domingo, 13 de noviembre de 2011

Desde Grecia, con locura


A partir de una nota sobre la película griega The Rebellion of Red Maria, publicada en el suplemento Soy, recibí un mail del productor Gregory Athanasiou, que estaba muy agradecido y me daba la noticia de que había traducido el texto al griego para publicarlo en el sitio oficial de la película. Abajo copio el principio, por acá pueden leerla completa.

Αναμφίβολα, ένα από τα βασικά σκηνικά της πρόσφατης οικονομικής κρίσης ήταν το χρονικό της προαναγγελθείσης πτώσης της Ελλάδας, εξαιτίας μιας κυβερνητικής πολιτικής παραποίησης στοιχείων του χρέους και της ανάγκης εξωτερικού δανεισμού που δεν θα μπορούσε να αποπληρωθεί, καθώς και άλλων απελπιστικών καταστάσεων, οι οποίες πυροδότησαν μια σειρά κοινωνικών συγκρούσεων για λίγη δικαιοσύνη από ένα κράτος υποκριτικό που για χρόνια τρεφόταν από κακές πρακτικές.

viernes, 11 de noviembre de 2011

Plácido sábado y domingo


Si están por el Festival de Cine de Mar del Plata, o si al menos están cerca y pueden darse una vuelta durante este fin de semana, podrán ver diez de las películas de Luis García Berlanga, justo cuando se cumple el primer aniversario de la muerte de este genio de la comedia anarquista española. El valenciano libertario que desafió al franquismo y adelantó mucho del desborde barroco de la movida española, tenía un fetiche que se había convertido en su marca autoral: la mención del Imperio Austro-Húngaro en cada una de sus películas. Nadie, ni siquiera él, explicó cuál era la razón de tan particular referencia. En la nota de hoy del suplemento Soy de Página/12, me atrevo a tirar una teoría al respecto, en el texto más revelador que alguna vez publiqué.

domingo, 6 de noviembre de 2011

Con la panza llena


Este año el festejo de mis 37 años coincidió con la XX Marcha del Orgullo LGBTIQ, por eso tuve la mejor fiesta de cumpleaños, una que no podría haber soñado mejor. Y, además de las tareas que cumplo en hacer año tras año en la Marcha, esta vez tuve la oportunidad de leer el discurso de los Osos en Plaza de Mayo, junto al actor Pablo Bustillo del Club de Osos de Buenos Aires, que, dicho sea de paso, está haciendo una versión teatral muy recomendable de El Confín de Patricia Zangaro. Exaltado como me gusta, amplificando mi voz a pura pulsión sanguínea, grité sobre el escenario de la Marcha mi defensa de otras formas del deseo, del erotismo, de los cuerpos, bajo la consigna: ¡Nuestras panzas son políticas!
Como regalo panzón de cumpleaños ya hubiese quedado satisfecho con que mi historieta erótica favorita haya vuelto bajo mi signo. Pero había más. La generosidad inmensa de Guibu me regaló un encuentro memorable, dibujando todas mis fantasías carnales de lector, cuando me envió por Facebook la imagen de arriba con el texto de abajo:
"Feliz 37, Diego. No pude conseguir una cena íntima con Funes y Cornelio para vos como regalo, pero al menos te envío una imagen que espero que te guste. Felicitaciones también por lo de la marcha del Orgullo. Te mando un abrazo desde Tucumán. Guibu"

martes, 1 de noviembre de 2011

Queer X


Creo que soy descaradamente (iba a escribir oficialmente, pero me arrepentí) queer desde 1996, cuando presenté una función de Poison (1991) de Todd Haynes en el C. C. Rojas, dentro de un ciclo de cine queer curado por otras personas que me invitaron a participar como anfitrión en una de las proyecciones. Es decir, el cine me hizo queer, a él le debo muchas cosas, incluso esta. Al poco tiempo comencé a ser activista queer tiempo completo, y me llegaban a citar dando declaraciones radicales e incorrectas como esta: "A diferencia del pedido de derechos civiles, lo queer se especializa en construir una suerte de activismo que ataca la dominante noción de lo natural. Lo queer rompe tabúes, es monstruoso y siniestro". Hoy, creo (y espero) seguir diciendo cosas peores.
Parte de mi activismo queer consistió, a lo largo de los años, en curar ciclos de cine como forma de salir del asfixiante universo de lo glbt como forma de asimilacionismo, de pose social para agradar a mayorías reaccionarias. Hace diez años, mi ciclo Audiovisual queer se propuso como objetivo prioritario romper con la regulación de representaciones de la diversidad sexual y así ofrecer las vetas más deformes del hacer y estar en el mundo hasta convertirlo en un lugar más dionisiaco. Siempre en pos de profanar un poco la concepción pudorosa y santa de la sexualidad tanto como las casillas fijas de los géneros, como para promover prácticas posibles e imposibles que quiebren las hegemonías heterosexistas. Hubo de todo en tres ediciones anuales y consecutivas, desde 2001 y 2002 en el Rojas hasta 2003 en Belleza y Felicidad: mucha revolución pasó bajo un puente que cruzó parajes inexplorados del universo queer. Hubo películas, y otros objetos audiovisuales desconocidos, de Albertina Carri, Lilian Morello, Sebastián Molina, Peter Pank, María Celleri, Sol Aramendi, Gisela Schuster, Santiago Giralt, Goyo Anchou, Gabriel Boschi, Robert Epstein, Jeffrey Friedman, Joe Mantello, Rosa von Praunheim, Ventura Pons, John Waters, R. W. Fassbinder, Violeta Uman, Goyo Anchou, Pablo Oliverio, Diego Lerman, Jean Genet.
Ahora, de golpe, volvimos para celebrar diez años de la primera muestra y veinte de la Marcha del Orgullo, que este año es LGTBIQ (o sea, se suma por primera vez la letra Q de queer, iupi). Empieza hoy en Casa Brandon y sigue mañana en el Rojas. En el flyer arriba tienen horarios y direcciones; acá abajo, detalles de la programación. Nos vemos, entonces, y si tenemos ganas, nos tocamos.

Miércoles 2, Casa Brandon
deseo de barba (Argentina, 2011, 7 min). Dirección: valeria flores.
El nombre de los seres (Argentina, 2011, 13 min). Dirección y Edición: Goyo Anchou.
Pink Narcissus (EE.UU., 1971, 71 min). Dirección: James Bidgood.

Jueves 3, C. C. Rojas
Nadie es Normal (Argentina, 2011, 12 min). Dirección, edición y producción general: Ileana Dell'Unti, Bruno Viera, Fernanda Ortega, Florencia D-Angelis.
Las travestis también lloran (Les travestis pleurent aussi, Francia, 2006, 55 min). Dirección: Sebastiano D´ayala Valva.

domingo, 30 de octubre de 2011

Funes, un gran amor


Bajo el signo de Escorpio, justo el día que nació Maradona, Guibu vuelve a clavar su aguijón afilado por el sacapuntas. Sí, como lo ven y lo leen, volvieron Funes, Cornelio y sus amigos en la segunda parte de la saga dibujada más estimulante en niveles osunos (aunque esa palabra nunca se haya pronunciado aún en la historieta), y principalmente deleitosa para quienes aman a los daddies de panzas ociosas. Con más sofisticación visual, algo de la técnica renovada, las nuevas aventuras prometen rumbos inéditos para el porno-erotismo folletinero. Dicen que las segundas partes nunca fueron buenas, pero la pornografía emocional lo desmiente: el segundo es mejor que el primero, porque ya no se hace solo por saciar la calentura, sino por el puro placer de hacerlo. Eso, a clickear en El ósculo hirsuto 2, y a gozar sin dietas.
Y hay algunas informaciones sobre la primera parte si aprietan este link.

viernes, 28 de octubre de 2011

Graffiti Bridge


Habría que aislar a la película Contagio, estrenada ayer, para que no contamine al cine actual con su infecciosa forma de encuadrar, tan penosamente artistosa, y con esa imaginación paranoica tan típica del pensamiento de clase media estadounidense, pacato y solemne, xenofóbico y machista, que se repite en cada paso estético y narrativo. En esta ficción conservadora sostenida con un relato soporífero, hay un par de gestos ínfimos y brillantes (en los márgenes de los productos industriales de Hollywood hay siempre un filo que se hunde, de una manera u otra, en la fiebre contemporánea). El primer gesto a destacar es la actuación de Laurence Fishburne, que siempre es odioso y acá está querible en su íntima y cálida desesperación pasiva (además, tiene un sobrepeso más que apetitoso). Como yapa, se enuncia de taquito una impecable definición de bloguear en el mejor diálogo de una película más bien burocrática en sus parlamentos, que sí tiene buenos clips con música de consultorio de dentista del futuro. El periodista bloguer Alan Krumwiede, interpretado por el casi siempre insulso Jude Law, quiere entrevistar al Dr. Sussman, encarnado por Elliot Gould, quien lo rechaza con este argumento: "Bloguear no es escritura. Es graffitti con puntuación" (en el original: "Blogging is not writing. It's just graffiti with punctuation"). Estoy de acuerdo, pero le cambiaría el signo negativo con el que lo dice el científico. Si bloguear modifica el estatuto de la escritura, tanto como su forma de circulación, perfectamente podría no llamarse así porque opera en otros niveles. ¿Postear es escribir? Bloguear es otra cosa, o más bien es cualquier cosa, y por eso efectivamente es más parecido a manchar una pared en la calle, sin mucho más permiso y legalidad de la que habilitan la condición, la habilidad de la o el bloguer. En efecto, hace apenas días, decidí crear un blog sobre stencil graffiti en la vía pública, ni en museos ni en espacios privados, donde las palabras no delimiten las expresiones visuales. El puente entre el graffiti y el blog estaba trazado antes del contagio.
Eso sí, como personaje bloguer del cine prefiero a Julie Powell (Amy Adams) en Julie & Julia (2009) de Nora Ephron: ella enseña que leer y escribir es acción y, también, cuál es el gesto más genial para dejar en el libro de comentarios de un museo.

lunes, 24 de octubre de 2011

Stencilismo


El blog es un viaje de ida (a ningún lugar, porque el hipervínculo es prácticamente eso). Y ya voy por el segundo: mi vicio número dos se llama Stencilismo, y está dedicado a fotos de stencils que encuentro por la calle. Puede que exporte de acá, de allá o más allá, algunos de mis propios stencils posteados aquí. Lo cierto es que, a diferencia de este blog que están leyendo, aquel no tendrá más palabras que las fechas de cada entrada y los links del costado, que ahora son solamente dos: quiero que dominen las imágenes sin epígrafes, sin anclajes, ni nada que las explique (sin aclaración de procedencia ni de autoría ni nada de eso), tal como es la experiencia de cruzarse con un stencil en la calle (aunque los comentarios están autorizados, claro, porque están fuera del campo visual donde está la imagen). Eso. Veremos como evoluciona, involuciona o simplemente se desarrolla, si es que alguna de esas tres cosas le pasan a un blog que recién existe desde ayer. Es decir, todo lo que planteo acá puede ser modificado, destruido o acatado en su totalidad o en parte. No doy garantías de nada (en eso de vivir sin firmezas, sin promesas, internet es una cómplice perfecta). Es más, ni siquiera puedo asegurar que llegue a la tercera entrada.

viernes, 21 de octubre de 2011

Godzilla va al Jockey Club


Tercer día de mi recorrida por la capital tucumana, cansado de pasear por el Centro, peatonales y demás me decido a almorzar en el Jockey Club, frente a Pza. Independencia. Subo por una escalera de mármol y barandas doradas; me esperan salones principescos, mozos con guantes blancos, seis cubiertos, sillones de cuero, vitreaux con iconografía neoclásica. Lxs clientes estaban todxs de traje o elegante sport, promedio de edad 50 años; yo, en bermudas, remera de Acción mutante, zapatillas, medias no haciendo juego y anteojos negros imitación ray bans de marco turquesa y patillas amarillo huevo, y cargaba una bolsita de plástico de una librería de saldos con tres revistas de cómics de sexo y violencia para "adultos de verdad". Fui al Jockey porque estaba entre las propuestas del voucher del festival de cine donde era jurado, y ya estaba un toque podrido de comer en el restorán con "horno de barro a leña de quebracho".
Todxs lxs clientxs me ignoraban, yo era como un fantasma para todxs menos para los treinta mozos que revolotean a tu alrededor. Era como si en la distinguida diplomacia que reinaba en el Jockey Club estaba incluida la idea protocolar de que si aparece godzilla a pedir un plato de locro nadie tiene que inmutarse. Igual en un momento pensé que iban a traer una mampara o un biombo para taparme, para que no quebrara la estética del lugar con mi presencia. La elegancia imperante parecía también implicar que todo el mundo hablase muy bajo, lo que impedía que, estando a menos de un metro de otra persona, pueda entretenerme escuchando conversaciones ajenas, deporte perfecto para alguien que almuerza solo en un restorán. Me puse a leer un cómic queer.
Para ir picando me trajeron unas tostaditas con una pasta de remolacha (de color muuuyyy gay, como correspondía al ambiente). Riquísimo, pero se me metió en una muela cariada que espera pasar a mejor vida. Lo llamo al mozo y le pido un escarbadientes. Se va, tarda cinco minutos, vuelve y me dice que no tienen. Me río de mi propia idiotez.

miércoles, 19 de octubre de 2011

El deseo hirsuto


Viajé a la provincia de Tucumán por primera vez. Fui jurado del Festival Tucumán-Cine, que termina hoy. Además de ver la media docena de películas que me faltaba para completar todas las que tenía que evaluar, tuve tiempo para probar el milagro de las empanadas de mondongo (fue mi amiga Marina Y. la que me había recomendado ese manjar secreto). Y también conocí a mi historietista tucumano de culto, Guibu, con el que paseamos por la capital tucumana. Como él insistió en regalarme originales de sus dibujos, yo, para devolverle el favor, le improvisé en mi habitación del Hotel del Sol una viñeta autobiográfica a lápiz, sobre mis fantasías con los protagonistas de su saga peluda El ósculo hirsuto. Guibu escaneó mi humilde regalo y acá lo (y me) tienen, en pelotas. Soy todo suyo.

Para ampliar pueden ir a la nota sobre El ósculo hirsuto o a la entrevista a Guibu.

miércoles, 12 de octubre de 2011

Viva La Pepa


Muchas de las formas de post-identidad a las que me gusta pertenecer, aunque sea solo por instantes, son un invento personal, intransferible, una manera de mutar en el mundo, formas que vivo públicamente pero nombro en secreto, en mi intimidad lisérgica. La post-identidad que más me gusta, y que vuelve más seguido que otras, es la de putorta, fusión de putez y tortez, porque creo que soy un poco las dos cosas (¿y ser un poco puto y un poco torta no es ser muy trans?). Lo primero que aparece googleando "putorta", es un link (desactivado) de una "putorta de banana", lo que me confirma la entidad queer de esta anti-categoría. Este año, entre mis actos putortilleros, estuvo el viaje al juicio por el asesinato lesbofóbico o crimen de odio de La Pepa Gaitán, para el que corté y pegué un flyer punk fanzineroso que fue repartido en una Radio Abierta en la peatonal de la capital cordobesa el último 3 de agosto. Después, el flyer se usó para ilustrar una nota en el suplemento Soy y fue incluido en el archivo lésbico Potencia tortillera, que se inauguró en Casa Brandon hace poco, donde me sentía como una pequeña, ínfima porción de la torta colectiva. Y también usamos el flyer en un comunicado de la CHA y fue difundido en Indymedia y otros sitios. Así que estoy contento de que mi consigna putorta haya tenido tanta vida viral. ¡Soy una putorta virósica!

jueves, 6 de octubre de 2011

Todo el ano es carnaval


Sí, así, como leyeron, el ano carnavalesco es el de Ocaña, que vuelve, reconvertido en documental biográfico. Anarcomarica andaluza que fue Icaro, porque voló y llegó hasta donde le dieron las alas. Y antes que el fuego solar lo aniquilara, llegó muy lejos, tanto que su altura todavía merece recordarse, como lo hace Ocaña, la memoria del sol de Juan J. Moreno. Murió quemada pero todavía brilla y arde. Mi nota en el Soy da un poco más de información, y si pasan por el Festival de Cine Inusual sabrán días y horarios para verlo.


Para ver y leer más sobre Ocaña en este blog, pueden pasar por acá, más acá, allá y más allá.

domingo, 25 de septiembre de 2011

Shock Rock


Comencé a ser adolescente en los '80 (desconozco si ya dejé de serlo), y en esos tiempos de jeans nevados fui un fanático instantáneo de Ramones desde que algún amigo (no estoy seguro de recordar quién), me grabó un cassette con Leave Home y Road to Ruin, hojas de ruta para empezar a dejar mi casa y encontrar el camino hacia la ruina personal, un deseo de nihilismo adolescente básico. Entre esas derivas para encontrar el lugar en el mundo para perderme, caí en la galería Bond Street, que me parecía de un chetismo insoportable, pero que para alguien criado en Barracas y Lanús, igual tenía algunas tentaciones asquerosas e irresistibles. Entre ellas, mi disco duro recuerda perfectamente un vinilo de Ramones, Brain Drain, que me guiñaba el ojo detrás de una vidriera, pero que era inalcanzable para mi presupuesto (y el de toda mi familia). Recuerdo mi baba frente a semejante objeto: la imagen pink-gore perfecta de la tapa del vinilo, (algo así como el grito de Munch imaginado por la cabeza borradora del Lynch pintor), estaba interrumpida por el diseño pop de una calcomanía (en esa época los stickers se llamaban así) que delataba su procedencia brasilera. Un disco importado era algo que nunca entró a ninguna de mis casas hasta fines de los '90, soy una de las tantas personas que también fue bastante poco agraciado económicamente durante gran parte del menemismo (eso sí, contradicciones del sistema, ese mismo menemismo me permitió ir a ver Ramones a la cancha de River por un precio ínfimo, no voy a negarlo). Lo cierto es que mi primera compra por internet fue otro objeto preciado para mi colección ramonera: The Weird Tales of The Ramones, un cómic acompañado por una compilación de tres cds y con un dvd del documental Lifestyle of The Ramones. Todo el combo visual (que se pude descargar por aquí), gira alrededor de una veta importante de la estética Ramones, que es el cine de terror berreta, la pasión por Roger Corman, las películas B y lo visceral de la experiencia del shock que tradujeron a su estilo de punk-rocket, algo retro en su reminiscencia de las estética de las historietas de terror cincuentosas (una de las historietas ramoneras es en 3D, una experiencia alucinante, con muertes en electroshock que se ven en relieve). Esto me hace acordar cuando fui a ver Cementerio de animales en 1989, el "día del cine", que era un día especial donde comprabas una entrada y podías ver todas las películas que quisieras, en cualquier cine. Pasando de un cine a otro, entre multitudes, fui a ver Arma mortal 2, Cazafantasmas 2 y Cementerio de animales de corrido, que estaban en cartel al mismo tiempo, y creo que ese día terminé de convertirme en un cinéfilo devorador, de esos que no se conforman con una película diaria. Todavía recuerdo perfectamente mi emoción cuando un camionero maneja escuchando al taco en su stereo "Sheena Is A Punk Rocker" (¿realmente pasaba eso o mi memoria edifica mentiras de ensueño?). Igual, la mejor experiencia musical, para mí, es ese viaje, sea real o imaginado (o mejor, que sea cinematográfico, que es esas dos cosas a la vez).

lunes, 12 de septiembre de 2011

El muerto animado


Graham Chapman era puto, borracho, patafísico sin carnet, médico matriculado, actor cómico, guionista, activista y padre adoptivo. Aunque hay muchas miles de personas que lo recordarán solamente como uno de los autores del sketch del loro muerto. Y, justamente, Chapman también es el primer miembro muerto de Monty Python. Su funeral, gracias a su amigo John Cleese, fue un sketch más del célebre programa televisivo. Ahora están haciendo una particular versión animada de la autobiografía ficcional de Chapman. Sobre algunas de esas cosas escribí una nota en el suplemento Soy.

martes, 6 de septiembre de 2011

El trueno entre las hojas


Aunque trato y pongo todo mi empeño mental no pudo recordar cuándo escuché por primera vez a 107 Faunos. Quería empezar este texto describiendo la revelación de descubrir que sus canciones me conmueven, cómo fue que me pegó enfrentarme por primera vez con su escudería de pop/rock sísmico. Quiero pensar que me pasa esto porque creo que estuvieron ahí siempre, que mi relación con la banda no tiene principio o porque quiero que no tenga fin, que estén siempre, sin que pase el tiempo, sin que un día diga que sus canciones me hacen recordar algo que ya no soy ni puedo volver a ser. Quiero haber nacido y morir fauno. Les juro que escribo esto y me pongo a llorar como el peor idiota, como un pelotudo atómico. Tal vez, eso me pasa también porque mientras escribo suena el último Ep de 107 Faunos, El tesoro que nadie quiere, y me ataca la angustia del Gato mirando por la ventana de una ciudad que desaparece con la noche mientras se dispara en la sien un deseo sin límite: "quiero todo, todo el tiempo", canta y desespera, pero con la actitud del voyeur perplejo y hedonista, frente a una ventana donde se queda hipnotizado mirando la oscuridad y gozando, deseando ese vacío que lo atrae como un agujero negro por donde se deja caer. Algo en varias canciones de 107 Faunos es un poco suicida, como una intensidad total donde se deja la vida, como si en la expresión se les escapa el espíritu y quedaran desalmados; y tal vez por eso la recurrencia de Francisco López Merino, "Panchito", poeta platense que se suicidó a las 24 años en el baño del Jockey Club (en este nuevo disco, se lo invoca en el cover "Panchito en Hawaii"). O quizás, la brevedad de la mayoría de las canciones de la troupe fáunica sea la mejor forma de vivir la velocidad y la vibración de la caída al vacío, vértigo del éxtasis como música incidental para volar con el Delorean de Volver al futuro sobre un volcán en erupción que se ramifica en ríos de lava mientras escupe fuego (exactamente como pasaba en el simulador de esa película de Zemeckis). Siento que en cada canción de la banda hay algo de la experiencia de los simuladores de los parques temáticos, esos mecanismo que se abisman en el accidente mortal, intentando hacer lo más real posible una destrucción como un shock extremo que recuerda que gozás a pleno de tus signos vitales. Las canciones fáunicas son para quienes "soñamos con aviones cayendo". Esto me recuerda a Lighting Over Water, donde Wim Wenders le pregunta al agónico Nicholas Ray cuándo fue la primera vez que quiso experimentar la muerte sin morirse (el reverso de esa pregunta es la frase de Sin Aliento de Godard:Negrita "Quiero ser inmortal y después morirme"). Experimentar la muerte tal vez sea El tesoro que nadie quiere. O, mejor, ese tesoro es el deseo de todo, de la vida y de la muerte en un mismo grito, como todos los coros que abren grietas en las canciones en vivo de los 107 Faunos, siempre cambiantes, desajustados y volcánicos pero estoicos sin cancherear el desborde, sin teatralizar el descontrol ni ostentar el éxtasis.
Escribía para recordar como empezó todo, pero no puedo llegar al origen. En cambio, ahora puedo definir un poco qué me pasa cuando los escucho, eso de sentir caerme por una acolchada sensación de distopía infinita que me mantiene enchufado al deseo. Y no sabré como empezó todo, pero sé como sigue: los veré esta misma noche en Niceto y de nuevo les voy dejar la vida coreando alguna de esas canciones que me convierten en el inmortal aniquilado que soy, que quiero ser para siempre.

PS: Y si quieren leer un texto justo y bello sobre El tesoro que nadie quiere, lo pueden hacer con un click sobre la gran Marina Yuszczuk.

lunes, 5 de septiembre de 2011

Doodle Do Right


Ahora dicen que el doodle del cumpleaños de Freddie Mercury es el mejor de la historia. Es bueno, hay que admitirlo, y más gay no podía ser, es como un videoclip ridículo en plan jpg que la Reina Mercurial habría festejado mucho. Pero creo que para mí el mejor doodle por ahora es el del homenaje al Pacman (si deciden hacer click en el link que puse recién les advierto que el tema de la adicción que provoca la versión sintética del Pacman de Google los hará padecer una ludopatía bastante complicada de curar). Bueno, y ya que estamos, les dejo el link a la nota que escribí este año por los cuarenta años de la creación de Queen. Ahora que internet reina, gritemos al unísono: Google Save the Queen.