jueves, 1 de octubre de 2009

Back to Mono


"Si viste a un elefante volar, lo viste todo", se escucha en Dumbo, el gran clásico de Disney. Pero parece que no era así, que había que esperar un poco más para verlo todo. Tal vez, el momento sea ahora, con Lluvia de hamburguesas, pero el dicho habría que cambiarlo por: "Si viste a un mono con fijación por los bigotes, lo viste todo." Su nombre es Steve, y también tiene fijación por los ositos de goma. Esta película de animación, además, tiene más gags por minuto que Top Secret y un argumento lunático creado con la ciencia exacta del disparate del joven inventor Flint, su protagonista. Una monada fantagruélica*.
PS: Me doy cuenta, mirando la imagen de arriba del mono Steve, que la cola en espiral me señala una afinidad con la 'Patafísica. ¿Será Steve pariente del gran mono papión Bosse-de-Nage que da nombre al capítulo X de Gestas y opiniones del Doctor Faustroll, Patafísico? No sé si la respuesta será sí o no, pero si pensamos que ambos monos son asistentes-cómplices de científicos, las relaciones de parentesco me cierran más, o me abren menos. Y si, además, corroboramos que el Dr. Faustroll le trató de enseñar a hablar a Bosse-de-Nage (aunque el papión sólo llegó a pronunciar un "monosílabo tautológico: HA HA"), y que, por su parte, Flint crea una máquina para transformar los pensamientos de Steve en palabras, parece que las coincidencias no son tan superficiales. Yo diría que, por las dudas, cuando vayan a ver Lluvia de hamburguesas en 3D, lean el libro 'Patafísica. Epítomes, recetas, instrumentos & lecciones de aparato, recientemente compilado por Rafael Cippolini. Ojo, que se entienda bien, el libro no hay que leerlo antes ni después de la película, sino durante, y sin sacarse los anteojos 3D, porque si no los espirales de la tapa no pegan lo suficientemente bien.
* La palabra fantagruélica es producto de una deformación azarosa provocada por un cambio en los vicios de mi corrector de word. Como siempre que escribía ciencia ficción me lo cambiaba por fantaciencia, reprogramé el corrector de word usando unas variables matemáticas carrollianas** para desviar ese prefijo. El resultado fue que cada vez que invoco a Rabelais con el adjetivo pantagruélico me lo cambia por fantagruélico. Y como me parece mucho mejor esa otra palabra la comencé a usar. No es exactamente un sinónimo de pantagruélico pero tampoco lo opuesto. De hecho, fantagruélico no es exactamente algo, su naturaleza es ser una incompleta inexactitud.
** Y ya que estamos recomendando libros, otro que viene al caso, y es de reciente aparición, es Lewis Carroll en el país de los números. Su fantástica vida matemática de Robin Wilson, que en la página 206, en el capítulo donde se aborda el "problema del mono y la pesa" reproduce el dibujo de un mono que bien podría estar colgado en el árbol genealógico de Bosse-de-Nage y Steve.

1 comentario:

Gordo puto, amén dijo...

Me encantó. Esta noche te citamos con Raul en una cena con amigos. La escribí -a la cena- y ya está en el blog. Beso.