
miércoles, 18 de abril de 2012
Flaming Critics

martes, 10 de abril de 2012
Top Five Femme

lunes, 26 de marzo de 2012
Pizza piola

Fui varias veces a comer a El Palacio de la Pizza, en Corrientes entre Esmeralda y Maipú, y siempre el lujo estuvo a la altura de su nombre, aunque nunca antes, supongo que por distraído, había tenido el inmenso gusto de conocer a la pizza con matambre. Hace unos días, durante la cena, nos presentaron. Así que, ni bien supe de su existencia, me pedí una porcioncita pa'probar, y resultó que el diminutivo se borró y apareció una enormidad: sobre la tradicional porción de muzza (inspiradora) viene una suerte de matambre espiralado, desarticulado (incluso deconstruido, si me permiten la expresión), que adorna el triángulo como una guirnalda para celebrar la fiesta de la pizza como un lugar del vale todo. Fue un gran momento, sorpresivo y delicioso, que sumado a la porción de fugazzeta que también me pedí, resultó ser una dupla bastante imbatible, un doble de básquet que vale triple (post dedicado a Sol Santoro D'Stefano, que me hizo recordar aquel momentum)
miércoles, 21 de marzo de 2012
Pasión camionera

A Tom Neko, que sabe cantarle a la felicidad de robar camiones.
Cameo motorizado. Mi actor secundario preferido de Hitchcock es Murray Alper: ambos trabajaron juntos en tres películas y otros tantos capítulos para la serie de TV del maestro del suspense. En Saboteur (1942) el actor interpreta su mejor papel, un camionero que, sin saberlo, ayuda en su fuga al protagonista, el típico falso culpable de Hitch. Alper tiene apenas unos minutos de diálogo mientras maneja, y cada frase que pronuncia tiene el poder de la sutileza del Hollywood de esa década, como si fuesen palabras sacadas de un film noir perfecto, pongamos Traidora y mortal (Out of the Past, 1947). Locuaz y casi desbocado, ingenioso hasta la crueldad, ordinario como papel de cohete, con un cigarrillo apagado entre los labios mientras habla, el anónimo camionero se queja de su trabajo pero sigue haciéndolo porque “uno de mis vecinos le dijo a mi esposa que es elegante comer tres veces al día”. Acto seguido, el caminero agrega que su esposa gasta guita en sombreros y en el cine, lo que le resulta paradójico porque compra sombreros para meterse en la oscuridad del cine donde nadie se los ve. No lo recuerdo textualmente, igual no podría transcribir ni la velocidad ni la gracia con que lo dice Alper, pero el contenido es ese, y estoy seguro porque la vi un par de veces en cine, aunque no tengo la película en dvd ni pude bajarla, y leí el guión original mecanografiado en Internet que tiene otros diálogos (mi culto por Alper me hace pensar que morcilleó, o sea, metió diálogos de su propia cosecha en esa escena deslumbrante, aunque como una de las guionistas era Dorothy Parker, más lógico es que hayan sido agregados de su autoría). Alper es lo contrario al actor-ganado que Hitchcock prefería arrear, porque siempre parece un poco indomable, incluso caricatural (nunca caricaturesco), algo fuera de registro. Sea como sea, Murray Alper es mi pócima personal contra la solemnidad: a veces, cuando una película se pone ploma, pesada por sus pretensiones, alucino con un cameo del actor que irrumpe con su camión en cualquier escena, incluso en el living de una casa, en un barco o en el siglo XVIII, para arrollar todo vestigio artístico institucional, toda elegancia milimétricamente especulativa, todo prestigio de diseño (Thelma Ritter funciona de la misma manera en mi imaginación, como una hechicera que combate películas plomíferas). Cuando vi Drive pensé que Alper aparecía a todo trapo para llevarse puesto al silencioso doble (¿o triple?) chofer profesional, para aplastarlo con su actuación con acoplado, para trompearlo con su violencia parlanchina. Murray Alper vs. Ryan Gosling, un duelo motorizado digno de Carrera contra la muerte (Cannonball!, 1976); o mejor, Alper vs. Nicolas Winding Refn, el director danés que se compró un sombrero nuevo para estrenarlo al dirigir su primera película en Estados Unidos.
Primera parte de la nota en contra de Drive, publicada en el número 237 de la revista El Amante/Cine, ahora digital.
viernes, 16 de marzo de 2012
Piss off

lunes, 12 de marzo de 2012
Vulnavia Bis

Eramos pocxs y parió la historieta. Ahora, además del personaje de mi culto personal, Vulnavia, ayudante del Dr. Phibes, a quien está dedicado este blog, hay una homónima, que recién ahora descubro a través de Google. Esta Vulnavia es personaje de cómics y apareció por primera vez el 6 de junio de 2008, después de que este blog comenzara a existir, lo que implica que no fuera invocada en el momento del origen, pero ahora la incorporamos a nuestra propia lógica onmívora, porque la tocaya es una aliada nata de nuestro objetivo anarcótico; si no miren la imagen arriba, esa hombrera en forma de bestia que escupe un brazo es de una elegancia macabra, la misma que esperamos de personas cómplices de nuestra malevolencia. Además, me informo que Vulnavia, según la mitología nórdica del cómic, es vikinga, fue criada por Odín y se convirtió en valkiria. Es hermana de Vandala y media hermana de Lady Death, reina del infierno. Pero por sobre todas las cosas, su característica principal es ser "eterna", o sea, invencible. La historieta original fue editada por Chaos! Comics antes de su bancarrota y el personaje fue creado por el guionista Brian Pulido y el dibujante Steven Hughes. Eso, nada más, quería volver de mis dos meses de ausencia sin aviso con una buena noticia: las Vulnavias nos multiplicamos para expandir nuestro poder destructivo, asolador. Cada vez somos más y más terribles. Estén alerta, porque el 2012 viene con mala fama.
jueves, 29 de diciembre de 2011
La luz sobre la mesa
Mi lado (oscuro) de la cama y mi mesa de luz es mi rincón preferido porque ahí tuve y (cruzo los dedos) tendré orgasmos de cualquier tipo y factor. Pero también es un gimnasio de pesadillas y sueños, todos mezclados con lo que hojeo en noches y días entre sábanas que son como lienzos blancos que enchastro con mi forma barroca y pop de relacionarme con todo tipo de cultura y contracultura.
1. Retrato de Gizmo, el mogwai protagonista de la saga Gremlins, dirigida por Joe Dante. Gizmo es como Platero, pequeño, peludo y suave, pero también es la amenaza de expandirse en criaturas abominables, anarquistas, grotescas que brotan como pochoclo explosivo de su interior. Y encarna uno de los tipos de cine que me gusta habitar, la película pochoclera tóxica, descompuesta, que se viste de género para desviarnos, que parece pura ternura pero si te descuidás se convierte en Rambo y tiene la misma ferocidad arisca de un gato. Además, Gremlins es la gran película macabra de Navidad. (A)
3. Muñecos de Bob Esponja y Patricio Estrella, la pareja queer que vive en Fondo de Bikini. Surrealismo submarino infantilista, que no me deja ejercer la nostalgia por los dibujos animados de mi niñez, no sólo porque lo conocí hace poco, sino porque todavía está vivo y mutando. Para mí la dupla es un show constante de drag queens, la mejor forma en que todxs vivimos nuestra infancia eterna. (C)
Foto y producción Sebastián Freire para participar de esta sección: seryestarensoy@gmail.com
(B) Listado de libros que salen en la foto:
sábado, 24 de diciembre de 2011
Papa navideña

lunes, 19 de diciembre de 2011
¡Trulalá!

Exposición de historietas, domingo a la tarde del final de esta primavera. La gacetilla del evento decía que se trataba de "La Expo del Mundo Fantástico más Grande de la Argentina. Comics, Manga, Anime, Ciencia Ficción y todo el Mundo Fantástico en un solo lugar", muchas mayúsculas anunciaban un engaño seguro, así que iba preparado. Me cruzo la Capital para llegar a un galpón con gente transpirando mares que recorre dos pisos de stands con muñecos de todo tipo y tamaño. Estoy solo y me encuentro únicamente con dos conocidos, tenemos una charla cien por cien idiota y desinteresada que se interrumpe por sus entusiasmos con un pibe que pasa disfrazado de un súper héroe que desconozco; mientras me alejo ellos se sacan una foto con él y no entiendo si lo hacen con seriedad nerd, con ironía irresponsable o solamente con fanatismo desbordado.
Camino stand por stand y veo que hay poca, poquísima historieta impresa (que era lo que iba a buscar): me doy cuenta, un poco tarde, tardísimo que ya el cómic está en una etapa post-papel, que somos minoría quienes nos interesamos en comprar libros y revistas, que todo el mundo baja cómics por internet y que no es negocio que las comiquerías lleven cajas y cajas de ediciones impresas que no van a vender a nadie. Igual consigo algunas cosas que me interesan, el primer tomo compilatorio en inglés de House of Mystery, varios números (también en inglés) de Fantastic Four y The Spirit, y una edición impecable en castellano de una meta-historieta a color de Charles Burns que atraviesa el mundo de Tintín a partir de los planteos de Burroughs (una genialidad de dimensiones cósmicas, algo así como una aventura Elseworld de avant-garde lisérgico).
Ya estaba bastante satisfecho con mi mochila cargada de casi mil páginas nuevas. Y antes de volver a cruzar la ciudad, decido echarme un cloro en el baño de la exposición. La experiencia me confirmaba que podía pasar cualquier cosa detrás de la puerta de un baño público. Pero, de verdad, esta no me la esperaba: Hijitus o Súper Hijitus, no llegué a saberlo, estaba cambiándose en uno de los privados, con la puerta abierta y su sombreritus tirado en el piso cerca de los mingitorios. Como pueden ver arriba, saqué una foto con el celular para capturar esa viñeta perturbadora y porque sabía que nadie me iba a creer. Salí del baño sin hacer la descarga urinaria correspondiente, prefería huir antes de ver a un ídolo de mi niñez en alguna situación escatológica o de algún otro tipo y factor que García Ferré no hubiese ni autorizado ni dibujado. ¿El personaje se rebeló a su creador? ¿Era Hijitus un exhibicionista o un asqueroso? ¿O estaba con diarrea estival precoz y se ponía un pañal de Oaky? ¿Hay una oscuridad en el universo de García Ferré que todavía no salió a la luz? ¿O simplemente se trataba de alguien que había inspirado la versión de Jorge Guinzburg de "Súper Pijitus"? No lo sé, prefiero seguir sin tener ninguna respuesta. De lo que estoy seguro es que en ese galpón había mucha gente dispuesta a sacarse fotos con cualquier Hijitus de vecino, tenga el olor que tenga. Y por eso brindamos.
viernes, 9 de diciembre de 2011
Caracterología

viernes, 2 de diciembre de 2011
Sueño húmedo

jueves, 1 de diciembre de 2011
Sábados familiares de Súper Acción

miércoles, 23 de noviembre de 2011
Go West

Tengo la teoría de que Mae West volvió a filmar en 1970, tras casi treinta años de haberse retirado de las pantallas, porque Susan Sontag la nombró en sus "Notas sobre lo camp", donde la escritora ensayaba un acercamiento a una sensibilidad por la exageración, lo artificioso y la teatralidad propia del gusto homosexual. Es que la West fue la mayor propagandista de lo camp entre las estrellas de Hollywood, y volvió para ocupar el trono de la matrona en Myra Breckinridge, adaptación de la novela transexual de Gore Vidal. Ahora la Sala Lugones programa cinco películas para darse una vuelta por los inicios cinematográficos de la diva de las frases antológicas. Y yo, campista tóxico, garabateo algunos apuntes biográficos en una nota de Página/12, por supuesto en el suplemento Soy. Abajo copio el comienzo.
Apunta Wikipedia que en la Segunda Guerra Mundial, la Fuerza Aerea estadounidense había diseñado un chaleco salvavidas al que se bautizó Mae West, en parte porque al usarlo cualquier soldado pasaba a tener pechos inflables e iguales a los de la sex symbol nacida en New York. Ese es el efecto West: cualquiera es una drag queen, porque su estilo embiste, traviste, envuelve para regalo el cuerpo y lo hace indestructible, irreductible. Esos chalecos eran la supervivencia de un mito pansexual: de alguna manera, los corpiños-paracaídas eran artilugios bélicos que hacían volar las certezas fijas de los géneros. Porque lo evidente es que en la batalla de los sexos, la West fue la que más le puso el pecho a las balas. Y la fuerza aérea de sus pestañas kilométricas y el revoleo de sus ojos, marcas de fuego de su estilo ultracamp, hicieron de su visión la mira de un fuselaje que encañonaba a fuerza de frases disparatadas como esquirlas de doble o triple impacto. Se la llamó repetidamente “bomba sexual”, y es que las metáforas guerrilleras son difíciles de eludir porque Mae West fue una de las que más combatió al capital simbólico del espectáculo patriarcal con su presencia arquetípica, caricatural de mujer bien armada.
jueves, 17 de noviembre de 2011
La punta rosa

lunes, 14 de noviembre de 2011
El amante de Dante

En 2003, cuando la revista El Amante le dedicó un dossier a la obra de Joe Dante, escribí la nota central, introductoria, repasando su carrera en cine y TV, sus logros como uno de los más importantes cineastas del siglo XX. Tres años después, me invitaron a un encuentro de críticos en Barcelona y pasé por el Festival de Sitges unos días. Ahí estaba invitado Joe Dante, que presentaba unos capítulos de la serie Masters of Horror y una película colectiva llamada Trapped Ashes. Conseguí el número de habitación, estábamos en el mismo hotel, y me dio una cita para entrevistarlo una hora antes de que tenga que salir para el aeropuerto. Fue una entrevista relajada y vertiginosa, al particular ritmo Dante, que también fue publicada en una nota en El Amante junto a la foto que me saqué con él. Ahora vino por primera vez a Argentina para el Festival de Mar del Plata, y nos volvimos a ver. Recordaba mi nombre y cada vez que lo decía me emocionaba. El último día que lo vi, el sábado pasado, me dijo que le gustaba la remera de Ramones que llevaba puesta y quiso sacarse una foto conmigo para enviársela a su amigo Allan Arkush, director de la película Rock 'n' Roll High School, protagonizada por el cuarteto punk. No pude emocionarme más cuando me pasó su mano por mi cintura para la foto. Arriba el momento que ambos posábamos para la foto que llegará a manos de Arkush, y abajo un fragmento de mi nota de 2003 que salió en el número 140 de El Amante.
