Mostrando entradas con la etiqueta iconofilia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta iconofilia. Mostrar todas las entradas

viernes, 10 de agosto de 2018

Todas las fiestas de mañana

"El único momento que quiero ser alguien es afuera de una fiesta, así puedo entrar"

“The only time I ever want to be something is outside a party so I can get in.” 

Andy Warhol


lunes, 4 de junio de 2018

Susie por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito

Al leer Calvin & Hobbes, el personaje de Susie Derkins se impuso como uno de mis favoritos. Creo que el pincel de Bill Watterson hace un pequeño prodigio en el retrato de la infancia a través de ese personaje: evita los rasgos típicamente sexistas de muchos autores y retrata a la niña sin demasiada imposición de las convenciones para pensar el cuerpo femenino. Hay algo bastante andrógino en Susie que me gusta, una apuesta jugada para ser una historieta que apela al universo infantil, que a veces son historietas muy reaccionarias para reflejar lo lúdico en relación con el género que somos, cuando nos dejan, en la niñez. Por estas cuestiones, entre otras, es porque para mí ella es una superheroína, y por eso la elegí para dibujarla como propuesta para la convocatoria de #SuperheroinasPorElAbortoLegalSeguroyGratuito que hizo Verónica García.

Más sobre Calvin & Hobbes en el blog: Calvinista y Calvin & Hobbes' Not Dead

miércoles, 7 de marzo de 2018

Mostra de dibujos

Vikingos en bikini, autorretratos, Enrique Raab, Ramones, Emma Goldman, aves rapaces, Alberto Greco, y otros delirios queer en mi primera muestra individual en Librería Punc, que se puede ver hasta el 21 de marzo. Acá la nota sobre la muestra de Liliana Viola en el suplemento Soy de Página/12: Una imagen vale más

lunes, 22 de mayo de 2017

¿Dónde está Loo-Kee?


Para mí fue importante que She-Ra, a través de una estética muy girly, muy colorinche, hiciese salir del clóset a He-Man, porque ese universo de Masters of the Universe (Motu) era muy camp, una fantasía de libro para pintar, con un musculoso sobreexhibido como centro, en un arnés como sadomaso. El homoerotismo del héroe de He-Man fue más explícito gracias a la feminización de She-Ra. Como un péplum de fantasía donde los musculosos que lo protagonizan viviesen sobre el arcoíris. Pero también, She-Ra era el poder femenino, un dibujo animado donde una mujer tenía el poder pleno, dominaba, especialmente en el contexto de la aventura y la lucha, donde no siempre domina la mujer. Eso era infrecuente, especialmente en los dibujos animados.

Pero personalmente, lo que me dejó She-Ra es una enseñanza enorme sobre la dimensión de la imagen, hecho que terminó de precipitar mi iconofilia para finalmente convertirme en crítico de cine. Porque ese dibujo animado tenía algo especial: un personaje llamado Loo-Kee se escondía en cada episodio entre los pliegues de los fondos dibujados (fondos que, además, eran paisajes de bosques delirantes, muy lisérgicos). Y el juego que proponía de manera original la serie animada consistía en descubrir en qué imagen del episodio se escondía Loo-Kee, una especie de ¿Dónde está Wally? insertado en cada episodio. Había que mirar cada encuadre con un ojo potenciado, prestando atención a la acción y a la composición, a toda la dimensión narrativa y estética de la imagen, para detectar al personaje oculto. Al final de cada episodio se revelaba dónde había estado oculto el Loo-Kee, que era una suerte de duende animaloide, con pelo bicolor y traje colorinche, un ser muy gay. Ese juego de buscar en los pliegues de la imagen, en lo supuestamente decorativo, me sirvió de entrenamiento como espectador lúcido. Y además She-Ra convierte a lo decorativo en una forma de espesor que esconde un pequeño juego, un enigma, un pasadizo secreto.

No es casual que, de grande, cuando vi los extras de la edición de dvd y leí sobre la serie, descubro que She-Ra, a diferencia de la serie He-Man, no fue creada directamente por Mattel para vender muñecos, sino que fue pensada por animadores, los personajes de She-Ra fueron creados por gente que hacía animación, por eso es más cinematográfica. De hecho, algunos creadores de los capítulos confesaban que habían creado episodios inspirados en John Ford, por ejemplo. Eso tiene que ver con tomarse la fantasía multicolor de She-Ra con criterios más densos cinematográficamente, esa es parte de la dimensión más estética que tiene esa serie. Y esa idea de cultura es la que me define: pertenezco al grupo de personas que van de John Ford a She-Ra, de la cinefilia canónica, legitimada, a la cultura pop más lateral, menos jerárquica. She-Ra y su duende me transformaron en crítico de cine.

miércoles, 11 de diciembre de 2013

Sangre Post-Punk


I.
El mito cuenta que una noche Mary Shelley hundió una pala en sus sueños para desenterrar su fantasía de profanación y dar vida a un monstruo, que la deformación pop le adosaría el nombre humano Frankenstein. Y lo que en realidad terminó creando con esa novela que extendió su ensueño fue el relato gótico y romántico de la resurrección de la imaginación para encarnar en un fetiche hecho de fragmentos que se multiplican, que crean una serie. Con su práctica de reciclaje del mito de Prometeo, Shelley hizo modernidad, en un sentido muy denso de esa palabra monstruosa.

II.
El ensayista André Bazin encuentra “en el origen de la pintura y de la escultura el 'complejo' de la momia”, porque si “la muerte no es más que la victoria del tiempo”, entonces poder “fijar artificialmente las apariencias carnales de un ser supone sacarlo de la corriente del tiempo y arrimarlo a la orilla de la vida”. Bazin creía que el cine perfeccionaba esa misión momificadora, redentora, de conferir vida eterna y comparaba la invención de la fotografía con el Santo Sudario, donde se imprimió el rostro de Cristo pintado con su propia sangre. Huellas de lo real eternizadas. La momia y Cristo: monstruos inmortales y patronos de las representaciones perennes.

III.
La última obra de Romina Iglesias evoca una escena de Sangre de la tumba de la momia (traducción literal de Blood from the Mummy's Tomb, 1971). Su operación es profanar una película y sobre ella apoyar su lienzo como un sudario de la era digital, donde derrama sangre de acrílico y píxeles. A partir de ahí, todas las imágenes apropiadas del punk y su revolución indumentaria se tiñen de la estridencia del ruido visual de los ochenta (¿alguien dijo post-punk?) para dar vida nueva a posers de jpg, a fotogramas de una revolución digital, que estallan en láminas luminosas. Porque si algo hay en esa anarquía de colores en los retratos de Brasa es una luz tóxica y descompuesta por un prisma insurrecto; una luz constante pese a que los candelabros sean de clase b o las joyas tengan brillo de bijou de utilería. Porque cuando una heredera de Shelley le roba el fuego a Prometeo, las alucinaciones que provoca encandilan como una hoguera.

Diego Trerotola


BRASA
de Romina Iglesia 

Apertura Miércoles 11 de diciembre de 2013, 20 horas

Galería Casa Brandon
Luis María Drago 236
CABA

Curaduría Diego Trerotola
Música Diosica De La Gente

jueves, 17 de octubre de 2013

Riesgo de dientes de conejo


Maia tiene que cerrar la puerta del balcón porque Warhol se puede comer sus dibujos. Las proporciones de la hoja hacen que Maia tenga que dibujar en el piso de su casa y eso provoca que, al menor descuido, Warhol pueda roerle la cartulina.

Omnívoro como es, al conejo Warhol, la única mascota y compañía del departamento de soltera de Maia, le gusta el papel pero no las zanahorias. Raro. Come variedad de verduras pero detesta las zanahorias. Warhol es marrón, caga y mea en piedritas como los gatos, coge con dos muñecos de peluche y duerme en una cucha de plástico de techo a dos aguas con tejas dibujadas.

En lugar de dibujar en su departamento, Maia podría ir a su estudio, encerrarse en ese limbo libre del peligro de lo cotidiano y se ahorraría tener que vigilar que sus obras terminen en boca de Warhol. Pero no. Prefiere asumir ese riesgo. No solo ese, sino otro más: apostar a cambiar de hábitat y de género. Alejarse de los procedimientos que la visibilizaron en el mundo del arte, alejarse de esa obligación curricular de que la creación tiene que estar atada a un patrón pétreo como idea de personalidad. Riesgo de dientes de conejo, riesgo de ser otra.

Ser otra empezó desde que Maia se separó de su novio y cada uno de los días posteriores empezó a dibujar a su entorno para colgarlo sobre la pared blanca de su living. Amigos y amigas en poses paródicas, cotillón fetiche arrancado de la fantasía personal, el cine y el sexo vivido como carnaval del cuerpo, autorretratos de honestidad mordaz. Había algo de comedia muda, de slapstick, en el mural que fueron formando los dibujos, inclasificable colección de personas, animales y objetos que terminaron componiendo una suerte de catálogo de chascos. O mejor, una serie de cartas de amor al chasco.

Los chascos para la primera cita son el reverso de los tradicionales chascos de despedida de soltero. No se trata de la última alegría antes del compromiso sino de la convicción de que la sorpresa y la comedia de lo inesperado tienen que estar sí o sí en la base de toda relación. Si tu cita no es un cigarrillo que explota, una flor que tira agua, un chicle picante no vale la pena seguir. Tampoco vivir para dibujarlo.

Diego Trerotola


MAIA DEBOWICZ

Chascos para la primera cita

Del viernes 18 de octubre al 15 de noviembre.


Curador: Diego Trerotola

Áurea. Patio del Liceo
Santa Fe 2729. Buenos Aires.


miércoles, 19 de junio de 2013

Amor de mujer mutante

No entiendo cómo fue, quién tomó la decisión, si fue un impulso personal o un regalo de mi madre o padre, pero junté figuritas de She-Hulk y Spider-Woman contra los super-villanos. Ese es, de hecho, el primer álbum del que tengo memoria, allá cuando recién empezaba la década del 80. En esa época como ahora, las figuritas tenían una tendencia sexista, había para nenas y otras para varones, Sarah Kay o Súper fútbol, Frutillitas o El auto fantástico. El tema es que, pensándolo ahora, este álbum de superheroínas era más bien ambiguo, calificaba para ambos géneros, tal vez haya sido una de las pocas colecciones unisex de esa década, sacando los álbumes educativos editados por las revistas infantiles. Creo que gracias a ese álbum tengo alma de mujer mutante. Como sea, el tema es que me enamoré de ese álbum y especialmente de She-Hulk. La abogada Jennifer Walters, que se transforma en la gigante verde por la donación de sangre de su primo Bruce Banner, tuvo el don de haber elegido ser dibujada por John Byrne y allí inició un diálogo con el historietista  (esto es literal en The Sensational She-Hulk) donde la aventura y el humor tienen la misma dimensión salvaje. Cuando me invitaron a dibujar para la muestra colectiva Una vida más de la Historieta Argentina, me acordé de ella y decidí incluirla junto a otros superhéroes, emulando un poco el fanatismo infantilista de Daniel Johnston por Capitán América para crear una súper-comunidad que comparta el sentido de la comedia demente, mezcla violenta e inmadura de realidad y ficción, que tiene She-Hulk. Si van a la muestra del Centro Cultural Recoleta entre el 20 y el 23, van a poder ver mi dibujo.

domingo, 9 de junio de 2013

Hey Ho, Let's Go

Ayer me puse el canguro de Ramones que compré en Vancouver y hoy también. Hacía rato que no lo usaba. Hoy, caminando por el Parque Centenario, veo en el celular que alguien me posteó en el muro de Facebook la noticia de que había muerto Arturo Vega, el director de arte de Ramones. Tenía estampado en mi pecho, en ese momento, la máxima creación de Vega: el logo de Ramones. Fue una sensación rarísima, mezcla de tristeza y homenaje casual. Soy casi un estudioso de ese logo y tengo el cuidado de usar el original siempre, con la primera formación de la banda, que es la que me gusta más (banco mucho al primer batero, Tommy). Y justo la semana pasada había traído de San Pablo la versión extendida de Leave Home, el segundo disco de Ramones, que tenía un booklet donde Vega firmaba una carta de amor y de despedida a Joey. Lloré cuando la leí la trasnoche del lunes pasado. Ahora la tristeza es doble.

"Me gusta trabajar. El trabajo es bueno. Claro, es fácil para mí decirlo, he trabajado para y con los Ramones durante 27 años, una banda con una gran ética de trabajo.
Era especialmente fácil trabajar con Joey. Su visión era siempre divertida y sin drama. Tal vez porque desde muy chico, la vida fue dura para él y tuvo que desarrollar un increíblemente afilado sentido de supervivencia, además de instintos que lo guiaran para volverse super-cool contra todo lo desfavorable. Para él, tratar de lucir bien no era algo narcisista, era pura superviviencia. También sabía que ser negativo era insalubre y no tenía tiempo para la agresión y la hostilidad. La música era su pasión, y todo en la vida lo guiaba a una canción. No me puedo imaginar las canciones que podría haber inspirado su lucha durante los últimos meses - una gran pérdida para todos nosotros.
Sí, Joey, dejaste mucha buena música detrás para hacer nuestras vidas más felices. Aprendí un montón de vos, y sé que vos no querrías que estemos tristes. Pero lo estamos. Estamos muy, muy tristes."
Arturo Vega, 25 de abril, 2001.

jueves, 24 de enero de 2013

Calvin & Hobbes' Not Dead

Mis veranos son calvinistas, debo reconocerlo. Especialmente en enero que, para escapar del incendiario asfalto carbónico, me dedico a recorrer las desventuras del infante y su tigre en el planeta Bill Watterson. No sé por qué será, pero me pega así, sin planearlo, como si fuese una estación predeterminada, siempre en la misma época acampo junto a las viñetas cuadriculadas por el pincel virtuoso. ¿Tendré un reloj biológico sintonizado con Calvin & Hobbes? Recientemente me llegó la edición completa de las historietas de C&H, cuatro tomos ordenados cronológicamente, aunque para leerlas no hay orden que valga y el tiempo que retratan es una muy específica detención de la duración: las agujas de Watterson se clavan donde la niñez todavía no está domesticada del todo y la experiencia gira alrededor de la exploración libertaria del mundo de la mala educación. Será por eso que me refugio en esas páginas atemporales durante enero: es el mes donde el tiempo más se siente en Buenos Aires (porque la ciudad se queda quieta y las horas pasan a fuego lento). Ahora estoy más objetivamente protegido, porque como la discografía completa de Ramones (quienes también lograron detener el tiempo a lo largo de su obra), esos cuatro libros son la garantía palpable de que se puede pulverizar el aburrimiento. Y porque son un arma segura de destrucción de todo lo pesado de este mundo, tengo los tomos bien escoltados, custodiados por Johnny Ramone de un lado y por Batman pirata del otro. No creo que nadie se atreva a meter mano ahí.

miércoles, 14 de noviembre de 2012

Signos de partir

Hace mes y medio, Lisa Kerner inauguró en Milión su muestra de dibujos llamada "A punto", sobre la que escribí una nota en el Soy. El pasado 1 de noviembre, para abrir el mes del Orgullo LGTBIQ, volvió y, otra vez, fue millones: ahora Lisa expone sus últimas creaciones y escribí el texto de abajo para la nueva muestra, bautizada "Implosión", que se puede visitar en Casa Brandon, ese lugar donde el arco iris flamea y se agita todo el año. 

“Implosión” de Lisa Kerner

Acción de romperse hacia dentro con estruendo las paredes de una cavidad cuya presión es inferior a la externa

¿Muchacha punk o muñecas rusas? ¿Ultrapop o dark? ¿Imaginario cartoon o realismo queer? ¿Tomboy o Riot Girl? El pulso de Lisa Kerner se pregunta por dónde alinearse mientras su trazo ondulante dibuja siempre un signo de interrogación hecho cuerpos y almas gemelas o mellizas. Dos o más, las Lisas que se despliegan multiplicadas son un juego de las siete diferencias amalgamado en un mismo rectángulo, como el reflejo y su distorsión sentados a la misma mesa para devorarse mutuamente. Hay algo de electricidad en el serpenteo, como si la implosión de esta muestra tuviese que ver con el mismo rayo que da vida a la Novia de Frankenstein que se activa para partir a la dibujante: partir en el sentido de quebrar o dividir, pero también de marchar o mudarse. Por eso, en esta serie de autorretratos, Lisa se fragmenta otra vez en distintas figuritas que forman un álbum incompleto, pero que igual tiene premio: la sabiduría de reconocer que somos una colección inacabada de identidades que una vez capturadas se comienzan a escabullir. Y siempre es ese horizonte en perspectiva, donde las ratas hacen equilibro y el arco iris nos cobija, que nos señalan los puntiagudos pelos amarillo solar de las Lisas.

domingo, 5 de agosto de 2012

Nadie es perfecto como ella

Mi película favorita con Marilyn Monroe es Marilyn Times Five (1973) de Bruce Conner, un material encontrado de un supuesto desnudo de la rubia, intervenido (o no, tal vez nunca lo sabremos) por el cineasta hasta convertirlo en un titilar de luces y sombras con un suspenso que desnuda el placer voyeurista y la estética del cine. Como es difícil ver esta película de Conner (solo pude acceder a ella a través de un vhs), lo más próximo que conozco es esta canción de Sonic Youth, que tiene la misma dimensión de glam experimental y crudo de Conner. Me parece que es el mejor homenaje a los 50 años de la diva difunta que se cumplen hoy.

"Sugar Kane Kowlczyk es el personaje de la artista que Marilyn Monroe interpreta en la comedia Una Eva y dos Adanes (Some Like it Hot, 1959) de Billy Wilder. La canción está inspirada por la noción de contacto emocional que sentimos por las celebridades en situaciones límite y nuestro deseo de 'salvarlas'. Fue el tercer single de Dirty (1992), grabado por Butch Vig (Nirvana, Mecht Mensch) en el Magic Shop de New York, un estudio grosso donde nuestra banda se instaló varias veces desde entonces. El video fue dirigido por Nick Egan y fue el debut en celuloide de una joven Chloë Sevigny como el personaje del título." Sonic Youth


Sugar Kane 
(Gordon, Moore, Ranaldo, Shelley)

You're perfect in the way, a perfect end today
You're burning out their lights, and burning in their eyes
I love you Sugar Kane, a-comin' from the rain
Oh kiss me like a frog, and turn me into flame
I love you all the time, I need you 8 to 9
And I can stay all night, your body shining

And I know
There's something down there sugar soul
Back to the cross a twisted lane
There something down there sugar kane

I'm back again in love, I'm back again a dove
Where'd you get your light, your smilin' sugar life
Another lovers day, another cracked up night
Every night I say, the light is coming

And I know
There's something down there sugar cone
Back to the cross a twisted lane
There's something down there sugar kane

Hey angel come and play, and fly me away
A stroll along the beach, until you're out of time
I love you sugar kane, a crack into the dream
I love you sugar kane

jueves, 21 de junio de 2012

Dibujoso

Hace casi cinco años, en este mismo blog, hice un post sobre una tapa de la revista Fierro, extraordinariamente dibujada por Alejandra Lunik. En aquel momento no la conocía más que como una firma. Este año se me ocurrió convocarla para integrar un jurado en el Bafici y la conocí personalmente: está a la altura de la belleza de sus dibujos. En su última viñeta para Lola, me regaló un dibujo de mí en un festival de cine (ahí arriba me tienen hipnotizado por el catálogo del festival). El estilo de gag cartoon de Lunik está en la tradición que más me gusta, con perfume retroactivo de grandes del género. Esta es mi segunda presencia en un cartoon del año, la anterior fue una mención en la tira osuna Horror, me desperté con un cazador de Rubén Gauna, reciente creador de una pequeña comedia musical dibujada, que vale la pena ver, leer y cantar. Aunque hay que reconocer que Sala fue el verdadero precursor en mi devenir cartoon.

jueves, 29 de diciembre de 2011

La luz sobre la mesa

En la sección Ser y Estar del suplemento Soy, salí disfrazado de Papa Noel en minifalda, en el rincón de la casa que más me identifica, con los objetos que hablan de mí. Acá reproduzco la nota publicada y agrego algunas notas al pie con detalles.

Mi lado (oscuro) de la cama y mi mesa de luz es mi rincón preferido porque ahí tuve y (cruzo los dedos) tendré orgasmos de cualquier tipo y factor. Pero también es un gimnasio de pesadillas y sueños, todos mezclados con lo que hojeo en noches y días entre sábanas que son como lienzos blancos que enchastro con mi forma barroca y pop de relacionarme con todo tipo de cultura y contracultura.
1. Retrato de Gizmo, el mogwai protagonista de la saga Gremlins, dirigida por Joe Dante. Gizmo es como Platero, pequeño, peludo y suave, pero también es la amenaza de expandirse en criaturas abominables, anarquistas, grotescas que brotan como pochoclo explosivo de su interior. Y encarna uno de los tipos de cine que me gusta habitar, la película pochoclera tóxica, descompuesta, que se viste de género para desviarnos, que parece pura ternura pero si te descuidás se convierte en Rambo y tiene la misma ferocidad arisca de un gato. Además, Gremlins es la gran película macabra de Navidad. (A)
2. Libros de mesa de luz. Me identifico plenamente con lo que dice Reinaldo Arenas en Antes que anochezca: cada vez que voy a dormir llevo la misma cantidad de libros que para un viaje largo. Por eso la acumulación babélica al costado de la cama es inevitable y tengo una mesa de luz elevada que siempre se desborda en el piso, porque es necesario alimentar mi cerebro para tener buenas pesadillas con más frecuencia, aunque la mayoría de las veces tengo el mismo sueño fetiche: una cama desenfrenada con Francis Ford Coppola, mi sex symbol absoluto. Ultimamente, me interesa más leer historieta que literatura en la previa al sueño o en las noches insomnes, es lo más parecido que encontré a tomar LSD antes de dormir. (B)
3. Muñecos de Bob Esponja y Patricio Estrella, la pareja queer que vive en Fondo de Bikini. Surrealismo submarino infantilista, que no me deja ejercer la nostalgia por los dibujos animados de mi niñez, no sólo porque lo conocí hace poco, sino porque todavía está vivo y mutando. Para mí la dupla es un show constante de drag queens, la mejor forma en que todxs vivimos nuestra infancia eterna. (C)
Foto y producción Sebastián Freire para participar de esta sección: seryestarensoy@gmail.com


(A)
Esto es recomendable leerlo mientras escuchan "Mi novio Gremlin" de esa genialidad en forma de banda llamada Carmen Sandiego. Y, de paso, también pueden ver al creador de Gizmo, Joe Dante, en su reciente visita a Mar del Plata.
(B) Listado de libros que salen en la foto:
Verticales contra la pared: Krazy Kat 1919 - 1921: "A Kind, Benevolent and Amiable Brick" (compilación de tres años de las páginas dominicales de la mejor historieta del siglo XX publicada en diarios); Weird Tales of The Ramones (treinta historietistas e ilustradores dibujan sobre los Ramones, incluyendo cómic en 3D, una compilación de canciones en tres discos y un documental sobre la mejor banda del siglo XX); Los pequeños macabros de Edward Gorey (versión castellana en formato original -yo tenía la inglesa en formato adaptado- del libro clave del artista en la sombra más influyente del siglo XX -a vos, Tim Burton, te estoy hablando-, que me regalaron para mi cumpleaños gente que quiero); John Waters de Todd Oldham (ensayo fotográfico sobre la casa de Waters, también un fanático de las navidades. Este libro-objeto es éxtasis total, y esta foto donde muestro mi casa es un homenaje a Waters visto por Oldham, que exhibe bibliotecas y libros dispersos por toda su casa. Tiene prólogo de la gran Cindy Sherman). Verticales en medio de las pilas horizontales: The Man Who Grew His Beard de Olivier Schrauwen (la primera edición estadounidense de un historietista belga increíble: mi libro favorito del año, por lejos); Taking Punk to the Masses. From Nowhere to Nevermind. A Visual History from the Permanent Collection of Experience Music Project de Jacob Murray (fotos de objeto e imágenes de la historia del punk, simpático, bien documentado); Hägar the Horrible. Dailies 1976 to 1977 de Dick Browne (tiras diarias de Olaf el vikingo, que además de una clase magistral de síntesis de trazo y humor, es un personaje que me calienta horrores). Verticales, enfrente de la pila horizontal al lado del 2: Comic Book Guy. The Comic Book #1 de Matt Groening y otros (en 2010, mi personaje favorito de Los Simpson tuvo una serie de cómics como protagonista. Empezaron parodiando tapas de historietas célebres, en este caso es el #1 de Los Cuatro Fantásticos). Horizontales, pila al lado del 2, de abajo hacia arriba: Krazy Kat & the Art of George Herriman de Craig Joe (tiene prólogo de Bill Watterson, con eso está claro el valor del libro); Destroy All Monsters Magazine (compilado de las publicaciones underground de esta banda protopunk de 1973 de Detroit, una suerte de Aleph del fanzine punk, mi segundo mejor libro del año); Four Color Fear. Forgotten Horror Comics of the 1950's de Greg Sadowski (compilado de historietas de terror cincuentosas, tiene algunos hallazgos de Jack Cole y no hay necesidad de ponerse retro para apreciar la genialidad viñeta a viñeta); Ghost World. Special Edition de Daniel Clowes (la historieta original solita es oro en polvo, con los extras que trae en esta edición es como viajar a la luna en moto); Take a Joke. Vol. 3 of the Collected Angry Youth Comix de Johnny Ryan (el historietista más bestial del mundo, que puede hacer el dibujo más terrible mientras narra mordiéndose la cola de cascabel para salir volando como un frisbee venenoso que se te clava hasta partirte en cuatro de risa incorrecta); What Were They Thinking?! de AA.VV. (un grupete de graciosos que le cambian los textos de los globos de historietas viejas de género: una idiotez simpática); Scrublands de Joe Daly (un historietista sudafricano que no sabemos bien con qué se droga, algunos dicen que fuma lo mismo que Crumb. Lo cierto es que si el resultado son esos comix, lo mejor es probarlo a ver si nos hace el mismo efecto); 100 veces Pappo de José Bellas y Fernando García (gran rejunte que da con el mapa fierrero con que -nos ponemos de pie- El Carpo dejó su marca en esta tierra de nadie. Viene con ensayo bombástico de Pablo Schanton); Big Baby de Charles Burns (pequeño juguete macabro, sin tanta vuelta como otros del autor, dibujado para volver a creer en ese niño perverso que fuimos y seremos); The House of Mystery (de reciente adquisición, espera que le pegue una leída atenta. Dibuja uno de mis sex symbols preferidos: Sergio Aragonés); Princesa ama a Princesa de Lisa Mandel (fábula romántica estilo cuento infantil con mil piruetas de imaginación sofisticada y estilo visual cercano a una versión europea de Roberta Gregory); All-American Hippie Comix (compilado de historietas lisérgicas y fumonas de Dope Comix con prólogo de Timothy Leary: flor de trip); Madman vol. 2 y 3 de Michael Allred (el volumen 1 lo saqué de la mesita de luz porque lo leí como tres veces y pensé que me iba a volver loco si seguía releyendo en loop. Me conmueve cada línea de Allred, todos sus bichos y giros narrativos, y los colores de su esposa Laura me hacen explotar las pupilas gustativas); A Waste of Time de Rick Worley (un conejo homoerótico espera que le pegue una leída, creo que será en estas mini-vacaciones); Bad World de Warren Ellis (no sé por qué me compré esta garcha, si alguien lo quiere se lo vendo o se lo cambio por algo; si ese alguien tiene sobrepeso de más de veinte kilos y más de cuarenta años, ese algo puede ser sexo); The Complete Wendel y From Headrack to Claude: Collected Gay Comix ambos de Howard Cruse (este tipo también tiene un par de historietas en Dope Comix y estos dos libros completan la historia gay de la segunda mitad del siglo XX con un perfecto punto de vista político a partir de situaciones de sitcom con un estilo cartoon explosivo); Batman Retroactive 1970s (al caballero de la noche le tengo apego, no me lo quiero sacar de mis pesadillas); The Sensational She-Hulk vol. 1 de John Byrne (a la grandota verde la quiero más que a ninguna super-heroína, me picaría con ella, con eso les digo todo, especialmente porque me hace reír como loca); The Essential Dykes to Watch Out For de Alison Bechdel (este no estaba en ese momento en la mesa de luz, pero lo puse porque estuvo durante más de un año, cuando decidí releerlo en inglés; la Bechdel tiene una inteligencia privilegiada para el dibujo, las tramas y los títulos de sus aventuras lésbicas comunitarias que atraviesan lo esencial del siglo XX queer). How to Speak Zombie de Steve Mockus y Travis Millard (audiolibro que enseña el lenguaje básico para sobrevivir en este mundo zombificado). Horizontales cerca de mi panza, de abajo para arriba: The Steampunk Bible de Jeff Vandermeer con S. J. Chambers (me interesan algunas pocas aristas del steampunk, pero este libro es una preciosura bien ilustrada); Palookaville y The Great Northern Brotherhood of Canadian Cartoonists, ambos de Seth (el historietista canadiense me vuelve loco, del primer libro leí la continuación de Clyde Fans, que es impecable; el segundo lo empecé varias veces pero sé que tengo que ponerme firme un día libre para leerlo de un tirón, aunque me da gusto volver a arrancar varias veces como forma de relectura); Please Kill Me de Legs McNeil y Gilliam McCain (guía oral y coral del punk estadounidense, para releer las anécdotas que fundaron toda una sensibilidad que me conmueve: hoja de ruta para desviarse); Epilectic de David B. (cómic autobiográfico, lo empecé un par de veces y me pone muy triste, voy a retomarlo con el estado de ánimo correcto, viene recomendado por Juan Manuel Domínguez, que es garantía de calidad); Paying for It de Chester Brown (otro genio canadiense, que la rompe y la vuelve a armar con su autobiografía en relación a la prostitución, como siempre su sencillez y su falta de discurso predigerido lo hacen salirse de cualquier tópico trillado y de la linealidad. No es su mejor libro, pero tiene toda la dimensión de su personalidad); Role Models de John Waters (ya he picoteado de sus páginas, encontré más complejidad de la que espero de un maestro perverso como él, eso me hizo frenar y esperar hasta poder dedicarle la lectura atentísima que merece: leer a Waters es como empezar de cero, como preparar una materia que no cursaste para rendirla libre).
(C) Además de Bob y Patricio, los otros muñecos que se ven en la foto son Plastic Man (sobre la pila de libros contra la pared), un marciano verde de Toy Story (a la derecha de la dupla subacuática) y un muñequito de torta de un jugador de fútbol con la remera de Gimnasia que venía en el disco de Mapa de bits (en la esquina de la mesa al lado del velador). También, al lado del jugador, hay dos miniseñales de tránsito, conos flúo, que pertenecen a un playmovil, regalo de Gastón Olmos.

domingo, 6 de noviembre de 2011

Con la panza llena


Este año el festejo de mis 37 años coincidió con la XX Marcha del Orgullo LGBTIQ, por eso tuve la mejor fiesta de cumpleaños, una que no podría haber soñado mejor. Y, además de las tareas que cumplo en hacer año tras año en la Marcha, esta vez tuve la oportunidad de leer el discurso de los Osos en Plaza de Mayo, junto al actor Pablo Bustillo del Club de Osos de Buenos Aires, que, dicho sea de paso, está haciendo una versión teatral muy recomendable de El Confín de Patricia Zangaro. Exaltado como me gusta, amplificando mi voz a pura pulsión sanguínea, grité sobre el escenario de la Marcha mi defensa de otras formas del deseo, del erotismo, de los cuerpos, bajo la consigna: ¡Nuestras panzas son políticas!
Como regalo panzón de cumpleaños ya hubiese quedado satisfecho con que mi historieta erótica favorita haya vuelto bajo mi signo. Pero había más. La generosidad inmensa de Guibu me regaló un encuentro memorable, dibujando todas mis fantasías carnales de lector, cuando me envió por Facebook la imagen de arriba con el texto de abajo:
"Feliz 37, Diego. No pude conseguir una cena íntima con Funes y Cornelio para vos como regalo, pero al menos te envío una imagen que espero que te guste. Felicitaciones también por lo de la marcha del Orgullo. Te mando un abrazo desde Tucumán. Guibu"

domingo, 30 de octubre de 2011

Funes, un gran amor


Bajo el signo de Escorpio, justo el día que nació Maradona, Guibu vuelve a clavar su aguijón afilado por el sacapuntas. Sí, como lo ven y lo leen, volvieron Funes, Cornelio y sus amigos en la segunda parte de la saga dibujada más estimulante en niveles osunos (aunque esa palabra nunca se haya pronunciado aún en la historieta), y principalmente deleitosa para quienes aman a los daddies de panzas ociosas. Con más sofisticación visual, algo de la técnica renovada, las nuevas aventuras prometen rumbos inéditos para el porno-erotismo folletinero. Dicen que las segundas partes nunca fueron buenas, pero la pornografía emocional lo desmiente: el segundo es mejor que el primero, porque ya no se hace solo por saciar la calentura, sino por el puro placer de hacerlo. Eso, a clickear en El ósculo hirsuto 2, y a gozar sin dietas.
Y hay algunas informaciones sobre la primera parte si aprietan este link.

lunes, 24 de octubre de 2011

Stencilismo


El blog es un viaje de ida (a ningún lugar, porque el hipervínculo es prácticamente eso). Y ya voy por el segundo: mi vicio número dos se llama Stencilismo, y está dedicado a fotos de stencils que encuentro por la calle. Puede que exporte de acá, de allá o más allá, algunos de mis propios stencils posteados aquí. Lo cierto es que, a diferencia de este blog que están leyendo, aquel no tendrá más palabras que las fechas de cada entrada y los links del costado, que ahora son solamente dos: quiero que dominen las imágenes sin epígrafes, sin anclajes, ni nada que las explique (sin aclaración de procedencia ni de autoría ni nada de eso), tal como es la experiencia de cruzarse con un stencil en la calle (aunque los comentarios están autorizados, claro, porque están fuera del campo visual donde está la imagen). Eso. Veremos como evoluciona, involuciona o simplemente se desarrolla, si es que alguna de esas tres cosas le pasan a un blog que recién existe desde ayer. Es decir, todo lo que planteo acá puede ser modificado, destruido o acatado en su totalidad o en parte. No doy garantías de nada (en eso de vivir sin firmezas, sin promesas, internet es una cómplice perfecta). Es más, ni siquiera puedo asegurar que llegue a la tercera entrada.

miércoles, 19 de octubre de 2011

El deseo hirsuto


Viajé a la provincia de Tucumán por primera vez. Fui jurado del Festival Tucumán-Cine, que termina hoy. Además de ver la media docena de películas que me faltaba para completar todas las que tenía que evaluar, tuve tiempo para probar el milagro de las empanadas de mondongo (fue mi amiga Marina Y. la que me había recomendado ese manjar secreto). Y también conocí a mi historietista tucumano de culto, Guibu, con el que paseamos por la capital tucumana. Como él insistió en regalarme originales de sus dibujos, yo, para devolverle el favor, le improvisé en mi habitación del Hotel del Sol una viñeta autobiográfica a lápiz, sobre mis fantasías con los protagonistas de su saga peluda El ósculo hirsuto. Guibu escaneó mi humilde regalo y acá lo (y me) tienen, en pelotas. Soy todo suyo.

Para ampliar pueden ir a la nota sobre El ósculo hirsuto o a la entrevista a Guibu.

lunes, 5 de septiembre de 2011

Doodle Do Right


Ahora dicen que el doodle del cumpleaños de Freddie Mercury es el mejor de la historia. Es bueno, hay que admitirlo, y más gay no podía ser, es como un videoclip ridículo en plan jpg que la Reina Mercurial habría festejado mucho. Pero creo que para mí el mejor doodle por ahora es el del homenaje al Pacman (si deciden hacer click en el link que puse recién les advierto que el tema de la adicción que provoca la versión sintética del Pacman de Google los hará padecer una ludopatía bastante complicada de curar). Bueno, y ya que estamos, les dejo el link a la nota que escribí este año por los cuarenta años de la creación de Queen. Ahora que internet reina, gritemos al unísono: Google Save the Queen.

lunes, 10 de enero de 2011

Araña la tumba


Me di cuenta de que nunca había leído un cómic de El Hombre Araña, y eso era muy raro. Especialmente, porque el personaje siempre me atrajo, desde que lo veía volar en uno de los dibujos animados que más disfrutaba en mi infancia hasta que escuché la versión de Ramones de la cortina de ese mismo dibujo o la alusión al arácnido en una de las mejores canciones de Los Planetas. Incluso, me gusta bastante la (por ahora) trilogía de Sam Raimi y su adaptación cinematográfica de las aventuras de Peter Parker y su versión enmascarada (el pico de la saga es la segunda parte y la siempre increíble performance cartoon de J.K. Simmons). Entonces, en los papeles, traté de empezar por una historieta que me gustase: elegí una buena tapa y un gran título, Night of the Living Ned!, juego de palabras que alude a la película de George A. Romero de 1968, veinte años antes del cómic en cuestión (últimamente tengo una obsesión creciente por el mundo zombie y aledaños). El juego con esa película seminal sobre muertos vivos continúa dentro de la historieta, pero además de la narración claustrofóbica del primer Romero, dibujos y textos se dan varias vueltas por otros territorios, tantas como es posible en unas pocas páginas autoconclusivas, aunque el cómic pertenece a un crossover. La cuestión es que del terror zombie pasa a la ciencia ficción, de la narración psicológica alucinatoria al género de superhéroes, de la supremacía por el poder masculino a la emancipación feminista. Todo en el microcosmos de un departamento de pocos pisos, con una New York colapsada, postapocalíptica, y dos personajes perdidos en una acción mutante que no tiene más lógica que la confusión de los sentidos. Cuando termina, el que parecía ser el Hombre Araña, que hacía las veces de héroe devenido villano, finalmente no es el arácnido de traje casi azulgrana. Porque al final de la historieta uno se da cuenta de que hay mensaje: que se defiende una realidad que no necesita de superhéroes; por lo tanto, el Spectacular Spider-Man que promete la tapa no existe nunca entre las páginas, era sólo producto de una suerte de accidente monstruoso. Terminé de leer el cómic un poco mareado, pero satisfecho de ese molino de papel que me descolocó con la misma sutileza que lxs historietistas que más me gustan. Pero como el héroe no aparece, al final me sorprendí volviendo al punto cero de mi aventura, como en un loop: cuando cerré la revista me di cuenta de que nunca había leído un cómic de El Hombre Araña, y eso era muy raro.

viernes, 30 de julio de 2010

Punto Game


Salté una mata de pasto que interrumpía mi camino y me agaché justo cuando un murciélago amenazaba con voltearme. Subí las escaleras a tiempo para saltar un barril que rodaba hacia mí. Disparé hasta que las serpientes quedaron petrificadas y me permitieron rescatar el tesoro. Un pato salió del camino prefijado y tuve que pegarle un tiro. Salté el fuego para poder obtener la llave. Esquivé al gato que me perseguía para poder seguir comiendo mi queso; cavé el túnel que me permitió disfrutar de las cerezas. Esto podría ser el núcleo de mi biografía en 8 bits, la época en que era un aventurero de joystick. Digo que podría ser mi biografía, pero miento, porque podría ser la de cualquiera que, como yo, hubiese gozado del paquete turístico ColecoVision que lo llevó por Smurf: Rescue at Gargamel's Castle, Donkey Kong, Venture, Carnival, Montezuma's Revenge, Mouse Trap, Mr. Do! Si no entienden de qué hablo es porque no vivieron los '80 a pleno, o no los vivieron desde el principio, y ponerme a explicar una década sería eterno e improcedente (y, además, para explicaciones están los links). Sólo agrego algunas cuestiones biográficas: los recursos familiares no me hubiesen permitido nunca tener una consola de videogames en mi casa, y el azar quiso que herede el ColecoVision de unos primos que se fueron a vivir a España (la llegada del "Coleco" a mi casa fue como si un plato volador hubiese traído a ET a mi living de Barracas al sur). Como estaba algo atrasado en relación a la tecnología (el ColecoVision ya había fracasado, el Atari se impuso y ya era desbancado por la Commodore) me daba vergüenza confesar que todavía jugaba a cosas tan rudimentarias como "el Pitufo" o el Venture. Sin embargo, esos videojuegos los disfrutaba en la intimidad como un chancho (como el chancho que siempre fui), dedicando horas a repetir trucos para pasar de nivel, acumular records personales absurdos, siempre esperando el milagro de conocer el final del juego, esperando que sea un climax visual prodigioso, ese non plus ultra para el shock que mi imaginación había alucinado tantas veces. No pasaba casi nada, pero la excitación porque se quiebre ese tiempo de tics, de reflejos condicionados, de mero mohín tecno, en que se había convertido mi vida adherida al joystick, siempre era una esperanza para seguir pasando pantallas.
Después (qué importará el después) mi vida adolescente me fue llevando por el camino del flipper y al videogame lo dejé de lado, para siempre. Apenas tuve una recaída con el Tetris (con otra consola que no sé bien cómo terminó en mi casa), pero fue un período muy corto, yo ya estaba en otra. Pero no me pregunten por otras formas, cualquiera de ellas, del videogame hasta la era digital porque desconozco: nunca, nunca jugué a ningún otro, apenas algún solitario del Windows (y la Playstation es un país tan extraño para mí como Corea del Norte). Mi sensibilidad gamer es, lo admito a pesar mío, puramente retro (pero sin nostalgia alguna), quedó formateada en los 8 bits. Por eso me interpeló inmediatamente La princesa está en otro castillo!, la convocatoria del Centro Cultural Vendrás alguna vez, y realicé un dibujo para formar parte del ciclo. Lo aceptaron, así que este fin de semana me verán por allí, contento por primera vez de mostrar en público lo asquerosamente fanático que fui (que soy) de la aventura del basural pop del videogame.