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miércoles, 23 de mayo de 2018

Mostra glam


Ayer fui a ver la última de Avengers en 3D y me gustó muchísimo, al punto que me inspiró para empezar a escribir un show de stand up. Acá empecé a bocetarlo:
Finalmente fui a ver Avengers: Infinity War y lo voy a decir sin vaselina: alta trolada me pareció. No entiendo como nadie me dijo que era la máxima expresión de una película de superhéroes LGBTIQ. Thanos está en la mejor tradición de lxs villanxs queer, disputando el número uno en el podio con la tentacular Úrsula de La Sirenita y la Reina de Corazones de Alicia en el País de las Maravillas. Thanos es el ogro galáctico más marica que recuerde ver en cine. O qué pueden decirme de un tipo que esté buscando unas piedras preciosas, que tienen casi los colores de la bandera del arco iris, para adornar su guante dorado y ser la máster más mala del universo. Creo que esa pasión que tiene por la bijou del espacio sideral la convierte en mostra glam que cruza Ziggy Stardust con Priscilla, la Reina del Desierto. Y miren que me leí hace unos años la historieta The Infinity Gauntlet, pero ahí el Thanos no era tan puto, para mí en la película lo quisieron sacar del clóset. Y ni hablar de sus trajes. Creo que cuando Liberace hacía de villano en la serie camp de Batman de los sesenta daba más hétero que Thanos. ¿Un villano sensible que lagrimea? A mí todo el tiempo me daba Rob Halford con esa calva y el look sadomaso glam. Pero además de él, ¿los superhéroes no les parecieron un toque muy arregladitos, muy vestidos cool con trajes negros para salir de noche a la disco de moda? Y las superheroínas algunas dan tortas, otras trans o drags. Me confundo. No sé, pero por momentos, al ver a todos esos super personajes juntos, me pareció un toque la Marcha del Orgullo. Pero lo que es más objetivo es que esta película tiene la escena más homoerótica del cine de superhéores (va un spoiler): Thor de pelo corto viene volando del cielo y, como Cupido, le ensarta como saeta su nueva hacha en el corazón de Thanos y quedan un rato largo unidos, abrazados frente a frente, los rostros cerca a punto de comerse la boca. ¿Qué onda? Esto antes con el martillo no pasaba ¿A mí solo me pareció puro romanticismo gay? No leí el guión, pero seguro en algún momento tiene que decir "Thor lo clava a Thanos", y la verdad es que no hay manera heterosexual de escribir eso. Pero bueno, sigan negando la realidad, y vean la película que quieran. Yo creo que la saga de esta película la tienen que dirigir las hermanas Lana y Lilly Wachowski, que a ellas les gustan tanto los cómics.

miércoles, 4 de abril de 2018

Game Over

Este texto tiene diez mil spoilers.

Terminé de ver Ready Player One y pensé que aunque la emoción no me llegó nunca, la película estaba bien, en su virtuosismo pop. No quería transformarme en el clisé de quien sale puteando a Spielberg, quería que me divierta tanto como 1941 (una de mis preferidas de él, junto con Tiburón), y volví a decirme que no la pasé mal.

Para decir eso, que la película me dejó frío pero que no estaba mal, aclaré a los amigos con los que fui ayer al IMAX a verla, que tenía que dejar de lado que la película me lastimó mucho por su profunda gordofobia (lo peor para los personajes y para el realizador es enamorarse de alguien en el mundo virtual y descubrir que es un tipo que pesa 130 kilos, o sea que para Spielberg yo estoy superando en diez kilos lo peor). Posta, sí, leyeron bien, dejé de lado la herida, porque sé que aunque eso es una mierda. lo puedo denunciar, combatir, pero la boludez humana no debería impedirme gozar del juego que propone la película. Y todo lo que voy a decir desde ahora, no lo digo porque sangro por la herida.
Pero no, hoy me desperté y estuve pensando mucho y sí, tengo que decirlo: la película de Spielberg me parece una mierda. Bosta pura. Incluso me hizo revisar críticamente su obra. A Ready Player One no lo salva ni poner a un Gremlin corriendo ni el chiste de tirar un Chucky en medio de la batalla, porque Spielberg ya no va a estar nunca en el lado Joe Dante ni Don Mancini del mundo. Spielberg es solemne, ya no sabe qué hacer con el humor y parece que ya no puede ponerse a jugar. Nunca haría ET 2, a diferencia de lo que enuncia el genio nerd de la película, Spielberg cancela el juego, no cree que un muñeco pueda ser la pieza delirante de un juego infinito y anárquico (hay que ser un ludópata libertario para hacer de un muñeco diabólico o de un peluche monstruo una saga). El tipo que le cambió el gran título a Los superjuguetes duran todo el verano para rebautizarlo con el pomposo Inteligencia Artificial (una película donde Spielberg hereda la solemnidad de Kubrick), ya no merece tener a mano ese superjuguete que es el cine. Pero no fue ahí que Spielberg me dejó de gustar, sino antes, cuando en su reversión de ET borró las armas de los policías (ejem, ver foto abajo), y entonces comencé la desconfianza sobre su obra. No se trataba de dejar de valorar o dejar de volver a asombrarme por sus prodigios pasados, sino saber que el tipo ya no era el mismo.


Ready Player One es una película que proclama repetidamente ¡viva el juego!, quiere ser una marcha del Día del Orgullo Gamer pero termina con unos pibes que prohíben que la gente juegue durante un par de días a la semana. POSTA. ¿Me estás cargando, Spielberg? ¿Un régimen donde el capitalismo dice cuándo se puede jugar de una manera y cuándo no? Gracias, paso. Si no se puede jugar todos los días no me interesa tu cine, facho careta.
PS: La secuencia en versión gamer de El resplandor (una película que detesto, obviamente, es el arty kubrickoso en el cine de terror) me podría parecer divertida como forma destructiva de esa solemnidad hecha de travellings por hotel despoblado y por separadores de gore cute. Pero no. Igual, la mejor venganza infinita para Spielberg, que quiere heredar el lugar de su admirado Kubrick, es que el director de La naranja mecánica odiaba al director de las Indiana Jones, como queda bien dicho en el libro de Frederic Raphael, Aquí Kubrick. Así que Spielberg (que en general me gusta más que Kubrick, quiero aclarar, aunque Kubrick tiene películas escritas por Jim Thompson -las únicas que valen de Stanley- que son mejores que todo lo que hizo Spielberg). Bueno, eso, me siento feliz que Spielberg tenga que vivir con el odio eterno de Kubrick.
PS2: El texto terminaba originalmente con la oración: "Chupame el culo de 145 kilos, Spielberg", pero me pareció un poco fuerte y se iban a confundir los tantos, así que la saqué.

miércoles, 7 de marzo de 2018

Mostra de dibujos

Vikingos en bikini, autorretratos, Enrique Raab, Ramones, Emma Goldman, aves rapaces, Alberto Greco, y otros delirios queer en mi primera muestra individual en Librería Punc, que se puede ver hasta el 21 de marzo. Acá la nota sobre la muestra de Liliana Viola en el suplemento Soy de Página/12: Una imagen vale más

martes, 2 de septiembre de 2014

Ladrones de flores de cementerio


Cuando ganó la beca para estudiar cine en Italia, Manuel Puig quería cumplir el deseo de traspasar la pantalla, de arañar hasta desgarrar esa tela que separa al público de cineastas y estrellas para poder ser un habitante de esa perspectiva que la imagen nos ofrece y nos niega, esa trampa para el ojo voyeur. En la escuela romana, las cosas no fueron fáciles para ese joven que de niño recortaba fotos de las estrellas favoritas que alucinaba en un cine pampero para crear su propio libro cinematográfico. El neorrealismo italiano de esos años regía la educación con una estética y una narrativa que para Puig era inhabitable, a él lo movía un glamour y un éxtasis de melodrama estilizado que casi era impronunciable en los parámetros cinematográficos de esa escuela. Tener un carné de estudiante le permitía a Puig ver sin mucho gasto las películas que se correspondían con su lengua materna cinéfila, con su idioma estético. Como era políglota, también trabajaba como traductor de subtítulos para películas italianas y así pudo seguir ejerciendo su cinefilia glam. En esos momentos fue que encontró su propio sistema de traducción: mientras escribía un ejercicio de guión para la escuela, la voz de un personaje se desvió y le trazó la línea que lo llevaría a ser el primer y más grande novelista pop de Latinoamérica. Ese guión tuvo etapas de mutación hasta que se llamó La traición de Rita Hayworth, fue la novela donde Puig tradujo a un nuevo lenguaje su experiencia desde la infancia con el cine, desviando las imágenes de las películas con un ticket único que le permitía viajar de la literatura a la pantalla. En su traducción de Rita Hayworth, el glam se degradaba hasta mostrar otras caras, abriendo perspectivas, multiplicando las imágenes como cuando una película comienza a pasar mal por el proyector y los fotogramas tiemblan en la pantalla, produciendo fantasmas alrededor de los cuerpos, haciendo visible un aura por el pulso trabado del deslizamiento del celuloide. Esos accidentes que producen desvíos de magia inesperada.


La historia contenida en La traición de Rita Hayworth comienza en La Plata, un lugar donde el migrante Puig vivió alguna vez. Yates de pantano también tuvo su crash incial en La Plata, donde coincidieron Romina Iglesias y Antolín, ambos migrando de otros lugares con distintos planes pero también para seguir buscando lo que Puig viajó a encontrar a Italia: multiplicar la experiencia de esas imágenes con que el cine sigue fraguando nuestra personalidad y la de nuestra generación. Aunque mutando de pantallas, yendo de la monstruosa dimensión de la sala de cine al rectángulo domesticado de la computadora, el cine todavía sigue incólume en su capacidad de interpelar hasta la conmoción, pero ahora se lo puede desmontar hasta fetichizar el fragmento o poder capturarlo para llevarlo puesto. Pero también se lo puede profanar volverlo a trazar desviado desde nuestra subjetividad, nuestro estilo, nuestro glam degradado, un poco como retribución (y casi como venganza) por todo lo que nos afectan. En ese plan, Iglesias y Antolín le imprimen ese afecto y esa afectación a los frames, los fotogramas y las fotografías para que tengan una sobrevida zombie, el lujo de una forma atrofiada de eternidad. Ladrones de flores de cementerio con la convicción de que pueden evitar que se marchite el fulgor. Iglesias navega en impresiones de sensualidad sensorial sobre superficies pulidas de terror gótico donde la lujuria ritualista es el precipicio para un deporte extremo de elegancia amenazante; Antolín se hunde en la contemplación del instante donde la dispersión y la concentración estéticas se superponen para ir por los géneros cinematográficos sin pirotecnia pero que igual alcanza un clímax intenso, inédito, íntimo de calidez pop. Ambos están en ese filo donde traducir la imagen ajena es inventar el propio lenguaje en la confusión del píxel y el pincel para cartografiar el accidente geográfico de sus miradas, como los lectores de iris que nos encandilan para reconocer nuestra identidad.

Diego Trerotola


Casa Brandon
presenta

YATES DE PANTANO

Una muestra de Romina Iglesias y Antolín


Musicalizan Martha de la Gente y DJ Gatito
Curaduría Diego Trerotola

Inauguración
 miércoles 3 de septiembre, 20 horas
Luis María Drago 236

miércoles, 25 de junio de 2014

El rey del falsete



Hace cinco años, al momento de la muerte de Michael Jackson, publiqué esta nota, con el título El rey mutante, en el Suplemento Soy de Página/12. Todavía creo que tiene vigencia, porque el mito sigue vivo.
En su libro Cool Memories, un diario formado por ensayos rotos y mínimos, Jean Baudrillard viaja por la cultura del primer lustro de los ’80 para seguir el pulso de su tiempo, para tratar de hacer el libro más contemporáneo posible. En su elíptica captura de ese presente, Baudrillard se cruza a mitad de su camino con el Michael Jackson de Thriller y lo define con una cita del sociólogo Alain Soral: “Jackson es un mutante solitario, precursor de un mestizaje perfecto porque es universal, la nueva raza a partir de las razas, por así decirlo. Los niños de hoy no tienen un bloqueo en relación con una sociedad mestiza: éste es su universo, y Michael Jackson prefigura lo que ellos imaginan para un futuro ideal”. A esa idea nítida sobre una nueva forma de mestizaje cultural, Baudrillard agrega: “Michael se ha hecho rehacer el rostro, desrizar su cabello, aclarar la piel, o sea que se ha construido minuciosamente: esto es lo que lo convierte en un niño inocente y puro; el andrógino artificial de la fábula que, mejor que Cristo, puede reinar sobre el mundo y reconciliarlo, dado que es más que un niño dios: un niño prótesis, un embrión de todas las formas soñadas de mutación que nos liberarían de la raza y del sexo”. Unos años después, Baudrillard vuelve a invocar a Jackson para soltar la frase más contundente de su versión de las nuevas sensibilidades de los ’80, donde la política de la diferencia de la revolución sexual se volvía “juego de la indiferencia” de los sexos: “Todos somos transexuales. Así como todos somos mutantes biológicos en potencia, también somos transexuales en potencia. Y ni siquiera es una cuestión de biología. Todos somos simbólicamente transexuales”. La biografía de Jackson lo autorizaba a semejante afirmación, y es verdad que el Rey del Pop fue la quintaesencia de una nueva clase de monstruo que modeló la tecnología. El monstruo en que nos trasformamos todxs.

EL EXTRAÑO MUNDO DE JACKSON

En el comienzo de todo fue el espanto: Thriller fue catalizador de mutaciones y el principal afectado por su radiación fue Michael Jackson. Es verdad que todo comenzó en Jackson 5, en esa infancia corrompida por el pop donde el niño perdió la inocencia que trató de recuperar convertido en un andrógino Peter Pan que sueña desesperadamente la tierra del Nunca Jamás. Si bien es cierto, ese dato biográfico del niño estrella volcado a reconstruirse como ficción de la industria de la música es recién en Thriller donde adquiere mayor importancia, cuando su vida se transforma en una tecnoficción. Ese disco-Frankenstein no sólo cambió la historia de la música pop, con su híbrido de estilos del hard rock a la balada, pasando por el pop bailable, sino que, sobre todo, la revolución de Jackson se hizo cuerpo en el videoclip como forma de arte total, como juguete tecnológico ideal para la metamorfosis. Abrevando en la estética homoerótica de la película de terror adolescente de la década del ’50, en el video Thriller Jackson se transformaba en Gato Monstruo y en zombie, convertido en el rey del terror pop gracias a los efectos de maquillaje de las manos mágicas de Rick Baker, un cirujano-artista-plástico del cine, también creador de FX de Videodrome de David Cronenberg, una película sobre el cuerpo con prótesis de video. Y desde ese momento Michael Jackson fue un cyborg cronenbergiano, y se puede hacer una biografía de él a partir de sus videoclips, que absorbieron su existencia trocada en imagen táctil de su cuerpo. Su sexo no era masculino ni femenino, porque no era biológico, era tecnológico, tenía el sexo del cyborg, antes que Donna Haraway lo definiera en su manifiesto sociofeminista sobre la construcción de los géneros de 1991: “Un cyborg es un organismo cibernético, un híbrido maquinal y orgánico, una criatura de la realidad social tanto como una criatura de la ficción”. Jackson hizo del cuerpo su discurso, más que otrxs ídolos del pop/rock, porque era un cantante-bailarín de gracia felina, donde su paso más famoso, el moon walk, ponía en escena su doble direccionalidad característica: el paso fingía la mímica de caminar hacia adelante pero se deslizaba hacia atrás. Pero sobre todo Jackson fue un cuerpo mediado por la tecnología, donde se transformaba, videoclip mediante, en un ser extremadamente proteico: no era ni blanco ni negro, ni masculino ni femenino, ni joven ni viejo, ni atlético ni enfermo, ni humano ni animal, ni lindo ni feo y, sobre todo, ni bueno ni malo: al papel del delincuente juvenil que le gustaba interpretar en los videos se le superponía el inofensivo ángel de la luz asexuado. En la secuencia de la canción “Speed Demon” de su película Moonwalker (1988), Will Vinton lo convierte en muñeco de plastilina, dibujo animado, y cuando baila como humano está literalmente fuera de la ley: es que Jackson movía la pelvis con una ambigüedad insólita, su mano en la bragueta a veces parecía agarrar el paquete y a veces su dedo se hundía como si tuviese las dos gónadas del hermafrodita perfectx. En su otro videoclip célebre, Black or White (1991), fue el primero en usar el software morphing virando el rostro de personas de distintas razas y pigmentaciones, y convirtiéndose él mismo en pantera negra: su cuerpo de cyborg ya devenido software lo liberó de la identidad sexual y racial. Identidad deriva de idéntico, y Jackson, como buen mutante, nunca quiso ser igual.

CADAVER EXQUISITO

Si me permiten la expresión, Jackson fue claro desde el principio: al aceptar hacer el rol del Espantapájaros en The Wiz (1978), la remake del clásico camp El mago de Oz, sabía que su destino era ser un monstruo de cuento infantil, el freak domesticado, hogareño, que acompaña los sueños de una generación como el ET de Spielberg para el que compuso una canción. En Thriller quedó establecido, pero se subrayó en Ghosts (1997), un mediometraje dirigido por Stan Winston, quien junto a Rick Baker sería el artista de efecto de maquillaje más virtuoso del Hollywood fantástico. Ahí, con la tecnología digital, el cuerpo de Jackson dejó de ser analógico para explorar nuevas transformaciones virtuales: el rey del pop es ahora rey del píxel, fantasma en la máquina, materia incorpórea que atraviesa todos los cuerpos, como su voz, como ese falsete que lo hizo famoso, el más célebre de la historia de la música, que viaja a la velocidad de la ambigüedad, porque es un quejido de animal en celo con timbre humanoide andrógino. Si existen las reinas del grito del cine de terror, las scream queens, Jackson fue más que el rey del pop, el rey del falsete: la voz artificial fue su modulación predilecta hasta el punto de ser la canción de todxs. Cantar y bailar es falsearlo todo: lo natural queda fuera del cuerpo. En Cool Memories, Baudrillard escribía que “la música del walkman penetra en nuestro cuerpo como en un sueño”, Jackson fue ese sueño tecnológico que nos atravesó para siempre, que nos cambió nuestro cabezal natural por uno de género artificial indefinido. Al igual que Valentino fue al cine la apolínea figura que perturbó en los ’20 las concepciones sobre lo masculino y lo femenino, enloqueciendo a una generación con su erotismo visual indeterminado, Jackson fue el cyborg que hizo de la tecnología del video una estética desafiante. Y al igual que con Valentino, su funeral fue un evento monumental porque nos interpela sin discriminación: todxs somos sus viudxs tecnotransexuales. Pero ahora la tecnología voraz no para: la medicina forense sigue con sus técnicas necrófilas de autopsias donde dicen y se desdicen, porque la ambigüedad de Jackson no para ni post mortem. Eterno en su provocación, su cuerpo aún sigue siendo un discurso de signos en contradicción, para la interpretación latente, un Frankenstein semiológico que revive todo el tiempo: un moderno Prometeo secular que no necesita el fuego de los dioses para generar verdadera vida, sino que se despierta con cada clic mundano sobre un píxel monstruoso que hace pop.

viernes, 20 de junio de 2014

Al Pie de Hitchcock

"Para mí el cine no es una porción de vida, sino una porción de torta. Hay un montón de películas sobre la vida, las mías son como una porción de torta", dijo Alfred Hitchcock, uno de los creadores del film noir con Rebeca, una mujer inolvidable (1940), aunque la gran mayoría de críticos e historiadores no la considere dentro de esta categoría. Allá ellos y acá nosotras y nosotros para ver este corto titulado Key Lime Pie (2007), dirigido por Trevor Jimenez, que es una obra maestra de la animación noir (género que casi les diría que inaugura y es el único exponente), que hubiese hecho reír mucho a Hitchcock, el hombre que sabía demasiado de glotonería cinéfila. (Aclaración: está en inglés sin subtítulos, pero éntrenle igual si no caza una porque es visualmente universal).




miércoles, 11 de diciembre de 2013

Sangre Post-Punk


I.
El mito cuenta que una noche Mary Shelley hundió una pala en sus sueños para desenterrar su fantasía de profanación y dar vida a un monstruo, que la deformación pop le adosaría el nombre humano Frankenstein. Y lo que en realidad terminó creando con esa novela que extendió su ensueño fue el relato gótico y romántico de la resurrección de la imaginación para encarnar en un fetiche hecho de fragmentos que se multiplican, que crean una serie. Con su práctica de reciclaje del mito de Prometeo, Shelley hizo modernidad, en un sentido muy denso de esa palabra monstruosa.

II.
El ensayista André Bazin encuentra “en el origen de la pintura y de la escultura el 'complejo' de la momia”, porque si “la muerte no es más que la victoria del tiempo”, entonces poder “fijar artificialmente las apariencias carnales de un ser supone sacarlo de la corriente del tiempo y arrimarlo a la orilla de la vida”. Bazin creía que el cine perfeccionaba esa misión momificadora, redentora, de conferir vida eterna y comparaba la invención de la fotografía con el Santo Sudario, donde se imprimió el rostro de Cristo pintado con su propia sangre. Huellas de lo real eternizadas. La momia y Cristo: monstruos inmortales y patronos de las representaciones perennes.

III.
La última obra de Romina Iglesias evoca una escena de Sangre de la tumba de la momia (traducción literal de Blood from the Mummy's Tomb, 1971). Su operación es profanar una película y sobre ella apoyar su lienzo como un sudario de la era digital, donde derrama sangre de acrílico y píxeles. A partir de ahí, todas las imágenes apropiadas del punk y su revolución indumentaria se tiñen de la estridencia del ruido visual de los ochenta (¿alguien dijo post-punk?) para dar vida nueva a posers de jpg, a fotogramas de una revolución digital, que estallan en láminas luminosas. Porque si algo hay en esa anarquía de colores en los retratos de Brasa es una luz tóxica y descompuesta por un prisma insurrecto; una luz constante pese a que los candelabros sean de clase b o las joyas tengan brillo de bijou de utilería. Porque cuando una heredera de Shelley le roba el fuego a Prometeo, las alucinaciones que provoca encandilan como una hoguera.

Diego Trerotola


BRASA
de Romina Iglesia 

Apertura Miércoles 11 de diciembre de 2013, 20 horas

Galería Casa Brandon
Luis María Drago 236
CABA

Curaduría Diego Trerotola
Música Diosica De La Gente

jueves, 31 de octubre de 2013

Papel picado

Me hicieron una entrevista (supongo que por equivocación) en el número cuatro de la revista gratuita Freddie, en el contexto de un dossier sobre arte. La coincidencia quiso que fuese al mismo tiempo de que debutaba como curador de algo que no sea cine o video, con la muestra Chascos para la primera cita de Maia Debowicz (a quien está dedicada la respuesta tres). Pueden leer la nota en la versión web de la revista o acá abajo. O pueden no leerla.

1) ¿Considerás que existe un arte gay?
Existe como cualquier denominación que se use como una forma de libertad. O, tal vez, así quiero que exista. Denominar puede ser una acción liberadora. Por eso, si alguien piensa que algo puede ser denominado arte gay, y ese acto es liberardor en algún sentido, entonces, celebro su existencia. Ahora mismo quiero denominar a la película Dumbo como arte gay. Denomino luego existe.

2) ¿Cuáles son tus referentes de este arte?
Creo que Alberto Greco es mi referente en todo tipo de arte, porque transitó muchos caminos. También puedo decir que es mi referente del anti-arte, que es mejor. En su época casi no existía la denominación gay, pero él ya firmaba en los baños públicos como "Greco puto". Hay más: Keith Haring, Alison Bechdel, Divine, Kim Kyung-Mook, Michael Jackson, Copi, Bob Esponja, Lisa Kerner, Stephin Merritt, Harvey Fierstein, Dalia Rosetti, John Waters, Tsai Ming-liang, etc., muchos referentes de arte gay.

3) ¿Qué papel pensás que cumple el arte para la comunidad?
Si tengo que pensar en un papel para el arte, elijo el papel picado. Me gusta porque es un papel que surge de la destrucción, y es alegre en un sentido y sucio en otro. Todo el mundo es más lindo con un poco de papel picado en el pelo.

4) ¿Cuál es tu espacio favorito de arte?
La calle es el mejor espacio para el arte, incluso cuando no nieva ni llueve. Florida en un día de semana en hora pico o la peatonal de Mar del Plata en enero.

sábado, 26 de octubre de 2013

jueves, 17 de octubre de 2013

Riesgo de dientes de conejo


Maia tiene que cerrar la puerta del balcón porque Warhol se puede comer sus dibujos. Las proporciones de la hoja hacen que Maia tenga que dibujar en el piso de su casa y eso provoca que, al menor descuido, Warhol pueda roerle la cartulina.

Omnívoro como es, al conejo Warhol, la única mascota y compañía del departamento de soltera de Maia, le gusta el papel pero no las zanahorias. Raro. Come variedad de verduras pero detesta las zanahorias. Warhol es marrón, caga y mea en piedritas como los gatos, coge con dos muñecos de peluche y duerme en una cucha de plástico de techo a dos aguas con tejas dibujadas.

En lugar de dibujar en su departamento, Maia podría ir a su estudio, encerrarse en ese limbo libre del peligro de lo cotidiano y se ahorraría tener que vigilar que sus obras terminen en boca de Warhol. Pero no. Prefiere asumir ese riesgo. No solo ese, sino otro más: apostar a cambiar de hábitat y de género. Alejarse de los procedimientos que la visibilizaron en el mundo del arte, alejarse de esa obligación curricular de que la creación tiene que estar atada a un patrón pétreo como idea de personalidad. Riesgo de dientes de conejo, riesgo de ser otra.

Ser otra empezó desde que Maia se separó de su novio y cada uno de los días posteriores empezó a dibujar a su entorno para colgarlo sobre la pared blanca de su living. Amigos y amigas en poses paródicas, cotillón fetiche arrancado de la fantasía personal, el cine y el sexo vivido como carnaval del cuerpo, autorretratos de honestidad mordaz. Había algo de comedia muda, de slapstick, en el mural que fueron formando los dibujos, inclasificable colección de personas, animales y objetos que terminaron componiendo una suerte de catálogo de chascos. O mejor, una serie de cartas de amor al chasco.

Los chascos para la primera cita son el reverso de los tradicionales chascos de despedida de soltero. No se trata de la última alegría antes del compromiso sino de la convicción de que la sorpresa y la comedia de lo inesperado tienen que estar sí o sí en la base de toda relación. Si tu cita no es un cigarrillo que explota, una flor que tira agua, un chicle picante no vale la pena seguir. Tampoco vivir para dibujarlo.

Diego Trerotola


MAIA DEBOWICZ

Chascos para la primera cita

Del viernes 18 de octubre al 15 de noviembre.


Curador: Diego Trerotola

Áurea. Patio del Liceo
Santa Fe 2729. Buenos Aires.


martes, 23 de julio de 2013

Amigo Rocky

Dicen que en 1976 Elvis Presley contactó a Sylvester Stallone para que lo visite en Graceland con una copia de su flamante película Rocky, que el italoamericano había escrito y protagonizado, recibiendo una nominación al Oscar en ambas categorías, siendo junto a Chaplin y Welles, la única persona que había logrado esa doble conquista hasta ese momento. Intimidado por el Rey, Stallone no se atrevió a ir a visitarlo, pero sí le envió una copia de su película y parece que Elvis la vió con amigos. Cuando todo eso sucedió y terminó desembocando en que Rocky ganara tres Oscars (incluyendo el de mejor película), en los márgenes de New York había crecido un fenómeno con otra Rocky, que tenía tanto de los músculos del boxeador como de la seducción física y musical del Rey, entre otros tipos de monstruosidad, como si realmente Stallone y Elvis hubiesen tenido ese encuentro para gestar la criatura, aunque el huevo de la serpiente ya había sido incubado.
Germinada como ópera rock en 1973, fracasando en su versión cinematográfica en 1975 y resucitando en funciones zombies de medianoche, The Rocky Horror Picture Show es una película que le costó tanto como al púgil de Filadelfia no caer vencido en la lona y llegar a un último round que, si bien no significó la victoria, al menos era una forma de consagración o redención que llevaría directo al culto. Eso mismo, los Rockys de los 70 son obras de culto, cada una a su manera, y tuvieron caminos paralelos que nunca se cruzaron ni en el infinito ni más allá.
Toda esta introducción fue para anunciar que el Bazofi va a proyectar gratis The Rocky Horror Picture Show y podremos formar parte de la élite de vampiros galácticos que dan batalla. Hace tiempo escribí una nota sobre la película y más recientemente este breve texto que se publicó en el programa del Bazofi.

Foco Jim Sharman: THE ROCKY HORRROR PICTURE SHOW (EUA, 1975) de Jim Sharman, c/ Tim Curry, Susan Sarandon, Barry Bostwick, Richard O'Brien, Jonathan Adams. 100'.

Gran parte del culto de esta ópera rock descansa gozoso en su descontrol pansexual, que se dispara, a veces irónico, a veces melodramático, en versión glam, apolíneo, andrógino y trans, pero siempre monstruoso. Los transilvanos y su líder carismático Frank'n'Furter son una suerte de tarjeta de invitación para pensar al cuerpo y sus prácticas deseosas como una estrategia frankenstein, collage abierto y bailable, fragmentos de cinefilia pegados con gestos teatrales exacerbados de drama queen del espacio exterior.

La película se proyecta el sábado 27, a las 23hs., en Moreno 1199. Entrada libre y gratuita.

miércoles, 17 de julio de 2013

cinemash-up


Found Footage, mash-up, cine dentro del cine, post-cine, delirio de torsiones cinéfilas detonadas a golpe de montaje. Clara Darko es una editora-blogger española que aplica la rigurosa lógica joedantesca de la cinefilia pop estallada con algo de la escuela austríaca y de la sabiduría babélica del youtube, para provocar que unos centenares de fragmentos vistos y oídos se conviertan en un trip al interior del exceso de pasión por eso que el siglo XX derramó sobre pantallas monstruosas y hoy tratamos de domesticar en dispositivos manuales. Tratamos, pero, como se darán cuenta si hacen clic en el rectángulo superior, todavía hay dinamita para hacer estallar la lógica cinematográfica en píxeles de grueso calibre. La entrada es gratis, pero eso sí, que no les toque el ticket que explotó (pido perdón a Burroughs, y a ustedes, por la cita).

viernes, 12 de julio de 2013

Camp Attack


Hace casi medio siglo, Mrs. Miller estaba en la cresta de una ola extraña: pasaba del gospel y de financiar sus propios discos para ser distribuidos en orfanatos a comenzar a grabar sus canciones pop que tendrían un moderado pero insólito éxito radial que la llevaría incluso a participar del popularísimo programa de tv de Ed Sullivan. Para quienes no conocen a Elva Miller, fue una cantante que, como bien viraliza wikipedia, tenía una voz que sonaba como “cucarachas corriendo sobre la tapa de un tacho de basura”. A mediados de los ’60, Estados Unidos y el mundo ya no eran tan inocentes, aunque ya no podremos saber si realmente el ensayo de Susan Sontag sobre la sensibilidad camp ayudó a que Miller llegara a ser una cantante popular para 1966. Lo que sí sabemos es que, como consigna Paul Roen en el prólogo de su libro High Camp, alguien entrevistó a Miller y le preguntó si sabía lo que significaba la palabra “camp”, a lo que ella respondió: “¡No permitiré que digan guarangadas en mi casa!”. Sí, aunque era el secreto peor guardado de la comunidad gay gracias a las revelaciones de Sontag, todavía la palabra “camp” era considerada un insulto porque aludía a un mal gusto al que poca gente quería estar asociado. Una sensibilidad que había sido maquillada en la clandestinidad, en la oscuridad de antros de reviente gay, ya comenzaba a brillar en la luz de las marquesinas y encandilaba multitudes. Miller era un buen ejemplo. Aquello que se definió como un gusto por lo no natural, el artificio, la teatralidad, la ironía desencadena, la androginia desconcertante y el fracaso de la seriedad ahora era asimilado por la cultura de masas, cuando antes sólo pertenecía mayoritariamente a una subcultura de la complicidad entre gays marginales, clave de acceso a un mundo de sensaciones inversas. (Principio de la nota sobre lo camp actual en Página/12. El resto de la nota por acá.)

Otras de mis notas sobre lo camp tomadas al azar del google:

- A mediados de los ‘40 una nota de Robert Duncan en la publicación de izquierda Politics describía así la estrategia de un grupo proto-queer: “Como las primeras brujas, los activistas homosexuales han rechazado cualquier lucha por la igualdad social y, lejos de buscar dinamitar la superstición popular, han aceptado el rótulo de demoníacos”. Tal vez, esta misma creencia tenía el cineasta gay James Whale para crear el díptico de Frankenstein y La novia de Frankenstein, desglosando en dos la novela gótica de Mary W. Shelley: su capacidad para representar al monstruo queer como paria, como perseguido e incomprendido social pero también la ironía sobre ese retrato, lo hicieron crear el camp terrorífico, un estilo que haría escuela entre la complicidad para leer guiños encriptados en los relatos macabros sobre la sexualidad. Un ejemplo de su humor es que si el terror debe poner los pelos de punta, nada mejor que crear un ícono de esa idea: Elsa Lanchester con peinado batido vertical en plan proto-glam-punk es la versión extrañamente femenina y pop de Lady Frankenstein, moldeado en una peluquería. La prueba del poder seductor, de la potencia mujeril y maricona de ese tocado es que Manuel Puig recuerda a La novia de Frankenstein como la primera película que vio de niño. (nota completa acá)

- Durante los años que registró sus obsesiones, con fantasías exóticas y cívico costumbrismo exagerado reconstruido desde escenografías y performances que cruzan lo grotesco y lo marica, Bidgood aportó una versión de drag queen a la vidriera del imaginario cultural gay a través de esta película, antes de que Warhol volcara su pintura pop en su cine y de que el ensayo sobre lo camp de Susan Sontag se volviese cita obligada para nombrar artificios como Pink Narcissus. (nota completa acá)

- Cuando se estrenó El mago de Oz, Judy Garland recién había cumplido 17 años. La película, a fines de la década del ’30, proponía un prodigioso virado del blanco y negro al technicolor que, junto a la canción “Over the Rainbow”, convertían el relato en un libro para pintar automático, donde la niña actriz trazaba cada pincelada de candidez infantil, para ser primero una clave secreta y luego terminar sacando el arco iris del closet para devenir símbolo de la diversidad sexual. De estampa camp a estampita de culto queer, Judy se convirtió en sinónimo de sensibilidad colectiva y todavía su figura es invocada como ángel guardián de ciertas formas de cultura transformadora. (nota completa acá)

miércoles, 19 de junio de 2013

Amor de mujer mutante

No entiendo cómo fue, quién tomó la decisión, si fue un impulso personal o un regalo de mi madre o padre, pero junté figuritas de She-Hulk y Spider-Woman contra los super-villanos. Ese es, de hecho, el primer álbum del que tengo memoria, allá cuando recién empezaba la década del 80. En esa época como ahora, las figuritas tenían una tendencia sexista, había para nenas y otras para varones, Sarah Kay o Súper fútbol, Frutillitas o El auto fantástico. El tema es que, pensándolo ahora, este álbum de superheroínas era más bien ambiguo, calificaba para ambos géneros, tal vez haya sido una de las pocas colecciones unisex de esa década, sacando los álbumes educativos editados por las revistas infantiles. Creo que gracias a ese álbum tengo alma de mujer mutante. Como sea, el tema es que me enamoré de ese álbum y especialmente de She-Hulk. La abogada Jennifer Walters, que se transforma en la gigante verde por la donación de sangre de su primo Bruce Banner, tuvo el don de haber elegido ser dibujada por John Byrne y allí inició un diálogo con el historietista  (esto es literal en The Sensational She-Hulk) donde la aventura y el humor tienen la misma dimensión salvaje. Cuando me invitaron a dibujar para la muestra colectiva Una vida más de la Historieta Argentina, me acordé de ella y decidí incluirla junto a otros superhéroes, emulando un poco el fanatismo infantilista de Daniel Johnston por Capitán América para crear una súper-comunidad que comparta el sentido de la comedia demente, mezcla violenta e inmadura de realidad y ficción, que tiene She-Hulk. Si van a la muestra del Centro Cultural Recoleta entre el 20 y el 23, van a poder ver mi dibujo.

martes, 11 de junio de 2013

Ciudadano clase B


La Filmoteca en vivo (http://alturl.com/4t5ov o http://alturl.com/bgvt5) es Cine Para Todos: en fílmico y gratis los viernes y sábado. Este fin de semana hay cuatro películas de Periodismo y cine, que casi ningún crítico de cine vio. Pasan un peliculón para la que escribí este texto y que, para mí, es obligatoria. Todo transcurre en Moreno 1199.

Sábado 15 de junio, 23hs.
Página negra (Scandal Sheet, EUA-1952) de Phil Karlson, c/Broderick Crawford, Donna Reed, John Derek, Henry (Harry) Morgan. 82’.
Versión de El ciudadano con los límites de las quickies clase B, Página negra también es una mirada crítica sobre la industria del tabloide, visión feroz sobre el amarillismo y la ética de la representación del crimen. Y el máximo crimen del periodismo es que la “moderna vehemencia gótica” de Phil Karlson no sea hoy tan valorada. Cineasta de márgenes, Karlson tuvo apenas dos reconocimientos dignos. El primero es un artículo lúcido del crítico Manny Farber que sostiene que Karlson “posee una brillante exactitud documental y una excitante y explosiva belicosidad”, frase perfectamente aplicable a esta película. El segundo es el documental de Scorsese sobre el cine de EE.UU., donde pone a Karlson a la altura de Jacques Tourneur, Hitchcock, André de Toth y Edgar G. Ulmer. Página negra está basada en una novela de un casi alumno de Karlson, Sam Fuller. Acá hay, por supuesto, dosis de ferocidad fulleriana y la relación entre locura y periodismo adelanta en una década a la imprescindible Shock Corridor.

PS: El de la foto es Broderick Crawford en el momento de su vida que si lo agarraba yo le masticaba la yugular sin pedirle permiso.

martes, 14 de mayo de 2013

Pirata de cataratas (parte uno)

No, no viajamos a Iguazú, fuimos a un hospital quirúrgico porque Norberto, mi pareja abierta desde hace quince años, tuvo que hacerse una operación de cataratas en uno de sus ojos. Y como yo tenía un celular y mucha ansiedad, fui tuiteando o posteando en facebook, la crónica de lo acontecido. En un mes le operan el otro ojo, por lo tanto esta es la primera parte de una saga. Acá abajo la cronología completa.

14:00. Estamos haciendo la admisión para que intervengan el ojo derecho de Norberto, que tiene cataratas. Ya le pusieron la pulsera con su nombre.

14:10. Sala de espera en el Instituto Quirúrgico del Callao

14:17. Cada 15 minutos hay que poner gotas en el ojo derecho. En la segunda dosis ya parece un personaje de Poe. Después viene la fase Lovecraft.

14:23. Norberto se puso mucho perfume, sospecho que tiene metejón con el cirujano.

14:35. Subimos al sexto piso, cambiamos una sala de espera por otra. El ojo de Norberto ya es un planeta extraño.

14:50. En el sexto piso hay unas acuarelas espantosas de 1997, decorativamente  menemistas. ¿Quién cura el arte de los hospitales?

15:10. Norberto se queda dormido en la sala de espera, anoche no pegó un ojo (si me permiten la expresión).

15:14. Quinta gota y el ojo derecho de Norberto es lo más parecido a una remake de El exorcista: está poseído. La próxima vez le tiro agua bendita.

15:20. Otra sala de espera. Acá le piden que se ponga un delantal en el baño y que salga "sin mostrar nada". ¿Tendrá cara de exhibicionista?

15:40. La enfermera le toma la presión a Norberto y le pregunta por las pastillas que toma y para qué. Al dar la lista larga de enfermedades en voz alta y clara, porque el nombre de tantas pastillas es difícil de recordar, la media docena de personas que espera quirófano en la misma sala pone cara de póker y traga saliva. ¡Que la sigan tragando!

15:55. Una silla de ruedas se llevó a Norberto. Me dejó un beso y un tufo a perfume incrustado en mis fosas nasales. No paso el antidoping de amor.

16:08. Me hacen esperar en el bar del piso 9.  Me entretengo adivinando la especialidad de médicos, saco siempre a los traumatólogos por la cara.

16:20. La espera me hace maquinar: y si al mirarme con la visión recuperada, Norberto me deja por el cirujano. 15 años de relación en la tiniebla.

16:50. La moza del bar grita: "familiares de Gutipati". Cuando respondo me dice que tengo que ir al 4 piso a recibir el parte de cirugía. Nervios.

17:10. En el 4 piso hay un timbre y desde el parlante me preguntan quién soy. Dije que venía por el parte. Miro una puerta cerrada hace 15 minutos.

17:20. Veinte minutos y nada: la espera me parte.

17:35. Toqué timbre nuevamente: otra voz y desentendimiento de mi reclamo del parte. Ya soy Spiderman, camino por las paredes.

17:45. Tras más de media hora, una enfermera sale y dice que Norberto no ingresó al quirófano y él quiso que me avisen el retraso. Piensa en mí.

18:15. Vuelve la espera. Mastroianni decía que al actor de cine le pagan por esperar en rodajes más que por actuar. Hoy me tocó el papel de boludo.

18:30. 2 horas de Norberto a manos de un cirujano desconocido. Prefiero que lo secuestren en el túnel de Amerika, y él seguro también prefiere eso. A veces pensamos igual

19:05. El pirata ya está en tierra firme, a salvo mas nunca sano. (ver foto de arriba)

domingo, 12 de mayo de 2013

Polvos de la lujuria


Triple función en el Cine Club Divine: un registro del recital de Divine en the Hacienda en 1983, la película Al este del oeste de Paul Bartel y un corto experimental que ensamblé y musicalizo en vivo, en modo dj, con un set de covers. Todo este exceso divinesco es como homenaje a los 25 años de la muerte de Divine (1945 -1988). Abajo los textos que escribí sobre dos de las películas proyectadas. Dirección e información, arriba en el flyer.

Lust in the Dust era el nombre original del western camp Duelo al sol y así bautizó Paul Bartel a su estampida cinematográfica para hacer polvo al universo dominado por el cowboy con un revolver cargado por Divine. Por esta película, el crítico Leonard Maltin se preguntaba confundido si el personaje que Divine interpretaba era un hombre o una mujer; no podía entender que el actor iba más allá de los géneros, de los binomios heredados como formas de clasificación asfixiante. Como en Polyester, Divine vuelve a hacer dupla con Tab Hunter para interpretar a una cantante de saloon que tiene un tesoro bien guardado en el culo. 

Divine SM
Argentina, 2008, 15'
Una hagiografía del monstruo más libertario de la historia del cine, construida a partir del libre ejercicio de un voyeurismo sedado de cámara lenta que permite distorsionar aún más, pervertir aún más, cada una de las muecas de Divine (1945-1988). Y esa esperpéntica presencia está creada con la técnica con que John Watersco-creador de Divine, fotografía las imágenes televisivas de sus fetiches cinematográficos.

miércoles, 8 de mayo de 2013

Bajo el Saul

Uno de los mejores recuerdos de mi paso por la Facultad de Filosofía y Letras fue una clase que preparé sobre Saul Bass, el creador más grande de títulos de crédito para películas. Hice un compilado en VHS de secuencias de títulos de películas de Bass para Otto Preminger, Alfred Hitchcock, Robert Wise, Martin Scorsese para analizar la potencia conceptual en cada una, de cómo entendía la identidad narrativa y estética de cada película y la podía proyectar en una animación gráfica siempre distinta, a veces metabolizando de manera inteligente las influencias vanguardistas. Si muchas veces Vértigo de Hitchcock se vota como mejor película de la historia del cine, tal vez una parte del crédito debería ir para Bass, cuyos títulos con técnicas de op-art y psicodelia, más la secuencia de la pesadilla de Scottie, suman muchos puntos para la personalidad de la película (existen, incluso, análisis de Vértigo basados solo en su secuencia de créditos). Se dice también que el storyboard de la escena de la ducha de Psicosis fue dibujado por Bass, lo que no suena muy absurdo. Alguna vez me gustaría escribir algo extenso sobre este capo. Hoy Google dedicó su doodle a Saul Bass con un mash-up basado en algunas de sus creaciones, casi como una remake de ese VHS que hice hace más de quince años.

domingo, 21 de abril de 2013

Break On Through (To the Other Side)

"Go, Vulnavia. Your work is complete, come and join us on the other side", le dice Dr. Phibes a la segunda Vulnavia, Valli Kemp, en esta saga que emerge de las cenizas. Hoy, un día de gracia para este blog, habrá por primera vez en la historia de la humanidad, un FOCO VULNAVIA, dedicado a la heroína que nos reúne. O sea que ya saben, si quieren sumarse y pasar al otro lado (o sea al Bazofi), las puertas están abiertas: la cita es hoy mismo, a las 18 horas, en Moreno 1199 (esquina Salta), donde se proyectará El Dr. Phibes vuelve de la tumba. La entrada es gratuita hasta llenar la capacidad de la sala.

jueves, 11 de abril de 2013

Rayas de flashback

En el ciclo Cultura VHS: ojos de videotape, cuatro personas fueron invitadas a proyectar por primera vez sus cintas negras, artefactos que construyeron con sus videograbadoras: mixtapes o simplemente fragmentos fetichistas a modo de flashback tóxico. Lo que sigue es casi una crónica:

Un clip de Radiohead, con una mira de metralla en modo zoom desatado, irrumpido por las rayas se transforma, blur y sus lens flares mediante, en una canción sin imagen, mutilada por la velocidad con que Flavio Lira grababa mtv como si sampleara las convenciones del lenguaje de la tv para descomponer el pop; Mónica Galán, siempre de malicia altiva y suave, pasando de pantalla como en un videogame novelesco, infinita en su rol de escudera de Andrea del Boca o de Paula Vázquez Prieto, la verdadera heroína del ensamble de tv noventosa con las peores tipografías del videograph; culos playeros, chongos en piletas, explosiones de uñas fucsias, infiernos de labios rojos, tetas ardiendo al sol atómico, días de la independencia de la belleza porno, torsos y esqueletos, carne y destrucción, toda la brasa desmontada en cascadas de tapes por la privilegiada visión rayos-x de Romina Iglesias, en perfecto desincronismo con la música castigada por Reno que a nosotrxs nos vuelve más monstruos; el héroe americano más grande es al que peor le fue, pero alguien lo guarda en cajas negras oblongas, ataúd en el que sobrevivió casi íntegro para exhibir que cuando viene la revolución en el peor plato volador de la historia (que es un efecto tecnoretro de los cincuenta antes que ET viajase en naves casi hi-fi), decía, cuando aterrizan los marcianos para vestir de calzas y capa liliputiense al profesor de rulos rubios y así convertirlo en el tonto de la serie (heredero del más torpe de la tv, Maxwell Smart), ahí mismo suena la mejor canción del mundo galáctico (la del hombre que cayó a la tierra para destruirnos a fuerza de hits), y así Mariano Kairuz (él no está en facebook porque es igual de tecnoretro), aclara que Space Oddity no está en la edición de dvd, fue sacada seguramente para no pagar derechos. ¿Ustedes se preguntaban que se perdió en la cultura digital? Esa canción es una de las respuestas. Pero por suerte siempre hay amigxs que saben devolvernos lo que la injusticia comandada por los idiotas inútiles quiere sacarnos. Proyecten lo que quieran.