Mostrando entradas con la etiqueta ruidos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ruidos. Mostrar todas las entradas

miércoles, 7 de marzo de 2018

Mostra de dibujos

Vikingos en bikini, autorretratos, Enrique Raab, Ramones, Emma Goldman, aves rapaces, Alberto Greco, y otros delirios queer en mi primera muestra individual en Librería Punc, que se puede ver hasta el 21 de marzo. Acá la nota sobre la muestra de Liliana Viola en el suplemento Soy de Página/12: Una imagen vale más

miércoles, 17 de diciembre de 2014

Había una canción escondida



Uno de los mejores momentos de 2014 fue la filmación de este videoclip para la canción Omar de Bestia Bebé. Nada más que agregar, solo muchas gracias a Tom Quintans y toda la gente que participó, que están nombrados acá abajo.

Bestia Bebé - Omar

Actúan: Ronald, La Baby, Klaurock, Doktor Chali, González, Platón, Carlos, Big Diego, El Pelado.
Dirección: Diego Trerotola.
Cámara: Andrea Guzmán, María Zamtlejfer. 
Edición: Juan Pablo Menchón. 
Asistentes: Pancho y Tony.

bestiabebe.com.ar
laptra.com.ar
correo@bestiabebe.com.ar

Buenos Aires, Argentina 2014.

miércoles, 25 de junio de 2014

El rey del falsete



Hace cinco años, al momento de la muerte de Michael Jackson, publiqué esta nota, con el título El rey mutante, en el Suplemento Soy de Página/12. Todavía creo que tiene vigencia, porque el mito sigue vivo.
En su libro Cool Memories, un diario formado por ensayos rotos y mínimos, Jean Baudrillard viaja por la cultura del primer lustro de los ’80 para seguir el pulso de su tiempo, para tratar de hacer el libro más contemporáneo posible. En su elíptica captura de ese presente, Baudrillard se cruza a mitad de su camino con el Michael Jackson de Thriller y lo define con una cita del sociólogo Alain Soral: “Jackson es un mutante solitario, precursor de un mestizaje perfecto porque es universal, la nueva raza a partir de las razas, por así decirlo. Los niños de hoy no tienen un bloqueo en relación con una sociedad mestiza: éste es su universo, y Michael Jackson prefigura lo que ellos imaginan para un futuro ideal”. A esa idea nítida sobre una nueva forma de mestizaje cultural, Baudrillard agrega: “Michael se ha hecho rehacer el rostro, desrizar su cabello, aclarar la piel, o sea que se ha construido minuciosamente: esto es lo que lo convierte en un niño inocente y puro; el andrógino artificial de la fábula que, mejor que Cristo, puede reinar sobre el mundo y reconciliarlo, dado que es más que un niño dios: un niño prótesis, un embrión de todas las formas soñadas de mutación que nos liberarían de la raza y del sexo”. Unos años después, Baudrillard vuelve a invocar a Jackson para soltar la frase más contundente de su versión de las nuevas sensibilidades de los ’80, donde la política de la diferencia de la revolución sexual se volvía “juego de la indiferencia” de los sexos: “Todos somos transexuales. Así como todos somos mutantes biológicos en potencia, también somos transexuales en potencia. Y ni siquiera es una cuestión de biología. Todos somos simbólicamente transexuales”. La biografía de Jackson lo autorizaba a semejante afirmación, y es verdad que el Rey del Pop fue la quintaesencia de una nueva clase de monstruo que modeló la tecnología. El monstruo en que nos trasformamos todxs.

EL EXTRAÑO MUNDO DE JACKSON

En el comienzo de todo fue el espanto: Thriller fue catalizador de mutaciones y el principal afectado por su radiación fue Michael Jackson. Es verdad que todo comenzó en Jackson 5, en esa infancia corrompida por el pop donde el niño perdió la inocencia que trató de recuperar convertido en un andrógino Peter Pan que sueña desesperadamente la tierra del Nunca Jamás. Si bien es cierto, ese dato biográfico del niño estrella volcado a reconstruirse como ficción de la industria de la música es recién en Thriller donde adquiere mayor importancia, cuando su vida se transforma en una tecnoficción. Ese disco-Frankenstein no sólo cambió la historia de la música pop, con su híbrido de estilos del hard rock a la balada, pasando por el pop bailable, sino que, sobre todo, la revolución de Jackson se hizo cuerpo en el videoclip como forma de arte total, como juguete tecnológico ideal para la metamorfosis. Abrevando en la estética homoerótica de la película de terror adolescente de la década del ’50, en el video Thriller Jackson se transformaba en Gato Monstruo y en zombie, convertido en el rey del terror pop gracias a los efectos de maquillaje de las manos mágicas de Rick Baker, un cirujano-artista-plástico del cine, también creador de FX de Videodrome de David Cronenberg, una película sobre el cuerpo con prótesis de video. Y desde ese momento Michael Jackson fue un cyborg cronenbergiano, y se puede hacer una biografía de él a partir de sus videoclips, que absorbieron su existencia trocada en imagen táctil de su cuerpo. Su sexo no era masculino ni femenino, porque no era biológico, era tecnológico, tenía el sexo del cyborg, antes que Donna Haraway lo definiera en su manifiesto sociofeminista sobre la construcción de los géneros de 1991: “Un cyborg es un organismo cibernético, un híbrido maquinal y orgánico, una criatura de la realidad social tanto como una criatura de la ficción”. Jackson hizo del cuerpo su discurso, más que otrxs ídolos del pop/rock, porque era un cantante-bailarín de gracia felina, donde su paso más famoso, el moon walk, ponía en escena su doble direccionalidad característica: el paso fingía la mímica de caminar hacia adelante pero se deslizaba hacia atrás. Pero sobre todo Jackson fue un cuerpo mediado por la tecnología, donde se transformaba, videoclip mediante, en un ser extremadamente proteico: no era ni blanco ni negro, ni masculino ni femenino, ni joven ni viejo, ni atlético ni enfermo, ni humano ni animal, ni lindo ni feo y, sobre todo, ni bueno ni malo: al papel del delincuente juvenil que le gustaba interpretar en los videos se le superponía el inofensivo ángel de la luz asexuado. En la secuencia de la canción “Speed Demon” de su película Moonwalker (1988), Will Vinton lo convierte en muñeco de plastilina, dibujo animado, y cuando baila como humano está literalmente fuera de la ley: es que Jackson movía la pelvis con una ambigüedad insólita, su mano en la bragueta a veces parecía agarrar el paquete y a veces su dedo se hundía como si tuviese las dos gónadas del hermafrodita perfectx. En su otro videoclip célebre, Black or White (1991), fue el primero en usar el software morphing virando el rostro de personas de distintas razas y pigmentaciones, y convirtiéndose él mismo en pantera negra: su cuerpo de cyborg ya devenido software lo liberó de la identidad sexual y racial. Identidad deriva de idéntico, y Jackson, como buen mutante, nunca quiso ser igual.

CADAVER EXQUISITO

Si me permiten la expresión, Jackson fue claro desde el principio: al aceptar hacer el rol del Espantapájaros en The Wiz (1978), la remake del clásico camp El mago de Oz, sabía que su destino era ser un monstruo de cuento infantil, el freak domesticado, hogareño, que acompaña los sueños de una generación como el ET de Spielberg para el que compuso una canción. En Thriller quedó establecido, pero se subrayó en Ghosts (1997), un mediometraje dirigido por Stan Winston, quien junto a Rick Baker sería el artista de efecto de maquillaje más virtuoso del Hollywood fantástico. Ahí, con la tecnología digital, el cuerpo de Jackson dejó de ser analógico para explorar nuevas transformaciones virtuales: el rey del pop es ahora rey del píxel, fantasma en la máquina, materia incorpórea que atraviesa todos los cuerpos, como su voz, como ese falsete que lo hizo famoso, el más célebre de la historia de la música, que viaja a la velocidad de la ambigüedad, porque es un quejido de animal en celo con timbre humanoide andrógino. Si existen las reinas del grito del cine de terror, las scream queens, Jackson fue más que el rey del pop, el rey del falsete: la voz artificial fue su modulación predilecta hasta el punto de ser la canción de todxs. Cantar y bailar es falsearlo todo: lo natural queda fuera del cuerpo. En Cool Memories, Baudrillard escribía que “la música del walkman penetra en nuestro cuerpo como en un sueño”, Jackson fue ese sueño tecnológico que nos atravesó para siempre, que nos cambió nuestro cabezal natural por uno de género artificial indefinido. Al igual que Valentino fue al cine la apolínea figura que perturbó en los ’20 las concepciones sobre lo masculino y lo femenino, enloqueciendo a una generación con su erotismo visual indeterminado, Jackson fue el cyborg que hizo de la tecnología del video una estética desafiante. Y al igual que con Valentino, su funeral fue un evento monumental porque nos interpela sin discriminación: todxs somos sus viudxs tecnotransexuales. Pero ahora la tecnología voraz no para: la medicina forense sigue con sus técnicas necrófilas de autopsias donde dicen y se desdicen, porque la ambigüedad de Jackson no para ni post mortem. Eterno en su provocación, su cuerpo aún sigue siendo un discurso de signos en contradicción, para la interpretación latente, un Frankenstein semiológico que revive todo el tiempo: un moderno Prometeo secular que no necesita el fuego de los dioses para generar verdadera vida, sino que se despierta con cada clic mundano sobre un píxel monstruoso que hace pop.

viernes, 20 de junio de 2014

Al Pie de Hitchcock

"Para mí el cine no es una porción de vida, sino una porción de torta. Hay un montón de películas sobre la vida, las mías son como una porción de torta", dijo Alfred Hitchcock, uno de los creadores del film noir con Rebeca, una mujer inolvidable (1940), aunque la gran mayoría de críticos e historiadores no la considere dentro de esta categoría. Allá ellos y acá nosotras y nosotros para ver este corto titulado Key Lime Pie (2007), dirigido por Trevor Jimenez, que es una obra maestra de la animación noir (género que casi les diría que inaugura y es el único exponente), que hubiese hecho reír mucho a Hitchcock, el hombre que sabía demasiado de glotonería cinéfila. (Aclaración: está en inglés sin subtítulos, pero éntrenle igual si no caza una porque es visualmente universal).




martes, 7 de enero de 2014

La remera del pez espada

Hace casi veinte años que escribo principalmente crítica de cine. El último año traté de despejarme un poco, casi que me tomé año sabático para sacudirme de encima la cinefilia vomitada en texto, y escribir y dibujar sobre otros hemisferios de mis papilas gustativas. Aunque siempre vuelvo porque soy cinéfago, me como al cine doblado o con subtítulos. Ahora regreso a este blog con una de mis últimas críticas, pequeño texto que escribí a fines de 2012 para la versión web de la revista El Amante, en el contexto de un dossier motivado por el suicidio del gran Tony Scott. Es sobre una película que me define un poco y le dedico la crítica a Hernán Panessi, un capo que banco muchísimo, y que me alienta a escribir, y a los amigos y amigas de Laptra, cuya remera tengo puesta desde que canto sus himnos gloriosos.

Marea roja (Crimson Tide, EE.UU, 1995, 116') dirigida por Tony Scott, con Denzel Washington, Gene Hackman, Matt Craven, George Dzundza, Viggo Mortensen, James Gandolfini.

Tony Scott le pone la frutilla escarlata a su glorioso y salvaje primer lustro de los 90 con la reafirmación de un axioma cinéfilo: las películas de submarinos son todas buenas. Pero este ejemplar está un grado arriba de sus camaradas del subgénero porque se adelanta a Scream en su idea de película de submarinos con gente que sabe de películas de submarinos, un metasubgénero que no llega a tener el nivel de ostentación demagógica de la saga de Craven-Williamson. En cambio, Scott sigue el tic-pop tarantinesco de la cinefilia explícita pero sofisticada en la discusión de los personajes, que acá, por ejemplo, recuerdan al Robert Mitchum de The Enemy Below (1957), modelo de dureza actoral que hereda todo el cast de Marea roja (y se hace carne, por ejemplo, en el hoyo en el mentón de Viggo Mortensen). No solo en la interpretación hay perfume old spice, también en la apelación constante a la Guerra Fría. La alianza tarantinesca de Scott, arrastrada desde la película anterior, Escape salvaje (True Romance), no solo explota en la cita pop (se estimula a la tropa con analogía a Star Trek o se discute si Kirby o Moebius son los mejores dibujantes de Silver Surfer), sino también en diálogos con ingeniosa esgrima verbal, con los antagonistas poniéndose la camiseta de pez espada: “Estamos acá para preservar la democracia, no para practicarla” (Gene Hackman); “En tiempos nucleares, el verdadero enemigo es la guerra” (Denzel Washington).

Es probable que el poder dramático del subgénero submarino sea su unidad de espacio claustrofóbico que empaqueta todo en una narración ajustada hasta la asfixia, pero también porque el suspenso tiene mucho que ver con la belleza dramática de las escenas subacuáticas (los clichés del subgénero: la inundación del submarino, el combate a torpedazos), que Scott entrega con discreta estilización olímpica, como un clavadista que se hunde sin salpicar de más (tras el suicidio de Scott, arrojándose de un puente, esta puede ser una comparación un poco negra, pero valga como homenaje a quien murió en acción, en su ley).

Pero toda la inteligencia audiovisual de Marea roja está en el prólogo, a partir de un efecto del montaje: a un informe de la CNN sobre la supuesta amenaza bélica desencadenada por Rusia le sigue un feliz cumpleaños infantil con un mago, ambas secuencias filmadas en video, a diferencia del resto de la película. Trucos mediáticos, lo íntimo y lo político a un corte directo de distancia, ambos homologados por el formato, pero también montando un diálogo entre la idea de engaño de la puesta en escena, tanto de la felicidad como del horror, como expresión del gran conflicto contemporáneo, nada abstracto por la cercanía de la Guerra del Golfo. Pareciera más bien un comienzo distanciador a lo Brian de Palma, esos gestos formales que bien activados son un arma cargada de cine. A veces Scott no hacía películas de género donde la acción y la reflexión eran irreconciliables, sino que se movían con la misma fuerza. Y si esta es una de las películas más antibélicas que existe (releer la frase de Washington de arriba) es porque los protagonistas se cagan a trompadas. Scott podría repetir lo que decía Herman Melville, alguien que también supo transitar los mares con inteligencia y sensibilidad: me gustan los pacifistas, sobre todo los que pelean.

miércoles, 11 de diciembre de 2013

Sangre Post-Punk


I.
El mito cuenta que una noche Mary Shelley hundió una pala en sus sueños para desenterrar su fantasía de profanación y dar vida a un monstruo, que la deformación pop le adosaría el nombre humano Frankenstein. Y lo que en realidad terminó creando con esa novela que extendió su ensueño fue el relato gótico y romántico de la resurrección de la imaginación para encarnar en un fetiche hecho de fragmentos que se multiplican, que crean una serie. Con su práctica de reciclaje del mito de Prometeo, Shelley hizo modernidad, en un sentido muy denso de esa palabra monstruosa.

II.
El ensayista André Bazin encuentra “en el origen de la pintura y de la escultura el 'complejo' de la momia”, porque si “la muerte no es más que la victoria del tiempo”, entonces poder “fijar artificialmente las apariencias carnales de un ser supone sacarlo de la corriente del tiempo y arrimarlo a la orilla de la vida”. Bazin creía que el cine perfeccionaba esa misión momificadora, redentora, de conferir vida eterna y comparaba la invención de la fotografía con el Santo Sudario, donde se imprimió el rostro de Cristo pintado con su propia sangre. Huellas de lo real eternizadas. La momia y Cristo: monstruos inmortales y patronos de las representaciones perennes.

III.
La última obra de Romina Iglesias evoca una escena de Sangre de la tumba de la momia (traducción literal de Blood from the Mummy's Tomb, 1971). Su operación es profanar una película y sobre ella apoyar su lienzo como un sudario de la era digital, donde derrama sangre de acrílico y píxeles. A partir de ahí, todas las imágenes apropiadas del punk y su revolución indumentaria se tiñen de la estridencia del ruido visual de los ochenta (¿alguien dijo post-punk?) para dar vida nueva a posers de jpg, a fotogramas de una revolución digital, que estallan en láminas luminosas. Porque si algo hay en esa anarquía de colores en los retratos de Brasa es una luz tóxica y descompuesta por un prisma insurrecto; una luz constante pese a que los candelabros sean de clase b o las joyas tengan brillo de bijou de utilería. Porque cuando una heredera de Shelley le roba el fuego a Prometeo, las alucinaciones que provoca encandilan como una hoguera.

Diego Trerotola


BRASA
de Romina Iglesia 

Apertura Miércoles 11 de diciembre de 2013, 20 horas

Galería Casa Brandon
Luis María Drago 236
CABA

Curaduría Diego Trerotola
Música Diosica De La Gente

jueves, 31 de octubre de 2013

Papel picado

Me hicieron una entrevista (supongo que por equivocación) en el número cuatro de la revista gratuita Freddie, en el contexto de un dossier sobre arte. La coincidencia quiso que fuese al mismo tiempo de que debutaba como curador de algo que no sea cine o video, con la muestra Chascos para la primera cita de Maia Debowicz (a quien está dedicada la respuesta tres). Pueden leer la nota en la versión web de la revista o acá abajo. O pueden no leerla.

1) ¿Considerás que existe un arte gay?
Existe como cualquier denominación que se use como una forma de libertad. O, tal vez, así quiero que exista. Denominar puede ser una acción liberadora. Por eso, si alguien piensa que algo puede ser denominado arte gay, y ese acto es liberardor en algún sentido, entonces, celebro su existencia. Ahora mismo quiero denominar a la película Dumbo como arte gay. Denomino luego existe.

2) ¿Cuáles son tus referentes de este arte?
Creo que Alberto Greco es mi referente en todo tipo de arte, porque transitó muchos caminos. También puedo decir que es mi referente del anti-arte, que es mejor. En su época casi no existía la denominación gay, pero él ya firmaba en los baños públicos como "Greco puto". Hay más: Keith Haring, Alison Bechdel, Divine, Kim Kyung-Mook, Michael Jackson, Copi, Bob Esponja, Lisa Kerner, Stephin Merritt, Harvey Fierstein, Dalia Rosetti, John Waters, Tsai Ming-liang, etc., muchos referentes de arte gay.

3) ¿Qué papel pensás que cumple el arte para la comunidad?
Si tengo que pensar en un papel para el arte, elijo el papel picado. Me gusta porque es un papel que surge de la destrucción, y es alegre en un sentido y sucio en otro. Todo el mundo es más lindo con un poco de papel picado en el pelo.

4) ¿Cuál es tu espacio favorito de arte?
La calle es el mejor espacio para el arte, incluso cuando no nieva ni llueve. Florida en un día de semana en hora pico o la peatonal de Mar del Plata en enero.

miércoles, 2 de octubre de 2013

Volveré y seré millones de pixeles



Me fui unos meses de gira por las redes sociales. Ahora vuelvo convertido en videoclip. Otra vez. En este caso filmado parcialmente durante un festival de cine realizado en Pehuajó a principio de este año. No tengo mucho que agregar, porque los créditos abajo dicen el resto. Pronto comenzaré a postear nuevamente en este blog, del que me tomé unas merecidas vacaciones.

Hitoploxus
¨En El Rio¨
CIPRÉS (Compuesto y producido por Hitoploxus)

hitoploxus.bandcamp.com

Realización del videoclip: Camille Les Yeux. 
Cámara: Camille Les Yeux, Diego Trerotola, Hernan Panessi, Antonio Zucherino, Leopoldo Dameno.
Agradecimientos: Espacio Queer, Festicine Pehuajó, Diego, Hernan, Lucho, Panda, Bel, Tincho, Safari, MHM, Bariloche.

Bariloche / Pehuajó / Buenos Aires / La Plata
Enero 2013

martes, 23 de julio de 2013

Amigo Rocky

Dicen que en 1976 Elvis Presley contactó a Sylvester Stallone para que lo visite en Graceland con una copia de su flamante película Rocky, que el italoamericano había escrito y protagonizado, recibiendo una nominación al Oscar en ambas categorías, siendo junto a Chaplin y Welles, la única persona que había logrado esa doble conquista hasta ese momento. Intimidado por el Rey, Stallone no se atrevió a ir a visitarlo, pero sí le envió una copia de su película y parece que Elvis la vió con amigos. Cuando todo eso sucedió y terminó desembocando en que Rocky ganara tres Oscars (incluyendo el de mejor película), en los márgenes de New York había crecido un fenómeno con otra Rocky, que tenía tanto de los músculos del boxeador como de la seducción física y musical del Rey, entre otros tipos de monstruosidad, como si realmente Stallone y Elvis hubiesen tenido ese encuentro para gestar la criatura, aunque el huevo de la serpiente ya había sido incubado.
Germinada como ópera rock en 1973, fracasando en su versión cinematográfica en 1975 y resucitando en funciones zombies de medianoche, The Rocky Horror Picture Show es una película que le costó tanto como al púgil de Filadelfia no caer vencido en la lona y llegar a un último round que, si bien no significó la victoria, al menos era una forma de consagración o redención que llevaría directo al culto. Eso mismo, los Rockys de los 70 son obras de culto, cada una a su manera, y tuvieron caminos paralelos que nunca se cruzaron ni en el infinito ni más allá.
Toda esta introducción fue para anunciar que el Bazofi va a proyectar gratis The Rocky Horror Picture Show y podremos formar parte de la élite de vampiros galácticos que dan batalla. Hace tiempo escribí una nota sobre la película y más recientemente este breve texto que se publicó en el programa del Bazofi.

Foco Jim Sharman: THE ROCKY HORRROR PICTURE SHOW (EUA, 1975) de Jim Sharman, c/ Tim Curry, Susan Sarandon, Barry Bostwick, Richard O'Brien, Jonathan Adams. 100'.

Gran parte del culto de esta ópera rock descansa gozoso en su descontrol pansexual, que se dispara, a veces irónico, a veces melodramático, en versión glam, apolíneo, andrógino y trans, pero siempre monstruoso. Los transilvanos y su líder carismático Frank'n'Furter son una suerte de tarjeta de invitación para pensar al cuerpo y sus prácticas deseosas como una estrategia frankenstein, collage abierto y bailable, fragmentos de cinefilia pegados con gestos teatrales exacerbados de drama queen del espacio exterior.

La película se proyecta el sábado 27, a las 23hs., en Moreno 1199. Entrada libre y gratuita.

miércoles, 17 de julio de 2013

cinemash-up


Found Footage, mash-up, cine dentro del cine, post-cine, delirio de torsiones cinéfilas detonadas a golpe de montaje. Clara Darko es una editora-blogger española que aplica la rigurosa lógica joedantesca de la cinefilia pop estallada con algo de la escuela austríaca y de la sabiduría babélica del youtube, para provocar que unos centenares de fragmentos vistos y oídos se conviertan en un trip al interior del exceso de pasión por eso que el siglo XX derramó sobre pantallas monstruosas y hoy tratamos de domesticar en dispositivos manuales. Tratamos, pero, como se darán cuenta si hacen clic en el rectángulo superior, todavía hay dinamita para hacer estallar la lógica cinematográfica en píxeles de grueso calibre. La entrada es gratis, pero eso sí, que no les toque el ticket que explotó (pido perdón a Burroughs, y a ustedes, por la cita).

viernes, 12 de julio de 2013

Camp Attack


Hace casi medio siglo, Mrs. Miller estaba en la cresta de una ola extraña: pasaba del gospel y de financiar sus propios discos para ser distribuidos en orfanatos a comenzar a grabar sus canciones pop que tendrían un moderado pero insólito éxito radial que la llevaría incluso a participar del popularísimo programa de tv de Ed Sullivan. Para quienes no conocen a Elva Miller, fue una cantante que, como bien viraliza wikipedia, tenía una voz que sonaba como “cucarachas corriendo sobre la tapa de un tacho de basura”. A mediados de los ’60, Estados Unidos y el mundo ya no eran tan inocentes, aunque ya no podremos saber si realmente el ensayo de Susan Sontag sobre la sensibilidad camp ayudó a que Miller llegara a ser una cantante popular para 1966. Lo que sí sabemos es que, como consigna Paul Roen en el prólogo de su libro High Camp, alguien entrevistó a Miller y le preguntó si sabía lo que significaba la palabra “camp”, a lo que ella respondió: “¡No permitiré que digan guarangadas en mi casa!”. Sí, aunque era el secreto peor guardado de la comunidad gay gracias a las revelaciones de Sontag, todavía la palabra “camp” era considerada un insulto porque aludía a un mal gusto al que poca gente quería estar asociado. Una sensibilidad que había sido maquillada en la clandestinidad, en la oscuridad de antros de reviente gay, ya comenzaba a brillar en la luz de las marquesinas y encandilaba multitudes. Miller era un buen ejemplo. Aquello que se definió como un gusto por lo no natural, el artificio, la teatralidad, la ironía desencadena, la androginia desconcertante y el fracaso de la seriedad ahora era asimilado por la cultura de masas, cuando antes sólo pertenecía mayoritariamente a una subcultura de la complicidad entre gays marginales, clave de acceso a un mundo de sensaciones inversas. (Principio de la nota sobre lo camp actual en Página/12. El resto de la nota por acá.)

Otras de mis notas sobre lo camp tomadas al azar del google:

- A mediados de los ‘40 una nota de Robert Duncan en la publicación de izquierda Politics describía así la estrategia de un grupo proto-queer: “Como las primeras brujas, los activistas homosexuales han rechazado cualquier lucha por la igualdad social y, lejos de buscar dinamitar la superstición popular, han aceptado el rótulo de demoníacos”. Tal vez, esta misma creencia tenía el cineasta gay James Whale para crear el díptico de Frankenstein y La novia de Frankenstein, desglosando en dos la novela gótica de Mary W. Shelley: su capacidad para representar al monstruo queer como paria, como perseguido e incomprendido social pero también la ironía sobre ese retrato, lo hicieron crear el camp terrorífico, un estilo que haría escuela entre la complicidad para leer guiños encriptados en los relatos macabros sobre la sexualidad. Un ejemplo de su humor es que si el terror debe poner los pelos de punta, nada mejor que crear un ícono de esa idea: Elsa Lanchester con peinado batido vertical en plan proto-glam-punk es la versión extrañamente femenina y pop de Lady Frankenstein, moldeado en una peluquería. La prueba del poder seductor, de la potencia mujeril y maricona de ese tocado es que Manuel Puig recuerda a La novia de Frankenstein como la primera película que vio de niño. (nota completa acá)

- Durante los años que registró sus obsesiones, con fantasías exóticas y cívico costumbrismo exagerado reconstruido desde escenografías y performances que cruzan lo grotesco y lo marica, Bidgood aportó una versión de drag queen a la vidriera del imaginario cultural gay a través de esta película, antes de que Warhol volcara su pintura pop en su cine y de que el ensayo sobre lo camp de Susan Sontag se volviese cita obligada para nombrar artificios como Pink Narcissus. (nota completa acá)

- Cuando se estrenó El mago de Oz, Judy Garland recién había cumplido 17 años. La película, a fines de la década del ’30, proponía un prodigioso virado del blanco y negro al technicolor que, junto a la canción “Over the Rainbow”, convertían el relato en un libro para pintar automático, donde la niña actriz trazaba cada pincelada de candidez infantil, para ser primero una clave secreta y luego terminar sacando el arco iris del closet para devenir símbolo de la diversidad sexual. De estampa camp a estampita de culto queer, Judy se convirtió en sinónimo de sensibilidad colectiva y todavía su figura es invocada como ángel guardián de ciertas formas de cultura transformadora. (nota completa acá)

domingo, 9 de junio de 2013

Hey Ho, Let's Go

Ayer me puse el canguro de Ramones que compré en Vancouver y hoy también. Hacía rato que no lo usaba. Hoy, caminando por el Parque Centenario, veo en el celular que alguien me posteó en el muro de Facebook la noticia de que había muerto Arturo Vega, el director de arte de Ramones. Tenía estampado en mi pecho, en ese momento, la máxima creación de Vega: el logo de Ramones. Fue una sensación rarísima, mezcla de tristeza y homenaje casual. Soy casi un estudioso de ese logo y tengo el cuidado de usar el original siempre, con la primera formación de la banda, que es la que me gusta más (banco mucho al primer batero, Tommy). Y justo la semana pasada había traído de San Pablo la versión extendida de Leave Home, el segundo disco de Ramones, que tenía un booklet donde Vega firmaba una carta de amor y de despedida a Joey. Lloré cuando la leí la trasnoche del lunes pasado. Ahora la tristeza es doble.

"Me gusta trabajar. El trabajo es bueno. Claro, es fácil para mí decirlo, he trabajado para y con los Ramones durante 27 años, una banda con una gran ética de trabajo.
Era especialmente fácil trabajar con Joey. Su visión era siempre divertida y sin drama. Tal vez porque desde muy chico, la vida fue dura para él y tuvo que desarrollar un increíblemente afilado sentido de supervivencia, además de instintos que lo guiaran para volverse super-cool contra todo lo desfavorable. Para él, tratar de lucir bien no era algo narcisista, era pura superviviencia. También sabía que ser negativo era insalubre y no tenía tiempo para la agresión y la hostilidad. La música era su pasión, y todo en la vida lo guiaba a una canción. No me puedo imaginar las canciones que podría haber inspirado su lucha durante los últimos meses - una gran pérdida para todos nosotros.
Sí, Joey, dejaste mucha buena música detrás para hacer nuestras vidas más felices. Aprendí un montón de vos, y sé que vos no querrías que estemos tristes. Pero lo estamos. Estamos muy, muy tristes."
Arturo Vega, 25 de abril, 2001.

domingo, 12 de mayo de 2013

Polvos de la lujuria


Triple función en el Cine Club Divine: un registro del recital de Divine en the Hacienda en 1983, la película Al este del oeste de Paul Bartel y un corto experimental que ensamblé y musicalizo en vivo, en modo dj, con un set de covers. Todo este exceso divinesco es como homenaje a los 25 años de la muerte de Divine (1945 -1988). Abajo los textos que escribí sobre dos de las películas proyectadas. Dirección e información, arriba en el flyer.

Lust in the Dust era el nombre original del western camp Duelo al sol y así bautizó Paul Bartel a su estampida cinematográfica para hacer polvo al universo dominado por el cowboy con un revolver cargado por Divine. Por esta película, el crítico Leonard Maltin se preguntaba confundido si el personaje que Divine interpretaba era un hombre o una mujer; no podía entender que el actor iba más allá de los géneros, de los binomios heredados como formas de clasificación asfixiante. Como en Polyester, Divine vuelve a hacer dupla con Tab Hunter para interpretar a una cantante de saloon que tiene un tesoro bien guardado en el culo. 

Divine SM
Argentina, 2008, 15'
Una hagiografía del monstruo más libertario de la historia del cine, construida a partir del libre ejercicio de un voyeurismo sedado de cámara lenta que permite distorsionar aún más, pervertir aún más, cada una de las muecas de Divine (1945-1988). Y esa esperpéntica presencia está creada con la técnica con que John Watersco-creador de Divine, fotografía las imágenes televisivas de sus fetiches cinematográficos.

lunes, 22 de abril de 2013

TV-Shirt

Richard Hell había escrito en su remera “Please Kill Me”, pero finalmente fue su tocayo, Richard Lloyd, quien se la puso para tocar una noche en Max’s Kansas City. Y unos fans peligrosos de ojos desencajados se acercaron a Lloyd y le preguntaron si era verdad, que si realmente quería que lo mataran, ellos podían hacerle el favor. Tal vez fue en ese mismo momento que nació la frase célebre: “Punk is dead”. Sacrificio, martirología y otras ciencias de la muerte se convertían en punta de lanza en los 70 made in NY, para crear un vértigo de dos minutos. Estamparse un fanzine en el pecho y convertirlo en desobediencia generacional (y así darle nombre a la historia oral del punk que escucharon Legs McNeil y Gillian McCain). Eso fue Television, una banda de pocos discos, mucha épica y canciones por las que entregar la vida. En épocas del No Future, Tom Verlaine y sus secuaces sintonizaron el aparato perfecto para ver a lo lejos y sentir adentro el ruido de los fantasmas. Y vienen a Buenos Aires a demostrar que su sonido atraviesa las paredes. Ahí nos vemos.

jueves, 11 de abril de 2013

Rayas de flashback

En el ciclo Cultura VHS: ojos de videotape, cuatro personas fueron invitadas a proyectar por primera vez sus cintas negras, artefactos que construyeron con sus videograbadoras: mixtapes o simplemente fragmentos fetichistas a modo de flashback tóxico. Lo que sigue es casi una crónica:

Un clip de Radiohead, con una mira de metralla en modo zoom desatado, irrumpido por las rayas se transforma, blur y sus lens flares mediante, en una canción sin imagen, mutilada por la velocidad con que Flavio Lira grababa mtv como si sampleara las convenciones del lenguaje de la tv para descomponer el pop; Mónica Galán, siempre de malicia altiva y suave, pasando de pantalla como en un videogame novelesco, infinita en su rol de escudera de Andrea del Boca o de Paula Vázquez Prieto, la verdadera heroína del ensamble de tv noventosa con las peores tipografías del videograph; culos playeros, chongos en piletas, explosiones de uñas fucsias, infiernos de labios rojos, tetas ardiendo al sol atómico, días de la independencia de la belleza porno, torsos y esqueletos, carne y destrucción, toda la brasa desmontada en cascadas de tapes por la privilegiada visión rayos-x de Romina Iglesias, en perfecto desincronismo con la música castigada por Reno que a nosotrxs nos vuelve más monstruos; el héroe americano más grande es al que peor le fue, pero alguien lo guarda en cajas negras oblongas, ataúd en el que sobrevivió casi íntegro para exhibir que cuando viene la revolución en el peor plato volador de la historia (que es un efecto tecnoretro de los cincuenta antes que ET viajase en naves casi hi-fi), decía, cuando aterrizan los marcianos para vestir de calzas y capa liliputiense al profesor de rulos rubios y así convertirlo en el tonto de la serie (heredero del más torpe de la tv, Maxwell Smart), ahí mismo suena la mejor canción del mundo galáctico (la del hombre que cayó a la tierra para destruirnos a fuerza de hits), y así Mariano Kairuz (él no está en facebook porque es igual de tecnoretro), aclara que Space Oddity no está en la edición de dvd, fue sacada seguramente para no pagar derechos. ¿Ustedes se preguntaban que se perdió en la cultura digital? Esa canción es una de las respuestas. Pero por suerte siempre hay amigxs que saben devolvernos lo que la injusticia comandada por los idiotas inútiles quiere sacarnos. Proyecten lo que quieran.

jueves, 24 de enero de 2013

Calvin & Hobbes' Not Dead

Mis veranos son calvinistas, debo reconocerlo. Especialmente en enero que, para escapar del incendiario asfalto carbónico, me dedico a recorrer las desventuras del infante y su tigre en el planeta Bill Watterson. No sé por qué será, pero me pega así, sin planearlo, como si fuese una estación predeterminada, siempre en la misma época acampo junto a las viñetas cuadriculadas por el pincel virtuoso. ¿Tendré un reloj biológico sintonizado con Calvin & Hobbes? Recientemente me llegó la edición completa de las historietas de C&H, cuatro tomos ordenados cronológicamente, aunque para leerlas no hay orden que valga y el tiempo que retratan es una muy específica detención de la duración: las agujas de Watterson se clavan donde la niñez todavía no está domesticada del todo y la experiencia gira alrededor de la exploración libertaria del mundo de la mala educación. Será por eso que me refugio en esas páginas atemporales durante enero: es el mes donde el tiempo más se siente en Buenos Aires (porque la ciudad se queda quieta y las horas pasan a fuego lento). Ahora estoy más objetivamente protegido, porque como la discografía completa de Ramones (quienes también lograron detener el tiempo a lo largo de su obra), esos cuatro libros son la garantía palpable de que se puede pulverizar el aburrimiento. Y porque son un arma segura de destrucción de todo lo pesado de este mundo, tengo los tomos bien escoltados, custodiados por Johnny Ramone de un lado y por Batman pirata del otro. No creo que nadie se atreva a meter mano ahí.

jueves, 25 de octubre de 2012

LSD (Love Sylvester's Disco!)


Recién ahora encuentro este documental abreviado donde John Waters da una definición perfecta de Sylvester, refiriéndose a la participación del cantante afro junto a The Cockettes, compañía hippie-drag psicodélica de los 60: "El no era un hippie de barba con un vestido, era Billie Holliday o Diana Ross en LSD". Si lo hubiese visto antes, incluía esa definición en el texto que escribí para el suplemento Soy, a propósito del libro La historia secreta del disco de Peter Shapiro. Abajo les copio el final de la nota, que se puede leer completa acá (y les recomiendo que, si no recuerdan o no saben quién es Sylvester, hagan clic en el link al video que nombro en la nota, siempre y cuando estén en un lugar que les permita bailar a sus anchas, si no van a tener que correr los muebles para hacer lugar, porque el que no baila con eso en vez de sangre debe tener detergente en las venas).

Lydia Lunch, citada en el libro de Shapiro, lo dice con metáfora orgánica: “La música es el tejido conectivo entre protesta, rebelión, violencia, conciencia sexual y comunidad”. Tal vez esta conexión llegó a su éxtasis a través de Sylvester, responsable de los falsetes más andróginos y orgásmicos del Hi-NRG, una abreviación de alta energía, un subgénero de la música disco creado a partir del acelerado beat del bombo que reproducían el galope del caballo como banda sonora sexual, con líneas melódicas de sintetizadores donde convergía el grito de placer con el ruido de la máquina. Sylvester era un afroamericano queer, uno de los primeros cantantes populares abiertamente homosexual, que había sido parte de los espectáculos hippie-drag de The Cockettes a fines de los ’60, imitando a Josephine Baker. Pero en su carrera solista, en el auge total del disco, su máximo hit fue “You Make Me Feel (Mighty Real)”, aun con potencial rupturista en su desafío a las convenciones que son síntesis de las políticas de resistencia integracionistas del movimiento dance. “Mientras gran parte de la música que coloreaba la escena disco gay tenía la alegría insistente de un espectáculo de porristas de secundaria y por lo general conjuraba ante todo la imagen de dos muñequitos de esos que mueven la cabeza como asintiendo chocándose mutuamente, ‘You Make Me Feel (Mighty Real)’ interpelaba a la tradición musical afroamericana preguntándole qué ‘realidad’ se suponía que debía representar para los hombres negros gay que, prácticamente alienados de la sociedad entera, estaban forzados a esconder sus identidades verdaderas a lo largo de casi todas sus vidas... Sylvester contrariaba al exterior indiferente del synth pop con una intensísima expresión de arrobamiento. El modo en el que Sylvester cantaba ‘I Know You Love Me Like You Should’, corriéndose hasta un registro tan alto que sólo podía ser completado por un zumbido de sintetizadores, bien podría ser el momento ‘diva’ definitivo de la historia del disco.” Basta mirar el video del hit: su perfomatividad drag múltiple mezcla estética leather de botas de cuero con glam marciano a lo Bowie, pero también abanico de teatralidad marica retro y turbante afro con perfume de gospel, entre otras modulaciones del crossdress. Y aunque, por momentos, Sylvester es el único en una discoteca vacía, parecería representar a todos y todas en un mismo cuerpo, su nombre es legión. Para cuando aparecen las bailarinas interraciales, encabalgadas franeleando con gimnasta felicidad lésbica, este videoclip pre MTV termina de hacer de las políticas integracionistas del disco un legado luminoso de electroshock. Y esos destellos de juego ambiguo de fines de los ’70, para cuando Sylvester murió de sida en 1988, ya estaban lo suficientemente demonizados por el movimiento de la “Muerte del Disco”, con acciones como quemas públicas de vinilos dance empujadas por argumentos de odio y otros de seudociencia que parecían paródicos, como los de científicos de la Universidad de Ankara, en Turquía, que “probaron que escuchar música disco hacía que los cerdos se volvieran sordos y los ratones, homosexuales”. En un punto tenían razón, la sensualidad polimorfa del disco fue la cumbre del ratoneo para muchos homosexuales, pero también para heterosexuales y demás identidades espectrales sin nomenclatura que titilaron en el tornasolado auge de ese amor libre electrificado.

lunes, 15 de octubre de 2012

Domingos de Ramos

Calzaba borceguíes las cuatro estaciones y sobre mi cama, mi altar adolescente: póster de Ramones con collage fotográfico de la grabación de Bad Brain y otras canciones de su ruta a la ruina. Se acercaba el final de los 80, una década corta, y mi punk interior latía con un folletín que salía en el Sí de Clarín, firmado por Laura Ramos. Había vuelto de Lanús a vivir a la casa-departamento natal de Barracas, y ya tenía la independencia suficiente para vivir en primera persona lo mortal que era Buenos Aires, ciudad-paraiso que en ese momento Ramos exploró mejor que nadie para fundar una cosmogonía entre la crónica y la ficción, poblada por criaturas con las que me hermanaba la desobediencia pop. Mi identificación primaria era con el Chico Aguja, teleadicto criado en la trastienda de una mercería (aunque, de manera un poco anacrónica, yo trastocaba su sobredosis de tv por mi cinefilia enfermiza). En aquellos tiempos, mil y una noche me soñé personaje de Laura Ramos en Buenos Aires me mata. Sobreviví a aquellos años, por poco; no salí ileso pero acá sigo. Y para cuando Laura recomenzó a publicar en Clarín hace pocos años su nuevo folletín Cuadernos privados, ahora en formato dominical, ya nos habíamos cruzado un par de veces por ahí, desarrollando una amistad, dentro y fuera de su extraordinaria columna.
El domingo pasado, Laura me cumplió mi deseo secreto: convertirme en uno de sus personajes. Escribo esto y se me hinchan los lagrimales. Paro acá y sigue ella.

Por Laura Ramos

07/10/12
Además de considerarse un fetichista fundamentalista de las canas, las panzas y las barbas (Papá Noel es su ícono sexual), Diego Trerotola se define como anarco-culinario, glotón y omnívoro. Jovencísimo socio fundador del primer club de osos de Argentina, que difunde la estética del gay gordo, peludo y con barba como una sensibilidad positiva y erótica, su militancia agita contra el modelo hegemónico gay del joven David lampiño y delgado. En la ideología osuna encontró la guarida de sus obsesiones eróticas y alimenticias. Nada más delicioso que ir a la disco con un grupo de osos amigos y olvidar la música que están bailando para imaginar el desayuno de las siete de la mañana.

Su crónica (de paso, es un ultrasofisticado crítico de cine, además de actor de videoclips y músico amateur) de una aventura anarconeosexual con el director Stuart Gordon en un festival de cine causó cierto revuelo. “Nada puede elevar más mi pasión cholula que un viejo gordo asociado a la obscenidad, la perversión y el exceso del cine de terror. El palpitar de mi corazón flúo era tan fuerte, mi deseo era tan truculento, que tuve lo que merecía... Fue una relación bastante platónica, pero lo más parecido a un noviazgo sin sexo que tuve en mi vida… Nos reímos mucho, hablamos hasta cansarnos de cine de terror y le declaré, sin arrodillarme, que me casaría con él si él no fuese heterosexual. A pesar de mis avances desvergonzados, aceptó ir a solas a mi habitación, donde me dejó acariciar su panza firme y generosa: era el oso de peluche más eróticamente áspero que mi tacto rozó.”

El punk cambió su adolescencia. Su única remera de los Sex Pistols tuvo que robarla de una mesa de saldos –sitio ominoso para un héroe-, porque no tenía ni un centavo. De vuelta en su casa de Lanús, no se sacó la remera en todo el verano. De tanto usarla, la foto de Sid en blanco y negro se fue despintando progresivamente hasta casi desaparecer, o tal vez la tinta fue absorbida por la piel hasta confundirse con su sangre.Pero hubo años de su vida en que sólo escuchaba Ramones: “Ramones con sus canciones-cohete crearon el punk-rocket que largó chispas a lo pavote en la ya explosiva década del 70” (prosa de Diego). Él mismo es una leyenda rocker: lo vi varias veces arrojarse al público desde los escenarios de Él mató a un policía motorizado, una banda de “punk espacial”, y cantar en los de 107 Faunos, que además tomaron su cara como imagen de sus flyers.

Lo de la cinefilia arrancó más o menos así: el test vocacional que se hizo en el colegio señaló Artes. El día en que abandonó una clase de Filosofía para ver una película de Daniel Tinayre con Mirtha Legrand se dio cuenta de que se había equivocado. Sus verdaderas clases de cinematografía empezaron en los cines del centro de Lanús, pero la graduación llegó a los dieciséis años, el sábado a la tarde en que conoció a un cinéfilo de cuarenta y nueve en la puerta del cine Maxi. Noviaron en la sala del Cineclub Núcleo y en la majestuosa Lugones. Durante los cinco años en que duró el noviazgo (que, como en las verdaderas tragedias, terminó con la muerte) (la de Ernesto, por hiv) veían veinte películas por semana. La pasión ultrafetichista de Ernesto por el cine terminó de darle forma a su cinefilia. A los veinte años publicó su primera crítica.

La peluquería en la que trabajaba su mamá fue el parque de diversiones de su infancia. Los enormes sombreros plásticos para secar el pelo eran sus juegos de Italpark. Allí filmó su primer cortometraje, la historia de una peluquera vampira. En sexto grado se convirtió en héroe por haber sido el único al que dejaron ver (y el que aguantó hasta el final) el estreno de El exorcista por tele. Su condición de mago desde los doce años, un legado de su papá, que murió cuando él tenía trece, le sumaba un aura cool. Justo en ese momento engordó y se convirtió en el gordo. Le gustaba, y le sigue gustando ser el gordo. El mayor shock culinario de su casa familiar fue la llegada de la freidora eléctrica: era la televisión color de los electrodomésticos. Su mamá, delgada y preciosa, adora la fritura y los pescados fritos: sus rabas son míticas.

Su teología alimenticia, o más bien su Tractatus Logico-Philosophicus culinario (¡Viva el locro, el asado, la pizza y el fast food!) rechaza con énfasis la sal, un producto sobrevalorado y culpable de uno de los problemas claves del capitalismo: la insatisfacción consumista. La sal domina al mundo, advierte Diego, y también la cadena de frío. El enfriamiento de los alimentos es inútil, me alerta: la heladera es un electrodoméstico innecesario, al servicio de la mera acumulación. ¡Si todas las heladeras del mundo se desenchufaran se terminaría el calentamiento global!

Hace catorce años encontró, por fin, al oso de sus sueños: su novio Norberto (barba canosa, relación abierta) en algunas Navidades trabajó de Papá Noel en una juguetería.

miércoles, 26 de septiembre de 2012

Chiste de gallegos


Mi vieja nació en Ourense, Galicia, hace poco menos que setenta años. Aunque viajé por España un par de veces, por desgracia no pude conocer esa parte del país. Y como no fui a Galicia nunca, Galicia vino a mí. Porque hace un par de días supe que soy protagonista de un videoclip de una banda gallega llamada Proyecto Mourente; pero el chiste es que no solo no conocía a tal banda sino que nunca accedí a ser parte del proyecto. ¿Y entonces? Se trata de un videoclip found footage, uno de los tantos que circulan en youtube, que reutilizan material visual ajeno para enchufarle una canción encima. En este caso, los gallegos se encargaron de reciclar la película Safo (2003) de Goyo Anchou, donde actué en una secuencia junto al gran Mosquito Sancineto. El estreno mundial de Safo había sido en España, en el festival Lesgaicinemad; y recuerdo que durante el festival alguien le dijo a Goyo que lo suyo era un remix más que una remake de la película homónima de Carlos H. Christensen. Tal vez aquel comentario haya sido una advertencia o una premonición: Safo estaba condenada a devenir videoremix. Arriba está el video en cuestión, y abajo la letra de la canción de synthpop para que la puedan cantar mientras la escuchan, porque parece haberse hecho con unas ganas tremendas de que sea un hit de karaoke.

AO TEU REDOR

Nom entendo como é que o fas.
Nos lugares aonde vás
Todo ao final gira ao teu redor.

Tanto tem se vás polo jornal
Ou a um ato inaugural,
Todo ao final gira ao teu redor.

Ainda que ti fas
Por dissimular
Que nom es consciente
Do que estás a provocar

Sabes que os demais
Nom podem parar
De mirar-te fixamente
Porque...

Todo gira ao teu redor.
No final, queira-lo ou nom,
Todo gira ao teu redor

Já ninguém te quer acompanhar
Sem querer-se aproveitar.
Todo ao final gira ao teu redor

Quem é amigo
E quem é cortesão?
Nom o podes separar.
Todo ao final gira ao teu redor

Querem-te saudar,
Querem-te tocar.
Tanto tem ires de incógnito
Para o evitar.

Querem-te abraçar,
Querem-te bicar.
E nom podes fazer nada
Porque...

Todo gira ao teu redor.
No final, queira-lo ou nom,
Todo gira ao teu redor

* Otro videoclip en el que participo: El rey del terror

viernes, 24 de agosto de 2012

Gritos toda la noche

Apuntes personales sobre la última dinastía de El mato a un policía motorizado:

* La canción que da nombre al single, Mujeres bellas y fuertes, es un camaleón sónico, porque en sus distintas versiones -en vivo, en la grabación de estudio o en el registro de la casa fantasmal- despliega fibra mutante. Ni post punk, ni post rock, ni post apocalipsis: simplemente música posta (si no creen, oigan ese teclado indómito entre guitarras gladiadoras: en la arena movediza, la melodía flota).

* En general, la mutación está a la orden del día en la actual embestida motorizada: desde el último recital en La Trastienda, el mamífero de cinco patas insiste en fusionar canciones hasta trasformarlas, electrocutando el final de una hasta que emerge otra por defecto, para que parezca un accidente. Ellos chocan sus canciones en frente nuestro.

* El público rota y quienes resistimos en el pogo espacial hace más de un lustro estamos un poco rotos y rotas. Ahí y así seguimos en la misma senda, levantando polvo, con la luz en la mirada turbia y el ímpetu ileso, porque pasado, presente y futuro son la misma alucinación de velocidad de cada estribillo: nuevos discos, nuevas drogas.

* El próximo videoclip debería ser un partido de básquet femenino, con los colores y la dimensión estética de las guerreras deportivas de la tapa del EP y de los flyers de los recitales recientes. Además sería el tercer video oficial, lo que implicaría que tendrían el triple asegurado.

* El último recital, el de ayer en Niceto, terminó con Terrorismo en la Copa del Mundo. O sea que no terminó; todavía me hace temblar cuando mi tarareo por default (ese que te caza distraído y te hace subir con solo masticar dos compases) me produce un flashback a la gloria del sueño eterno: si vienen a buscarme, estoy dormida…