martes, 31 de julio de 2012
Reflejos en las hojas
sábado, 28 de julio de 2012
Próxima entrega
jueves, 26 de julio de 2012
El anfibiógrafo
martes, 24 de julio de 2012
Astronómico
Espiando a Dios
Algunos ensayos en los estudios MGM de Los Ángeles y tres shows de 1970 en el Hotel Internacional de Las Vegas realizados por Elvis Presley son la sustancia de este documental. Nada más y nada menos. Lo que podría ser el material pedestre para cualquier programa televisivo de rock es una experiencia fílmica que tiene la capacidad de impactar a cada instante. La razón principal es que el formato CinemaScope con su pantalla superancha funciona como una visión ideal que convierte al escenario del show en un amplio cielo que encandila. De esta manera la película toma algo del punto de vista del astrónomo, y su característico placer de mirar la magnificencia del firmamento nocturno y esa sensación de inmensidad que aplasta bien restituida por el CinemaScope. ¿Pero que otra cosa puede ser un documental sobre Elvis si no es una película galáctica? Sí, todo gira en torno al sistema solar Elvis, el Astro Rey. El director Denis Sanders no despega la cámara ni un momento de la elegancia movediza y luminosa de Elvis. (Me atrevo a afirmar que si el cine es el arte de registrar los movimientos de la luz, Elvis: that’s the way it is puede considerarse un documental sobre cine.) Elvis transpira, hace chistes malos, se ríe de si mismo, besa a decenas de fans y canta con la voz, el cuerpo y el alma unas veinte canciones perfectas. El ojo cósmico de Sanders logra exhibir cada detalle de los sutiles parpadeos de esa elegancia, ya sea al ritmo de "Love me Tender" o al de "In the Ghetto". En este sentido, el CinemaScope es también un acierto porque parece ser la única posibilidad de atrapar todo el lenguaje y la energía corporal de Elvis.
Confundido entre los espectadores del show se puede ver a un canoso Cary Grant, como si aceptara que su propia elegancia inagotable ya era un patrimonio heredado por el gran Elvis. En la acertada visión agigantada y resplandeciente del rey, Sanders parece proponer una certeza: Todo lo que brilla es Elvis.
miércoles, 18 de julio de 2012
3 tonos
Es probable que Motor Away de Guided By Voices sea una de las canciones ruteras más potentes que existen, dentro y fuera de la historia del rock, y que merezca al menos una película casera por persona, para registrar como mejor se escucha una canción fuera de un recital: yirando con destino borroso por autopistas con viento en contra y un stereo al taco para relampaguear el paisaje. Y si Robert Pollard y su Motor Away tenían un destino glorioso, Pablo Stoll se lo dio en Montevideo, donde el viento es ruido blanco con estirpe de huracán íntimo. 3 es la cuarta película de Stoll, pero también su segundo disco solista, porque sus dos últimas películas más que incluir canciones, hacen música, son una forma de covers, de reinterpretación de las canciones para disparar sus propias notas, al pie de cada sonido. Hiroshima (2009) era un musical mudo, género que tal vez Stoll haya creado, una de las obras más rupturistas del cine reciente que representaba mejor que nadie la actitud de escuchar música en la actualidad, aunque el protagonista usara un discman y Montevideo estuviese alucinado más desde la periferia que desde su modernidad. Aquella película se gestó, en parte, cuando Stoll fue con su hermano, el músico Juan Stoll, a un recital que El mató a un policía motorizado dio en Montevideo. Si se fijan bien, en la pared de la habitación de un personaje de 3, el albañil que también es músico como Juan, hay imágenes de las tapas de Navidad de reserva y Un millón de euros, dos discos ruteros de El mató a un polícia motorizado. Como Hiroshima, 3 también es una comedia musical excéntrica, algo extrañada y perpleja, como si la música, sea Motor Away o cualquier otro ruido, sirviera para hacer estallar ese mundo (de felicidad, de desconcierto o de tristeza) más que para amansarlo o estabilizarlo. La música no calma a las fieras, no es el látigo del domador; más bien, para Stoll cada canción es una bomba de tiempo, una forma de dinamitar lo rutinario que despeja la visión y el horizonte para abrir caminos inciertos.
jueves, 21 de junio de 2012
Dibujoso
sábado, 26 de mayo de 2012
Lenguaje común
viernes, 18 de mayo de 2012
Cinématon #2617
"En su máxima intimidad tecno, en su corazón científico, el cine se puede definir simple y literalmente como fotografía serial, una forma de disparar una y otra vez las canónicas 24 fotos fijas por segundo, para registrar y para proyectar su particularidad, su ser, y así persistir en la retina, como corresponde a su ilusión móvil. La historia del cine es un viaje de personas que establecieron tanto alianzas como boicots con y contra esa serialidad que cada película lleva en sus genes. ¿Ser o no serie?, esa es la cuestión. Y Gérard Courant, un cineasta hasta hoy invisible para nuestro país, fue al germen de esta cuestión a través de una obra prolífica durante casi cuatro décadas en la búsqueda de la continuidad y la ruptura dentro del métier serial." Así empecé la presentación, en el catálogo del último Bafici, de la primera retrospectiva latinoamericana de Gérard Courant, un cineasta francés en los márgenes del DIY, que tiene la serie más extensa de la historia del cine, llamada Le Cinématon, retratos en movimiento, exaltaciones del primer plano mudo, una vuelta a un primitivismo garantizado por las reglas con que filma cada rostro. La serie comenzó en octubre de 1977 y se suma a tantas otras series que Courant realiza a través de los años. Estos textos breves definen bien esta serie:
“Cinématon es una serie de retratos cinematográficos que exponen a una personalidad de las artes, la cultura, la política o del espectáculo en un único plano fijo y mudo, en el que cada cual es libre de hacer lo que quiera”. Gérard Courant
“Sería un error creer que Cinématon tiene que ver con el sadismo o el masoquismo. No existe una relación sádica o masoquista entre las personas filmadas y quien las filmó. Es mucho más una cuestión de placer-dolor. Placer por la experiencia de estar frente a la cámara. Sufrimiento por quedarse. Y para el cineasta, el placer de filmar.Se podría incluso decir que este sufrimiento y este placer son inseparables, que no son dos cualidades que se complementan, sino más bien una cualidad única. Por supuesto, todos los que participan se comprometen a aceptar las reglas de Cinématon. El simple hecho de prestarse a este juego implica, en principio la voluntad de estar encadenado a la cámara y, mientras la película se hace, un deseo de liberarse, de salir, de dejar todo atrás, de decir ‘Stop’”. Michel Foucault, 3 de diciembre de 1981Les cinématons ya incluyen a más de 2600 personalidades filmadas alrededor del mundo, donde se compilan retratos de Ulrike Ottinger (#104), Jean-Luc Godard (#106), Edgardo Cozarinsky (#164), Marie Rivière (#172), Philippe Garrel (#193), Maurice Pialat (#236), Sandrine Bonnaire (#238), Fernando Arrabal (#442), Samuel Fuller (#602), Marco Bellocchio (#794), Jonas Mekas (#1590), entre otros. Cuando visitó el Bafici el mes pasado, Courant me pidió si quería someterme al Cinématon, así que mi rostro pasó a formar parte de la serie. Ayer recibí un mail de Courant para avisarme la "bonne nouvelle" de que mi Cinématon está online en youtube. Lo comparto arriba para ver si adivinan la cita cinéfila encriptada que propongo.
miércoles, 16 de mayo de 2012
ArteBis
lunes, 14 de mayo de 2012
Revista Pelo
Flor de la V tiene el primer programa conducido por una travesti en la televisión de aire argentina, La Pelu, y cuando lo vi un par de mediodías quedé bastante sorprendido por su genio para la comedia tanto como porque el formato escapa del encasillamiento fácil, como tendría que ser un proyecto pensado por y para una persona trans. Es como si amalgamaran la sección Pasando revista de La Noticia Rebelde con una revista de la calle Corrientes: en una vuelta de hoja se construye una suerte de magazine ficcional, con algo de musical delirante o de telenovela camp, donde dos hermanas, perfecto dúo de Flor de la V y Gladys Florimonte, llevan adelante una peluquería glam. La cuestión es que, como me gustó el programa, escribí esta nota en el suplemento Soy del viernes pasado, que estuvo dedicado, como corresponde, a la flamante aprobación de la Ley de Identidad de Género. Flor de la V me agradeció "personalmente" hoy en su programa por la crítica, sobre el final del monólogo que pueden ver acá. Le costó pronunciar mi apellido, pero después me llamó, con mucho cariño, "maldito". Es una palabra que me calza perfecta, no puedo estar mejor bendecido. Gracias, Flor.
jueves, 3 de mayo de 2012
Se armó el bailongo
Creo que U2 en algunas de sus giras (me parece que en algo llamado Pop Tour, al que por suerte no tuve que asistir) usó los dibujos de Keith como arte de pantalla. El tipo se merecía una música mejor, como Blondie o Sonic Youth; pero bueno, ya lo dice el refrán, calavera no chilla.
miércoles, 18 de abril de 2012
Flaming Critics

martes, 10 de abril de 2012
Top Five Femme

lunes, 26 de marzo de 2012
Pizza piola

Fui varias veces a comer a El Palacio de la Pizza, en Corrientes entre Esmeralda y Maipú, y siempre el lujo estuvo a la altura de su nombre, aunque nunca antes, supongo que por distraído, había tenido el inmenso gusto de conocer a la pizza con matambre. Hace unos días, durante la cena, nos presentaron. Así que, ni bien supe de su existencia, me pedí una porcioncita pa'probar, y resultó que el diminutivo se borró y apareció una enormidad: sobre la tradicional porción de muzza (inspiradora) viene una suerte de matambre espiralado, desarticulado (incluso deconstruido, si me permiten la expresión), que adorna el triángulo como una guirnalda para celebrar la fiesta de la pizza como un lugar del vale todo. Fue un gran momento, sorpresivo y delicioso, que sumado a la porción de fugazzeta que también me pedí, resultó ser una dupla bastante imbatible, un doble de básquet que vale triple (post dedicado a Sol Santoro D'Stefano, que me hizo recordar aquel momentum)
miércoles, 21 de marzo de 2012
Pasión camionera

A Tom Neko, que sabe cantarle a la felicidad de robar camiones.
Cameo motorizado. Mi actor secundario preferido de Hitchcock es Murray Alper: ambos trabajaron juntos en tres películas y otros tantos capítulos para la serie de TV del maestro del suspense. En Saboteur (1942) el actor interpreta su mejor papel, un camionero que, sin saberlo, ayuda en su fuga al protagonista, el típico falso culpable de Hitch. Alper tiene apenas unos minutos de diálogo mientras maneja, y cada frase que pronuncia tiene el poder de la sutileza del Hollywood de esa década, como si fuesen palabras sacadas de un film noir perfecto, pongamos Traidora y mortal (Out of the Past, 1947). Locuaz y casi desbocado, ingenioso hasta la crueldad, ordinario como papel de cohete, con un cigarrillo apagado entre los labios mientras habla, el anónimo camionero se queja de su trabajo pero sigue haciéndolo porque “uno de mis vecinos le dijo a mi esposa que es elegante comer tres veces al día”. Acto seguido, el caminero agrega que su esposa gasta guita en sombreros y en el cine, lo que le resulta paradójico porque compra sombreros para meterse en la oscuridad del cine donde nadie se los ve. No lo recuerdo textualmente, igual no podría transcribir ni la velocidad ni la gracia con que lo dice Alper, pero el contenido es ese, y estoy seguro porque la vi un par de veces en cine, aunque no tengo la película en dvd ni pude bajarla, y leí el guión original mecanografiado en Internet que tiene otros diálogos (mi culto por Alper me hace pensar que morcilleó, o sea, metió diálogos de su propia cosecha en esa escena deslumbrante, aunque como una de las guionistas era Dorothy Parker, más lógico es que hayan sido agregados de su autoría). Alper es lo contrario al actor-ganado que Hitchcock prefería arrear, porque siempre parece un poco indomable, incluso caricatural (nunca caricaturesco), algo fuera de registro. Sea como sea, Murray Alper es mi pócima personal contra la solemnidad: a veces, cuando una película se pone ploma, pesada por sus pretensiones, alucino con un cameo del actor que irrumpe con su camión en cualquier escena, incluso en el living de una casa, en un barco o en el siglo XVIII, para arrollar todo vestigio artístico institucional, toda elegancia milimétricamente especulativa, todo prestigio de diseño (Thelma Ritter funciona de la misma manera en mi imaginación, como una hechicera que combate películas plomíferas). Cuando vi Drive pensé que Alper aparecía a todo trapo para llevarse puesto al silencioso doble (¿o triple?) chofer profesional, para aplastarlo con su actuación con acoplado, para trompearlo con su violencia parlanchina. Murray Alper vs. Ryan Gosling, un duelo motorizado digno de Carrera contra la muerte (Cannonball!, 1976); o mejor, Alper vs. Nicolas Winding Refn, el director danés que se compró un sombrero nuevo para estrenarlo al dirigir su primera película en Estados Unidos.
Primera parte de la nota en contra de Drive, publicada en el número 237 de la revista El Amante/Cine, ahora digital.







