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viernes, 20 de junio de 2014

Al Pie de Hitchcock

"Para mí el cine no es una porción de vida, sino una porción de torta. Hay un montón de películas sobre la vida, las mías son como una porción de torta", dijo Alfred Hitchcock, uno de los creadores del film noir con Rebeca, una mujer inolvidable (1940), aunque la gran mayoría de críticos e historiadores no la considere dentro de esta categoría. Allá ellos y acá nosotras y nosotros para ver este corto titulado Key Lime Pie (2007), dirigido por Trevor Jimenez, que es una obra maestra de la animación noir (género que casi les diría que inaugura y es el único exponente), que hubiese hecho reír mucho a Hitchcock, el hombre que sabía demasiado de glotonería cinéfila. (Aclaración: está en inglés sin subtítulos, pero éntrenle igual si no caza una porque es visualmente universal).




jueves, 19 de junio de 2014

La muerte le sienta bien

Como homenaje tardío al pacto suicida ejecutado con un arma de fabricación casera por los hermanos Lily Süllős y Luis Süllős, va este texto del dibujante, escritor y guionista Topor, que siempre me mata de risa. ¡Viva la muerte!

Cien buenas razones para suicidarme de inmediato
Por Roland Topor (1938 - 1997)*

1. Es la mejor manera de asegurarme que no estoy muerto.
2. Para que el censo pasado esté incorrecto.
3. Me esperan bajo tierra para empezar la fiesta.
4. Les disparan a los caballos, ¿no es así?
5. Agrandaré la estima de mis contemporáneos.
6. Escaparé de la ansiedad que me causa la llegada del año 2000.
7. ¡Como Werther! No se dudará más de mi cultura.
8. Burlaré al cáncer.
9. Demostraré que mi horóscopo miente.
10. Le arruinaré la vida a mi psicoanalista.
11. Para evitar tomar partido en las elecciones.
12. Remedio infalible contra mi calvicie.
13. Finalmente empezaré desde cero.
14. La muerte ennoblece: ¡por fin seré un caballero!
15. Me sentiré menos solo.
16. El próximo Día de Muertos será mi fiesta.
17. El costo de vivir aumenta, pero la muerte permanece asequible.
18. La mejor forma de volver a las raíces.
19. Por fin un arte marcial que sé manejar.
20. Para ser un buen ecologista: voy a fertilizar el pasto.
21. Para marcar el día con una piedra blanca.
22. Mis órganos podrán servirle a otros que les den mejor uso.
23. Dejar espacio a los jóvenes.
24. ¡Al fin un papel protagónico!
25. Para tener las ventajas del exhibicionismo intrínseco en la sala de disección.
26. Para probar las sutiles delicias de la reencarnación.
27. ¡Para terminar con la pesadilla de los años bisiestos!
28. Para darle una dimensión moral a mi obra.
29. Para que crean que tengo un sentido del honor.
30. Para que este texto tome el valor de un testamento.
31. Devendré ciudadano del mundo.
32. La eutanasia no está hecha para los perros.
33. Tendré la última palabra.
34. El 67% de los franceses apoya la pena de muerte.
35. Porque es una buena manera de dejar de fumar.
36. Para simplificar mi dualidad: si quedo solo nadie disputará mi visión.
37. Una partida es menos laboriosa que un parto.
38. No tengo nada qué hacer.
39. No quiero aumentar el déficit de mi seguro social.
40. Para matar un judío, como todo el mundo.
41. Para formar parte de la mayoría silenciosa. La verdadera.
42. Quiero dejar una viuda radiante de juventud.
43. No quiero vivir con el temor de que falle mi desodorante.
44. Escaparé así a la próxima movilización general.
45. Por conservar mi misterio.
46. Para probar que la bomba de neutrones no puede hacerme daño.
47. Para bajar de peso sin hacer dieta ni mover un dedo.
48. Quiero participar del proyecto nacional de vacaciones planeadas.
49. Quiero evitarle a alguien más las malas consecuencias de cometer un asesinato.
50. Para ahorrar energía, café y azúcar.
51. Para nunca más sentir vergüenza de verme en un espejo.
52. ¿Y si soy inmortal? Hay que saberlo lo antes posible.
53. Una boca menos que alimentar.
54. Para probar a TODOS que no soy un cobarde.
55. Para contar a quienes lloren en mi entierro.
56. Para ver del otro lado si estoy ahí.
57. Para arrancarme toda la cabeza de una vez, en lugar de arrancarme las canas una por una.
58. Con un revólver: para hacer ruido después de las 24.
59. Con gas: para saborear el encanto del último cigarro.
60. Ahorcado: para hacer de una soga ordinaria un excelente amuleto de la buena suerte.
61. Bajo un tren: para prolongar las vacaciones de otros.
62. Con barbitúricos: mañana me quedaré en cama hasta tarde.
63. Electrocutado: para darme una buena sacudida.
64. Defenestrado: para escapar de mi terror a los ascensores.
65. La muerte, al parecer, es fácil. Me voy a aprovechar de ella.
66. Si pongo mis suscripciones en espera, no me perderé de nada.
67. Para ser bueno con los animales (pequeños).
68. Para morir en el mismo año que Elvis Presley.
69. Para no pagar impuestos.
70. Para no pagar el alquiler.
71. Para dejar de roncar.
72. Para regresar en las madrugadas y tirarle los pies a mis enemigos.
73. Para evitar plagiarme a mí mismo en la vejez, como Georgio de Chirico.
74. Porque soy una especie en peligro de extinción que nadie protege.
75. Porque elegí una gran frase de despedida para el último momento y si espero demasiado la puedo olvidar.
76. Para cortar de una vez por todas el cordón umbilical.
77. Para ser el fundador de un nuevo estilo: el Dead Art.
78. Para ver, en exclusiva mundial, la película de mi vida.
79. Para ver si del otro lado todavía hay vírgenes.
80. Para ver si me visten bien cuando me amortajen.
81. Porque quiero usar este epitafio divertido: ¡Ya era hora!
82. Para ver si los paralíticos se curan en mi tumba.
83. Para que el siglo XX al fin tenga un evento de importancia.
84. Para darme un festín con la sangre exquisita de las doncellas cuando me convierta en vampiro.
85. Porque siempre he querido hablar una lengua muerta.
86. Para hacer saber a todos, de manera impactante, mi postura con respecto al suicidio.
87. Porque París ya no es lo que era.
88. Porque Groucho Marx está muerto.
89. Porque ya leí todas las aventuras de Sherlock Holmes.
90. Porque estoy decepcionado de todas las predicciones meteorológicas.
91. Para que los otros sigan mi ejemplo.
92. Para empezar mi revolución.
93. Para demostrar mi destreza, si es que no fallo.
94. Para renovar mis amistades.
95. Para mudarme.
96. Para estar por encima de la ley.
97. Porque un suicidio bien conducido vale más que un coito mediocre.
98. Para no morir en un hospital.
99. Para que mi sangre haga una bonita mancha en un lienzo.
100. Porque tengo 1000 buenas razones para odiarme a mí mismo 

* Publicado en “Le Fou parle”, número 3, octubre-noviembre 1977.

domingo, 12 de mayo de 2013

Polvos de la lujuria


Triple función en el Cine Club Divine: un registro del recital de Divine en the Hacienda en 1983, la película Al este del oeste de Paul Bartel y un corto experimental que ensamblé y musicalizo en vivo, en modo dj, con un set de covers. Todo este exceso divinesco es como homenaje a los 25 años de la muerte de Divine (1945 -1988). Abajo los textos que escribí sobre dos de las películas proyectadas. Dirección e información, arriba en el flyer.

Lust in the Dust era el nombre original del western camp Duelo al sol y así bautizó Paul Bartel a su estampida cinematográfica para hacer polvo al universo dominado por el cowboy con un revolver cargado por Divine. Por esta película, el crítico Leonard Maltin se preguntaba confundido si el personaje que Divine interpretaba era un hombre o una mujer; no podía entender que el actor iba más allá de los géneros, de los binomios heredados como formas de clasificación asfixiante. Como en Polyester, Divine vuelve a hacer dupla con Tab Hunter para interpretar a una cantante de saloon que tiene un tesoro bien guardado en el culo. 

Divine SM
Argentina, 2008, 15'
Una hagiografía del monstruo más libertario de la historia del cine, construida a partir del libre ejercicio de un voyeurismo sedado de cámara lenta que permite distorsionar aún más, pervertir aún más, cada una de las muecas de Divine (1945-1988). Y esa esperpéntica presencia está creada con la técnica con que John Watersco-creador de Divine, fotografía las imágenes televisivas de sus fetiches cinematográficos.

lunes, 22 de abril de 2013

TV-Shirt

Richard Hell había escrito en su remera “Please Kill Me”, pero finalmente fue su tocayo, Richard Lloyd, quien se la puso para tocar una noche en Max’s Kansas City. Y unos fans peligrosos de ojos desencajados se acercaron a Lloyd y le preguntaron si era verdad, que si realmente quería que lo mataran, ellos podían hacerle el favor. Tal vez fue en ese mismo momento que nació la frase célebre: “Punk is dead”. Sacrificio, martirología y otras ciencias de la muerte se convertían en punta de lanza en los 70 made in NY, para crear un vértigo de dos minutos. Estamparse un fanzine en el pecho y convertirlo en desobediencia generacional (y así darle nombre a la historia oral del punk que escucharon Legs McNeil y Gillian McCain). Eso fue Television, una banda de pocos discos, mucha épica y canciones por las que entregar la vida. En épocas del No Future, Tom Verlaine y sus secuaces sintonizaron el aparato perfecto para ver a lo lejos y sentir adentro el ruido de los fantasmas. Y vienen a Buenos Aires a demostrar que su sonido atraviesa las paredes. Ahí nos vemos.

lunes, 15 de octubre de 2012

Domingos de Ramos

Calzaba borceguíes las cuatro estaciones y sobre mi cama, mi altar adolescente: póster de Ramones con collage fotográfico de la grabación de Bad Brain y otras canciones de su ruta a la ruina. Se acercaba el final de los 80, una década corta, y mi punk interior latía con un folletín que salía en el Sí de Clarín, firmado por Laura Ramos. Había vuelto de Lanús a vivir a la casa-departamento natal de Barracas, y ya tenía la independencia suficiente para vivir en primera persona lo mortal que era Buenos Aires, ciudad-paraiso que en ese momento Ramos exploró mejor que nadie para fundar una cosmogonía entre la crónica y la ficción, poblada por criaturas con las que me hermanaba la desobediencia pop. Mi identificación primaria era con el Chico Aguja, teleadicto criado en la trastienda de una mercería (aunque, de manera un poco anacrónica, yo trastocaba su sobredosis de tv por mi cinefilia enfermiza). En aquellos tiempos, mil y una noche me soñé personaje de Laura Ramos en Buenos Aires me mata. Sobreviví a aquellos años, por poco; no salí ileso pero acá sigo. Y para cuando Laura recomenzó a publicar en Clarín hace pocos años su nuevo folletín Cuadernos privados, ahora en formato dominical, ya nos habíamos cruzado un par de veces por ahí, desarrollando una amistad, dentro y fuera de su extraordinaria columna.
El domingo pasado, Laura me cumplió mi deseo secreto: convertirme en uno de sus personajes. Escribo esto y se me hinchan los lagrimales. Paro acá y sigue ella.

Por Laura Ramos

07/10/12
Además de considerarse un fetichista fundamentalista de las canas, las panzas y las barbas (Papá Noel es su ícono sexual), Diego Trerotola se define como anarco-culinario, glotón y omnívoro. Jovencísimo socio fundador del primer club de osos de Argentina, que difunde la estética del gay gordo, peludo y con barba como una sensibilidad positiva y erótica, su militancia agita contra el modelo hegemónico gay del joven David lampiño y delgado. En la ideología osuna encontró la guarida de sus obsesiones eróticas y alimenticias. Nada más delicioso que ir a la disco con un grupo de osos amigos y olvidar la música que están bailando para imaginar el desayuno de las siete de la mañana.

Su crónica (de paso, es un ultrasofisticado crítico de cine, además de actor de videoclips y músico amateur) de una aventura anarconeosexual con el director Stuart Gordon en un festival de cine causó cierto revuelo. “Nada puede elevar más mi pasión cholula que un viejo gordo asociado a la obscenidad, la perversión y el exceso del cine de terror. El palpitar de mi corazón flúo era tan fuerte, mi deseo era tan truculento, que tuve lo que merecía... Fue una relación bastante platónica, pero lo más parecido a un noviazgo sin sexo que tuve en mi vida… Nos reímos mucho, hablamos hasta cansarnos de cine de terror y le declaré, sin arrodillarme, que me casaría con él si él no fuese heterosexual. A pesar de mis avances desvergonzados, aceptó ir a solas a mi habitación, donde me dejó acariciar su panza firme y generosa: era el oso de peluche más eróticamente áspero que mi tacto rozó.”

El punk cambió su adolescencia. Su única remera de los Sex Pistols tuvo que robarla de una mesa de saldos –sitio ominoso para un héroe-, porque no tenía ni un centavo. De vuelta en su casa de Lanús, no se sacó la remera en todo el verano. De tanto usarla, la foto de Sid en blanco y negro se fue despintando progresivamente hasta casi desaparecer, o tal vez la tinta fue absorbida por la piel hasta confundirse con su sangre.Pero hubo años de su vida en que sólo escuchaba Ramones: “Ramones con sus canciones-cohete crearon el punk-rocket que largó chispas a lo pavote en la ya explosiva década del 70” (prosa de Diego). Él mismo es una leyenda rocker: lo vi varias veces arrojarse al público desde los escenarios de Él mató a un policía motorizado, una banda de “punk espacial”, y cantar en los de 107 Faunos, que además tomaron su cara como imagen de sus flyers.

Lo de la cinefilia arrancó más o menos así: el test vocacional que se hizo en el colegio señaló Artes. El día en que abandonó una clase de Filosofía para ver una película de Daniel Tinayre con Mirtha Legrand se dio cuenta de que se había equivocado. Sus verdaderas clases de cinematografía empezaron en los cines del centro de Lanús, pero la graduación llegó a los dieciséis años, el sábado a la tarde en que conoció a un cinéfilo de cuarenta y nueve en la puerta del cine Maxi. Noviaron en la sala del Cineclub Núcleo y en la majestuosa Lugones. Durante los cinco años en que duró el noviazgo (que, como en las verdaderas tragedias, terminó con la muerte) (la de Ernesto, por hiv) veían veinte películas por semana. La pasión ultrafetichista de Ernesto por el cine terminó de darle forma a su cinefilia. A los veinte años publicó su primera crítica.

La peluquería en la que trabajaba su mamá fue el parque de diversiones de su infancia. Los enormes sombreros plásticos para secar el pelo eran sus juegos de Italpark. Allí filmó su primer cortometraje, la historia de una peluquera vampira. En sexto grado se convirtió en héroe por haber sido el único al que dejaron ver (y el que aguantó hasta el final) el estreno de El exorcista por tele. Su condición de mago desde los doce años, un legado de su papá, que murió cuando él tenía trece, le sumaba un aura cool. Justo en ese momento engordó y se convirtió en el gordo. Le gustaba, y le sigue gustando ser el gordo. El mayor shock culinario de su casa familiar fue la llegada de la freidora eléctrica: era la televisión color de los electrodomésticos. Su mamá, delgada y preciosa, adora la fritura y los pescados fritos: sus rabas son míticas.

Su teología alimenticia, o más bien su Tractatus Logico-Philosophicus culinario (¡Viva el locro, el asado, la pizza y el fast food!) rechaza con énfasis la sal, un producto sobrevalorado y culpable de uno de los problemas claves del capitalismo: la insatisfacción consumista. La sal domina al mundo, advierte Diego, y también la cadena de frío. El enfriamiento de los alimentos es inútil, me alerta: la heladera es un electrodoméstico innecesario, al servicio de la mera acumulación. ¡Si todas las heladeras del mundo se desenchufaran se terminaría el calentamiento global!

Hace catorce años encontró, por fin, al oso de sus sueños: su novio Norberto (barba canosa, relación abierta) en algunas Navidades trabajó de Papá Noel en una juguetería.

miércoles, 26 de septiembre de 2012

Chiste de gallegos


Mi vieja nació en Ourense, Galicia, hace poco menos que setenta años. Aunque viajé por España un par de veces, por desgracia no pude conocer esa parte del país. Y como no fui a Galicia nunca, Galicia vino a mí. Porque hace un par de días supe que soy protagonista de un videoclip de una banda gallega llamada Proyecto Mourente; pero el chiste es que no solo no conocía a tal banda sino que nunca accedí a ser parte del proyecto. ¿Y entonces? Se trata de un videoclip found footage, uno de los tantos que circulan en youtube, que reutilizan material visual ajeno para enchufarle una canción encima. En este caso, los gallegos se encargaron de reciclar la película Safo (2003) de Goyo Anchou, donde actué en una secuencia junto al gran Mosquito Sancineto. El estreno mundial de Safo había sido en España, en el festival Lesgaicinemad; y recuerdo que durante el festival alguien le dijo a Goyo que lo suyo era un remix más que una remake de la película homónima de Carlos H. Christensen. Tal vez aquel comentario haya sido una advertencia o una premonición: Safo estaba condenada a devenir videoremix. Arriba está el video en cuestión, y abajo la letra de la canción de synthpop para que la puedan cantar mientras la escuchan, porque parece haberse hecho con unas ganas tremendas de que sea un hit de karaoke.

AO TEU REDOR

Nom entendo como é que o fas.
Nos lugares aonde vás
Todo ao final gira ao teu redor.

Tanto tem se vás polo jornal
Ou a um ato inaugural,
Todo ao final gira ao teu redor.

Ainda que ti fas
Por dissimular
Que nom es consciente
Do que estás a provocar

Sabes que os demais
Nom podem parar
De mirar-te fixamente
Porque...

Todo gira ao teu redor.
No final, queira-lo ou nom,
Todo gira ao teu redor

Já ninguém te quer acompanhar
Sem querer-se aproveitar.
Todo ao final gira ao teu redor

Quem é amigo
E quem é cortesão?
Nom o podes separar.
Todo ao final gira ao teu redor

Querem-te saudar,
Querem-te tocar.
Tanto tem ires de incógnito
Para o evitar.

Querem-te abraçar,
Querem-te bicar.
E nom podes fazer nada
Porque...

Todo gira ao teu redor.
No final, queira-lo ou nom,
Todo gira ao teu redor

* Otro videoclip en el que participo: El rey del terror

miércoles, 18 de abril de 2012

Flaming Critics

En 1996, una de las primeras veces que publicaba crítica de cine, había citado a Flaming Creatures, de Jack Smith, como influencia en John Waters, pero sin nunca haber podido ver esa película. Cinco años después, en el Bafici 2001, la película fue programada en un foco dedicado a Smith. Aunque había escrito en el catálogo, todavía no trabajaba en el Bafici, y estaba en la función del Cosmos esperando como cualquier espectador. Antes de la película presentan a J. Hoberman que iba a hablar sobre Smith y Flaming Creatures. ¡Hoberman en Argentina! Efectivamente, ahí estaba el crítico neoyorquino, mi ídolo total, el Ramone de la crítica, que fue muy importante para mí gracias a su libro Midnight Movies, escrito junto a Rosenbaum, y a sus columnas del Village Voice que leía regularmente por internet (y a veces imprimía para conservar. Solo una vez pude leer el semanario in situ, en 1998, cuando estuve en La Gran Manzana: era una crítica a The Big Lebowski, de la que todavía recuerdo fragmentos, aunque hace mucho que no la leo porque fue compilada en ninguno de sus libros y no figura en internet). Sentado en la butaca del Cosmos, aunque había esperado mucho tiempo para poder ver Flaming Creatures, antes de empezar mi mente se nubló, solo pensaba en qué preguntas le iba a hacer a Hoberman después de la película para tratar de atraer su atención. La película pasó frente a mis ojos, la vi en extasis doble, aunque tal vez no haya visto más que mi propia excitación proyectada en la pantalla, porque mi mente estaba concentrada en la cercanía espacial de Hoberman. Tras la función, hice como veinte preguntas, tratando de seducirlo, todas un poco pedantes e idiotas, para demostrar que sabía perfectamente qué era el cine under estadounidense: era el típico espectador odiado por el resto de la sala, esos que te dan vergüenza ajena. Hoberman igual mordió mi carnada, creo que fue porque le habrá dado una mezcla de ternura, lástima y/o curiosidad un idiota como yo. De todas maneras, su generosidad durante la pequeña relación que tuvimos durante esos días, terminó de manera increíble: me regalo un libro que había traído, publicado recientemente, donde compilaba textos de Jack Smith. Lo volví a ver varias veces cuando regresó al país como invitado del Bafici; nos cruzábamos y cambiamos algún que otro comentario, yo tratando de pasar como un colega y disimulando mi nervio de fan absoluto. Hace unos años, con dos amigos, Agustín Masaedo y Pablo Marín (AM/PM), se nos ocurrió escribirle para publicar una compilación de sus ensayos y críticas en español por primera vez. Hoberman respondió encantado, que daba permiso, etc., etc., generosidad al taco como siempre. Fue difícil conseguir hacerlo, pero gracias al Bafici y Juan Manuel Domínguez, este año reflotamos el proyecto y acá está, el librazo que incluye algunas de las mejores críticas y ensayos sobre cine como Películas malas y Modernismo vulgar. También, para acompañar el libro, volvimos a proyectar Flaming Creatures en el Bafici y me tocó presentarlo a él antes de la película. Cuando llegué a la sala para preparar la presentación, Hoberman me dijo que recordaba que yo había estado en la proyección anterior, hacía once años. Eso de recordarme me hizo llorar, soy así de melodramático para los pequeños detalles.
La presentación del libro era unos días después y también fui convocado para estar en la mesa. Y fue un pico sísmico, colapsaron todas mis terminales nerviosas, pero también fue uno de los grandes momento de mi vida: Hoberman se rió a causa de mis chistes durante la presentación y ahora encuentro que alguien captó su sonrisa con un ojo generoso en el momento preciso, perfecto (ver foto arriba). Gracias, Jota, por tanta generosidad crítica.

lunes, 26 de marzo de 2012

Pizza piola


Fui varias veces a comer a El Palacio de la Pizza, en Corrientes entre Esmeralda y Maipú, y siempre el lujo estuvo a la altura de su nombre, aunque nunca antes, supongo que por distraído, había tenido el inmenso gusto de conocer a la pizza con matambre. Hace unos días, durante la cena, nos presentaron. Así que, ni bien supe de su existencia, me pedí una porcioncita pa'probar, y resultó que el diminutivo se borró y apareció una enormidad: sobre la tradicional porción de muzza (inspiradora) viene una suerte de matambre espiralado, desarticulado (incluso deconstruido, si me permiten la expresión), que adorna el triángulo como una guirnalda para celebrar la fiesta de la pizza como un lugar del vale todo. Fue un gran momento, sorpresivo y delicioso, que sumado a la porción de fugazzeta que también me pedí, resultó ser una dupla bastante imbatible, un doble de básquet que vale triple (post dedicado a Sol Santoro D'Stefano, que me hizo recordar aquel momentum)

viernes, 16 de marzo de 2012

Piss off


El piso del Zaguán Sur transpiraba cerveza y cada pogo era un peligro porque cualquier resbalón significaba pasar a ser la alfombra roja de una manada (yo era parte de ella) que saltaba embravecida las canciones de Javi Punga, 3 pecados o Santiago Motorizado que nos hacen pisar el acelerador hasta quedar ciegos por el vértigo. No importaba, estábamos ahí para hacer el aguante a cualquier melodía o ruido que hiciera latir nuestra molotov interior. La jauría tiró parlantes varias veces, el fervor se medía en grados de demolición. En los intervalos, entre banda y banda, salíamos a respirar a la calle y a tomar impulso para el próximo trampolín que proponía el Festipulenta edición cuadruplicado. Era un ritual del fin del verano que nos debíamos, la misa pagana que prende fuego toda la ciudad como una quema ceremonial de cierre de temporada.
En una de esas enfilo para el baño del Zaguán. Adentro un chico que parecía de veintipocos, estaba frente al espejo con una remera de The Clash que reproducía, estampado negro sobre tela roja, la tapa del disco de 1977. Cuando le doy la espalda para pasar, el pibe lee The Clash en letras blancas en la espalda de mi remera negra con una estrella roja en el frente. Mientras descargo en el mingitorio me cruzo con su mirada y me saluda; todo parecía ser un levante, sobre todo cuando el pibe me dice: "La estamos clashiando los dos". El tenía el pelo cortado con máquina a un milímetro, cara de nene, flaco con la remera al cuerpo y usaba chupines negros: no era mi tipo. Yo, pelo largo, obeso, bermudas y ojotas creo que era casi su opuesto perfecto. Le respondí con un sí seco pero que no quería ser apático porque me caía bien. Al menos hasta que insistió con el diálogo, aunque ya no parecía un levante sino una charla ideológica de fraternidad punk: "Antes me gustaba Sex Pistols pero crecí y ahora me gusta The Clash." Lo miré sin desaprobación y le dije sin ganas de confrontar: "A mí todavía me sigue gustado Sex Pistols". Guardé la japi, me despedí y me fui del baño. No tengo nada contra quienes les deja de gustar Sex Pistols o simplemente siempre les pareció una mierda; es más, podría aceptar que es una banda descartable para alguien aunque ahora no esté de acuerdo. Pero sí me causan casi repulsión las personas que dicen haber crecido y pretenden seguir manteniendo los ideales punk. ¿Crecer? Tal vez sigan creciendo y algún día les guste Diego Torres y se pinten la cara color esperanza, qué sé yo. Decir "crecer" para tildar ciertos gustos como primitivos es lo más anti-punk que conozco. Punk es estar siempre abajo, dejarse caer al pozo más ciego, no salir de ahí aunque sea tentador mirar desde arriba o desde la madurez porque da algún tipo de prestigio. Punk es ser chico siempre, como Bill Watterson y su Calvin & Hobbes que se retiraron antes de haber crecido o de que el trazo del pincel que los unía dejase de ser libre o de que la mercadotecnia fabrique cartucheras con la imagen de Calvin para ir a la escuela (miren los pelos del malaprendido Calvin y digan si no es un muchacho punk). Lo puso claro Joe Strummer, un héroe cuando el punk explotó a fines de los 70 que después bajó hasta tocar fondo: "from hero to zero", como dijo el cantante de The Clash en el rockumental Let's Rock Again, donde se registra a él mismo como un anónimo planfetero en sus últimos días, repartiendo en la calle los flyers de sus recitales que nadie acepta. Punk es vivir siempre remándola de nuevo, salir a la calle y estar en la peor, que te tape la mugre y, sobre todo, resistirse a crecer, a no ser que se eche raíces en un tacho de basura y te rieguen con pis de perro con sarna.

viernes, 9 de diciembre de 2011

Caracterología

Por suerte, blogs hay de todos los colores, incluso hay algunos incoloros, inodoros, insaboros (¿existe esta palabra?). Internet y la especie humana dan para todo. Y, también es una suerte que, de la conjunción de esas dos cosas, logró nacer Los caracteres, un blog creado por la pareja del periodista Lucas G. y la cantautora Violeta Castillo, dos potencias en lo suyo, y en algunas otras cosas, que a dúo se elevan a la enésima potencia. La cuestión es que, a partir de la idea germinal de entrevistar a amigos y amigas, crearon un blog con secciones que permiten recontar una serie de anécdotas personales que en general quedaban relegadas para mesas de bares o sobremesas, encerradas en fondos de vasos sin terminar listas para armar un mezcladito, envueltas en servilletas arrugadas, apagadas contra un cenicero, vomitadas en inodoros que vigilan las borracheras memorables (segunda vez que aparece la palabra "inodoros" en este post, esto se vuelve escatológico, pido perdón). Tras la premisa "cualquiera puede contar una buena historia" (especialmente si la ha vivido), el blog fue creciendo hasta convertirse en una bombita molotov contra el aburrimiento. En alguna de esas mesas de bar donde se pierden las historias que valen, mientras comentábamos el blog en rueda de amigxs, les tiré a Violeta y Lucas la idea de unxs amigxs para entrevistar, y me contestaron que tenía carta blanca para editar Los caracteres una semana, subiendo las notas que quisiera, incluso que podía crear una sección. Y esta semana lo hice: subí cuatro entrevistas que ya las pueden leer. Agradezco a Marina Yuszczuk, Magdalena Arau, Don Ge y Betina Porta Fouz sus respuestas, amistad y cariño invertido en la colaboración. Y lxs invito a brindar (a ellxs y a todxs) por ese blog (y por este, ya que estamos) en la fiesta que se anuncia en el flyer de arriba, el próximo 21.12.11, fecha numéricamente peculiar, que viene muy bien para escuchar esas canciones de Violeta que nos gustan tanto, tanto: primera noche de verano (que empieza ese mismísimo día) que es buena para salir cantando por el Bajo bien alto.

sábado, 23 de julio de 2011

Muñeca rota


Me enorgullezco de haber escrito en Homoxidal 500, un fanzine homocore editado con el talento y cariño infinito de Rafa. Mi afinidad con el punk, mi ramonismo militante, me hizo acercarme a esa movida local que la sostenían pocas personas, pero todas con una valentía digna de heroínas y héroes. Hace diez años, en una de las primeras fiestas homocore, Rafa me regaló Perversos, Desviados, Invertidos, un ep de 7'' en vinilo blanco con canciones de The Haggard, She Devils, Islam y Limp Wrist, uno de los objetos más preciados que tengo. Ahí se escucha la canción "I Love Hardcore Boys, I Love Boys Hardcore", que hicieron de bis los Limp Wrist ayer, cuando tocaron por primera vez en Argentina, y los vi junto a Rafa, adelante, en el calor del pogo, mientras una decena de adolescentes se tiraba del escenario en nuestras narices. Sobre Limp Wrist escribí una nota en el Soy de esta semana, y todavía pueden ir a verlos mañana, que se presentan por última vez en su breve pero furiosa gira del sur. Ver en vivo a Martín Sorrendeguy, cantante de Limp Wrist y ex Los crudos, es una experiencia indeleble, no hay energía más desenfrenada en escena (parece que el hardcore le va muy bien a los uruguayos, recordando a Marquitos de Motosierra, otra fuerza fulminante en los escenarios que pisaba fuerte).

viernes, 18 de febrero de 2011

Llena mi cabeza de rock platense


Estoy dibujado, otra vez. Antes fue Sala (que se presenta la semana próxima en plan doble, dos libros más dos profesiones: historietista y músico; acá su flyer). Ahora es Olmos, o Gasto Fauno, si prefieren. Y este flyer pertenece a la fecha de hoy en La Plata, en el lugar rebautizado Pura Birra, en honor del litraje de rubia que se inyecta la muchachada que pulula por el recinto. Veo el flyer y no puedo dejar de identificarme, nostálgicamente, con mi rodete samurai (aunque tal vez sea más look dama antigua), que ahora brilla por su ausencia (suplantado por la cola de caballo o de potra, ustedes eligen), pero fue lo más glamuroso que alguna vez se posó en mi cabeza, como un nido vacío que tal vez sólo existió para justificar este dibujo. Pero también me identifico totalmente con mi piel de oso pálido, mi bigote asimétrica y despobladamente impresentable, mi barba sin ningún sentido de la prolijidad. Me identifica, me refleja tanto el dibujo que me da miedo ser tan parecido a eso. Ser eso. Qué le voy a hacer, soy lo que soy, pero me importa poco porque estoy cerca de lo bestial, alrededor de lo mejor: los tres grandes (Punga, Reno y Miro) de la canción low-fi hecha épica generacional que le hace frente a todo el caos, inhalándolo para devolverlo rítmica a todo pulmón. Y también los 107 Faunos como corona, mis favoritos del post-pop, con sus melodías rústicas de coros de barricada, resultado de la alta tensión nerviosa sumergida en el tumulto urbano y suburbano para encontrar, como todo trofeo, el sonido que no se entiende sin desaprender la miserable forma compositiva del hit indie elegante, con pose rocker afinada y estribillo poca cosa. (Con Linux no tengo el gusto, más tarde escucharé qué onda). Eso, que me gusta estar ahí, en medio del gentío ruidoso que me despeina con canciones por las que vale la pena entregar la cabeza.
PS: me aclararon que parte del arte del flyer, especialmente lo referido al texto, fue dibujado por Mora, tecladista de 107 Faunos, que ya tiene una doble en La Plata, que le sigue los pasos de cerquita, como una experta sabuesa clon.

viernes, 14 de enero de 2011

I was a Teen Wolf


"Muchacho Lobo en la madrugada, despierto aún,
iluminado por la luna azul."
107 Faunos
Viernes pasado, trasnoche de humedad y lluvia tropical, Pura vida con toda, toda La Plata metida adentro (que en esta época del año no es mucha gente). Javi Punga soltaba esas canciones que me hacen aullar cuando terminan, me vuelvo una bestia subnormal gritona. Cuando acabo uno de mis deformes alaridos de gratitud, Gasto, que estaba atrás mío, se me acerca y me dice: "Sos Muchacho Lobo". Ufffff, quedé desarmado, fue el mejor piropo que alguien me dijo. Después Gasto tocó con una formación anárquica de los faunos (como son y serán, por suerte, todas sus formaciones). Empezaron con Un montón de miedo; fue un comienzo memorable. Ayer me desperté queriendo gritar esa canción, puede que haya soñado con ella, pero olvido mis sueños agradables y sólo retengo las pesadillas. Puse el cd y grité esa canción y, como no pude resistir la tentación, seguí con todo el disco al taco, mientras me desgarraba la garganta para hacer honor al piropo de Gasto. Era temprano y creo que desperté a todxs mis vecinxs que todavía dormían. Nadie vino a reclamar nada, tal vez están agradecidxs, o deberían estarlo, no siempre se levanta unx con tan buenas noticias musicales.

lunes, 10 de enero de 2011

Araña la tumba


Me di cuenta de que nunca había leído un cómic de El Hombre Araña, y eso era muy raro. Especialmente, porque el personaje siempre me atrajo, desde que lo veía volar en uno de los dibujos animados que más disfrutaba en mi infancia hasta que escuché la versión de Ramones de la cortina de ese mismo dibujo o la alusión al arácnido en una de las mejores canciones de Los Planetas. Incluso, me gusta bastante la (por ahora) trilogía de Sam Raimi y su adaptación cinematográfica de las aventuras de Peter Parker y su versión enmascarada (el pico de la saga es la segunda parte y la siempre increíble performance cartoon de J.K. Simmons). Entonces, en los papeles, traté de empezar por una historieta que me gustase: elegí una buena tapa y un gran título, Night of the Living Ned!, juego de palabras que alude a la película de George A. Romero de 1968, veinte años antes del cómic en cuestión (últimamente tengo una obsesión creciente por el mundo zombie y aledaños). El juego con esa película seminal sobre muertos vivos continúa dentro de la historieta, pero además de la narración claustrofóbica del primer Romero, dibujos y textos se dan varias vueltas por otros territorios, tantas como es posible en unas pocas páginas autoconclusivas, aunque el cómic pertenece a un crossover. La cuestión es que del terror zombie pasa a la ciencia ficción, de la narración psicológica alucinatoria al género de superhéroes, de la supremacía por el poder masculino a la emancipación feminista. Todo en el microcosmos de un departamento de pocos pisos, con una New York colapsada, postapocalíptica, y dos personajes perdidos en una acción mutante que no tiene más lógica que la confusión de los sentidos. Cuando termina, el que parecía ser el Hombre Araña, que hacía las veces de héroe devenido villano, finalmente no es el arácnido de traje casi azulgrana. Porque al final de la historieta uno se da cuenta de que hay mensaje: que se defiende una realidad que no necesita de superhéroes; por lo tanto, el Spectacular Spider-Man que promete la tapa no existe nunca entre las páginas, era sólo producto de una suerte de accidente monstruoso. Terminé de leer el cómic un poco mareado, pero satisfecho de ese molino de papel que me descolocó con la misma sutileza que lxs historietistas que más me gustan. Pero como el héroe no aparece, al final me sorprendí volviendo al punto cero de mi aventura, como en un loop: cuando cerré la revista me di cuenta de que nunca había leído un cómic de El Hombre Araña, y eso era muy raro.

sábado, 4 de diciembre de 2010

Rock and Roll Radio Taxi


Hoy me tocó el primer tachero ramonero de mi vida. Tal vez no haya otro. En realidad me decía que era un ex ramonero, que lo del punk había sido, que fue un berretín adolescente y que ya estaba grande (el tipo andaba por los 50). Nombró a Dead Kennedys, a Sex Pistols, a PIL, pero lo que más le gustó siempre fue Ramones. Fue, dijo. Traté de convencerlo de que volviese, o más bien de que no se puede abandonar al punk fácilmente, que no hay que creer que porque las canciones son relámpagos, vibraciones de aires comprimidos, se eliminan con la primera orina de la mañana sin dejar residuo. Todo lo contrario: no hay efecto residual más denso, que echa raíces profundas en la flora intestinal, que el que se produce entre los que se fumaron la basura punk y les gustó tragar el humo. Le decía esto con palabras más secas, directas, que ahora reescribo en mi resaca para inducir el vómito de otra carta de amor desesperada, cursi, intentando adornar renglones con mi netbook para explicar otra vez el placer visceral de mi romance con Ramones. Pero mis palabras originales trataban sólo de apretar al tachero para que soltara prenda, para que me cuente de su vicio ramonero. Y me habló de un vinilo que tenía en la casa de su madre, que escuchaba cuando era chico. Pura ternura. Me miraba por el retrovisor, el brillo de los ojos cuando recordaba parecía un flash a punto de dispararse. Como le había aclarado que era fanático de Ramones, me preguntó de todo sobre la banda, como si estuviese preguntando sobre un amigo en común que él no veía hace mil y que yo todavía frecuentaba. No sabía que habían venido a Argentina ni que se habían muerto tres; pero sabía las canciones, las había escuchado millones de veces, se notaba de lejos que él también tenía el corazón envenenado por el 1,2,3,4 y las melodías masticables en cohetes directo al infierno. Me despidió con una promesa conmovedora: que iba a buscar el disco, que iba a meter púa de nuevo. Me bajé en la puerta de Niceto, iba a ver a Go-Neko! y a El mató a un policía motorizado. El punk es un viaje de ida.

sábado, 27 de noviembre de 2010

Pre y post glam


Vicio y versa. Toda una década (la del 70) y muchas políticas del cuerpo, del deseo, del género y del sexo que pasaron, por atrás y por delante, de dos películas, Performance (1970) y No se puede parar la música (1980). En 1968, Mick Jagger empezaba a filmar la que iba a ser su primera película de ficción, Performance, una suerte de gangster film psicodélico, con todo el mix de géneros y la tendencia a la orgía pansexual que unos años después, cuando la película se estrenase, se bautizaría glam rock. Los seis Village People, surgidos casi una década después en 1977, se insertaron como señaladores en las últimas páginas de la Era Disco con su estética de espejo de gimnasio macho man artificiosa post-glam que explotaría en No se puede parar la música. Sobre la performance de Mick y las coreos del sexteto disco hay algo en el suplemento Soy de esta semana.

sábado, 9 de octubre de 2010

Pasión sáfica


Cada vez que me convocan para actuar en alguna película, el papel que me ofrecen se perfila para el lado del escándalo sexual, exhibicionista, lujurioso. ¿Tendré cara de actor/actriz porno ideal para el cumshot? ¿O tendré, y no me di cuenta, el physique du rôle apropiado para ser sexual y fotogénicamente excitante para las cámaras? No lo sé, y tampoco me atrevo a preguntarle a nadie estas estupideces; aunque la ignorancia nunca me paralizó, y por eso siempre estoy listo para mi primer plano (o para mi "plano quirúrgico") cuando el deber queer llama a mi puerta o, lo que es mejor, cuando me puertea. Por ese llamado, me resbalé por algunas noches lubricadas de delírium trémens en el Safo de Goyo Anchou y junto a El mendigo chupapijas de Pablo Pérez. No me arrepiento para nada.
Ahora, ambas y juntas (son dinamita) se proyectan en el Ciclo Puto Amor, todos los domingos de octubre (todavía quedan tres) en el ArteCinema, Espacio Incaa Km 3, Salta 1620, Constitución.


PS: No crean que el de la foto soy yo. Ojalá, pero es el gran actor Mosquito Sancineto, que me acompañó por las inolvidables noches de Safo.

jueves, 16 de septiembre de 2010

F for Fake Footage



Postmortem, Orson Welles sigue creando confusión, que era su forma privilegiada de crear. Desde hace un tiempo ataca de nuevo a partir de una nueva máscara, la del murciélago. Y era de esperar que su vampirización siguiese curso ilegal. Si con F for Fake (1973) había demostrado que su mejor testamento podía ser la lección del cineasta como falsario, ¿por qué tan pocos se atrevieron a desmontar su obra para crear más fraude? ¿Dónde están los cineastas y videastas del found footage cuando más se los necesita? Ya Santos Zunzunegui había pensado a Welles como un cineasta de lo inconcluso (dedicando el capítulo más extenso de su libro sobre Welles a las películas inacabadas), que además había dejado la puerta abierta para proseguir con sus derivaciones de espejos enfrentados, multiplicando sus imágenes para que no se clausuren. No hace mucho, a alguien se le ocurrió una idea que primero parece disparatada: Welles fue el autor de un proyecto que adaptaba al cine la historieta "Bat-man", proyecto del que sobrevivió el trailer posteado arriba (hay más versiones si husmean en youtube).
Pero si uno se pone a zigzaguear por el mondo Welles, el batiproyecto parece bastante lógico, porque no es ridículo pensar una supuesta influencia del universo Batman en sus películas. Para empezar, se pueden linkear por la tendencia de Welles a la nocturnidad expresionista y los encuadres retorcidos (angulaciones que bien podrían ser una composición de viñeta). Aunque algunos detalles parecen vincular más directamente ambas obras: ¿Acaso Citizen Kane (1941) no podría ser una referencia a Bob Kane, el creador de Batman? ¿Y los misteriosos murciélagos en los títulos de crédito de Mr. Arkadin (1954)? En la mansión de Xanadú, el protagonista de El ciudadano acumula objetos y animales como si fuese la baticueva perfecta, desde donde se puede contener y entender al mundo. Welles hizo casi lo mismo a través de su obra, y hoy es tiempo de seguir reanimando, remixando, liberando esas imágenes y sonidos que él dejó abiertas para que continúen confundiendo como trucos de un hábil prestidigitador. Porque recuerden que, entre otras cosas, Welles era un mago eximio, que es lo mismo que ser un artista del espejismo.

Más sobre Found Footage, por acá, por aquí y por allí.

Este post fue motivado por el muro de Facebook de Morganita Surrealisme. Se agradece.

domingo, 25 de julio de 2010

Salma Queen


Recién acabo de leer una nota de Mariano Kairuz en el Radar de esta semana, dedicada a Salma Hayek, a su retorno en no sé qué película. Con toda la justicia del mundo, la nota pone a Del crepúsculo al amanecer en primer plano para explicar el poder de la Hayek a partir del personaje de Satanico Pandemonium que ejerce con disciplina de pin-up infernal en ese peliculón de Robert Rodriguez. Escribe Kairuz: "Si la carrera de Salma Hayek se hubiera reducido a esa escena de vampiresa, puf, hubiera alcanzado para convertirla en un personaje de culto, su metro 57 de estatura estirado a proporciones sobrenaturales." Justiciera nota babosa. Y yo casi que me pongo nostálgico hasta humedecerme por desear querer volver a ver esa película en pantalla gigante, mirar a SH perreando en el cabarute azteca (y al bigote recio de Fred Williamson) para que todo se convierta en un festín diabólico a mil baldazos de sangre de la escuela cormaniana del cruce de género y comedia degenerada en su veta física de los '70.
Creo que con Kairuz vimos juntos Del crepúsculo al amanecer por primera vez en el cine Ocean, creo que también estaba por ahí Javier Porta Fouz. Lo seguro es que la vi en la última función de un miércoles de la semana del estreno, si ellos no estaban conmigo me los encontré a la salida. Y lo que tengo perfectamente nítido en mi memoria es que terminé esa noche fuera de órbita tras ese ejercicio inteligente de reciclaje que escupía chispas de autocine. No es que sea de respuesta discreta frente a las películas, pero creanmé que salí con los ojos en llamas: alguien entendía el lenguaje de la teenxploitation, podía reflexionar sobre ella sin quitarle peso a la acción. Me volví un fanático inmoderado, me gasté una tonelada de guita (en esa época estaba subempleado) en el cómic original, la banda de sonido y en las revistas Fangoria y Cinefantastique con notas y dossiers sobre ese exceso de ideas que había unido a Tarantino & Rodriguez. Parte de la crítica local la había maltratado o, en el mejor de los casos, ignorado. También, antes que volara de las salas, fui a verla al cine varias veces más, incluyendo la función más trash en la que alguna vez estuve (si exceptuamos las del sótano de la calle Montevideo donde funcionó temporalmente el cineclub Nocturna): fue en el cine Premier y cuando sonó "Cucarachas enojadas" de Tito & Tarantula, la gente coreaba mientras revoleaban lo que tenían a mano, fue una rebelión sincrónica y fumona. Por un momento, fuimos una secta de espectadores-vampiros que había coincidido para que la orgía de la pantalla se multiplicara en la platea oscura.
Otro día, alrededor de una década después, con otros amigos/as (Kairuz seguía estando ahí, firme junto al pueblo cinéfilo-trash), nos juntamos para ver en divx, ni bien se pudo bajar, Planet Terror (suerte de secuela de la experiencia anterior de Rodriguez & Tarantino) y el éxtasis fue similar, repetido en versión casera y catódica, pero con idéntica sensibilidad pirómana. Hoy, en la ansiosa y dulce espera de Machete de Robert Rodriguez y ¿Ethan Maniquis? (creo haber leído que en Estados Unidos se estrena el 3 de septiembre), evidente posible sucesora de aquellas bestias cinematográficas, espero volver a temblar. La furia de mi idolatrado Danny Trejo que ya despliega el trailer me asegura al menos un pasaje para descarrillar en un tren de alta velocidad. Ojalá que parezca otro accidente.

sábado, 17 de julio de 2010

Escala (musical) Richter


Alerta meteorológico para esta noche: caerá nieve en cantidades industriales pero no exactamente desde el cielo. Porque cuando suene esa sinfonía en escala Richter que es Creo que te amo se va a producir el movimiento de las montañas que sacudirá los picos nevados para provocar otra vez ese alud llamado 107 Faunos. Y yo seré feliz como un muñeco de nieve.
¿Por qué tanta felicidad? Primero, porque sé que 107 Faunos es una pandilla que cree que la comunión es diversa o no es, porque la música no se limita a una escala de notas en su justo lugar, en su preciso momento, sino que amplían el pentagrama hasta volverlo anagrama, hasta que el enroque del tiempo y el espacio dispare una vibración del aire atrayendo a las alturas y a las profundidades. Sus recitales son como plegarias que invocan al vacío y al desorden (o sea, a todo y a nada) porque su sentido megalómano es extremistamente climático, o nos congelamos o nos prendemos fuego. Pero, a entender bien, no se trata de irnos al infierno o al cielo, sino que estos vengan a la tierra. El ruido de cada canción de esta pandilla es bien terrena, cada canción es un atajo vertiginoso hacia un paisaje bien definido, una escenografía diáfana (sino escuchen esas descripciones nítidas en letras que imprimen un bucolismo rural y suburbano) donde echar raíces para hacer crecer la mitología de este mismo mundo. A este lugar extremo sin límites, que sólo la música puede crear, es a quien está dirigida la insegura declaración de amor que da título al disco.
Y, repito, hoy el paisaje tendrá la blanca gelidez de los deshielos montañosos, donde los 107 Faunos resbalarán (como es su costumbre) con la perfecta complicidad de Rosario Bléfari, que ya sabe bastante de saludos en la nieve.
IMPORTANTE: Si quieren derretir las tundras de la mente leyendo sobre el disco Creo que te amo, acérquense a la hoguera de la inteligencia en llamas del profesor punk Agustín Masaedo, sólo tienen que hacer un clic en Cintas originales.