”, Jackson fue ese sueño tecnológico que nos atravesó para siempre, que nos cambió nuestro cabezal natural por uno de género artificial indefinido. Al igual que Valentino fue al cine la apolínea figura que perturbó en los ’20 las concepciones sobre lo masculino y lo femenino, enloqueciendo a una generación con su erotismo visual indeterminado, Jackson fue el cyborg que hizo de la tecnología del video una estética desafiante. Y al igual que con Valentino, su funeral fue un evento monumental porque nos interpela sin discriminación: todxs somos sus viudxs tecnotransexuales. Pero ahora la tecnología voraz no para: la medicina forense sigue con sus técnicas necrófilas de autopsias donde dicen y se desdicen, porque la ambigüedad de Jackson no para ni post mortem. Eterno en su provocación, su cuerpo aún sigue siendo un discurso de signos en contradicción, para la interpretación latente, un Frankenstein semiológico que revive todo el tiempo: un moderno Prometeo secular que no necesita el fuego de los dioses para generar verdadera vida, sino que se despierta con cada clic mundano sobre un píxel monstruoso que hace pop.

viernes, 20 de junio de 2014

Al Pie de Hitchcock

"Para mí el cine no es una porción de vida, sino una porción de torta. Hay un montón de películas sobre la vida, las mías son como una porción de torta", dijo Alfred Hitchcock, uno de los creadores del film noir con Rebeca, una mujer inolvidable (1940), aunque la gran mayoría de críticos e historiadores no la considere dentro de esta categoría. Allá ellos y acá nosotras y nosotros para ver este corto titulado Key Lime Pie (2007), dirigido por Trevor Jimenez, que es una obra maestra de la animación noir (género que casi les diría que inaugura y es el único exponente), que hubiese hecho reír mucho a Hitchcock, el hombre que sabía demasiado de glotonería cinéfila. (Aclaración: está en inglés sin subtítulos, pero éntrenle igual si no caza una porque es visualmente universal).




jueves, 19 de junio de 2014

La muerte le sienta bien

Como homenaje tardío al pacto suicida ejecutado con un arma de fabricación casera por los hermanos Lily Süllős y Luis Süllős, va este texto del dibujante, escritor y guionista Topor, que siempre me mata de risa. ¡Viva la muerte!

Cien buenas razones para suicidarme de inmediato
Por Roland Topor (1938 - 1997)*

1. Es la mejor manera de asegurarme que no estoy muerto.
2. Para que el censo pasado esté incorrecto.
3. Me esperan bajo tierra para empezar la fiesta.
4. Les disparan a los caballos, ¿no es así?
5. Agrandaré la estima de mis contemporáneos.
6. Escaparé de la ansiedad que me causa la llegada del año 2000.
7. ¡Como Werther! No se dudará más de mi cultura.
8. Burlaré al cáncer.
9. Demostraré que mi horóscopo miente.
10. Le arruinaré la vida a mi psicoanalista.
11. Para evitar tomar partido en las elecciones.
12. Remedio infalible contra mi calvicie.
13. Finalmente empezaré desde cero.
14. La muerte ennoblece: ¡por fin seré un caballero!
15. Me sentiré menos solo.
16. El próximo Día de Muertos será mi fiesta.
17. El costo de vivir aumenta, pero la muerte permanece asequible.
18. La mejor forma de volver a las raíces.
19. Por fin un arte marcial que sé manejar.
20. Para ser un buen ecologista: voy a fertilizar el pasto.
21. Para marcar el día con una piedra blanca.
22. Mis órganos podrán servirle a otros que les den mejor uso.
23. Dejar espacio a los jóvenes.
24. ¡Al fin un papel protagónico!
25. Para tener las ventajas del exhibicionismo intrínseco en la sala de disección.
26. Para probar las sutiles delicias de la reencarnación.
27. ¡Para terminar con la pesadilla de los años bisiestos!
28. Para darle una dimensión moral a mi obra.
29. Para que crean que tengo un sentido del honor.
30. Para que este texto tome el valor de un testamento.
31. Devendré ciudadano del mundo.
32. La eutanasia no está hecha para los perros.
33. Tendré la última palabra.
34. El 67% de los franceses apoya la pena de muerte.
35. Porque es una buena manera de dejar de fumar.
36. Para simplificar mi dualidad: si quedo solo nadie disputará mi visión.
37. Una partida es menos laboriosa que un parto.
38. No tengo nada qué hacer.
39. No quiero aumentar el déficit de mi seguro social.
40. Para matar un judío, como todo el mundo.
41. Para formar parte de la mayoría silenciosa. La verdadera.
42. Quiero dejar una viuda radiante de juventud.
43. No quiero vivir con el temor de que falle mi desodorante.
44. Escaparé así a la próxima movilización general.
45. Por conservar mi misterio.
46. Para probar que la bomba de neutrones no puede hacerme daño.
47. Para bajar de peso sin hacer dieta ni mover un dedo.
48. Quiero participar del proyecto nacional de vacaciones planeadas.
49. Quiero evitarle a alguien más las malas consecuencias de cometer un asesinato.
50. Para ahorrar energía, café y azúcar.
51. Para nunca más sentir vergüenza de verme en un espejo.
52. ¿Y si soy inmortal? Hay que saberlo lo antes posible.
53. Una boca menos que alimentar.
54. Para probar a TODOS que no soy un cobarde.
55. Para contar a quienes lloren en mi entierro.
56. Para ver del otro lado si estoy ahí.
57. Para arrancarme toda la cabeza de una vez, en lugar de arrancarme las canas una por una.
58. Con un revólver: para hacer ruido después de las 24.
59. Con gas: para saborear el encanto del último cigarro.
60. Ahorcado: para hacer de una soga ordinaria un excelente amuleto de la buena suerte.
61. Bajo un tren: para prolongar las vacaciones de otros.
62. Con barbitúricos: mañana me quedaré en cama hasta tarde.
63. Electrocutado: para darme una buena sacudida.
64. Defenestrado: para escapar de mi terror a los ascensores.
65. La muerte, al parecer, es fácil. Me voy a aprovechar de ella.
66. Si pongo mis suscripciones en espera, no me perderé de nada.
67. Para ser bueno con los animales (pequeños).
68. Para morir en el mismo año que Elvis Presley.
69. Para no pagar impuestos.
70. Para no pagar el alquiler.
71. Para dejar de roncar.
72. Para regresar en las madrugadas y tirarle los pies a mis enemigos.
73. Para evitar plagiarme a mí mismo en la vejez, como Georgio de Chirico.
74. Porque soy una especie en peligro de extinción que nadie protege.
75. Porque elegí una gran frase de despedida para el último momento y si espero demasiado la puedo olvidar.
76. Para cortar de una vez por todas el cordón umbilical.
77. Para ser el fundador de un nuevo estilo: el Dead Art.
78. Para ver, en exclusiva mundial, la película de mi vida.
79. Para ver si del otro lado todavía hay vírgenes.
80. Para ver si me visten bien cuando me amortajen.
81. Porque quiero usar este epitafio divertido: ¡Ya era hora!
82. Para ver si los paralíticos se curan en mi tumba.
83. Para que el siglo XX al fin tenga un evento de importancia.
84. Para darme un festín con la sangre exquisita de las doncellas cuando me convierta en vampiro.
85. Porque siempre he querido hablar una lengua muerta.
86. Para hacer saber a todos, de manera impactante, mi postura con respecto al suicidio.
87. Porque París ya no es lo que era.
88. Porque Groucho Marx está muerto.
89. Porque ya leí todas las aventuras de Sherlock Holmes.
90. Porque estoy decepcionado de todas las predicciones meteorológicas.
91. Para que los otros sigan mi ejemplo.
92. Para empezar mi revolución.
93. Para demostrar mi destreza, si es que no fallo.
94. Para renovar mis amistades.
95. Para mudarme.
96. Para estar por encima de la ley.
97. Porque un suicidio bien conducido vale más que un coito mediocre.
98. Para no morir en un hospital.
99. Para que mi sangre haga una bonita mancha en un lienzo.
100. Porque tengo 1000 buenas razones para odiarme a mí mismo 

* Publicado en “Le Fou parle”, número 3, octubre-noviembre 1977.

martes, 7 de enero de 2014

La remera del pez espada

Hace casi veinte años que escribo principalmente crítica de cine. El último año traté de despejarme un poco, casi que me tomé año sabático para sacudirme de encima la cinefilia vomitada en texto, y escribir y dibujar sobre otros hemisferios de mis papilas gustativas. Aunque siempre vuelvo porque soy cinéfago, me como al cine doblado o con subtítulos. Ahora regreso a este blog con una de mis últimas críticas, pequeño texto que escribí a fines de 2012 para la versión web de la revista El Amante, en el contexto de un dossier motivado por el suicidio del gran Tony Scott. Es sobre una película que me define un poco y le dedico la crítica a Hernán Panessi, un capo que banco muchísimo, y que me alienta a escribir, y a los amigos y amigas de Laptra, cuya remera tengo puesta desde que canto sus himnos gloriosos.

Marea roja (Crimson Tide, EE.UU, 1995, 116') dirigida por Tony Scott, con Denzel Washington, Gene Hackman, Matt Craven, George Dzundza, Viggo Mortensen, James Gandolfini.

Tony Scott le pone la frutilla escarlata a su glorioso y salvaje primer lustro de los 90 con la reafirmación de un axioma cinéfilo: las películas de submarinos son todas buenas. Pero este ejemplar está un grado arriba de sus camaradas del subgénero porque se adelanta a Scream en su idea de película de submarinos con gente que sabe de películas de submarinos, un metasubgénero que no llega a tener el nivel de ostentación demagógica de la saga de Craven-Williamson. En cambio, Scott sigue el tic-pop tarantinesco de la cinefilia explícita pero sofisticada en la discusión de los personajes, que acá, por ejemplo, recuerdan al Robert Mitchum de The Enemy Below (1957), modelo de dureza actoral que hereda todo el cast de Marea roja (y se hace carne, por ejemplo, en el hoyo en el mentón de Viggo Mortensen). No solo en la interpretación hay perfume old spice, también en la apelación constante a la Guerra Fría. La alianza tarantinesca de Scott, arrastrada desde la película anterior, Escape salvaje (True Romance), no solo explota en la cita pop (se estimula a la tropa con analogía a Star Trek o se discute si Kirby o Moebius son los mejores dibujantes de Silver Surfer), sino también en diálogos con ingeniosa esgrima verbal, con los antagonistas poniéndose la camiseta de pez espada: “Estamos acá para preservar la democracia, no para practicarla” (Gene Hackman); “En tiempos nucleares, el verdadero enemigo es la guerra” (Denzel Washington).

Es probable que el poder dramático del subgénero submarino sea su unidad de espacio claustrofóbico que empaqueta todo en una narración ajustada hasta la asfixia, pero también porque el suspenso tiene mucho que ver con la belleza dramática de las escenas subacuáticas (los clichés del subgénero: la inundación del submarino, el combate a torpedazos), que Scott entrega con discreta estilización olímpica, como un clavadista que se hunde sin salpicar de más (tras el suicidio de Scott, arrojándose de un puente, esta puede ser una comparación un poco negra, pero valga como homenaje a quien murió en acción, en su ley).

Pero toda la inteligencia audiovisual de Marea roja está en el prólogo, a partir de un efecto del montaje: a un informe de la CNN sobre la supuesta amenaza bélica desencadenada por Rusia le sigue un feliz cumpleaños infantil con un mago, ambas secuencias filmadas en video, a diferencia del resto de la película. Trucos mediáticos, lo íntimo y lo político a un corte directo de distancia, ambos homologados por el formato, pero también montando un diálogo entre la idea de engaño de la puesta en escena, tanto de la felicidad como del horror, como expresión del gran conflicto contemporáneo, nada abstracto por la cercanía de la Guerra del Golfo. Pareciera más bien un comienzo distanciador a lo Brian de Palma, esos gestos formales que bien activados son un arma cargada de cine. A veces Scott no hacía películas de género donde la acción y la reflexión eran irreconciliables, sino que se movían con la misma fuerza. Y si esta es una de las películas más antibélicas que existe (releer la frase de Washington de arriba) es porque los protagonistas se cagan a trompadas. Scott podría repetir lo que decía Herman Melville, alguien que también supo transitar los mares con inteligencia y sensibilidad: me gustan los pacifistas, sobre todo los que pelean.

miércoles, 11 de diciembre de 2013

Sangre Post-Punk


I.
El mito cuenta que una noche Mary Shelley hundió una pala en sus sueños para desenterrar su fantasía de profanación y dar vida a un monstruo, que la deformación pop le adosaría el nombre humano Frankenstein. Y lo que en realidad terminó creando con esa novela que extendió su ensueño fue el relato gótico y romántico de la resurrección de la imaginación para encarnar en un fetiche hecho de fragmentos que se multiplican, que crean una serie. Con su práctica de reciclaje del mito de Prometeo, Shelley hizo modernidad, en un sentido muy denso de esa palabra monstruosa.

II.
El ensayista André Bazin encuentra “en el origen de la pintura y de la escultura el 'complejo' de la momia”, porque si “la muerte no es más que la victoria del tiempo”, entonces poder “fijar artificialmente las apariencias carnales de un ser supone sacarlo de la corriente del tiempo y arrimarlo a la orilla de la vida”. Bazin creía que el cine perfeccionaba esa misión momificadora, redentora, de conferir vida eterna y comparaba la invención de la fotografía con el Santo Sudario, donde se imprimió el rostro de Cristo pintado con su propia sangre. Huellas de lo real eternizadas. La momia y Cristo: monstruos inmortales y patronos de las representaciones perennes.

III.
La última obra de Romina Iglesias evoca una escena de Sangre de la tumba de la momia (traducción literal de Blood from the Mummy's Tomb, 1971). Su operación es profanar una película y sobre ella apoyar su lienzo como un sudario de la era digital, donde derrama sangre de acrílico y píxeles. A partir de ahí, todas las imágenes apropiadas del punk y su revolución indumentaria se tiñen de la estridencia del ruido visual de los ochenta (¿alguien dijo post-punk?) para dar vida nueva a posers de jpg, a fotogramas de una revolución digital, que estallan en láminas luminosas. Porque si algo hay en esa anarquía de colores en los retratos de Brasa es una luz tóxica y descompuesta por un prisma insurrecto; una luz constante pese a que los candelabros sean de clase b o las joyas tengan brillo de bijou de utilería. Porque cuando una heredera de Shelley le roba el fuego a Prometeo, las alucinaciones que provoca encandilan como una hoguera.

Diego Trerotola


BRASA
de Romina Iglesia 

Apertura Miércoles 11 de diciembre de 2013, 20 horas

Galería Casa Brandon
Luis María Drago 236
CABA

Curaduría Diego Trerotola
Música Diosica De La Gente

jueves, 31 de octubre de 2013

Papel picado

Me hicieron una entrevista (supongo que por equivocación) en el número cuatro de la revista gratuita Freddie, en el contexto de un dossier sobre arte. La coincidencia quiso que fuese al mismo tiempo de que debutaba como curador de algo que no sea cine o video, con la muestra Chascos para la primera cita de Maia Debowicz (a quien está dedicada la respuesta tres). Pueden leer la nota en la versión web de la revista o acá abajo. O pueden no leerla.

1) ¿Considerás que existe un arte gay?
Existe como cualquier denominación que se use como una forma de libertad. O, tal vez, así quiero que exista. Denominar puede ser una acción liberadora. Por eso, si alguien piensa que algo puede ser denominado arte gay, y ese acto es liberardor en algún sentido, entonces, celebro su existencia. Ahora mismo quiero denominar a la película Dumbo como arte gay. Denomino luego existe.

2) ¿Cuáles son tus referentes de este arte?
Creo que Alberto Greco es mi referente en todo tipo de arte, porque transitó muchos caminos. También puedo decir que es mi referente del anti-arte, que es mejor. En su época casi no existía la denominación gay, pero él ya firmaba en los baños públicos como "Greco puto". Hay más: Keith Haring, Alison Bechdel, Divine, Kim Kyung-Mook, Michael Jackson, Copi, Bob Esponja, Lisa Kerner, Stephin Merritt, Harvey Fierstein, Dalia Rosetti, John Waters, Tsai Ming-liang, etc., muchos referentes de arte gay.

3) ¿Qué papel pensás que cumple el arte para la comunidad?
Si tengo que pensar en un papel para el arte, elijo el papel picado. Me gusta porque es un papel que surge de la destrucción, y es alegre en un sentido y sucio en otro. Todo el mundo es más lindo con un poco de papel picado en el pelo.

4) ¿Cuál es tu espacio favorito de arte?
La calle es el mejor espacio para el arte, incluso cuando no nieva ni llueve. Florida en un día de semana en hora pico o la peatonal de Mar del Plata en enero.

sábado, 26 de octubre de 2013

jueves, 17 de octubre de 2013

Riesgo de dientes de conejo


Maia tiene que cerrar la puerta del balcón porque Warhol se puede comer sus dibujos. Las proporciones de la hoja hacen que Maia tenga que dibujar en el piso de su casa y eso provoca que, al menor descuido, Warhol pueda roerle la cartulina.

Omnívoro como es, al conejo Warhol, la única mascota y compañía del departamento de soltera de Maia, le gusta el papel pero no las zanahorias. Raro. Come variedad de verduras pero detesta las zanahorias. Warhol es marrón, caga y mea en piedritas como los gatos, coge con dos muñecos de peluche y duerme en una cucha de plástico de techo a dos aguas con tejas dibujadas.

En lugar de dibujar en su departamento, Maia podría ir a su estudio, encerrarse en ese limbo libre del peligro de lo cotidiano y se ahorraría tener que vigilar que sus obras terminen en boca de Warhol. Pero no. Prefiere asumir ese riesgo. No solo ese, sino otro más: apostar a cambiar de hábitat y de género. Alejarse de los procedimientos que la visibilizaron en el mundo del arte, alejarse de esa obligación curricular de que la creación tiene que estar atada a un patrón pétreo como idea de personalidad. Riesgo de dientes de conejo, riesgo de ser otra.

Ser otra empezó desde que Maia se separó de su novio y cada uno de los días posteriores empezó a dibujar a su entorno para colgarlo sobre la pared blanca de su living. Amigos y amigas en poses paródicas, cotillón fetiche arrancado de la fantasía personal, el cine y el sexo vivido como carnaval del cuerpo, autorretratos de honestidad mordaz. Había algo de comedia muda, de slapstick, en el mural que fueron formando los dibujos, inclasificable colección de personas, animales y objetos que terminaron componiendo una suerte de catálogo de chascos. O mejor, una serie de cartas de amor al chasco.

Los chascos para la primera cita son el reverso de los tradicionales chascos de despedida de soltero. No se trata de la última alegría antes del compromiso sino de la convicción de que la sorpresa y la comedia de lo inesperado tienen que estar sí o sí en la base de toda relación. Si tu cita no es un cigarrillo que explota, una flor que tira agua, un chicle picante no vale la pena seguir. Tampoco vivir para dibujarlo.

Diego Trerotola


MAIA DEBOWICZ

Chascos para la primera cita

Del viernes 18 de octubre al 15 de noviembre.


Curador: Diego Trerotola

Áurea. Patio del Liceo
Santa Fe 2729. Buenos Aires.


miércoles, 2 de octubre de 2013

Volveré y seré millones de pixeles



Me fui unos meses de gira por las redes sociales. Ahora vuelvo convertido en videoclip. Otra vez. En este caso filmado parcialmente durante un festival de cine realizado en Pehuajó a principio de este año. No tengo mucho que agregar, porque los créditos abajo dicen el resto. Pronto comenzaré a postear nuevamente en este blog, del que me tomé unas merecidas vacaciones.

Hitoploxus
¨En El Rio¨
CIPRÉS (Compuesto y producido por Hitoploxus)

hitoploxus.bandcamp.com

Realización del videoclip: Camille Les Yeux. 
Cámara: Camille Les Yeux, Diego Trerotola, Hernan Panessi, Antonio Zucherino, Leopoldo Dameno.
Agradecimientos: Espacio Queer, Festicine Pehuajó, Diego, Hernan, Lucho, Panda, Bel, Tincho, Safari, MHM, Bariloche.

Bariloche / Pehuajó / Buenos Aires / La Plata
Enero 2013

miércoles, 31 de julio de 2013

Puré de Papa

En cuestiones anticlericales soy buñueliano, me sale el perro andaluz de adentro. Y lo demostré en Twitter. Así que acá les hago un compilado de algunas de las cosas que escribí cuando fue la visita del Papa la semana pasada a Río de Janeiro.

El Papa hará un vía crucis en su visita a Brasil. ¿Si también da la comunión se considera cena-show?

A la población brazuca le dió por la rebeldía, por eso Dilma convocó al Papa para que dé su-misa

No sé si se dieron cuenta: el Papa bajó del avión tambaleando porque vino de misa. Tenía un pedo de la hostia.

Veo a Bergoglio con Rousseff y claramente está más gordo. En el Vaticano no le estarán dando carne por Papa. #mafiadecurasgays

Puede ser que el Papa esté usando la chalina blanca de Cacho Rubio o soy yo que hago zapping descontrolado?

En lo del Papa hay menos gente que en el Carnaval de Río. Es la primera vez que me alegra que sean más caretas.

Fui a la Marcha del Orgullo en San Pablo en junio y había 3 millones. A ver al Papa fueron un millón y medio. ¿Te acordás cuando éramos minoría?

Papa não tem caroço, mas tem filamento grosso que dificulta a mastigação.

Francisco va a visitar las favelas porque sabe que ahí está la papa.

En un santuario que iba a visitar el Papa encontraron un explosivo casero. Era una bomba de papa.

Mañana el Papa tiene día libre y hace playa nudista, porque le gusta andar como Dios lo trajo al mundo. Eso sí, usa sandalias y sunglasses.

La Jornada Mundial De La Juventud fue organizada por la Iglesia paralelamente a la llegada del Papa. ¿Juventud católica no les parece un oxímoron?

El Vaticano no existe, son los padres.

¡Volvió la hermana del Papa a la TV! ¡Y cada vez se parece más a Pappo!

Con el casamiento de Marilina Ross y su novia y la llegada de Francisco a Río los medios se dieron una panzada de tortilla de papa.

Me dicen que el Papa eligió Río porque las puteadas en portugués se entienden más bien poco fuera de Brasil.

A Bergoglio le quieren dar un Martín Fierro por el programa que hacía antes de ser papa. En la categoría Mejor Ficción, obvio.

En las tendencias de Twitter, primero está León Ferrari y último Papa. En este momento el mundo está mejorando.

martes, 23 de julio de 2013

Amigo Rocky

Dicen que en 1976 Elvis Presley contactó a Sylvester Stallone para que lo visite en Graceland con una copia de su flamante película Rocky, que el italoamericano había escrito y protagonizado, recibiendo una nominación al Oscar en ambas categorías, siendo junto a Chaplin y Welles, la única persona que había logrado esa doble conquista hasta ese momento. Intimidado por el Rey, Stallone no se atrevió a ir a visitarlo, pero sí le envió una copia de su película y parece que Elvis la vió con amigos. Cuando todo eso sucedió y terminó desembocando en que Rocky ganara tres Oscars (incluyendo el de mejor película), en los márgenes de New York había crecido un fenómeno con otra Rocky, que tenía tanto de los músculos del boxeador como de la seducción física y musical del Rey, entre otros tipos de monstruosidad, como si realmente Stallone y Elvis hubiesen tenido ese encuentro para gestar la criatura, aunque el huevo de la serpiente ya había sido incubado.
Germinada como ópera rock en 1973, fracasando en su versión cinematográfica en 1975 y resucitando en funciones zombies de medianoche, The Rocky Horror Picture Show es una película que le costó tanto como al púgil de Filadelfia no caer vencido en la lona y llegar a un último round que, si bien no significó la victoria, al menos era una forma de consagración o redención que llevaría directo al culto. Eso mismo, los Rockys de los 70 son obras de culto, cada una a su manera, y tuvieron caminos paralelos que nunca se cruzaron ni en el infinito ni más allá.
Toda esta introducción fue para anunciar que el Bazofi va a proyectar gratis The Rocky Horror Picture Show y podremos formar parte de la élite de vampiros galácticos que dan batalla. Hace tiempo escribí una nota sobre la película y más recientemente este breve texto que se publicó en el programa del Bazofi.

Foco Jim Sharman: THE ROCKY HORRROR PICTURE SHOW (EUA, 1975) de Jim Sharman, c/ Tim Curry, Susan Sarandon, Barry Bostwick, Richard O'Brien, Jonathan Adams. 100'.

Gran parte del culto de esta ópera rock descansa gozoso en su descontrol pansexual, que se dispara, a veces irónico, a veces melodramático, en versión glam, apolíneo, andrógino y trans, pero siempre monstruoso. Los transilvanos y su líder carismático Frank'n'Furter son una suerte de tarjeta de invitación para pensar al cuerpo y sus prácticas deseosas como una estrategia frankenstein, collage abierto y bailable, fragmentos de cinefilia pegados con gestos teatrales exacerbados de drama queen del espacio exterior.

La película se proyecta el sábado 27, a las 23hs., en Moreno 1199. Entrada libre y gratuita.

miércoles, 17 de julio de 2013

cinemash-up


Found Footage, mash-up, cine dentro del cine, post-cine, delirio de torsiones cinéfilas detonadas a golpe de montaje. Clara Darko es una editora-blogger española que aplica la rigurosa lógica joedantesca de la cinefilia pop estallada con algo de la escuela austríaca y de la sabiduría babélica del youtube, para provocar que unos centenares de fragmentos vistos y oídos se conviertan en un trip al interior del exceso de pasión por eso que el siglo XX derramó sobre pantallas monstruosas y hoy tratamos de domesticar en dispositivos manuales. Tratamos, pero, como se darán cuenta si hacen clic en el rectángulo superior, todavía hay dinamita para hacer estallar la lógica cinematográfica en píxeles de grueso calibre. La entrada es gratis, pero eso sí, que no les toque el ticket que explotó (pido perdón a Burroughs, y a ustedes, por la cita).

viernes, 12 de julio de 2013

Camp Attack


Hace casi medio siglo, Mrs. Miller estaba en la cresta de una ola extraña: pasaba del gospel y de financiar sus propios discos para ser distribuidos en orfanatos a comenzar a grabar sus canciones pop que tendrían un moderado pero insólito éxito radial que la llevaría incluso a participar del popularísimo programa de tv de Ed Sullivan. Para quienes no conocen a Elva Miller, fue una cantante que, como bien viraliza wikipedia, tenía una voz que sonaba como “cucarachas corriendo sobre la tapa de un tacho de basura”. A mediados de los ’60, Estados Unidos y el mundo ya no eran tan inocentes, aunque ya no prodremos saber si realmente el ensayo de Susan Sontag sobre la sensibilidad camp ayudó a que Miller llegara a ser una cantante popular para 1966. Lo que sí sabemos es que, como consigna Paul Roen en el prólogo de su libro High Camp, alguien entrevistó a Miller y le preguntó si sabía lo que significaba la palabra “camp”, a lo que ella respondió: “¡No permitiré que digan guarangadas en mi casa!”. Sí, aunque era el secreto peor guardado de la comunidad gay gracias a las revelaciones de Sontag, todavía la palabra “camp” era considerada un insulto porque aludía a un mal gusto al que poca gente quería estar asociado. Una sensibilidad que había sido maquillada en la clandestinidad, en la oscuridad de antros de reviente gay, ya comenzaba a brillar en la luz de las marquesinas y encandilaba multitudes. Miller era un buen ejemplo. Aquello que se definió como un gusto por lo no natural, el artificio, la teatralidad, la ironía desencadena, la androginia desconcertante y el fracaso de la seriedad ahora era asimilado por la cultura de masas, cuando antes sólo pertenecía mayoritariamente a una subcultura de la complicidad entre gays marginales, clave de acceso a un mundo de sensaciones inversas. (Principio de la nota sobre lo camp actual en Página/12. El resto de la nota por acá.)

Otras de mis notas sobre lo camp tomadas al azar del google:

- A mediados de los ‘40 una nota de Robert Duncan en la publicación de izquierda Politics describía así la estrategia de un grupo proto-queer: “Como las primeras brujas, los activistas homosexuales han rechazado cualquier lucha por la igualdad social y, lejos de buscar dinamitar la superstición popular, han aceptado el rótulo de demoníacos”. Tal vez, esta misma creencia tenía el cineasta gay James Whale para crear el díptico de Frankenstein y La novia de Frankenstein, desglosando en dos la novela gótica de Mary W. Shelley: su capacidad para representar al monstruo queer como paria, como perseguido e incomprendido social pero también la ironía sobre ese retrato, lo hicieron crear el camp terrorífico, un estilo que haría escuela entre la complicidad para leer guiños encriptados en los relatos macabros sobre la sexualidad. Un ejemplo de su humor es que si el terror debe poner los pelos de punta, nada mejor que crear un ícono de esa idea: Elsa Lanchester con peinado batido vertical en plan proto-glam-punk es la versión extrañamente femenina y pop de Lady Frankenstein, moldeado en una peluquería. La prueba del poder seductor, de la potencia mujeril y maricona de ese tocado es que Manuel Puig recuerda a La novia de Frankenstein como la primera película que vio de niño. (nota completa acá)

- Durante los años que registró sus obsesiones, con fantasías exóticas y cívico costumbrismo exagerado reconstruido desde escenografías y performances que cruzan lo grotesco y lo marica, Bidgood aportó una versión de drag queen a la vidriera del imaginario cultural gay a través de esta película, antes de que Warhol volcara su pintura pop en su cine y de que el ensayo sobre lo camp de Susan Sontag se volviese cita obligada para nombrar artificios como Pink Narcissus. (nota completa acá)

- Cuando se estrenó El mago de Oz, Judy Garland recién había cumplido 17 años. La película, a fines de la década del ’30, proponía un prodigioso virado del blanco y negro al technicolor que, junto a la canción “Over the Rainbow”, convertían el relato en un libro para pintar automático, donde la niña actriz trazaba cada pincelada de candidez infantil, para ser primero una clave secreta y luego terminar sacando el arco iris del closet para devenir símbolo de la diversidad sexual. De estampa camp a estampita de culto queer, Judy se convirtió en sinónimo de sensibilidad colectiva y todavía su figura es invocada como ángel guardián de ciertas formas de cultura transformadora. (nota completa acá)