viernes, 29 de julio de 2011

Greco puto


Varios testimonios coinciden en que Alberto Greco llegó tarde a la cita con Marcel Duchamp en Nueva York, durante la primavera de 1965. Pero aunque haya sido una performance a destiempo, igual el argentino logró mesmerizar al francés, incluso llegó a ser su amigo. Según el pintor chileno Andrés Monreal, testigo del encuentro, Greco llevaba una “toga de algodón” en el momento de enfrentarse por primera vez con Duchamp y eso le daba un aspecto de “buda tibetano”. Lástima que no existan todavía otros relatos del encuentro, porque es probable que ese particular vestuario haya tenido un sentido distinto para Greco. ¿Acaso esa toga no podría haber sido percibida como un vestido, como un acto de transformismo en homenaje al Duchamp que, desde la década del ’20, se sacaba fotos travestido para construir su alter ego femenino Rose Sélavy? ¿O tal vez Greco, con su barba viril y la toga mujeril, haya querido ser un tableau vivant, versión arte vivo de La Gioconda con bigotes a lo drag king que le había pintado Duchamp?

La nota publicada en el suplemento Soy sobre mi amado Greco sigue acá. Y si quieren ir a ver la muestra de Proa, la información está acá. Mi stencil para Greco se puede ver acá.

sábado, 23 de julio de 2011

Muñeca rota


Me enorgullezco de haber escrito en Homoxidal 500, un fanzine homocore editado con el talento y cariño infinito de Rafa. Mi afinidad con el punk, mi ramonismo militante, me hizo acercarme a esa movida local que la sostenían pocas personas, pero todas con una valentía digna de heroínas y héroes. Hace diez años, en una de las primeras fiestas homocore, Rafa me regaló Perversos, Desviados, Invertidos, un ep de 7'' en vinilo blanco con canciones de The Haggard, She Devils, Islam y Limp Wrist, uno de los objetos más preciados que tengo. Ahí se escucha la canción "I Love Hardcore Boys, I Love Boys Hardcore", que hicieron de bis los Limp Wrist ayer, cuando tocaron por primera vez en Argentina, y los vi junto a Rafa, adelante, en el calor del pogo, mientras una decena de adolescentes se tiraba del escenario en nuestras narices. Sobre Limp Wrist escribí una nota en el Soy de esta semana, y todavía pueden ir a verlos mañana, que se presentan por última vez en su breve pero furiosa gira del sur. Ver en vivo a Martín Sorrendeguy, cantante de Limp Wrist y ex Los crudos, es una experiencia indeleble, no hay energía más desenfrenada en escena (parece que el hardcore le va muy bien a los uruguayos, recordando a Marquitos de Motosierra, otra fuerza fulminante en los escenarios que pisaba fuerte).

lunes, 18 de julio de 2011

Telenovela


Todo empezó en Mar del Plata, un verano que disfrutamos con Norberto como chanchitos con casa de piedra, porque ningún soplido de lobo (marino) nos sacaba de nuestra calma vacacional. Para gozar más del tiempo libre, pensé en regalarle a Norberto una novela de César Aira, La villa, que supuse le iba a gustar. Aunque no tiene el hábito de la lectura, Norberto se agarró un entusiasmo considerable después de terminar La villa, y comenzó una relación casi obsesiva con los libros de Aira, llegando a leer a una velocidad que, un poco gracias a su nueva situación de jubilado, me sacó una ventaja de varios cuerpos. Igual, leer a Aira es como entrar un poco en la paradoja de Zenón, algo así como una carrera en la que nunca parece avanzarse, porque siempre hay un punto, un libro intermedio, antes de llegar a una meta, aunque sea provisoria. Esto viene a cuento porque me encargaron, en el contexto de un dossier sobre la representación del paisaje argentino, un artículo sobre Embalse de Aira. Confieso que iba a comenzar comparando a la recurrente presencia de Flores como territorio literario con esos otros lugares, extraños, imaginarios, impensados, falsos, incluso exóticos, donde también se ubican algunas de sus narraciones (incluso considerando que también existe la convivencia de muchos de esos espacios, incluido Flores, en algunas de las novelas). Descarté esa idea porque me parecía demasiado ambiciosa, casi inalcanzable, y algo forzada, especialmente para la poca cantidad de caracteres que me adjudicaron. Así que me concentré en la contaminación que el discurso televisivo imprime en el paisaje (literario y representado) de ese libro de Aira. Cuando hice la primera versión de la nota, llamé a Norberto, porque ahora él es el especialista en Aira de la casa. Esta fue la versión que aprobó y que se publicó en la revista Ñ el sábado pasado:

A mitad de Embalse (1987), César Aira, autoparodiado como personaje secundario de su propia novela, invita a la familia protagónica a pasar el día en su yate, navegando el lago que domina el enclave serrano del título. Durante la travesía náutica suena la banda de sonido del dibujo animado Transformers, que la tv local emitía en los 80.“Todo el lago se ha transformado en un enorme transmisor del audio de la televisión”, le aclaran a la desconcertada familia que no entendía la procedencia del sonido en medio del natural paisaje cordobés. Aunque se proponía dos meses sin TV, sin noticias, abstraído en un limbo vacacional, el pater familias protagonista descubre que el lenguaje catódico se volcó al mundo: “es como si la televisión, ausente, en su misma ausencia, se hubiera hecho realidad”. Así Aira es guía de una excursión a un material de su lenguaje: la voz televisiva –liberada de la dictadura para florecer, en colores, en la primavera democrática–, es la pantalla que ilumina parte de la modernización del paisaje que monta esa novela. La coyuntura –el alfonsinismo, el juicio a la Junta Militar, México 86, la cultura democrática en suma–, es como un diario mojado en ese lago de ondas televisivas, que se destiñe, chorreando tinta, como si estuviese llorando un payaso y sus lágrimas le corrieran el maquillaje, sin saber si su llanto es de risa o de dolor. Y en las sintonías mediáticas donde se cuelga Aira, ni el paraíso vegetal y lacustre de Río Tercero escapa de la rara señal atrofiada por antenas ochentosas de aluminio y alambre: la Naturaleza literaria imita al zapping. “Quizá la dificultad de hacer una topografía de los lugares montañosos estaba en que de cada lado cambiaba la perspectiva, y el paisaje total no podía unificarse. Era como hojear un cuaderno con dibujos, y que eso fuera el paisaje total, no un desplegable”, dice el protagonista, reflexionando sobre su desorientación en la montaña. Ese cuaderno, ese telepaisaje, es Embalse, que salió de la unificación y de la perspectiva que se despliega lineal, para superponer, a ritmo de edición y zapping, hojas como pantallas con interferencias de canales narrativos y visuales entre literatura y TV. Y el pulso de escritura de Aira encendió, con esta novela, ese gran paisaje a control remoto que es su obra.

viernes, 8 de julio de 2011

La coreo de las locas


Gracias al ciclo programado por Raúl Manrupe en el Rojas conocí la película española Diferente, y a través de ella a Alfredo Alaria, coréografo y bailarín argentino del que había visto algunas de sus coreografías en películas locales de los 40 y 50, pero sin nunca haber llegado a identificarlo como el autor de esos cuadros excéntricos. Sobre él, y sobre otras cosas bailables, escribí en una nota del suplemento Soy. Abajo, un fragmento; y el resto, pueden pasar por acá.

Tras una decena de películas en las que participó diseñando estrafalarias secuencias de baile en Argentina, Alaria, que se convirtió en estrella teatral llegando a brillar entre los neones de Las Vegas y en el Lido de París, tuvo su venganza cinematográfica en el exilio español con Diferente (1961), una película protagonizada y escrita por él, donde interpreta a un joven que sueña con ser coreógrafo. La crítica española se pregunta cómo es que Diferente pasó la censura de la época, siendo el único caso de representación de la homosexualidad en el cine franquista comercial. Es posible que parte de la explicación sea que, a fines de los 50 y principios de los 60, hubo una apertura en la cultura española como estrategia de Franco para que su dictadura no quedase tan aislada de los cambios sociales del resto de Europa. Así, por ejemplo, se permitió que el proscrito Luis Buñuel volviese a filmar en España con Viridiana (1960), con su correspondiente orgía travesti-lumpen, que luego sería prohibida, mutilada a causa de sus varias herejías. Pero Diferente sobrevivió sana y salva para convertirse en un hito histórico: sacó al coreógrafo y bailarín homosexual de su lugar lateral, mínimo, para darle el protagonismo absoluto de su propia trama, regisseur de su deseo íntimo.

domingo, 19 de junio de 2011

Tacones cercanos



Dento del ciclo de Cine y diversidad sexual que programé este mes en el Malba (Av. Figueroa Alcorta 3415), hoy, a las 21:30, se exhibe la película Outrageous! (1977) de Richard Benner, que no se estrenó comercialmente en Argentina en su momento, pero que es un clásico de culto por las performances antológicas del transformista Craig Russell, uno de los máximos female impersonators, que descolla en las pieles de Bette Davis, Barbra Streisand, Judy Garland y Mae West, entre otras. Cuando Outrageous! se proyectó en el Malba el verano pasado, escribí una nota en el suplemento Soy. Abajo posteo la primera parte.

Hay un tipo específico de drag queen, cada vez más infrecuente o cada vez más nostálgica, que arrebata su potencia mujeril a las divas de la pantalla grande, tratando de apropiarse del glamour que Hollywood lustró con esmero desmedido. A esas drag queens Andy Warhol las llamaba “archivos ambulantes de la feminidad ideal de las estrellas de cine”, y se las distingue porque son como posters de películas en tres dimensiones, imágenes vivas de las estampas del divismo clásico, de Marlene Dietrich a Liza Minnelli. La superestrella warholiana Holly Woodlawn, por ejemplo, es una de esas drags que tomaron como iconos a Lana Turner y Hedy Lamarr para terminar convertida ella misma en otro icono, por su devastadora capacidad performática. “Me llevó veinte años superar el hecho de ser bautizada ‘drag queen’. Ahora es un honor, pero tuvimos que luchar por ese honor”, confesó Woodlawn, a quien ese rótulo, antes de ser aceptado como título nobiliario de la mariconería, le pesaba casi como un insulto, como una manera irónicamente despectiva de referirse a su libertad para construir un género casi fantástico, basado en clonar maneras cinematográficamente ficcionales para volverlas reales. “Ponete un par de tacos altos; intentalo. Te vuela la cabeza hasta cualquier parte”, proponía Woodlawn, dejando claro que ser drag queen es una cuestión que va de los pies a la cabeza, y que “caminar por el lado salvaje” es un viaje íntegro, físico y mental, que nos eleva, al menos, algunos centímetros del piso. Para cuando Lou Reed le dedicó a Woodlawn su canción “Walk on the Wild Side” del disco Transformer, en Canadá, Craig Russell ya había decidido subirse a los mismos tacos que te hacen volar más allá del arco iris. Y a él también le gustaba Lana Turner.
La nota completa está por acá.

miércoles, 15 de junio de 2011

Peinado alto modernismo


"En 1951, Jorge Luis Borges dijo que 'cada escritor crea sus propios precursores'. Lo mismo puede aplicarse a los hacedores de imágenes. Tras La novia de Frankenstein, tras la aparición de la eléctrica Elsa Lanchester con su cabellera torrencial y escandalosa, que se entrega (o no quiere entregarse) al heredero de Adán, la Novia pertenece a un grupo de novias -del cine, de la pintura, de la fotografía y del arte de la instalación- que, sorprendidas en su propia luz, vuelven a reflejar algunas de sus aterradoras facetas." Así empieza el capítulo noveno del ensayo que Alberto Manguel escribió sobre La novia de Frankenstein (1935) de James Whale. Hace cinco años publiqué un texto de ese libro de Manguel en la revista El Amante, hoy lo reescribiría, pero copio abajo un fragmento tal cual fue publicado originalmente. A qué viene esta evocación de Lanchester y sus pelos, que mañana, en el ciclo de cine de Diversidad sexual del Malba se pasa la película de Whale.

La novia de Frankenstein
de Alberto Manguel
Editorial Gedisa, Barcelona, 2005.

A pesar de que su desarraigo inquieto lo hace ser un viajero incansable por libros y países de índole diversa, incluso imaginarios, Manguel es argentino y tuvo su educación sentimental al ser uno de los elegidos para leerle al Borges infortunado por la ceguera. Esta situación parece más bien fundacional de la sensibilidad de Manguel, a tal punto que le dedica varias páginas en su erudita Historia de la lectura y un libro pequeño llamado Con Borges. Aunque parezca difícil, los rastros borgeanos también existen en este libro sobre La novia de Frankenstein: hay citas a G. K. Cherteston, Goethe, Milton y Thomas de Quincey, algunos de los escritores más frecuentados y discutidos por Borges. Pero esta relación entre los escritores no se queda en el hecho de compartir un campo de referencias común, va más allá gracias a una destreza solapada de Manguel. En una estrategia borgeana en extremo, Manguel se convierte en el Pierre Menard del libro Nueve ensayos dantescos de 1982. Aunque no hay citas directas, Alberto Manguel reescribe la estructura de ese libro de Borges y su espíritu general (de hecho el libro de Manguel se divide “caprichosamente” en nueve capítulos y utiliza mucho de la lógica de la lectura borgeana sobre la obra de Dante). Y esto no parece ser nada inconsciente: en una entrevista Manguel había confesado querer ser autor de aquel libro de ensayos de Borges.
En el último capítulo de La novia de Frankenstein está la única mención explícita a Borges del libro, en una cita al ensayo sobre Kafka de Otras inquisiciones. Curiosamente, esa cita, que hace alusión a que un escritor “crea sus propios precursores”, también podría ser extraída del libro dantesco: “Indagar sus precursores no es incurrir en una miserable tarea de carácter jurídico o policial; es indagar los movimientos, los tanteos, las aventuras, las vislumbres y premoniciones del espíritu humano.” Pero lo más notable, el juego indagatorio que establece Manguel es considerablemente eficaz, valiente y paradójico como el que Borges establece con Kafka y Dante. Manguel vincula la sensibilidad camp de Whale con el alto modernismo, perfilando como precursores de la estética de La novia de Frankenstein (a partir de esa imagen pregnante de Elsa Lanchester en eléctrico peinado punk bicolor) a obras de Fritz Lang, Max Ernst, Man Ray y Marcel Duchamp. Poner un producto popular de Hollywood al mismo nivel de densidad conceptual y estética que los autores de vanguardia mencionados es algo que muy pocos ensayistas pueden hacer con tanta coherencia, se puede enumerar como antecedentes al Parker Tyler de Hollywood Hallucination y al J. Hoberman de ayer, de hoy y de siempre.
Pero lo más notable de este libro de Manguel, escrito en 1997, es que se convirtió en un verdadero precursor del fenómeno Whale que comenzaría un año después. En 1998, James Curtis publicó la ampliación de la (definitiva) biografía James Whale: A New World of Gods and Monsters, cuya primera versión de 1982 fue ampliada en más de doscientas páginas (el texto original de 267 páginas está citado por Manguel). A esto se suma que Dioses y monstruos (1998), dirigida por Bill Condon, fue estrenada el mismo año de la publicación del libro de Curtis. Esta película de Condon, basada en los últimos días de Whale antes de su oscuro suicidio, hizo visible y más popular algunos de los planteos del libro de Manguel y Curtis, llevándolos sabiamente a otra dimensión. Otra vez se confirma la idea borgeana: uno de los pasatiempos preferidos del futuro es inventar su propio pasado. El libro de Manguel es, entonces, un acto premonitorio que confirma la vanguardia del pensamiento.

viernes, 10 de junio de 2011

Insert Coin


Elvira se da una vuelta por un local de videojuegos, yira un rato entre las máquinas, los neones, los espejos, los clientes absortos que descargan su energía en botones y joysticks, concentrados frente a las pantallas titilantes. Todavía hoy esa secuencia de En un año de trece lunas (1978), de R. W. Fassbinder, conserva algo mágico, como un breve paseo encantado de cuento de hadas, aunque está filmada con ánimo realista, como una inmersión en la cultura gamer, floreciente a fines de los ’70. Elvira es trans y sobre su cuerpo parece reflejarse todo la potencia luminosa, tornasolada, que despide cada videojuego; tal vez sea Fassbinder el primero en pensar la tecnología de esas máquinas de video, de esos simuladores para jugarse el deseo de ser otro y otra, como posibilidad de proyección y construcción virtual de nuestros géneros. Es probable que esa secuencia flash sea la fecha secreta que inaugura una mutación pensada por el cine: el comienzo de una nueva tecnología audiovisual del cuerpo provocada por la expansiva cultura del videogame. Y si ése fue el inicio, la última y más desbordada expresión es Scott Pilgrim contra el mundo, una aventura cruzada, multipropósito, que se enchufa para cargar la batería de amor por el videogame, expandiendo todo lo posible eso de mutante que funda la adolescencia.

Un poco más sobre Scott Pilgrim en la nota de Soy que se abre acá.

sábado, 4 de junio de 2011

El deseo en el ojo propio



La fiesta ya empezó, pero a partir de mañana es salvaje: la maratón de cine y diversidad sexual en el Malba no sólo dura todo junio, sino también algunos días de julio, porque es mejor ir más allá del límite, de lo reglamentado, salirse de las casillas calendarias. Ni el tiempo es tirano, ni los años vienen solos, vienen acompañados de más libertades. Nos tomamos la licencia del descontrol, de mirar la historia del cine con ojos deseosos e ideas raras porque somos ídem. Revisar, agrupar, reformular, reprogramar: damos vueltas y vueltas, programados para que la homofilia permita el desencuadre como para abrir discusiones sobre pasado, presente y futuro de las representaciones del sentimiento de ser fantasmas cinematográficos diversos (y después hacer de eso una experiencia física u onírica o no). En fin, hacer lo que se nos canta, como en los musicales, que también hay para que tengan, bailen y repartan. Y aclaro: son más de cuarenta títulos (cortos incluidos) que pueden ver en detalle en la página del Malba, o bajarse el pdf con reseñas completas y separación en secciones (¿o sexiones?).

Abajo el texto introductorio que escribí para el programa, y en este link pueden leer las notas en el último suplemento Soy sobre algunas de las películas de este ciclo auspiciado por la Comunidad Homosexual Argentina. Pronto habrá más novedades.

El deseo cinematográfico todavía se sostiene a partir de una conexión íntima entre las películas y los ojos de espectadores que miran, desde las sombras de la sala, la luz de la pantalla para buscar distintas satisfacciones. Las imágenes mismas conjugan esa luz y esa sombra, como plano y contraplano enredados en cada encuadre, como reflejo del mundo en tránsito que titila múltiple alrededor. En el germen de la identidad del cine como espectáculo social y como estética, pareciera siempre estar acechando, latente, otra escena, un negativo que guarda otras caras dinámicas para revelar nuevas imágenes y sonidos. La posibilidad, entonces, de trazar una historia del cine y la diversidad sexual debería ir directo al corazón de las tinieblas del relato de esos deseos, de esas tensiones, de esa potencia de las identidades móviles entre las miradas y las películas. Eso sólo puede ser un recorrido que tenga cruces, zonas de tránsito, pero nunca paradas y menos puntos de llega; tendría que ser un “ciclo” de cine en un sentido pleno: que sea cíclico, que vuelva a empezar como rollos en loop que se van desgastando, dialogando, modificándose, renombrándose. Un viaje de bifurcaciones por centros y márgenes donde se vislumbre lo monstruoso y lo ordinario, lo cómico y lo solemne, lo camp y lo trágico, lo ridículo y lo correcto, lo mutante y lo estable de ser gay, lesbiana, travesti, transexual, trans, bisexual, intersex y/o indefinida e infinitamente queer. Este ciclo, entonces, buscó las puertas donde abrir las cerraduras más amplias para espiar nuestros deseos en acción. A veces se trata de reconocer el sentimiento diverso como idéntico, otras de verlo desde una perspectiva inédita, deforme, cambiada: no es sólo representar al mundo sexual sino también crearlo. Inventariar lo existente, inventar lo que no existe, aunque también cruzar esos dos carriles para precipitar universos intermedios, porque siempre hay rutas inexploradas para seguir planteando que la diferencia, como la diversidad, vibra y se fuga a veinticuatro cuadros por segundo. Y hay que tener los ojos deseantes para poder ver la estela de ese recorrido.

martes, 17 de mayo de 2011

Moonwalker


Miraba "El Club de Michael Jackson" por Canal 9, y quería bailar breakdance. Creo recordar que durante meses fue mi único objetivo. De lo que estoy seguro es de la ansiedad de cada lunes a la noche mientras esperaba que aparecieran los concursantes del programa que quebraban el cuerpo en esos videoclips en vivo, emulando algunos pasos del Rey del Pop. En esos días de los primeros ochenta, mil veces improvisé la caminata lunar: muchos recreos de mis años iniciales de la primaria, antes o después de cambiar figuritas de Titanes en el Ring, se concentraban en competencias improvisadas de breakdance. Unos años después, algún compañero se compró una videocassettera y me invitó a su casa a ver Los exploradores de Joe Dante, fue otro momento clave: descubrí la textura del cine casero, distinto al que trasmitía la TV, que era otra forma de pisar, rodar por un satélite, habitar la luna con la mirada sin usar telescopio. Todos esos recuerdos ochenteros, mezclados, los reviví en carne propia mientras filmaba, invitado como actor, el videoclip de "El rey del terror" de El mató a un policía motorizado, que ahora comenzó a rotar por la web. Y visto desde este presente, desde este punto de vista trasmitido por streaming digital, el mundo ese de los ochenta no parece tan extraño, tan lejano, sino que se presenta como una mera versión del presente, como un fragmento de youtube, que es un planeta que lo comprende todo, que no tiene satélites, porque el hipervínculo integra todo en una misma zona. Los b-boys que bailan en el video ni sabían qué era "El Club de Michael Jackson"; tenían derecho, habían nacido después de que el mundo soñara que alguien por fin nos había señalado, encendido el camino con su baile para poder pisar la luna por primera vez.

domingo, 24 de abril de 2011

El fin de la literatura


Entre las muchas aficiones y oficios que tuve, fui detective de libros usados de Fredric Brown. Aunque el hilo de Ariadna de mi memoria no me permite saber cómo ni cuándo ni por qué descubrí a ese escritor, recuerdo perfectamente mis días, meses, años afiebrados entre las secciones de librerías de usados para tratar de seguirle la pista a Brown (eran tiempos sin internet, sin orientación bibliográfica, sin ganas de enciclopedismo, sólo a la deriva de la aventura fetichista). Encontrar sus libros policiales y de ciencia ficción (o pertenecientes a ese género informe llamado libertad) en mesas y estantes de saldos precipitaba otras investigaciones en varios niveles, algunos inexplicables, experimentales, otros obvios como descubrir las huellas profundas que Lewis Carroll había dejado en las páginas de Brown (¿quién no cayó en esa madriguera del nonsense de la filiación entre autores?). Encontré todo tipo de señales, por ellas me perdí y todavía me pierdo. Hoy domingo, en la feria montevideana de Tristán Narvaja, sin querer, mientras trataba infructuosamente de encontrar y comprar algún álbum de figuritas de mi infancia, retomé mi vieja tarea detectivesca, cuando me topé con Ven y enloquece, compilación de cuentos ultracortos de Brown que no había leído nunca. Otra vez: la genialidad me pegó un chirlo que me dejó jadeante, perplejo con la alegría del aturdido mientras de entre las páginas salían chispas. Abajo les copio el texto final de ese libro, en idioma original, donde están marcados a fuego los juegos artificiales a los que Carroll -y demás secuaces de ecuaciones verbales malabaristas como Brown o Leo Masliah-, nos tiene muy mal acostumbrados. No confundir con un texto simplemente ingenioso, porque esto es un ejemplo de literatura a través del espejo, el subgénero que más me gusta.

The End
Professor Jones had been working on time theory for many years.
"And I have found the key equation," he told his daughter one day. "Time is a field. This machine I have made can manipulate, even reverse, that field."
Pushing a button as he spoke, he said, "This should make time run backward backward run time make should this," said he, spoke he as button a pushing.
"Field that, reverse even, manipulate can made have I machine this. Field is a time." Day one daughter his told he, equation key the found have I and.
Years many for theory time on working been had Jones Professor.
End The

sábado, 16 de abril de 2011

Nuestra navidad de reserva

Todavía están a tiempo, si corren, de ver en el Bafici la película navideña más trash del planeta, Fubar: Gods of Blunders, con un par de tipos impresentables (mix canadiense de las sagas Cheech & Chong y El mundo según Wayne), que estacionan sobre los vestigios de un road movie para hacerle cuernos a lo Dio a la comedia realista de montaje espástico. Hay falso Santa Claus oriental, slapsticks de alto impacto, LSD y el "rompan todo" molido en cine sinvergüenza. Cáncer de huevos, esterilidad y castración le cortan el mambo al machismo típico de las buddy movies y, de paso, le cantan la canción más grasa de Poison para llorar litros de lágrimas de cerveza barata. Cada rosa tiene su espina. Oh, yeah.

lunes, 11 de abril de 2011

Los Súper Amigos


Todavía están a tiempo para espiar todo el imprescindible foco de Super 8 en el Bafici. Acá mi texto presentando el foco en el diario Sin Aliento.

Ahora que la cultura digital mostró los dientes para devorarlo casi todo, masticando la historia del cine para regurgitarla en mil pedazos ya dispersos para siempre en pantallas hogareñas y portátiles; ahora, decía, que los ceros y unos del digital son números puestos para cineastas de cualquier tipo y factor, ahora mismo, todavía, hay quienes creen en otras cifras y siguen poniendo las fichas al 8 en la ruleta cinematográfica, para revolver juego y azar en el firmamento audiovisual. Y si hubo y habrá montones de héroes y heroínas en el cine, pocos fueron o serán Súper. Es que hoy, como entonces, el Super 8 es de quienes tienen poderes especiales, porque si este formato nació con fines caseros, llevarlo más allá, que despegue hacia otras esferas, es cuestión de gente que sabe volar alto hacia planetas donde no rige la pedestre lógica reglamentaria del mercado tecnológico. Y por eso no es casualidad espacial que ciertas cámaras portátiles de Super 8 hoy parezcan pistolas de rayos de un serial de Flash Gordon. Si ser un cineasta moderno fue principalmente una batalla contra la industria, y si el Super 8 nació para democratizar las miradas, para que cualquiera pudiera filmar, entonces tenía que provocar un batallón armado de cámaras para derrocar a jerarcas de los formatos que dictan lo que es profesional y artístico y lo que no. Y esta sección del Bafici está basada en una amistad eterna del Festival con desobedientes de siempre, que en este caso gatillan la cámara de Super 8 para que la independencia no sea una larga palabra gastada colgando en un outlet, sino una forma de cine libertario que conquiste no sólo planetas desconocidos, sino constelaciones y galaxias (por eso las performances de este foco van en el Cosmos). Ya lo sabíamos, porque cada intervención de Claudio Caldini, guía galáctica en este universo de poetas espaciales, siempre nos lo hace recordar: el Super 8 es un arma cargada de futuro.

Pueden completar la lectura sobre la sección por acá.

viernes, 8 de abril de 2011

Gloria charrúa y otras yerbas trans


Aviso: Aldo Garay tiene cuatro películas en el Bafici: todas recientes y sobre personas trans. Para ver las cuatro sólo necesitan dos funciones. Y todavía no se pasó ninguna; están a tiempo y quedan entradas. Acá un poco de información sobre las películas. Y acá pueden buscar los días y horarios de las proyecciones. No tengo más energía para escribir. Perdonen el texto telegramático, pero es que el Bafici consume toda la media pila que tengo.

jueves, 31 de marzo de 2011

Hijas de ruta y otras pornotopías


Otra tradición (o mal hábito) anual de este blog son las recomendaciones queer para Bafici. Esta vez van en forma de un texto (publicado como adelanto en el suplemento Soy), que escribí para uno de los libros que editará el festival este año, El cine y los géneros: conceptos mutantes. A partir de tres películas que programamos este año, mi idea fue hacer un mapa para perderse en el degenerado mondo del postporno (o posporno, como ustedes quieran llamarlo), convocando para que me ayuden a desorganizar la orgía a Laura Mulvey, Roberto Echavarren, Annie Sprinkle, Beatriz Preciado, María Llopis, Judy Minx, Wendy Delorme, DJ Metzgerei, Sadie Lune, Mad Kate, Madison Young, Emilie Jouvet, Georges Bataille, Virginie Despentes, Majo Pulido, Elena Pérez, Kurt Cobain, Bruce LaBruce, G. B. Jones, Gus Van Sant, Angelique Bosio, Robert Altman, Andy Warhol, Kenneth Anger, R. W. Fassbinder, Parker Tyler, Glenn Belverio, Judy Garland. Y sí, si es una orgía postporno, tiene que ser numerosa y un poco impensada. Si quieren ver el resultado textual pueden pasar por acá. Y si en cambio quieren ir directo a las tres películas a las que me refiero, pueden linkear en sus títulos que copio a continuación para averiguar horarios de funciones y demás detalles: Too Much Pussy!, L.A. Zombie y The Advocate for Fagdom.

martes, 29 de marzo de 2011

Ocho a la deriva


Un atado de recomendaciones Bafici, que se ampliarán en notas futuras. Por ahora se dejan de lado las películas de la competencia internacional, de focos & retros, y todas las argentinas, estén en la sección que estén.

SEPARADO!, de Gruff Rhys y Dylan Goch
Se sabe que las raíces galesas germinaron en varios lugares del sur argentino. Lo que no sabíamos, y nos venimos a enterar con este road movie documental, es que Gruff Rhys, el tipo delante y detrás de los Super Furry Animals, vino a buscar algún pariente por estas tierras, y que de paso filmó su camino alucinado entre el videoclip de cotillón (ese que vuela ruidoso cuando explota la piñata) y la búsqueda autobiográfica testimonial, siempre con esa misma zarpada libertad con que suena su banda. También, como parte de su extraña gira solista, se mandó una serie de recitales muy estimulantes, que perdérselos sería haber desperdiciado una alta posibilidad de encontrar la banda sonora para nuestra dosis de pequeña felicidad diaria.

THE TERRORISTS, de Thunska Pansittivorakul
Prueba de fuego baficera: un tipo inventa una película para redefinir el terrorismo, anclado en Tailandia pero con proyección global. Comunismo y porno, relatos folclóricos y documental, revisión histórica y registros urgentes: todo en un mismo torbellino indefinible bajo cualquier criterio, reunido por otro tailandés de nombre casi impronunciable que agita para intentar que la censura de su país no siga aniquilando la potencia del mundo y del cine. A ver quién se la banca.

MAMMUTH, de Benoît Delépine y Gustave Kervern
Depardieu motorizado en road movie tan original como Aaltra, el primer trip rutero de la dupla de desequilibrados Delepine & Kervern. Acá también hay fetichismo por las motos, absurdismo y rarezas de complicada nomenclatura, pero igual todo desemboca en un sentimentalismo genuino, directo, sinvergüenza. Hay, además, una pasión exhibicionista por la panza y la melena de Depardieu, invencibles y autobiográficas, y por su “nariz para oler trufas”, que sumadas a la energía extraña de Miss Ming y su arte volado, no permitirán que nadie salga careta del cine.

KATKA, de Helena Trestíková
La del título es una heroína heroinómana que vive en las calles de Praga, y a quien la cámara lúcida de Trestíková siguió durante los últimos quince años para dar un retrato documental que no solo no es simplista (como mucha pintura apurada de la vida marginal) sino que atraviesa estados de una intimidad extrema y desoladora, donde la contradicción y la incomodidad retratadas son una forma sabia de profundizar en los mecanismos sociales más que una mera provocación. Pocos casos como el de esta cineasta checa, una mirada omnipresente que nunca vigila, sino que es una vigilia por y desde los márgenes.

Un artista cartonero secundado con esa particular mirada realista del cine rumano que encuentra la ironía cotidiana en cada encuadre. Con su Art Brut de collages callejeros, el ciruja borracho protagonista es un Lazarezcu cualquiera que crea películas en cartones, con una tijera y con revistas viejas, para terminar descargando su estética trash pop sobre el mundo del arte, con una alta dosis de tensión necesaria como para incomodar mientras deslumbra. Polaroids de locura extraordinaria.

CURLING, de Denis Côté
En wikipedia dicen que el curling es un deporte de precisión, y algo muy parecido a eso se puede decir de esta nueva película de Côté, donde afila la puntería para arrimar una comedia afectada a un drama romántico, en su retrato de esos personajes desheredados de encanto convencional, algo glaciales, que derriten sus días entre las nieves eternas canadienses. Un cine narrativo sólido, sin dobleces ni trampas, que se potencia con esa sensación que se respira en las historias que logran una densidad climática gracias a saber administrar la emoción, el humor y la tristeza contenidas.

ABUELOS, de Carla Valencia Dávila
Ensayo autobiográfico en una frontera donde el diario familiar crea las historias de un par de abuelos que parecen reescribir el realismo mágico o la gesta revolucionaria, siempre con un pie en una realidad movediza que se bifurca hasta generar juegos de simetrías de ecos inabarcables, espejos frente a espejos. Además, el laberinto de la parentela de la directora sirve para explorar (pareciera que sin querer) las caras y contracaras que definieron parte de la historia estética y política de Latinoamérica durante el siglo XX. Cine en primera persona del singular y del plural.

Mockumentary y rockumental, dos género hermanos que se dan la mano otra vez, ahora para engañarse mutuamente en una biografía apócrifa de un pionero del rock’n’roll uruguayo que avanza a fuerza de pisotear todos los tópicos charrúas. Una farsa tan real que hasta existe un disco con las canciones creadas por el músico ficcional (y se escucharán en el Bafici gracias a que Leo Lagos y su banda The Supersónicos vienen en jet desde Montevideo). El texto del catálogo (acceden con un click en el título de la película) viene con un juego de sopa de letras incluido, donde están amalgamadas 11 películas uruguayas.