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viernes, 7 de mayo de 2021

Recuerdos que huelen a nafta


Estos días se editan en español los diarios de David Wojnarowicz, y acá pueden leer un adelanto exclusivo. Como bonus hice una traducción del primer relato de Recuerdos que huelen a nafta (Memories That Smell Like Gasoline), el libro de Wojnarowicz de 1992, el mismo año de su muerte. Es muy difícil traducir del inglés original este texto por varias razones, principalmente por escribir sin comas, con un fluir narrativo con prosa poética; tal vez por eso no circula mucho en español. Acá abajo igual lo intento, porque me gusta mucho ese libro.


En la deriva y la oscilación 

A veces oscurece aquí detrás de estos ojos me siento como el equivalente físico de un grito. La autopista en la noche en las luces altas de este automóvil acelerando a toda velocidad es el único movimiento que permite que el corazón se desenrede y en el viento de la carretera las casas enmarcadas de dos pisos aparecen una tras otra como un decorado cinematográfico, casas a ambos lados de mi cara se deshacen hacia mí y los árboles proyectan sombras como rayos X caídos a los lados de las fachadas blancas y de vez en cuando algún perro de jardín ulula un ruido silencioso de miedo que se pierde en todo el ajetreo; y una vez antes cuando me sentí así, grité fuerte y largo y odié el sonido de mi propia voz, así que no lo volví a intentar. Odio las autopistas pero amo el exceso de velocidad y solo puedo pensar en cuerpos de hombres y la deriva y el oscilar de mí si el sexo fuera un baile, me arrastraría por ese cuerpo que vi esta tarde del tipo saliendo de la cabina de su camión en el estacionamiento de la parada de micro que parecía medio canadiense y con una camisa de cuello sexy y jeans ajustados y desgastados y un cinturón de cuero grueso y botas y un pliegue en la parte de adelante de su pantalón que dejaba que su pija descansara perezosa y tranquila y antebrazos yo quiero debajo de mi lengua y después de la curva en el puente cuando volví hacia el norte paré en un descanso y se detuvo un camión pasé por delante un poco más tarde y una luz roja rubí parpedeó y una silueta de un hombre en ropa de trabajo salió columpiándose del bar al lado del espejo retrovisor exterior y pasó junto a mí entre un resplandor de luces de coche ya entró al baño. Caminé un rato él nunca volvió a salir finalmente entré y me incliné ligeramente vi sus piernas debajo del marco de una puerta y entré en la de al lado me bajé los pantalones y me senté en el inodoro frío y miré hacia abajo y había un charco de agua entre los dos debajo del panel divisorio y se reflejaba la luz de la lámpara del techo y se transparentaban las baldosas grises cuadradas del piso y mientras lo miraba me di cuenta de que podía ver por esa luz los rasgos de este camionero y el pálido de sus ojos acuoso y la línea de la mandíbula y pómulos y siguiendo los hombros iluminados en la superficie del charco solo uno de sus brazos estaba iluminado y parte de su pecho presionando a través de la remera berreta y bajo sus antebrazos y hasta sus muñecas y el charco se movió un poco rompiendo la imagen en líneas onduladas y fragmentos de luz y cuando su rostro volvió a enfocarse y el agua estuvo quieta contuve la respiración para no perturbar miré alrededor de sus manos dos manos iluminadas desde varios ángulos pedazos de dedos con luces blancas frías y partes de muñecas y todo ello envuelto alrededor de la silueta de una verga dura que agitaba de un lado a otro en el reflejo su imagen por un momento parecía que él estaba flotando al revés debajo de la superficie del piso y yo estaba flotando boca arriba y desde su punto de vista yo flotaba boca abajo y él boca arriba y arriba de la cabina de su camión se quitó los pantalones diciendo no te preocupes por los

policías que siempre revisan

los coches primero

encendiendo sus linternas

a través de cada uno tenemos

mucho tiempo solo para gozar

esto dale gozalo

y poniendo su mano grande

alrededor de la parte de atrás de mi

cuello y presionando suavemente

hasta que mi cara pudiera hacer

el contorno de su

verga en movimiento pude ver

los pelos tenues cubriendo sus

bolas vamos usá tu

lengua mucho más y menos dientes

así más lengua y

menos dientes así de donde

yo vengo hay tres

hermanos que vienen

a mi casa cuando pueden

escaparse vienen por

la noche y les encanta vamos

dale así es gozá

esto gozalo. Sus dedos y rostro se dispersaron en fragmentos de luces

viernes, 10 de agosto de 2018

Todas las fiestas de mañana

"El único momento que quiero ser alguien es afuera de una fiesta, así puedo entrar"

“The only time I ever want to be something is outside a party so I can get in.” 

Andy Warhol


lunes, 4 de junio de 2018

Susie por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito

Al leer Calvin & Hobbes, el personaje de Susie Derkins se impuso como uno de mis favoritos. Creo que el pincel de Bill Watterson hace un pequeño prodigio en el retrato de la infancia a través de ese personaje: evita los rasgos típicamente sexistas de muchos autores y retrata a la niña sin demasiada imposición de las convenciones para pensar el cuerpo femenino. Hay algo bastante andrógino en Susie que me gusta, una apuesta jugada para ser una historieta que apela al universo infantil, que a veces son historietas muy reaccionarias para reflejar lo lúdico en relación con el género que somos, cuando nos dejan, en la niñez. Por estas cuestiones, entre otras, es porque para mí ella es una superheroína, y por eso la elegí para dibujarla como propuesta para la convocatoria de #SuperheroinasPorElAbortoLegalSeguroyGratuito que hizo Verónica García.

Más sobre Calvin & Hobbes en el blog: Calvinista y Calvin & Hobbes' Not Dead

miércoles, 23 de mayo de 2018

Mostra glam


Ayer fui a ver la última de Avengers en 3D y me gustó muchísimo, al punto que me inspiró para empezar a escribir un show de stand up. Acá empecé a bocetarlo:
Finalmente fui a ver Avengers: Infinity War y lo voy a decir sin vaselina: alta trolada me pareció. No entiendo como nadie me dijo que era la máxima expresión de una película de superhéroes LGBTIQ. Thanos está en la mejor tradición de lxs villanxs queer, disputando el número uno en el podio con la tentacular Úrsula de La Sirenita y la Reina de Corazones de Alicia en el País de las Maravillas. Thanos es el ogro galáctico más marica que recuerde ver en cine. O qué pueden decirme de un tipo que esté buscando unas piedras preciosas, que tienen casi los colores de la bandera del arco iris, para adornar su guante dorado y ser la máster más mala del universo. Creo que esa pasión que tiene por la bijou del espacio sideral la convierte en mostra glam que cruza Ziggy Stardust con Priscilla, la Reina del Desierto. Y miren que me leí hace unos años la historieta The Infinity Gauntlet, pero ahí el Thanos no era tan puto, para mí en la película lo quisieron sacar del clóset. Y ni hablar de sus trajes. Creo que cuando Liberace hacía de villano en la serie camp de Batman de los sesenta daba más hétero que Thanos. ¿Un villano sensible que lagrimea? A mí todo el tiempo me daba Rob Halford con esa calva y el look sadomaso glam. Pero además de él, ¿los superhéroes no les parecieron un toque muy arregladitos, muy vestidos cool con trajes negros para salir de noche a la disco de moda? Y las superheroínas algunas dan tortas, otras trans o drags. Me confundo. No sé, pero por momentos, al ver a todos esos super personajes juntos, me pareció un toque la Marcha del Orgullo. Pero lo que es más objetivo es que esta película tiene la escena más homoerótica del cine de superhéores (va un spoiler): Thor de pelo corto viene volando del cielo y, como Cupido, le ensarta como saeta su nueva hacha en el corazón de Thanos y quedan un rato largo unidos, abrazados frente a frente, los rostros cerca a punto de comerse la boca. ¿Qué onda? Esto antes con el martillo no pasaba ¿A mí solo me pareció puro romanticismo gay? No leí el guión, pero seguro en algún momento tiene que decir "Thor lo clava a Thanos", y la verdad es que no hay manera heterosexual de escribir eso. Pero bueno, sigan negando la realidad, y vean la película que quieran. Yo creo que la saga de esta película la tienen que dirigir las hermanas Lana y Lilly Wachowski, que a ellas les gustan tanto los cómics.

miércoles, 7 de marzo de 2018

Mostra de dibujos

Vikingos en bikini, autorretratos, Enrique Raab, Ramones, Emma Goldman, aves rapaces, Alberto Greco, y otros delirios queer en mi primera muestra individual en Librería Punc, que se puede ver hasta el 21 de marzo. Acá la nota sobre la muestra de Liliana Viola en el suplemento Soy de Página/12: Una imagen vale más

lunes, 22 de mayo de 2017

¿Dónde está Loo-Kee?


Para mí fue importante que She-Ra, a través de una estética muy girly, muy colorinche, hiciese salir del clóset a He-Man, porque ese universo de Masters of the Universe (Motu) era muy camp, una fantasía de libro para pintar, con un musculoso sobreexhibido como centro, en un arnés como sadomaso. El homoerotismo del héroe de He-Man fue más explícito gracias a la feminización de She-Ra. Como un péplum de fantasía donde los musculosos que lo protagonizan viviesen sobre el arcoíris. Pero también, She-Ra era el poder femenino, un dibujo animado donde una mujer tenía el poder pleno, dominaba, especialmente en el contexto de la aventura y la lucha, donde no siempre domina la mujer. Eso era infrecuente, especialmente en los dibujos animados.

Pero personalmente, lo que me dejó She-Ra es una enseñanza enorme sobre la dimensión de la imagen, hecho que terminó de precipitar mi iconofilia para finalmente convertirme en crítico de cine. Porque ese dibujo animado tenía algo especial: un personaje llamado Loo-Kee se escondía en cada episodio entre los pliegues de los fondos dibujados (fondos que, además, eran paisajes de bosques delirantes, muy lisérgicos). Y el juego que proponía de manera original la serie animada consistía en descubrir en qué imagen del episodio se escondía Loo-Kee, una especie de ¿Dónde está Wally? insertado en cada episodio. Había que mirar cada encuadre con un ojo potenciado, prestando atención a la acción y a la composición, a toda la dimensión narrativa y estética de la imagen, para detectar al personaje oculto. Al final de cada episodio se revelaba dónde había estado oculto el Loo-Kee, que era una suerte de duende animaloide, con pelo bicolor y traje colorinche, un ser muy gay. Ese juego de buscar en los pliegues de la imagen, en lo supuestamente decorativo, me sirvió de entrenamiento como espectador lúcido. Y además She-Ra convierte a lo decorativo en una forma de espesor que esconde un pequeño juego, un enigma, un pasadizo secreto.

No es casual que, de grande, cuando vi los extras de la edición de dvd y leí sobre la serie, descubro que She-Ra, a diferencia de la serie He-Man, no fue creada directamente por Mattel para vender muñecos, sino que fue pensada por animadores, los personajes de She-Ra fueron creados por gente que hacía animación, por eso es más cinematográfica. De hecho, algunos creadores de los capítulos confesaban que habían creado episodios inspirados en John Ford, por ejemplo. Eso tiene que ver con tomarse la fantasía multicolor de She-Ra con criterios más densos cinematográficamente, esa es parte de la dimensión más estética que tiene esa serie. Y esa idea de cultura es la que me define: pertenezco al grupo de personas que van de John Ford a She-Ra, de la cinefilia canónica, legitimada, a la cultura pop más lateral, menos jerárquica. She-Ra y su duende me transformaron en crítico de cine.

miércoles, 25 de junio de 2014

El rey del falsete



Hace cinco años, al momento de la muerte de Michael Jackson, publiqué esta nota, con el título El rey mutante, en el Suplemento Soy de Página/12. Todavía creo que tiene vigencia, porque el mito sigue vivo.
En su libro Cool Memories, un diario formado por ensayos rotos y mínimos, Jean Baudrillard viaja por la cultura del primer lustro de los ’80 para seguir el pulso de su tiempo, para tratar de hacer el libro más contemporáneo posible. En su elíptica captura de ese presente, Baudrillard se cruza a mitad de su camino con el Michael Jackson de Thriller y lo define con una cita del sociólogo Alain Soral: “Jackson es un mutante solitario, precursor de un mestizaje perfecto porque es universal, la nueva raza a partir de las razas, por así decirlo. Los niños de hoy no tienen un bloqueo en relación con una sociedad mestiza: éste es su universo, y Michael Jackson prefigura lo que ellos imaginan para un futuro ideal”. A esa idea nítida sobre una nueva forma de mestizaje cultural, Baudrillard agrega: “Michael se ha hecho rehacer el rostro, desrizar su cabello, aclarar la piel, o sea que se ha construido minuciosamente: esto es lo que lo convierte en un niño inocente y puro; el andrógino artificial de la fábula que, mejor que Cristo, puede reinar sobre el mundo y reconciliarlo, dado que es más que un niño dios: un niño prótesis, un embrión de todas las formas soñadas de mutación que nos liberarían de la raza y del sexo”. Unos años después, Baudrillard vuelve a invocar a Jackson para soltar la frase más contundente de su versión de las nuevas sensibilidades de los ’80, donde la política de la diferencia de la revolución sexual se volvía “juego de la indiferencia” de los sexos: “Todos somos transexuales. Así como todos somos mutantes biológicos en potencia, también somos transexuales en potencia. Y ni siquiera es una cuestión de biología. Todos somos simbólicamente transexuales”. La biografía de Jackson lo autorizaba a semejante afirmación, y es verdad que el Rey del Pop fue la quintaesencia de una nueva clase de monstruo que modeló la tecnología. El monstruo en que nos trasformamos todxs.

EL EXTRAÑO MUNDO DE JACKSON

En el comienzo de todo fue el espanto: Thriller fue catalizador de mutaciones y el principal afectado por su radiación fue Michael Jackson. Es verdad que todo comenzó en Jackson 5, en esa infancia corrompida por el pop donde el niño perdió la inocencia que trató de recuperar convertido en un andrógino Peter Pan que sueña desesperadamente la tierra del Nunca Jamás. Si bien es cierto, ese dato biográfico del niño estrella volcado a reconstruirse como ficción de la industria de la música es recién en Thriller donde adquiere mayor importancia, cuando su vida se transforma en una tecnoficción. Ese disco-Frankenstein no sólo cambió la historia de la música pop, con su híbrido de estilos del hard rock a la balada, pasando por el pop bailable, sino que, sobre todo, la revolución de Jackson se hizo cuerpo en el videoclip como forma de arte total, como juguete tecnológico ideal para la metamorfosis. Abrevando en la estética homoerótica de la película de terror adolescente de la década del ’50, en el video Thriller Jackson se transformaba en Gato Monstruo y en zombie, convertido en el rey del terror pop gracias a los efectos de maquillaje de las manos mágicas de Rick Baker, un cirujano-artista-plástico del cine, también creador de FX de Videodrome de David Cronenberg, una película sobre el cuerpo con prótesis de video. Y desde ese momento Michael Jackson fue un cyborg cronenbergiano, y se puede hacer una biografía de él a partir de sus videoclips, que absorbieron su existencia trocada en imagen táctil de su cuerpo. Su sexo no era masculino ni femenino, porque no era biológico, era tecnológico, tenía el sexo del cyborg, antes que Donna Haraway lo definiera en su manifiesto sociofeminista sobre la construcción de los géneros de 1991: “Un cyborg es un organismo cibernético, un híbrido maquinal y orgánico, una criatura de la realidad social tanto como una criatura de la ficción”. Jackson hizo del cuerpo su discurso, más que otrxs ídolos del pop/rock, porque era un cantante-bailarín de gracia felina, donde su paso más famoso, el moon walk, ponía en escena su doble direccionalidad característica: el paso fingía la mímica de caminar hacia adelante pero se deslizaba hacia atrás. Pero sobre todo Jackson fue un cuerpo mediado por la tecnología, donde se transformaba, videoclip mediante, en un ser extremadamente proteico: no era ni blanco ni negro, ni masculino ni femenino, ni joven ni viejo, ni atlético ni enfermo, ni humano ni animal, ni lindo ni feo y, sobre todo, ni bueno ni malo: al papel del delincuente juvenil que le gustaba interpretar en los videos se le superponía el inofensivo ángel de la luz asexuado. En la secuencia de la canción “Speed Demon” de su película Moonwalker (1988), Will Vinton lo convierte en muñeco de plastilina, dibujo animado, y cuando baila como humano está literalmente fuera de la ley: es que Jackson movía la pelvis con una ambigüedad insólita, su mano en la bragueta a veces parecía agarrar el paquete y a veces su dedo se hundía como si tuviese las dos gónadas del hermafrodita perfectx. En su otro videoclip célebre, Black or White (1991), fue el primero en usar el software morphing virando el rostro de personas de distintas razas y pigmentaciones, y convirtiéndose él mismo en pantera negra: su cuerpo de cyborg ya devenido software lo liberó de la identidad sexual y racial. Identidad deriva de idéntico, y Jackson, como buen mutante, nunca quiso ser igual.

CADAVER EXQUISITO

Si me permiten la expresión, Jackson fue claro desde el principio: al aceptar hacer el rol del Espantapájaros en The Wiz (1978), la remake del clásico camp El mago de Oz, sabía que su destino era ser un monstruo de cuento infantil, el freak domesticado, hogareño, que acompaña los sueños de una generación como el ET de Spielberg para el que compuso una canción. En Thriller quedó establecido, pero se subrayó en Ghosts (1997), un mediometraje dirigido por Stan Winston, quien junto a Rick Baker sería el artista de efecto de maquillaje más virtuoso del Hollywood fantástico. Ahí, con la tecnología digital, el cuerpo de Jackson dejó de ser analógico para explorar nuevas transformaciones virtuales: el rey del pop es ahora rey del píxel, fantasma en la máquina, materia incorpórea que atraviesa todos los cuerpos, como su voz, como ese falsete que lo hizo famoso, el más célebre de la historia de la música, que viaja a la velocidad de la ambigüedad, porque es un quejido de animal en celo con timbre humanoide andrógino. Si existen las reinas del grito del cine de terror, las scream queens, Jackson fue más que el rey del pop, el rey del falsete: la voz artificial fue su modulación predilecta hasta el punto de ser la canción de todxs. Cantar y bailar es falsearlo todo: lo natural queda fuera del cuerpo. En Cool Memories, Baudrillard escribía que “la música del walkman penetra en nuestro cuerpo como en un sueño”, Jackson fue ese sueño tecnológico que nos atravesó para siempre, que nos cambió nuestro cabezal natural por uno de género artificial indefinido. Al igual que Valentino fue al cine la apolínea figura que perturbó en los ’20 las concepciones sobre lo masculino y lo femenino, enloqueciendo a una generación con su erotismo visual indeterminado, Jackson fue el cyborg que hizo de la tecnología del video una estética desafiante. Y al igual que con Valentino, su funeral fue un evento monumental porque nos interpela sin discriminación: todxs somos sus viudxs tecnotransexuales. Pero ahora la tecnología voraz no para: la medicina forense sigue con sus técnicas necrófilas de autopsias donde dicen y se desdicen, porque la ambigüedad de Jackson no para ni post mortem. Eterno en su provocación, su cuerpo aún sigue siendo un discurso de signos en contradicción, para la interpretación latente, un Frankenstein semiológico que revive todo el tiempo: un moderno Prometeo secular que no necesita el fuego de los dioses para generar verdadera vida, sino que se despierta con cada clic mundano sobre un píxel monstruoso que hace pop.

jueves, 31 de octubre de 2013

Papel picado

Me hicieron una entrevista (supongo que por equivocación) en el número cuatro de la revista gratuita Freddie, en el contexto de un dossier sobre arte. La coincidencia quiso que fuese al mismo tiempo de que debutaba como curador de algo que no sea cine o video, con la muestra Chascos para la primera cita de Maia Debowicz (a quien está dedicada la respuesta tres). Pueden leer la nota en la versión web de la revista o acá abajo. O pueden no leerla.

1) ¿Considerás que existe un arte gay?
Existe como cualquier denominación que se use como una forma de libertad. O, tal vez, así quiero que exista. Denominar puede ser una acción liberadora. Por eso, si alguien piensa que algo puede ser denominado arte gay, y ese acto es liberardor en algún sentido, entonces, celebro su existencia. Ahora mismo quiero denominar a la película Dumbo como arte gay. Denomino luego existe.

2) ¿Cuáles son tus referentes de este arte?
Creo que Alberto Greco es mi referente en todo tipo de arte, porque transitó muchos caminos. También puedo decir que es mi referente del anti-arte, que es mejor. En su época casi no existía la denominación gay, pero él ya firmaba en los baños públicos como "Greco puto". Hay más: Keith Haring, Alison Bechdel, Divine, Kim Kyung-Mook, Michael Jackson, Copi, Bob Esponja, Lisa Kerner, Stephin Merritt, Harvey Fierstein, Dalia Rosetti, John Waters, Tsai Ming-liang, etc., muchos referentes de arte gay.

3) ¿Qué papel pensás que cumple el arte para la comunidad?
Si tengo que pensar en un papel para el arte, elijo el papel picado. Me gusta porque es un papel que surge de la destrucción, y es alegre en un sentido y sucio en otro. Todo el mundo es más lindo con un poco de papel picado en el pelo.

4) ¿Cuál es tu espacio favorito de arte?
La calle es el mejor espacio para el arte, incluso cuando no nieva ni llueve. Florida en un día de semana en hora pico o la peatonal de Mar del Plata en enero.

sábado, 26 de octubre de 2013

jueves, 17 de octubre de 2013

Riesgo de dientes de conejo


Maia tiene que cerrar la puerta del balcón porque Warhol se puede comer sus dibujos. Las proporciones de la hoja hacen que Maia tenga que dibujar en el piso de su casa y eso provoca que, al menor descuido, Warhol pueda roerle la cartulina.

Omnívoro como es, al conejo Warhol, la única mascota y compañía del departamento de soltera de Maia, le gusta el papel pero no las zanahorias. Raro. Come variedad de verduras pero detesta las zanahorias. Warhol es marrón, caga y mea en piedritas como los gatos, coge con dos muñecos de peluche y duerme en una cucha de plástico de techo a dos aguas con tejas dibujadas.

En lugar de dibujar en su departamento, Maia podría ir a su estudio, encerrarse en ese limbo libre del peligro de lo cotidiano y se ahorraría tener que vigilar que sus obras terminen en boca de Warhol. Pero no. Prefiere asumir ese riesgo. No solo ese, sino otro más: apostar a cambiar de hábitat y de género. Alejarse de los procedimientos que la visibilizaron en el mundo del arte, alejarse de esa obligación curricular de que la creación tiene que estar atada a un patrón pétreo como idea de personalidad. Riesgo de dientes de conejo, riesgo de ser otra.

Ser otra empezó desde que Maia se separó de su novio y cada uno de los días posteriores empezó a dibujar a su entorno para colgarlo sobre la pared blanca de su living. Amigos y amigas en poses paródicas, cotillón fetiche arrancado de la fantasía personal, el cine y el sexo vivido como carnaval del cuerpo, autorretratos de honestidad mordaz. Había algo de comedia muda, de slapstick, en el mural que fueron formando los dibujos, inclasificable colección de personas, animales y objetos que terminaron componiendo una suerte de catálogo de chascos. O mejor, una serie de cartas de amor al chasco.

Los chascos para la primera cita son el reverso de los tradicionales chascos de despedida de soltero. No se trata de la última alegría antes del compromiso sino de la convicción de que la sorpresa y la comedia de lo inesperado tienen que estar sí o sí en la base de toda relación. Si tu cita no es un cigarrillo que explota, una flor que tira agua, un chicle picante no vale la pena seguir. Tampoco vivir para dibujarlo.

Diego Trerotola


MAIA DEBOWICZ

Chascos para la primera cita

Del viernes 18 de octubre al 15 de noviembre.


Curador: Diego Trerotola

Áurea. Patio del Liceo
Santa Fe 2729. Buenos Aires.


martes, 23 de julio de 2013

Amigo Rocky

Dicen que en 1976 Elvis Presley contactó a Sylvester Stallone para que lo visite en Graceland con una copia de su flamante película Rocky, que el italoamericano había escrito y protagonizado, recibiendo una nominación al Oscar en ambas categorías, siendo junto a Chaplin y Welles, la única persona que había logrado esa doble conquista hasta ese momento. Intimidado por el Rey, Stallone no se atrevió a ir a visitarlo, pero sí le envió una copia de su película y parece que Elvis la vió con amigos. Cuando todo eso sucedió y terminó desembocando en que Rocky ganara tres Oscars (incluyendo el de mejor película), en los márgenes de New York había crecido un fenómeno con otra Rocky, que tenía tanto de los músculos del boxeador como de la seducción física y musical del Rey, entre otros tipos de monstruosidad, como si realmente Stallone y Elvis hubiesen tenido ese encuentro para gestar la criatura, aunque el huevo de la serpiente ya había sido incubado.
Germinada como ópera rock en 1973, fracasando en su versión cinematográfica en 1975 y resucitando en funciones zombies de medianoche, The Rocky Horror Picture Show es una película que le costó tanto como al púgil de Filadelfia no caer vencido en la lona y llegar a un último round que, si bien no significó la victoria, al menos era una forma de consagración o redención que llevaría directo al culto. Eso mismo, los Rockys de los 70 son obras de culto, cada una a su manera, y tuvieron caminos paralelos que nunca se cruzaron ni en el infinito ni más allá.
Toda esta introducción fue para anunciar que el Bazofi va a proyectar gratis The Rocky Horror Picture Show y podremos formar parte de la élite de vampiros galácticos que dan batalla. Hace tiempo escribí una nota sobre la película y más recientemente este breve texto que se publicó en el programa del Bazofi.

Foco Jim Sharman: THE ROCKY HORRROR PICTURE SHOW (EUA, 1975) de Jim Sharman, c/ Tim Curry, Susan Sarandon, Barry Bostwick, Richard O'Brien, Jonathan Adams. 100'.

Gran parte del culto de esta ópera rock descansa gozoso en su descontrol pansexual, que se dispara, a veces irónico, a veces melodramático, en versión glam, apolíneo, andrógino y trans, pero siempre monstruoso. Los transilvanos y su líder carismático Frank'n'Furter son una suerte de tarjeta de invitación para pensar al cuerpo y sus prácticas deseosas como una estrategia frankenstein, collage abierto y bailable, fragmentos de cinefilia pegados con gestos teatrales exacerbados de drama queen del espacio exterior.

La película se proyecta el sábado 27, a las 23hs., en Moreno 1199. Entrada libre y gratuita.

viernes, 12 de julio de 2013

Camp Attack


Hace casi medio siglo, Mrs. Miller estaba en la cresta de una ola extraña: pasaba del gospel y de financiar sus propios discos para ser distribuidos en orfanatos a comenzar a grabar sus canciones pop que tendrían un moderado pero insólito éxito radial que la llevaría incluso a participar del popularísimo programa de tv de Ed Sullivan. Para quienes no conocen a Elva Miller, fue una cantante que, como bien viraliza wikipedia, tenía una voz que sonaba como “cucarachas corriendo sobre la tapa de un tacho de basura”. A mediados de los ’60, Estados Unidos y el mundo ya no eran tan inocentes, aunque ya no podremos saber si realmente el ensayo de Susan Sontag sobre la sensibilidad camp ayudó a que Miller llegara a ser una cantante popular para 1966. Lo que sí sabemos es que, como consigna Paul Roen en el prólogo de su libro High Camp, alguien entrevistó a Miller y le preguntó si sabía lo que significaba la palabra “camp”, a lo que ella respondió: “¡No permitiré que digan guarangadas en mi casa!”. Sí, aunque era el secreto peor guardado de la comunidad gay gracias a las revelaciones de Sontag, todavía la palabra “camp” era considerada un insulto porque aludía a un mal gusto al que poca gente quería estar asociado. Una sensibilidad que había sido maquillada en la clandestinidad, en la oscuridad de antros de reviente gay, ya comenzaba a brillar en la luz de las marquesinas y encandilaba multitudes. Miller era un buen ejemplo. Aquello que se definió como un gusto por lo no natural, el artificio, la teatralidad, la ironía desencadena, la androginia desconcertante y el fracaso de la seriedad ahora era asimilado por la cultura de masas, cuando antes sólo pertenecía mayoritariamente a una subcultura de la complicidad entre gays marginales, clave de acceso a un mundo de sensaciones inversas. (Principio de la nota sobre lo camp actual en Página/12. El resto de la nota por acá.)

Otras de mis notas sobre lo camp tomadas al azar del google:

- A mediados de los ‘40 una nota de Robert Duncan en la publicación de izquierda Politics describía así la estrategia de un grupo proto-queer: “Como las primeras brujas, los activistas homosexuales han rechazado cualquier lucha por la igualdad social y, lejos de buscar dinamitar la superstición popular, han aceptado el rótulo de demoníacos”. Tal vez, esta misma creencia tenía el cineasta gay James Whale para crear el díptico de Frankenstein y La novia de Frankenstein, desglosando en dos la novela gótica de Mary W. Shelley: su capacidad para representar al monstruo queer como paria, como perseguido e incomprendido social pero también la ironía sobre ese retrato, lo hicieron crear el camp terrorífico, un estilo que haría escuela entre la complicidad para leer guiños encriptados en los relatos macabros sobre la sexualidad. Un ejemplo de su humor es que si el terror debe poner los pelos de punta, nada mejor que crear un ícono de esa idea: Elsa Lanchester con peinado batido vertical en plan proto-glam-punk es la versión extrañamente femenina y pop de Lady Frankenstein, moldeado en una peluquería. La prueba del poder seductor, de la potencia mujeril y maricona de ese tocado es que Manuel Puig recuerda a La novia de Frankenstein como la primera película que vio de niño. (nota completa acá)

- Durante los años que registró sus obsesiones, con fantasías exóticas y cívico costumbrismo exagerado reconstruido desde escenografías y performances que cruzan lo grotesco y lo marica, Bidgood aportó una versión de drag queen a la vidriera del imaginario cultural gay a través de esta película, antes de que Warhol volcara su pintura pop en su cine y de que el ensayo sobre lo camp de Susan Sontag se volviese cita obligada para nombrar artificios como Pink Narcissus. (nota completa acá)

- Cuando se estrenó El mago de Oz, Judy Garland recién había cumplido 17 años. La película, a fines de la década del ’30, proponía un prodigioso virado del blanco y negro al technicolor que, junto a la canción “Over the Rainbow”, convertían el relato en un libro para pintar automático, donde la niña actriz trazaba cada pincelada de candidez infantil, para ser primero una clave secreta y luego terminar sacando el arco iris del closet para devenir símbolo de la diversidad sexual. De estampa camp a estampita de culto queer, Judy se convirtió en sinónimo de sensibilidad colectiva y todavía su figura es invocada como ángel guardián de ciertas formas de cultura transformadora. (nota completa acá)

miércoles, 19 de junio de 2013

Amor de mujer mutante

No entiendo cómo fue, quién tomó la decisión, si fue un impulso personal o un regalo de mi madre o padre, pero junté figuritas de She-Hulk y Spider-Woman contra los super-villanos. Ese es, de hecho, el primer álbum del que tengo memoria, allá cuando recién empezaba la década del 80. En esa época como ahora, las figuritas tenían una tendencia sexista, había para nenas y otras para varones, Sarah Kay o Súper fútbol, Frutillitas o El auto fantástico. El tema es que, pensándolo ahora, este álbum de superheroínas era más bien ambiguo, calificaba para ambos géneros, tal vez haya sido una de las pocas colecciones unisex de esa década, sacando los álbumes educativos editados por las revistas infantiles. Creo que gracias a ese álbum tengo alma de mujer mutante. Como sea, el tema es que me enamoré de ese álbum y especialmente de She-Hulk. La abogada Jennifer Walters, que se transforma en la gigante verde por la donación de sangre de su primo Bruce Banner, tuvo el don de haber elegido ser dibujada por John Byrne y allí inició un diálogo con el historietista  (esto es literal en The Sensational She-Hulk) donde la aventura y el humor tienen la misma dimensión salvaje. Cuando me invitaron a dibujar para la muestra colectiva Una vida más de la Historieta Argentina, me acordé de ella y decidí incluirla junto a otros superhéroes, emulando un poco el fanatismo infantilista de Daniel Johnston por Capitán América para crear una súper-comunidad que comparta el sentido de la comedia demente, mezcla violenta e inmadura de realidad y ficción, que tiene She-Hulk. Si van a la muestra del Centro Cultural Recoleta entre el 20 y el 23, van a poder ver mi dibujo.

martes, 11 de junio de 2013

Ciudadano clase B


La Filmoteca en vivo (http://alturl.com/4t5ov o http://alturl.com/bgvt5) es Cine Para Todos: en fílmico y gratis los viernes y sábado. Este fin de semana hay cuatro películas de Periodismo y cine, que casi ningún crítico de cine vio. Pasan un peliculón para la que escribí este texto y que, para mí, es obligatoria. Todo transcurre en Moreno 1199.

Sábado 15 de junio, 23hs.
Página negra (Scandal Sheet, EUA-1952) de Phil Karlson, c/Broderick Crawford, Donna Reed, John Derek, Henry (Harry) Morgan. 82’.
Versión de El ciudadano con los límites de las quickies clase B, Página negra también es una mirada crítica sobre la industria del tabloide, visión feroz sobre el amarillismo y la ética de la representación del crimen. Y el máximo crimen del periodismo es que la “moderna vehemencia gótica” de Phil Karlson no sea hoy tan valorada. Cineasta de márgenes, Karlson tuvo apenas dos reconocimientos dignos. El primero es un artículo lúcido del crítico Manny Farber que sostiene que Karlson “posee una brillante exactitud documental y una excitante y explosiva belicosidad”, frase perfectamente aplicable a esta película. El segundo es el documental de Scorsese sobre el cine de EE.UU., donde pone a Karlson a la altura de Jacques Tourneur, Hitchcock, André de Toth y Edgar G. Ulmer. Página negra está basada en una novela de un casi alumno de Karlson, Sam Fuller. Acá hay, por supuesto, dosis de ferocidad fulleriana y la relación entre locura y periodismo adelanta en una década a la imprescindible Shock Corridor.

PS: El de la foto es Broderick Crawford en el momento de su vida que si lo agarraba yo le masticaba la yugular sin pedirle permiso.

martes, 14 de mayo de 2013

Pirata de cataratas (parte uno)

No, no viajamos a Iguazú, fuimos a un hospital quirúrgico porque Norberto, mi pareja abierta desde hace quince años, tuvo que hacerse una operación de cataratas en uno de sus ojos. Y como yo tenía un celular y mucha ansiedad, fui tuiteando o posteando en facebook, la crónica de lo acontecido. En un mes le operan el otro ojo, por lo tanto esta es la primera parte de una saga. Acá abajo la cronología completa.

14:00. Estamos haciendo la admisión para que intervengan el ojo derecho de Norberto, que tiene cataratas. Ya le pusieron la pulsera con su nombre.

14:10. Sala de espera en el Instituto Quirúrgico del Callao

14:17. Cada 15 minutos hay que poner gotas en el ojo derecho. En la segunda dosis ya parece un personaje de Poe. Después viene la fase Lovecraft.

14:23. Norberto se puso mucho perfume, sospecho que tiene metejón con el cirujano.

14:35. Subimos al sexto piso, cambiamos una sala de espera por otra. El ojo de Norberto ya es un planeta extraño.

14:50. En el sexto piso hay unas acuarelas espantosas de 1997, decorativamente  menemistas. ¿Quién cura el arte de los hospitales?

15:10. Norberto se queda dormido en la sala de espera, anoche no pegó un ojo (si me permiten la expresión).

15:14. Quinta gota y el ojo derecho de Norberto es lo más parecido a una remake de El exorcista: está poseído. La próxima vez le tiro agua bendita.

15:20. Otra sala de espera. Acá le piden que se ponga un delantal en el baño y que salga "sin mostrar nada". ¿Tendrá cara de exhibicionista?

15:40. La enfermera le toma la presión a Norberto y le pregunta por las pastillas que toma y para qué. Al dar la lista larga de enfermedades en voz alta y clara, porque el nombre de tantas pastillas es difícil de recordar, la media docena de personas que espera quirófano en la misma sala pone cara de póker y traga saliva. ¡Que la sigan tragando!

15:55. Una silla de ruedas se llevó a Norberto. Me dejó un beso y un tufo a perfume incrustado en mis fosas nasales. No paso el antidoping de amor.

16:08. Me hacen esperar en el bar del piso 9.  Me entretengo adivinando la especialidad de médicos, saco siempre a los traumatólogos por la cara.

16:20. La espera me hace maquinar: y si al mirarme con la visión recuperada, Norberto me deja por el cirujano. 15 años de relación en la tiniebla.

16:50. La moza del bar grita: "familiares de Gutipati". Cuando respondo me dice que tengo que ir al 4 piso a recibir el parte de cirugía. Nervios.

17:10. En el 4 piso hay un timbre y desde el parlante me preguntan quién soy. Dije que venía por el parte. Miro una puerta cerrada hace 15 minutos.

17:20. Veinte minutos y nada: la espera me parte.

17:35. Toqué timbre nuevamente: otra voz y desentendimiento de mi reclamo del parte. Ya soy Spiderman, camino por las paredes.

17:45. Tras más de media hora, una enfermera sale y dice que Norberto no ingresó al quirófano y él quiso que me avisen el retraso. Piensa en mí.

18:15. Vuelve la espera. Mastroianni decía que al actor de cine le pagan por esperar en rodajes más que por actuar. Hoy me tocó el papel de boludo.

18:30. 2 horas de Norberto a manos de un cirujano desconocido. Prefiero que lo secuestren en el túnel de Amerika, y él seguro también prefiere eso. A veces pensamos igual

19:05. El pirata ya está en tierra firme, a salvo mas nunca sano. (ver foto de arriba)

domingo, 12 de mayo de 2013

Polvos de la lujuria


Triple función en el Cine Club Divine: un registro del recital de Divine en the Hacienda en 1983, la película Al este del oeste de Paul Bartel y un corto experimental que ensamblé y musicalizo en vivo, en modo dj, con un set de covers. Todo este exceso divinesco es como homenaje a los 25 años de la muerte de Divine (1945 -1988). Abajo los textos que escribí sobre dos de las películas proyectadas. Dirección e información, arriba en el flyer.

Lust in the Dust era el nombre original del western camp Duelo al sol y así bautizó Paul Bartel a su estampida cinematográfica para hacer polvo al universo dominado por el cowboy con un revolver cargado por Divine. Por esta película, el crítico Leonard Maltin se preguntaba confundido si el personaje que Divine interpretaba era un hombre o una mujer; no podía entender que el actor iba más allá de los géneros, de los binomios heredados como formas de clasificación asfixiante. Como en Polyester, Divine vuelve a hacer dupla con Tab Hunter para interpretar a una cantante de saloon que tiene un tesoro bien guardado en el culo. 

Divine SM
Argentina, 2008, 15'
Una hagiografía del monstruo más libertario de la historia del cine, construida a partir del libre ejercicio de un voyeurismo sedado de cámara lenta que permite distorsionar aún más, pervertir aún más, cada una de las muecas de Divine (1945-1988). Y esa esperpéntica presencia está creada con la técnica con que John Watersco-creador de Divine, fotografía las imágenes televisivas de sus fetiches cinematográficos.

martes, 30 de abril de 2013

Pezón, pezón, qué grande sos

Hoy cumpliría 52 años Batato Barea, y sus tetas ya tendrían 22 años, ambas serían mayores de edad. Celebremos, recordando su expresión con esta nota que escribí para el suplemento Soy hace algún tiempito. Y recuerden: la vaca no da la leche, se la sacan.

lunes, 21 de enero de 2013

Muertes secundarias

Tardaron dos días en difundir la noticia; internet movie data base (imdb) se demoró una semana en actualizar su biografía. El lunes 14 de enero había muerto Conrad Bain y fue, alrededor del mundo, una noticia secundaria, sin la urgencia de las primicias, porque el actor entraba en la categoría de "nombre irreconocible si no se adjunta una foto de su momento de fama". Y ese momento que permite reconocer su identidad ("Ah, sí, el Sr. Drummond"), fue entre 1978 y 1986, cuando protagonizó la sitcom Blanco y negro, como el millonario padre viudo y adoptivo de Arnold y  Willis. No sabemos mucho más de este actor, porque al menos en cine y tv actuó bastante poco después de aquellos años dorados de vivir en un penthouse en Park Avenue. Creo que de las series de mi infancia esta era una de las que más me gustaba, todavía recuerdo capítulos completos; incluso mi memoria erótica llega a tener una detallada evocación del padre de la amiga de Kimberly y su escena en el balcón-terraza apretando una naranja, que debe estar entre las primeras confirmaciones de mi fetiche por los gordos gigantones. Igual la serie Webster (1983-1989), un claro rip-off de Blanco y negro, tenía al más hot padre adoptivo de afroamericanos, Alex Karras, un chongo futbolista convertido en actor, que incluso interpretó a un personaje gay en Victor Victoria. Karras murió el 20 de octubre del año pasado, y de eso recién me entero. Espero que en la próxima entrega de los Oscars los recuerden a ambos, en el típico desfile de fotos que nutre nuestra necrofilia chic cada año.

viernes, 4 de enero de 2013

La rotación de la tierra

2012 terminó televisivamente muy arriba gracias a 23 pares, la serie creada por Albertina Carri y Marta Dillon que nos hacía temblar (por emociones de muy distinta especie), capítulo a capítulo, con su ficción-laboratorio: melodrama tribal con golpes de humor y locura, saga de post identidad, folletín de primitivismo amoroso matriarcal. Si no la vieron en tele, la tienen disponible y completa para ponerse al día (si pasan por acá). Y abajo les dejo la intro de la nota que escribí en el Soy sobre la serie.

La tierra se mueve en los títulos de 23 pares, la animación imprime al terruño un movimiento sutil y ambiguo, podría ser soplado por una brisa, agitado por un temblor o empujado por el crecimiento subterráneo de un árbol. Y ese es, sobre todo, el valor agregado de esta serie en la cosecha 2012 de la televisión argentina: hacer temblar un poco los cimientos de las representaciones mediáticas, especialmente de las ideas preconcebidas sobre identidad, género, diversidad sexual y familia. Es una serie que tiene los pies en la tierra pero solo para comprobar que debajo el mundo gira a distintas velocidades y se muda sin avisar en qué dirección, avanzando sin obedecer señales de tránsito. Y si una semilla se transforma vertiginosamente en un árbol también en los títulos, es para marcar no tanto un nuevo nacimiento sino la posibilidad de ramificaciones, de ser verdor y ser rama pelada, ir de una estación a otra por la ruta de una orgánica mutación.

viernes, 30 de noviembre de 2012

Post Bear

Enero de este año comenzó peludo: publiqué una nota en la revista Inrockuptibles (que cada vez está más buena), donde celebraba la prolífica actividad osuna en la historieta vernácula. Además de evocar a El ósculo hirsuto, recurrente en este blog, ahí hablaba de la publicación del primer libro nacional de cómic bear: Horror, desperté con un cazador de Rubén Gauna. Ahora, para ir cerrando el año, la segunda parte de la historieta, editada para la última Marcha del Orgullo LGTBIQ, viene con un prólogo mío (del que cito un fragmento abajo, y pueden leer en el adelanto publicado en el Soy). Arriba, otra vez aparezco en el universo de Horror... al que, por supuesto, pertenezco con orgullo libidinal. Este domingo, a las 19, el libro se presentará en el Bar de FM La Tribu (Lambaré 873): habrá barbas para acariciar y frotarse.

A toda comedia le gusta la inversión como materia prima para el chiste, pero Gauna y sus personajes la llevan a un lugar de máxima incorrección. Si las políticas de la identidad y la orientación sexual tomaron su potencia en la afirmación social de ciertos modelos positivos, Horror... muestra el lado oscuro de la fuerza del deseo, cuando la libido nos hace girar el lado B. Si ya hay una teoría y una práctica de la post identidad, ésta tal vez sea la primera historieta post bear, la que ponga un poco en crisis el mundo de los osos como un lugar estancado: ahora ser un oso o un cazador es reinventar las reglas de un cosplay, es una fiesta de disfraces, un juego de rol. Por eso, en sincronía con la cultura queer, Horror... representa la peligrosa aventura de la incertidumbre, la identidad como algo inestable, que puede mutar en nuestra propia cama, donde creíamos que podíamos controlar nuestra fantasía.