
"En 1951, Jorge Luis
Borges dijo que 'cada escritor crea sus propios precursores'. Lo mismo puede aplicarse a los hacedores de imágenes. Tras
La novia de Frankenstein, tras la aparición de la eléctrica
Elsa Lanchester con su cabellera torrencial y escandalosa, que se entrega (o no quiere entregarse) al heredero de Adán, la Novia pertenece a un grupo de novias -del cine, de la pintura, de la fotografía y del arte de la instalación- que, sorprendidas en su propia luz, vuelven a reflejar algunas de sus aterradoras facetas." Así empieza el capítulo noveno del ensayo que
Alberto Manguel escribió sobre
La novia de Frankenstein (1935) de James
Whale. Hace cinco años publiqué un texto de ese libro de
Manguel en la revista
El Amante, hoy lo reescribiría, pero copio abajo un fragmento tal cual fue publicado originalmente. A qué viene esta evocación de
Lanchester y sus pelos, que
mañana, en el ciclo de cine de Diversidad sexual del Malba se pasa la película de Whale.
La novia de Frankenstein
de
Alberto Manguel
Editorial
Gedisa, Barcelona, 2005.
A pesar de que su desarraigo inquieto lo hace ser un viajero incansable por libros y países de índole diversa, incluso imaginarios,
Manguel es argentino y tuvo su educación sentimental al ser uno de los elegidos para leerle al
Borges infortunado por la ceguera. Esta situación parece más bien fundacional de la
sensibilidad de
Manguel, a tal punto que le dedica varias páginas en su erudita
Historia de la lectura y un libro pequeño llamado
Con Borges. Aunque parezca difícil, los rastros
borgeanos también existen en este libro sobre
La novia de Frankenstein: hay citas a G. K.
Cherteston,
Goethe,
Milton y
Thomas de
Quincey, algunos de los escritores más
frecuentados y discutidos por
Borges. Pero esta relación entre los escritores no se queda en el hecho de compartir un campo de referencias común, va más allá gracias a una destreza solapada de
Manguel. En una estrategia
borgeana en extremo,
Manguel se convierte en el
Pierre Menard del libro
Nueve ensayos dantescos de 1982. Aunque no hay citas directas,
Alberto Manguel reescribe la estructura de ese libro de
Borges y su espíritu general (de hecho el libro de
Manguel se divide “caprichosamente” en nueve capítulos y utiliza mucho de la lógica de la lectura
borgeana sobre la obra de Dante). Y esto no parece ser nada inconsciente: en una entrevista
Manguel había confesado querer ser autor de aquel libro de ensayos de
Borges.
En el último capítulo de
La novia de Frankenstein está la única mención explícita a
Borges del libro, en una cita al ensayo sobre
Kafka de
Otras inquisiciones. Curiosamente, esa cita, que hace alusión a que un escritor “crea sus propios precursores”, también podría ser extraída del libro dantesco: “Indagar sus precursores no es incurrir en una miserable tarea de carácter jurídico o policial; es indagar los movimientos, los tanteos, las aventuras, las vislumbres y
premoniciones del espíritu humano.” Pero lo más notable, el juego indagatorio que establece
Manguel es
considerablemente eficaz, valiente y paradójico como el que
Borges establece con
Kafka y Dante.
Manguel vincula la
sensibilidad camp de
Whale con el alto modernismo, perfilando como precursores de la estética de
La novia de Frankenstein (a partir de esa imagen
pregnante de
Elsa Lanchester en eléctrico peinado
punk bicolor) a obras de
Fritz Lang,
Max Ernst,
Man Ray y
Marcel Duchamp. Poner un producto popular de
Hollywood al mismo nivel de densidad conceptual y estética que los autores de vanguardia mencionados es algo que muy pocos ensayistas pueden hacer con tanta coherencia, se puede enumerar como antecedentes al
Parker Tyler de
Hollywood Hallucination y al J.
Hoberman de ayer, de hoy y de siempre.
Pero lo más notable de este libro de
Manguel, escrito en 1997, es que se convirtió en un verdadero precursor del fenómeno
Whale que comenzaría un año después. En 1998, James
Curtis publicó la ampliación de la (definitiva) biografía
James Whale: A New World of Gods and Monsters, cuya primera versión de 1982 fue ampliada en más de doscientas páginas (el texto original de 267 páginas está citado por
Manguel). A esto se suma que
Dioses y monstruos (1998), dirigida por
Bill Condon, fue estrenada el mismo año de la publicación del libro de
Curtis. Esta película de
Condon, basada en los últimos días de
Whale antes de su oscuro suicidio, hizo visible y más popular algunos de los
planteos del libro de
Manguel y
Curtis, llevándolos sabiamente a otra dimensión. Otra vez se confirma la idea
borgeana: uno de los pasatiempos preferidos del futuro es inventar su propio pasado. El libro de
Manguel es, entonces, un acto premonitorio que confirma la vanguardia del pensamiento.