lunes, 6 de abril de 2009

Más ruido (extended version)


Sabía que El mató a un policía motorizado había decido bautizarse así a partir del diálogo de una película (leído en un subtítulo) que los integrantes de la banda vieron al pasar por cable y de la que se habían olvidado, perdiendo casi cualquier rastro que pudiese identificarla. Traté desde hace tiempo de ubicar la película, de averiguarlo como regalo a la banda, para retribuir a EMAUPM parte de la primigenia felicidad que me dan con sus canciones ruteras, un tipo de felicidad que me conectó intensamente de nuevo con la música, un tipo de conexión perdida casi desde mi adolescencia. Durante un par de años fue imposible encontrar la película, nada, ninguna pista siquiera: es mentira que en internet toda la data pop está a un click de distancia, casi que a la huella digital de mi índice se le borra mi adn de tanto erosionar mi mouse para investigar la web. A partir de una entrevista para El Amante de este mes, volví a la carga, ahora con más detalles precisos para tratar de continuar la pesquisa. Busqué en los sitios de los canales de cable, también fui a la más poderosa empresa de cable para rastrear la información de la programación del 2003, pero no apareció nada: aunque estábamos a menos de seis años del dato, el horizonte parecía tan lejano que era inconquistable. Uffffff. Mi orgullo como cinéfilo trash estaba totalmente herido, casi en los últimos estertores de su agonía: no podía ser que no supiese ese dato, ese diálogo bautismal de la banda que hace corear a mis venas. Seguí, tenía que entregar la nota para la revista, pero me resistía, no podía publicarla sin que el misterio se dilucidara: la lupa virtual amplificó la huella dactilar que me permitió encontrar a un culpable llamado R.o.t.o.r. En youtube tenía algunos fragmentos de esa película, pero quería verla toda. Fui al videoclub Mondo Macabro (ese donde te reciben con un dinosaurio de yeso) para alquilarla, ahí tenía que estar. Al principio, el encargado me dijo que no la tenían, yo no lo podía creer, me resistía a aceptar que no tenía posibilidad de verla: rebusqué obsesivo en su stock de vhs y la encontré, ahí estaba, esperando el armageddon, estoica, analógicamente retro, encerrada en su oblonga caja negra, en su ataúd de plástico, pero la salvé del olvido que dictan los jerarcas del buen gusto. Y acá abajo está mi pequeño regalo para EMAUPM: esta nota publicada en El Amante (en versión un poco extendida), con el resultado de la investigación en el epílogo. En la revista también van a poder leer un recorrido por las 31 canciones de EMAUPM, escrito con esa fibra rocker que caracteriza al estilo endiabladamente inspirado de los textos de Agustín Masaedo.

Más ruido que dos esqueletos haciendo el amor en un ataúd de lata
En agosto de 2007, en una sección de El Amante que se llamaba Qué me escucho, escribí lo siguiente: "Desde la ciudad platense de las sinfonías diagonales otra vez el grito primario: El mató a un policía motorizado es una banda de "punk espacial" de canciones estentóreas reducidas a estribillos esenciales, ansiosos y desorbitados. Pocas palabras y un viaje de ida: melodías y distorsiones en intermitencias sabias alcanzan para festejar pequeñas situaciones y grandes personajes (la chica rutera, el viejo ebrio y perdido, el amigo piedra...) que se chocan en un ruidoso brindis de sidra en vasos de metal (sin Soda, por suerte). Tienen tres discos (El mató a un policía motorizado, Navidad de reserva, Un millón de Euros), todos indispensables, pero imposible escucharlos sólo sentaditos en casa, porque como su nombre anarco lo reclama, necesitan un target en movimiento: esta es una banda para teatros sin butacas (una gran lección de Virus) donde se pueda saltar y tomar el impulso suficiente para despegar. Porque, lo primordial, cada canción escupe la misma utopía punk: en tres minutos y algo un tifón sonoro pone al mundo patas arriba, para que se le caigan las últimas monedas que vale la pena gastar en la fiesta que te prometí." Empecé a ir a recitales de El mató a un policía motorizado más o menos un año antes de ese texto. En poco tiempo me volví adicto a esta banda formada por una cuadrilla de nombres extraños: Santiago Motorizado, Niño Elefante, Pantrö Puto y Doctora Muerte. Principalmente en mala yunta con el gran Agustín Masaedo, en La Plata o en Buenos Aires (incluso también en Córdoba), durante estos últimos años salté como un chiflado en esa turba que se transforma en turbina que son los pogos de los recitales de EMAUPM, donde más de una vez terminé en "una coda incierta de lisérgicos enroscados en una olla de grillos." Cada vez más poblados, pero aún intacto su espíritu de festín pagano, los recitales vibran con un sonido centrípeto de armónicos y distorsionados mantras con climax krautrocker que me electriza. Toda la fuerza estética de la banda me conmueve: confieso que he llorado de emoción más de una vez escuchando sus canciones (incluso durante algún recital). Y hablando con Santiago Motorizado, principalmente por msn, me di cuenta que, además, coincido con la sensibilidad cinematográfica que tiene la banda, que en el disco que sacaron a fines de 2008, Día de los muertos, se vuelve más patente. Porque en el inicio, en el futuro y en el fin de El mató a un policía motorizado estuvo y estará el cine. Me junté en La Plata, cuadrado natal de la banda, con Santiago Motorizado, Pantrö Puto y Doctora Muerte para hablar de eso.

El nombre de la banda surge del subtítulo de una película.
PP: Estábamos buscando nombre para la banda. Había un posible nombre que era "¿Querías un milagro, John? Te presento al FBI", que era una frase medio sacada de Duro de matar. Y en la fiesta de una amiga, estábamos hablando del tema del nombre de la banda y había una tele de fondo. Y de pronto, en la tele un personaje dice: "El mató a un policía motorizado". Era un subtítulo, la película estaba sin audio. Y quedó.
¿Y no saben cuál es la película?
SM: No, pero hay una forma de buscarlo que es ir a la revista de cable y fijarse, porque era una fecha precisa, era el cumpleaños de una amiga, el 8 de julio de 2003.
PP: Igual a mí me gustaría estar mirando tele un día, dentro de veinte años, y que aparezca.
SM: No, yo quiero saberlo, estaría bueno. Me acuerdo una escena de la película que era una ruta, como un paisaje tejano, sureño, un policía con uno de esos gorros tipo cowboy, un auto parado y una charla. Era en Film Zone.
Y esa frase del subtítulo no sólo bautiza a la banda sino que, arrastrando un tipo de cine, se hace concepto en las letras.
SM: Sí, justo cuando estábamos poniéndole nombre a la banda había un montón de temas que no tenían nombre y todo ese imaginario de una especie de violencia pop rodeó toda la estética de las palabras.
DM: Como la tapa del ep "Tormenta roja" que son las motos.
SM: El tema de ese ep lo cantábamos pero no tenía nombre, y Willy [DM] le puso el nombre, "Tormenta roja" sin letra. Después cuando hice la letra no tenía nada que ver, era casi lo contrario.
¿Y ven antecedentes en alguna banda de esta relación que ustedes tienen con el cine?
SM: Después me di cuenta que Los Natas también toman los motores, más para otro lado, más heavy, más stoner, como el video de la camioneta rotoscopeado que está muy bueno. Cuando nosotros lo creamos iba por otro lado, más de lleno en el cine americano de acción, y siempre con un poco ironía, no sé si ironía es la palabra, pero no tomarlo como algo solemne sino...
PP: Con humor.
SM: No sé, hay que inventar una palabra nueva ahí, que no sea ironía ni parodia.
PP: A la vez no tomarse en serio el fanatismo por el cine...
SM: Igual yo me lo tomo en serio, pero no de una manera solemne. Cuando empezamos nos parecía que manejábamos ese imaginario como una cosa muy propia, personal, y era algo que hacíamos con pasión, sintiéndolo, digamos.
Por ejemplo, Riff tiene mucha metáfora con motores, con autos, pero el tema fierrero se lo tomaban más en serio, Pappo tenía un taller mecánico, etc.
SM: Sí esto es más llevado al pop visual. Por ejemplo, muchas veces nos preguntan si nos gusta el TC y cosas así. A mí nunca me gustó ver una carrera, me parecía súper aburrido. Más de grande flashié con ir a ver una carrera pero como una aventura, para ver como es la cultura de todo eso. Pero la estética de El mató... tampoco es el cine clase B, es el cine más comercial que es pop y violento. El cine clase B ya tiene su reivindicación.
Todo tiene más que ver con la versión más pirotécnica, más trash del cine de acción, de esas películas anónimas que pasan por cable y que la agarrás en cualquier momento.
SM: Me acuerdo una noche fundamental fue cuando nos juntamos Diegui, el cantante de Mazinger, Willy [DM] y yo y vimos Triple X, y nos reíamos pero disfrutábamos, aunque estábamos relocos también. El director jugaba con todos esos elementos pero con mucha pasión, había una falta de preocupación por un montón de cosas en la película, del relato, de la filmación, pero había una preocupación tan romántica por escenas como la de una moto, que no se sabe por qué salta un tinglado, pero no importaba eso. Importa que salte un tinglado que explota en mil pedazos y que sobre eso haya una moto volando: es una imagen preciosa. Y eso era el fin, la preocupación del director o del encargado de llevar la estética de la película. Me parecía genial. Es algo que no se lo ve como algo genial. Nosotros íbamos a Bellas Artes, en muchos puntos está buenísimo la escuela de arte pero también está la parte académica. Y la bajada de línea, el pensamiento imperante de los profesores va por otro lado y está en contra de eso.
DM: Y los alumnos también.
SM: Sí, un poco baja eso a los alumnos y se repite. Y nosotros estamos en la vereda opuesta. Me acuerdo que salió el Dogma’95 y estaban todos como locos, algunos ni se habían enterado lo que era el Dogma y lo repetían. Está bien, éramos chicos, y estábamos aprendiendo a sociabilizar. Estaba bueno, iba a ver las películas esas y me gustaban, las disfrutaba. Pero era toda una lucha entre dos formas de pensar, pero no una destruyendo a la otra, sino reivindicar otra forma de arte.
PP: Esa discusión está en el plano de la música todo el tiempo, lo académico contra lo punk, por decir algo. Tal vez podés hacer música sin ser un gran virtuoso.
SM: A mí me gusta cuando se mezcla lo sofisticado con algo más brutal, esa mezcla genera algo más emocionante: como un cover de los Ramones llevado a canción pop, o una canción de los Doors y hacerla punk.
Al principio, cuando empecé a ir a sus recitales proyectaban películas como Mad Max y Tron, ¿las eligieron por estas mismas razones? ¿usaron alguna otra?
DM: Mad Max tiene que ver directamente con nuestra estética.
SM: Mad Max II iba con lo que ya veníamos pensado del Apocalipsis del último disco. Y es todo esta acción, la estética de los motores, de los autos, mezclada con esos personajes bien extremos. Y de pronto aparece una minita con una vinchita rosa y la remera mostrando el hombro. Esa mezcla de lo pop y lo salvaje es irresistible para mí.
Y cómo fueron surgiendo las letras. Sobre todo el último disco, que es muy cinematográfico, tiene más narración y está clara la influencia del cine de terror ¿Hubo alguna inspiración concreta para hacer las canciones? En "El último sereno" se nombra una película, ¿es una película específica?
SM: El sereno ve una película para notar el contraste entre su vida solitaria y rutinaria; la pantalla es algo grandioso y el extremo contrario de lo que él estaba viviendo. Eso crea el conflicto, pero no es ninguna película específica. Por ahí la más puntual es "Mi próximo movimiento" que está basada en películas de muertos vivos, por ahí narrada de manera más romántica, no tan descriptiva de los muertos comiendo gente, más romántica con esa imagen del chabón arriba del techo con un rifle.
Sí, la escena del rifle en el techo es muy...
SM: El amanecer de los muerto.
PP: También está Tremors, que tiene una escena parecida.
SM: Me acuerdo el día que vimos El amanecer de los muertos. Fuimos a la casa de Willy, que queda allá cerca del hipódromo, fumamos un porro, estábamos resensibles. También estaba Gastón (de 107 Faunos) y Diegui, y yo llevaba Exterminio. Lo que me volvía muy loco de chico es el concepto de una pandilla contra todo el mundo, donde no hay final feliz posible. Y cuando vimos El amanecer de los muertos era como una evolución de este tipo de cine por el simple hecho de que los muertos ya no eran esqueletos destartalados sino que corrían como locos.
PP: Aparte el hecho de que no se explique por qué hay muertos vivos es genial. De repente te despertás y se están todos morfando entre sí, y tenés que adaptarte a ese mundo.
SM: Toda la primera escena es tremenda. La canción de Johnny Cash nunca mejor usada, porque estaba contrastada con el caos global, con gente corriendo con ira, que nunca se había usado así porque los muertos vivos antes eran enclenques.
PP: Ese tipo de cine también está en Del crepúsculo al amanecer, que nunca tuvo el reconocimiento que se merece. Pero cuando la mina se convierte en vampiro es genial.
SM: Sí, además la gente dice "Los vampiros arruinan la película", pero no.
PP: Por ejemplo, hay gente que no le gusta Planet Terror.
¿Cómo ven esto de que todo el mundo quiere filmarlos, hacer un video con ustedes?
SM: Para mí está buenísimo, que me digan "Hicimos un video y está cargado en youtube", me emociona mucho. Y es algo con lo que yo fantaseaba de chico, ves algo que te emociona y querés sumarte a ese universo. Era muy fanático de Star Wars y dibujaba personajes inventados por mí. Está bueno cuando quieren respetar la estética de la banda, y cuando quieren hacer su propia estética, también. Pero no tenemos videos oficiales, ni siquiera ese que compitió en el Festival In-Edit.
¿Pero por qué no hay videos oficiales todavía?
PP: Porque somos colgados y perfeccionistas.
SM: Sí, colgados y perfeccionistas. Nosotros estudiamos plástica y, si querés, tenemos una preocupación más extrema con lo visual que con lo musical. Y si tenemos que hacer un video tiene que estar joya. También esa exigencia te limita.
PP: Y lo queremos hacer siempre nosotros, pensar bien lo que queremos hacer, cada plano. No tomamos el video como si fuese una especie de propaganda, promoción, sino como que hiciéramos un disco, y lo queremos hacer bien.
SM: Claro, no lo tomamos con un video promocional de la banda. Que el video sea como una pieza musical propia.
PP: Estamos planeando un video con unos chicos que se ofrecieron, para tener bastante el control.
SM: Les contamos la idea que teníamos: medio Mad Max y un poco Enki Bilal, que es un dibujante grosso, de una estética postapocalíptica que estaba en auge en los ‘80, alrededor del movimiento cyberpunk. Y ese imaginario estaba bueno para tenerlo en cuenta. Y en una historieta suya de La feria de los inmortales hay un partido de Hockey ultraviolento. Y lo que habíamos fantaseado un poco nosotros era un partido de fútbol postapocalíptico.


La charla siguió informal por varios caminos, recordando muchas películas, hablando de Spielberg, Spike Jones, Charlie Kaufman, Wes Anderson, de guionistas versus directores, de historietas de autor, de superhéroes. SM se acordó que había comenzado como chiste a hacer la "primera una historieta enviada por mail", protagonizada por un Superhéroe Dj, que tuvo difusión, como salir en la tapa del Sí de Clarín, pero que casi no existió: fue a la historieta lo que Reynolds a la música. PP dijo que estaba preparando el guión de una historieta sobre un taxista hombre bomba que iba a dibujar DM. Me contaron que habían hecho una película de terror en unas vacaciones cordobesas, que antes filmaban mucho y que planean hacer otra película pero que no cuentan nada por cábala. También hablamos que Laptra, el sello con el que editan sus discos y de otra bandas amigas (107 Faunos y Shaman y los hombres en llamas, por ejemplo), planea inaugurar una editorial y uno de sus lanzamientos serían los textos de PP ilustrados por SM. Coincidimos en que Okupas, la serie de Stagnaro, fue un momento genial de la televisión argentina. Casi no hablamos de música ni de rock: de eso hablan en todas las entrevistas que les hacen. Y esto no llegó a ser una entrevista, fue otra cosa: fue una forma de perder bien el tiempo, de pasar una tarde totalmente al pedo mientras recordábamos Tremors, Duro de matar, Del crepúsculo al amanecer y otros prodigios de la pirotecnia. Una tarde perfecta, bah.

Epílogo. Vistas aéreas de Dallas, Texas. Una radio anuncia que todo el mundo se larga de la ciudad ese fin de semana. Una pareja en un auto avanza por la ruta en plan picnic, pero aparece una neblina extraña y un hombre herido con una mujer inconsciente se cruzan en el asfalto. Él le pide a la pareja que llame al 911. De entre la oscuridad aparece un cazador amenazante con un rifle y apunta al hombre herido mientras dice: "El mató a un policía motorizado. Lo he visto" (en inglés es exactamente "This old guy just killed a motorcycle cop. I‘ve seen it"). Esa frase es el punto de partida de R.o.t.o.r. (1989), una película clase B construida con la chatarra sobrante de Robocop y Terminator, intentando emular cierto cine de acción sci-fi ochentoso. El policía motorizado en cuestión es un robot antropomorfo con traje de cuero, casco y anteojos Ray-Ban. Su nombre es el acrónimo Rotor, que significa Robotic Officer Tactical Operation Research y fue creado con el objetivo de que las calles sean un poco más seguras ("las bandas de punks, dealers de drogas y el resto de la escoria social podrían ser controladas y erradicadas"). Pero el experimento tecnológico salió mal y el motorizado robótico se convierte en un asesino indestructible a la vera de la ruta, que aniquila a gatillo fácil a cualquier responsable de exceso de velocidad. No sólo salió mal ese experimento en la ficción, sino también la película misma, dirigida por Cullen Blaine. Aclaro: la mala praxis cinematográfica, en este caso, es el valor agregado. Esto no quiere decir que el defecto la vuelva bizarra, porque la película ya era bizarra desde las ideas: tiene diálogos que parecen pergeñados a dúo por Raymond Chandler y Ed Wood ("haré más ruido que dos esqueletos haciendo el amor en un ataúd de lata"), tiene personajes secundarios de actuación esperpéntica (incluyendo un R2D2 trucho con gorra policial) y varias coreografías de lucha que son puro catch falso, como un ensayo de gimnasia pugilística. En realidad, lo malo de la película la hace incandescente, irrepetible, como una experiencia accidentada extremadamente única. Por mi parte, junto a las de Stuart Gordon, R.o.t.o.r. pasó a ser una de mis películas clase B preferidas de los ‘80 (aunque decir que es clase B, no es correcto, más bien se podría decir que esta es una película de bajo presupuesto con alma mainstream, es difícil hablar de cine clase B en los ochenta, como siempre aclara Roger Corman). Extrañamente, R.o.t.o.r., personaje y película, parecen precursores de esa amorfa película rutera-futurista-absurda llamada Electroma de Daft Punk, tal vez el trip audiovisual más extraño que una banda perpetró. Si R.o.t.o.r. fuese la película que los integrantes de El mató a un policía motorizado avistaron en 2003 todo adquiere mucha más lógica (aclaro que no pude chequear la información en ninguna revista de cable, por lo que puede ser que no sea esta, pero al ver la película, la frase existe, los recuerdos de SM coinciden con varias escenas y es una película del tipo que a veces pasa The Film Zone). La película, que hoy ellos no recuerdan, parece cristalizar las ideas estéticas y visuales de la banda: el contraste entre lo rústico rural de los paisajes de Texas contra la ciencia ficción futuristas del laboratorio científico, ciertas explosiones gratuitas y poéticas en su atrofiada concepción (como un árbol que estalla) y una forma de road movie con persecuciones y alguna pirueta automovilística recia. Hay un camión como el de la tapa de Un millón de Euros, una moto que podría ser la de Tormenta roja, autos que podrían estar en Día de los muertos. Hay, también, una chica rutera como protagonista, que escapa hábilmente del robot motorizado. Y, sobre todo, está la metáfora más clara de la música de EMAUPM: el robot del título se activa erróneamente a causa de un cortocircuito que provoca un empleado de limpieza del laboratorio al apoyar el auricular de su walkman en unos fusibles, como si la música creara la electricidad que da vida a ese "moderno Frankenstein". Esa misma electricidad es la que activa cada canción de El mató a un policía motorizado, la mejor banda de sonido para la pirotecnia monstruosa nuestra de cada día, nuestra forma más ruidosa de felicidad.

viernes, 27 de marzo de 2009

Encarnación del demonio


Más recomendaciones para el Bafici: acá abajo un texto sobre Mojica Marins que escribí para Sin Aliento, el diario del Festival.
El evento más hereje del Bafici sucedió en 1999 y cerró el siglo cinéfilo vernáculo con una maldición: el viernes santo del primer festival, José Mojica Marins vino para presentar Esta noche me encarnaré en tu cadáver (1967). Si se están preguntando qué tiene que ver eso con la herejía, es que tienen la mala suerte de no haber visto esa película inaugural del director brasilero: ahí, transformado en Zé do Caixão (en español, Pepe Ataúd), aterroriza a una comunidad comiendo carne el Viernes de vigilia. El sacrilegio de la ficción se hacía realidad porque Zé do Caixão vino a aquel festival y recorrió las salas con galera, capa y uñas largas y filosas como garras (como un Freddy Krueger sin fierros) horrorizando con sus presentaciones performáticas, reactuando en vivo sus películas con el nervio de un Vincent Price paulista inyectado con el luto heroinómano de Bela Lugosi. Así, esa retrospectiva de aquel Bafici dio a conocer al monstruo y a su creador (que son la mismísima cosa) para luego hacerse parte del mito. Porque en el Bafici 2000 se proyectó el documental Maldito - O Estranho Mundo de José Mojica Marins, en el que se registraba el paso terrorista por Buenos Aires de este actor y cineasta mientras que se completaba su leyenda: que era dibujante de historietas, que está rodeado de un reguero de anécdotas fatalistas y que hizo una película porno con un pony. ¿O era un caballo? El tamaño, en este caso, ya no importa: la magnitud de la verdad y la mentira es inconmensurable porque el mito Zé do Caixão ya no tiene medida. Este nacido un viernes trece (mejor parido, imposible) hace casi 73 años vuelve este año duplicado al Bafici para el gusto cinéfilo-necrófilo local: como protagonista y director de Encarnação do Demônio (2008) y como actor en Filmefobia, película de Kiko Goifman que sigue los pasos desestabilizadores del maestro del horror brazuca.
Las uñas, como los mitos, siguen creciendo cuando alguien muere. Mojica Marins, como buen vanguardista, se le adelanta a la parca moviéndose con su ataúd por el mundo de los vivos para hacer del cine una espeluznante experiencia de crecimiento.

domingo, 22 de marzo de 2009

Festilindo


Como todo el mundo pide recomendaciones para el próximo Bafici, listé las diez de abajo (que en realidad son once), que fueron publicadas en el sitio de El Amante. De entre las retrospectivas, la de Su Friedrich es imperdible y en el Soy pueden leer detalles sobre su obra (además, ahí también hay otras recomendaciones queer de películas argentinas del festival).

Bafici Top Ten
Dejando afuera la competencia internacional, las películas argentinas y las retrospectivas y focos, este es un top ten posible del Bafici. La que también debería estar entre estas diez es la chilena Mami te amo de Elisa Eliash, tal vez la más prodigiosamente lumpen de todas las películas programadas este año, pero que se puede meter dentro de un foco secreto y disperso en todo el festival: uno que no tiene nombre ni apartado en el catálogo pero que está unido por la energía que el cine chileno descarga este año en el Bafici.

She Unfolds By Day de Rolf Belgum
Casi seguro (no vi todas) la película más independiente del festival: independiente del cine-dinero, de las modas estéticas, de la pavada arty, de la especulación curricular, del “otra vez sopa”. Un tipo con una cámara de video, su familia, algún actor, un fox terrier llamado Jacques y la invención total de un mundo con reglas propias y que rompe todas y cada una de las reglas previas de cómo debe ser una película. Humor, desconcierto, poesía de lo inmediato y del más allá, una narración desacomodada por alguien que mezcla, da de nuevo y siempre consigue la jugada matadora y menos pensada. Si lloraron con la magnífica perrada de Marley y yo (en mi caso, el lagrimal me quedó para donarlo a la ciencia) esta es una película para vengarse: el dichoso perro protagonista es tan intenso-eterno como la fuerza creativa de Rolf Belgum, el gran genio-artesano de esta película arrancada del vacío.

Pizza en Auschwitz de Moshe Zimmerman
Road movie que va del guetto al campo de exterminio, piloteada por un padre de 70 pirulos que quiere enseñarle a sus hijos adultos los lugares exactos donde fue perseguido cuando era niño. Humor judío no apto para fanáticos de la corrección política, saga familiera a la deriva de la ruta, y grandes momentos documentales que ponen en escena una visión contemporánea sobre el Holocausto, todo visto con la informalidad que el título anuncia. Y, ya lo dije para el catálogo del Bafici, pero lo repito acá: también tiene ecos (supongo que sin ninguna intención) a ese gran retrato de la relación padre-hijo que hay en esa extraordinaria historieta de no-ficción llamada Maus, creada por el genio Art Spiegelman.

Sita Sings The Blues de Nina Paley
Imaginar que esta obra gigante la hizo una persona solita desde su computadora es como creer que alguien puede ganar el Paris Dakkar en un Fitito. Ver, entonces, para creer: porque Nina Paley fue ella sola toda la fuerza (y les garantizo que es mucha) detrás, delante y en cada costado de esta yuxtaposición de historias, estéticas, sonoridades y otras cosas en formato de animación en dos dimensiones. Folclore narrativo hindú, jazz de los veinte, tribulaciones domésticas neoyorquinas y otras delicias siempre convertidas en aventuras que se tensan superpuestas en una película que compite y gana con la mayoría de los exponentes hipertecnológicos de la industria de la animación actual. Me estoy acordando de las canciones de Annette Hanshaw que suenan en la película y me dan ganas de ponerme a bailar a lo Betty Boop. Ufff, no me aguanto: muevo un toque la cadera y sigo escribiendo.

German + Rain de Satoko Yokohama
Ya está, volví, sobre todo porque me acordé de las delirantes clases de música en flauta dulce mal tocada en esta película japonesa. Una rara avis de verdad: comedia brutal protagonizada por una adolescente con cara de mono que trabaja de ayudante de jardinero y quiere ser cantante pop. Gags + drama, infantilismo + salvajismo, romanticismo + estilo de vida punk campestre. Y muchas cosas más, de colores variados, en una ópera prima que sorprende por su sutileza, por su falta de exhibicionismo (un vicio muy típico de las primeras películas) y por la protagonista, Yoshimi Nozaki, que esperamos tenga la carrera que su rostro bestialmente cinematográfico se merece.

Rip! A Remix Manifesto de Brett Gaylor
La forma de circulación de la música en estos tiempos del flujo digital transforma a todo el mundo en piratas a la carga de la descarga de archivos sonoros. Pero no todos después se convierten en estetas electrónicos, en delirantes del sampler como Girl Talk, creador de collage music o de smash-ups, samplers de canciones ajenas que se vuelven locura de pistas de baile y de despegue, pero que son combatidos por los magnates del copyright (uffff, qué pesada esta gente). Para alivianar la cosa, darse una vuelta por este documental-manifiesto donde se discuten estos hábitos contemporáneos al ritmo de un dj o vj anfetamínico, empastilladísimo, que desgarra la historia de los derechos de autor hasta partirla en pedazos sonoros que se pueden usar para bailar, saltar y demoler las paredes de cualquier discoteca, así tampoco hay derecho de admisión. Porque si la democracia no se puede bailar, no vale la pena que exista.

16memorias de Camilo Botero
A la distancia, evocar la felicidad perdida puede ser algo nostálgico, absurdo, dramático, inverosímil, feliz, ridículo, etc. Todos estos estados desfilan en esta película (con el etcétera incluido) que recupera home movies que Mario Posada Ochoa filmó en 16 mm sobre su vida familiar en Medellín entre 1945 y 1971. Restauradas y divididas en 16 capítulos, esta película es un virtuoso ejemplo de found footage de Camilo Botero, pero también es una revelación mayor porque demuestra que uno de los más geniales cineastas latinoamericanos era un amateur de ojo cándido al que le gustaba registrar a la felicidad de familia.

Mamachas del Ring de Betty M. Park
¿Saben lo que es el catch de cholitas en polleras? Sea cuál sea la respuesta, tienen que ir a ver esta película, estreno mundial del Bafici, donde la directora Betty M. Park se vuelve la escudera de Carmen Rosa, gran artista de la lucha libre boliviana (aunque también triunfó en Perú), que se convierte en uno de los mejores personajes de no ficción que cualquier documental haya tratado de retratar. De la animación con plastilina al documental de acción ida y vuelta, los conflictos que debe sortear una luchadora de catch iluminan varios estratos de la sociedad boliviana (desde el machismo hasta la vigencia de la cultura indígena), al mismo tiempo que construyen un relato de suspense latinoamericanamente pop. Tal vez, la película más política y divertida de la era de Evo Morales sea este viaje a tracción de patadas voladoras.

Um lugar ao sol de Gabriel Mascaro
El punto de partida es un conjunto de testimonios de ocho propietarios de penthouse de Río de Janeiro y, efectivamente, este es un documental bien arriba. Desde las cúspides de rascacielos, el director se revela como un especialista en la entrevista de alto riesgo y logra que la gente entrevistada, al explicar su elección de vida saque todo (pero todo, todo, todo) el absurdo, el clasismo, el humor, la roña, la estupidez, la locura, la espiritualidad, etc. Y esto está plasmado en entrevistas sumarias, como si fueran high lights del pensamiento de cada persona. En este estreno mundial del Bafici, Mascaro está a la altura de sus pretensiones.

Sell Out! de Yeo Joon Han
En los últimos años, sigilosamente, Malasia se estuvo transformando en la nueva promesa cinematográfica asiática, casi al punto de ser la nueva Corea del Sur. Y esta ópera prima de Yeo Joon Han, a su modo, confirma esa ruta extraña. Se trata de una película que se burla de los vicios del cine independiente asiático, contemplativo, pinchado, para generar la comedia más inteligente y estúpida al mismo tiempo, que puede pasar de canciones sofisticadamente absurdas al gag elemental directo a las tripas, haciendo paradas en la reflexión humorística de la cultura contemporánea o del delirio ascético. Algo así como si Tsai Ming-liang se fuese de copas con los Monty Python y volvieran con una película que avanza zigzagueante y felizmente borracha de ideas.

Mellodrama de Dianna Dilworth
¿Saben exactamente qué es y cómo funciona el Mellotron? Una primera definición general (y un poquito tramposa) podría ser que es un instrumento que une a los Beatles, los Rolling Stones, los Beach Boys, Yes, Genesis, Roxy Music, REM, Radiohead, Big Elf, etc. Y, si no lo conocen bien y están tentados de googlearlo para buscar data, mejor esperen y vean este documental, que es cuadrado como el instrumento en cuestión, pero que dentro de esa caja logra hacer sonar la más maravillosa música en loop analógico. Paren, ¿ese es Brian Wilson aporreando el mellotron? Sí, claro. Entonces, ¡bailen carajo, o empiezan los gargajos!

viernes, 27 de febrero de 2009

Bananarama


Abajo de este blog está el reproductor para que con un simple click en play puedan escuchar el gran disco tributo a Velvet Underground creado por bandas locales: una jauría de once covers del primer disco de esa banda de NY junto a la chanteuse Nico, que fue producido por Andy Warhol. Sí, el disco de la banana pop, ese mismo, ese de 1967 que contiene las hipnóticas melodías bajo influencia. Ahora viene reversionado así:
01 - Mañana de Domingo - Flavia & The Motonets
02 - I'm Waiting For The Man - Ushuaia Rocks!
03 - Femme Fatale - Modular
04 - Venus en Pieles - Woodie Alien
05 - Corre, Corre, Corre - El Mató a un Policía Motorizado
06 - Todas las Fiestas del Mañana - Sr. Tomate
07 - Heroin - Reno y Los Castores Cósmicos
08 - Ahí Va Otra Vez - Picón de Mulo
09 - I'll Be Your Mirror - Hacía Dos Veranos
10 - Canción de la Muerte del Ángel Negro - Javi Punga
11 - European Son - Mujercitas Terror
Acá está el sitio oficial para más información, descargas, etc., y para participar en un concurso de tapas. Y acá está el texto breve sobre el disco tributo que escribí para el suplemento Soy.

martes, 24 de febrero de 2009

Mi familia es un dibujo


La ceremonia de los Oscar empezó bien como pocas veces, con un musical de garage que después se convirtió en puro Broadway protagonizado por la gran estrella de esa noche, Mr. Hugh Jackman, el Wolverine de X-Men. Después de un par de números divertidos, de un gran corto de Judd Apatow y alguna cosita más, todo fue más de lo mismo que los últimos años, o sea, un plomazo soporífero.
Para mí el detalle siniestro fue la pantalla con las cinco imágenes de los nominados como actores secundarios, ¿vieron la foto de Heath Ledger? Era impresentable, horrible como pocas, no sé de dónde la sacaron pero parecía una foto del carnet de la pileta, de esas que a cualquiera le da vergüenza mostrar. ¿O era una foto del estado actual de su cadáver?
Y de la familia de Ledger, qué me cuentan. Se volvieron tan populares con sus minutos de fama esa noche del Oscar que los productores tendrían que considerarlos seriamente para papeles de la próxima película de Batman: el padre, con su pelada perfecta, está pintado para encarnar a Lex Luthor (sé que es un supervillano de Superman, pero se lo podría dejar en consignación para una película), la madre estaría muy bien para el papel de la tía Harriet (que regrese, nomás, la perdonamos), y la hermana podría ser una Batichica soñada.

jueves, 12 de febrero de 2009

PhotoShop


Esta semana escribí en el suplemento Soy sobre algunas de las películas del Festival de Berlín que compitieron por el premio Teddy. Entre ellas está el mejor corto que vi este año, 575 Castro St. de Jenni Olson, que se puede ver completo online. Acá van algunas ideas rápidas sobre las virtudes del corto.

Para acompañar al estreno de Milk de Gus Van Sant, el sitio FilmInFocus encargó una película a Olson, una cineasta, programadora, activista, investigadora y coleccionista lesbiana que está entre las máximas especialistas en cine glttbi del mundo. 575 Castro St. hereda toda la inteligencia y sensibilidad que había desarrollado en su primer largometraje Joy of Life (2005), un montaje parsimonioso de una serie de planos fijos de la ciudad de San Francisco, con las calles casi despobladas de cualquier movimiento que no sea el del viento o el agua corriendo bajo el monstruoso puente de hierro. Si bien hasta aquí la película podía relacionarse con cierta tendencia contemporánea al documental de observación, y más directamente a ciertas películas de Chantal Akerman, una mirada ensayística y política la hacían muy personal. Dividida en dos partes, Joy of Life superponía a esas imágenes contemplativas una voz donde la directora, en primer lugar, contaba una serie de metejones y amores lésbicos, con todas las complejidades y laberintos de sus relaciones urbanas, y después comenzaba a hacer un ensayo sobre la enorme cantidad de suicidios en el puente Golden Gate y la dimensión política de esas cifras. El sexo y la muerte se conectaban en la arquitectura de la ciudad como un dúo crítico, sacando literalmente a la calle cosas que no se discuten como políticas públicas, como temas sociales, poniendo en crisis ciertas ideas de la modernidad. Para Olson, hablar desde el espacio urbano, la polis, es el único escenario posible para plantear estas discusiones, para salir del clóset apolítico: y ese gesto es, en parte, la alegría vital de la que habla esta película. Si bien 575 Castro St. continúa con esta exploración espacial-arquitectónica-sexual-mortuoria-política, la idea parece ser inversa: mientras Joy of Life era todo exteriores, en este caso hay sólo interiores; o casi.
El corto comienza con este texto que Olson antepone a las imágenes:
"En febrero de 1977 nació el Festival de cine gay de San Francisco cuando un autodenominado 'grupo rasca de cineastas hippies maricas' se reunieron y proyectaron sus cortos en Super 8 sobre una sábana. Muchas de estas películas exploraron temas gay, pero (como otras películas experimentales de la época) muchas eran simples estudios de la luz y el movimiento. La mayoría de estas películas fueron procesadas en la Casa de Fotografía Castro de Harvey Milk en el 575 de la calle Castro.
En 2008, la Casa de Fotografía Castro fue recreada en esa misma dirección para la película Milk de Gus Van Sant. Esta película fue filmada en ese set."

Si bien los cuatro únicos planos que integran el corto de Olson están rodados en el interior del decorado construido para la película biográfica de Van Sant, la puesta en escena y la relación voz-imagen continúan yendo en la misma dirección que Joy of Life, pero ahora agregando una serie de capas que también hacen de este corto minimalista un gesto audiovisual sutil y desbordado. Esos cuatro planos, bien mirados, construyen una historia de la resistencia del activismo y del cine experimental, en un mismo movimiento. En primer lugar, los dos primeros planos del corto dejan ver casi la totalidad de la Casa de Fotografía Castro de Milk, que está atravesada de luz porque hay puertas que dan a las dos calles paralelas, como si ese local fuese un túnel luminoso que cruza la manzana. Eso implica que el lugar tiene una relación directa con la calle, como borrando el espacio público del privado (en la película de Van Sant, Milk dice, en uno de sus discursos más populares, que el espacio privado es el enemigo de la comunidad gay, una frase que también define la arquitectura de su local, pero que la película Milk no aprovecha en ningún momento). En el segundo plano del corto de Olson ya se llega a ver cómo los rebotes de las luces entran por las amplias vidrieras del local inhabitado y hacen un paseo lumínico por el lugar, como acariciando las superficies sensuales de cada mueble, cada objeto, cada pared. En los planos siguentes, cada vez más cerrados, esa luz se volverá más potente hasta terminar dibujando en una pared del local una serie de formas diversas en una secuencia temporal irregular. La luz que entra de afuera genera el movimiento, la vida interior.
Todas estas imágenes están sonorizadas con unas palabras que Harvey Milk dejó grabadas el 18 de noviembre de 1977, para ser escuchadas en caso de ser asesinado, que ocurrió más de un año más tarde. Milk no estaba en un estado paranoico, sino que su visibilidad gay como candidato político ya lo había convertido en un blanco de varias amenazas de muerte. El tape de audio original al que accedió Olson dura 13 minutos y en el corto incluye una edición abreviada de alrededor de seis minutos (supuestamente Milk grabó la misma cinta tres veces para entregársela a distintas personas y, según algunas fuentes, cada una de ellas tendría leves diferencias en el contenido del texto. Gran parte del texto que se escucha en 575 Castro St. está trascripto más abajo).
Como Joy of Life, en primer lugar 575 Castro St. se presenta como una película sobre la ausencia, sobre la muerte, para transformarla en un fantasma que brilla en el presente, sin hacer sombra ni encandilar, sino como un punto de luz y de partida para dinamizar un pensamiento sobre presente, pasado y futuro, para construir un legado. Es un réquiem ínfimo, rupestre, con algo de tristeza y esperanza mezclado en su transcurrir discreto. Y también, aunque el corto parece una simple impostura espontánea, es una película cargada de la historia del cine queer underground, como si en esa pared del decorado se abriera una pantalla de un nuevo mundo, una suerte de mural en una versión moderna de la cueva de Altamira, donde se apoyaron principalmente las manos de los cineastas sexperimentales y dejaron su huella.
Como bien aclara el texto introductorio, en ese mismo lugar se revelaron las películas en Súper 8 que serían parte esencial del primer Festival de cine gay de San Francisco, y muchas, como esta y otras películas de Olson, eran estudios de la luz y el movimiento. El minimalismo y el crudismo del ensamble de esos cuatro planos no-narrativos y la utilización del sonido áspero recuerdan a cierta tendencia poética del documental primitivo del underground como algunas de las películas de Jonas Mekas. De hecho, el amateurismo de Milk para grabar su voz remite directamente a la forma de sonorizar las películas de Mekas que convierten el intimismo más cotidiano en un gesto político, en una cruzada del cine underground. Por esa misma voz, ajena y encontrada, 575 Castro St. también se encastra en la dirección del cine político-panfleto-experimental, que usa el reciclaje de archivo, como esa primitiva inmediatez de Perfect Film (1985) de Ken Jacobs, un cineasta que comparte la luz crítica de Olson.
La omnipresencia de elementos escenográficos relacionados a la fotografía en cada plano convierten también al corto en una suerte de metadiscurso sobre las herramientas propias de construcción visual: de hecho, por segundos, incluso cada encuadre podría ser una fotografía fija que la luz y el movimiento exterior la convierten en cine. Esta tendencia al metadiscurso es propia de la historia del cine experimental, desde tempranos ejemplos como El hombre de la cámara (1929) de Dziga Vertov, llegando a películas tan disímiles como Tausendjahrekino (1995) de Kurt Kren y A Darkness Swallowed (2006) de Betzy Bromberg. Incluso la relación de la palabra y la imagen termina resultando muy sugestiva en este sentido metadiscursivo, especialmente la reiteración de la palabra "movimiento", como si Harvey Milk se refiriese a la esencia de la representación cinematográfica.
Pero 575 Castro St., a diferencia de Joy of Life, no tiene una mirada documental muy frontal y clara, porque se deja fascinar por una ficción: por la teatralidad disimulada de ese espacio falso, de ese set que revive con una técnica prolija y exacta el local original de fines de los setenta. Por eso, también el corto de Olson puede ser una síntesis de aquellos que se apropian de Hollywood para degradarlo, para encontrar en su revés el mismo encanto que en su cara oficial, para volverlo ajeno y también idéntico a sí mismo, como mirándolo con un ojo crítico encandilado de pop, igual que lo hicieron cineastas pioneros del glamour degradado como Kenneth Anger, Jack Smith, Andy Warhol, John Waters, Manuel Puig (sí, Puig, ese de General Villegas, el mismo, ¿acaso no es también el libro La traición de Rita Hayworth una película imposible, de esas que el underground nos tiene mal acostumbrados?). Olson le roba a la producción de Gus Van Sant unos minutos de la soledad de esa obra de arte de la reconstrucción escenográfica que es la restauración del local de la calle Castro, de alguna manera el colmo del artificio hollywoodense, pero lo registra de tal manera que lo convierte en un objeto cinematográfico todavía inadmisible para el cine industrial que lo parió; por la aspereza, ritmo y simpleza de 575 Castro St. ni siquiera podría ser asimilado por una ficción más abierta y heterogénea como la de Gus Van Sant (como dice en esta entrevista, al momento de hacer su corto, Olson no sabía que la película de Van Sant iba a usar parte del contenido de la cinta de Milk, en versión estilizada, claro, por una relectura de Sean Penn. Por eso el corto también funciona como la contracara exacta de esa relectura, dejando al descubierto lo que Van Sant elije no decir de la mirada de Milk). Inaceptable por los tiempos y la lógica del cine mainstream, 575 Castro St. muestra los límites de la mirada del otro, expandiendo las posibilidades del cine, como toda buena obra experimental. Olson, de alguna manera, hace eso mismo que proclamaba Harvey Milk y que, por momentos, también hace Van Sant, en esta y en algunas de sus otras películas: que el hecho de salir a la luz sea una forma plenamente política, estética, radical, crítica y fascinante en su rebeldía.

Personalmente, y aunque parezca algo paradójico, por la manera de encontrar el rincón donde ubicarse y revelar otro punto de vista para contar la pasión y la inteligencia de Milk, al mismo tiempo que restituye la historia de una resistencia, creo que este corto de Olson tiene la misma fuerza que el cover de los Dead Kennedys de "I Fought the Law", quizás la canción de resistencia con más covers punks, que la banda de San Francisco reescribió desde el punto de vista del asesino de Milk, Dan White, y que se editó en ese bloque-monstruo en forma de disco compilatorio explosivo llamado Give Me Convenience or Give me Death. Ufff, perdón, me quedó larguísima esta oración.

Apéndice: Framento del tape escuchado en el corto de Jenni Olson:
This is Harvey Milk speaking from the camera store on the evening of Friday, November 18. This is to be played only in the event of my death by assassination. I fully realize that a person who stands for what I stand for, an activist, a gay activist, becomes a target or the potential target for somebody who is insecure, terrified, afraid, or very disturbed themselves. Knowing that I could be assassinated at any moment, any time, I feel it's important that some people know my thoughts. And so the following are my thoughts, my wishes, and my desires, whatever, and I'd like to pass them on and have them played for the appropriate people.

[…]

I have never considered myself a candidate. I have always considered myself part of a movement, part of a candidacy. I considered the movement the candidate. I think I wish I had time to explain everything I did, almost everything was done with an eye on the gay movement.

The other aspect of this tape is the business of what should happen if there is an assassination. I cannot prevent some people from feeling angry and frustrated and mad, but I hope they will take that frustration and that madness and instread of demonstrating or anything of that type, I would hope they would take the power and I would hope that five, ten, one hundred, a thousand would rise. I would like to see every gay doctor come out, every gay lawyer, every gay judge, every gay […], every gay architect come out, stand up and let that world know. That would do more to end prejudice overnight than anybody would imagine. I urge them to do that, urge them to come out. Only that way will we start to achieve our rights. I hope there are no religious services. I would hope that there are no services of any kind, but I know some people are into that and you can't prevent it from happening, but my God, nothing religious. Until the churches speak out against the Anita Bryants who have been playing gymnastics with the Bible, the churches which remain so quiet have the guts to speak out in the name of Christianity or Judaism or whatever they profess.

[…]

That’s all I ask. That’s all. I ask for the movement to continue, for the movement to grow, because last week I got a phone call from Altoona, Pennsylvania, and my election gave somebody else, one more person, hope. And after all, that's what this is all about. It's not about personal gain, not about ego, not about power -- it's about giving those young people out there in the Altoona, Pennsylvanias, hope. You gotta give them hope.

Aclaración: Los trece minutos del tape original no los encontré trascriptos en internet. Para facilitar esta trascripción del audio defectuoso se usaron principalmente como base las citas que circulan en Wikiquote y un artículo de New Gay, ambos sitios no escucharon el tape original sino que citan el texto según la biografía de Randy Shilts, The Mayor of Castro Street: The Life and Times of Harvey Milk (1982). El texto de Wikiquote, como la mayoría de lo que circula del tape de Milk citado o reproducido en internet, incluso en la película de Van Sant, elude la parte sobre las religiones (tal vez por una cuestión de censura). Por eso, en el citado artículo de New Gay, Philip Clark no puede encontrar la raíz de otra famosa cita antireligiosa de Milk, que tal vez esté en alguna cinta que ya no exista y que nunca fue completamente trascripta. Después de que el corto de Olson fuese puesto online, algunos copiaron el audio de su reedición del tape de Milk para hacer horribles montajes de imágenes que se pueden ver en youtube.
Donde aparece […] en el texto, no es que quise resumir sino que hay un fragmento que no pude transcribir, por falta de dedicación y destreza auditiva. Cualquier contribución para completar o corregir el texto será bienvenida. Cuando tenga tiempo prometo traducirlo para quienes no lean inglés.

sábado, 7 de febrero de 2009

El video Las cenizas


En el inminente 2° Festival de Cine de Gualeguaychú vuelven a proyectar Si fuera yo un helecho... (Que ne suis-je fougère...), segunda película de Nicolas Azalbert. Abajo copio el texto que escribí en el catálogo del Festival de Mar del Plata de 2006, más una entrevista que le hice por mail en ese momento.

Basado en el libro autobiográfico La Morue de Brixton (El Bacalao de Brixton) del escritor/falsificador Timour Sergueï Bogousslavski, la segunda película de Azalbert mezcla fragmentos de películas, TV, pinturas y metraje propio en súper ocho, con músicas diversas (Mogwai, Chango Spasiuk, Georges Bizet), para convertirse en un verdadero maremágnum (= Abundancia de una cosa. Reproducción de un escrito, pintura, etc. Imitación servil de una obra. Imitación de una persona.). Si fuera yo un helecho es abundancia, confusión y reproducción: Azalbert replica con sus imágenes contemplativas el discurso poético, enfático, contrahegemónico y errante de Bogousslavski, pero también del último Jean-Luc Godard, en un doble gesto de falsificación, para desarrollar diálogos entre formas, con una mirada en busca permanente de lo impropio de las cosas. De esta manera, Azalbert convierte al video en el arma más efectiva para interrogarse sobre el mundo y la falsificación; o sobre la poesía y el amor, hechos que se consuman justo en la confusión de aquellas dos cosas.

Entrevista con Nicolas Azalbert, publicada el 12 de marzo de 2006 en El diario del Festival.
Un caso atípico en el reciente cine argentino: hace unos cuatro años, como corresponsal de la revista Cahiers du cinéma, Nicolás Azalbert aterrizó en el país para realizar una nota sobre la producción de películas de realizadores jóvenes, y terminó asimilado al objeto de su investigación. Hasta el momento, Azalbert ya dirigió dos películas en Buenos Aires: …Si no me ahogo (... Sinon j'étouffe, 2003), presentada en su momento en el Bafici, y Si fuera yo un helecho… incluida como una de las nueve películas de esta edición de Vitrina Argentina, tras participar de los festivales de Marsella, Quito y Torino. Con un estilo muy experimental, mezcla de influencias y de planteos originales, el cine de Azalbert se dispara en caminos y texturas que configuran zigzags, andando entre la reflexión y la narración, entre la biografía propia y la ajena. En primer término, la película es la adaptación de una autobiografía de Timour Sergueï Bogousslavski leída por él mismo. Pero sobre todo, Si fuera yo un helecho… es la apología de la vida como creación constante, de la disolución de la barrera entre el mundo íntimo y el arte. Las películas de Azalbert bien podrían definirse con la frase de Blaise Cendrars, el escritor que tomará como base para la adaptación de su próxima película: “Por desgracia ignoraba, nunca había imaginado, que podíamos renacer de nuestras cenizas, que la muerte del corazón puede ser un estimulante para el espíritu, una fuerza de creación, y que si sabemos crearnos un universo como Dios, vivimos en él por la eternidad porque la creación es indestructible.”

¿Cuál fue tu primera aproximación a Timour Sergueï Bogousslavski?
El libro de Bogousslavski, El Bacalao de Brixton, lo había robado en una librería el amor perdido de mi vida para regalármelo. Era para ella un libro muy querido. El libro se quedó durante cinco años en mi mesa de luz y lo leí de un tirón en París, después de la realización, acá en Argentina, de mi ópera prima, …Si no me ahogo, una carta de amor para esta chica. Supe leyendo el libro que iba a adaptarlo al cine para servirme de su estilo, de su filosofía y de su vida, para volver a contar mi historia de amor.

La película es un cruce de líneas paralelas que nunca parecerían poder cruzarse. Aquella era exactamente la idea de la película: cruzar dos líneas paralelas.
Extracté pasajes del libro para reconstruir y apropiármelo con un orden y un sentido míos, compartiendo y respetando los del libro. No es simplemente la alternancia de los textos del autor y de mis planos, sino la contaminación de ambos entre sí. Cada plano que (pro)puse entre dos textos leídos por el escritor, tiene cuatro niveles de interpretación posibles, diferentes y simultáneos con cada texto: uno personal que solamente puedo entender yo, uno amoroso que solamente podemos entender la chica y yo, uno literario que solamente pueden entender los lectores del libro y uno cinematográfico para que todos los otros puedan entender algo de la película.

¿Cómo trabajás el desarrollo del guión?
Soy incapaz de escribir un guión. Me asombro siempre que se dan subsidios a partir de un guión literario. Tengo miedo de no poder conseguir jamás plata para dirigir (pagué yo mis dos primeras películas). El cine para mí es un pensamiento específico basado en combinaciones entre imágenes y sonidos, entre tiempo y espacio; no la simple ilustración de un guión literario.

¿Tenés algún próximo proyecto?
Voy a acercarme, otra vez, a un escritor que acabo de encontrar y, como cada encuentro, el descubrimiento de su obra llega exactamente al momento perfecto para cerrar la trilogía que había empezado con mis dos primeras películas. La Brasa Las Cenizas va a ser una invitación al viaje a través de la vida, los escritos y los países recorridos por el escritor francés Blaise Cendrars (1887 – 1961). La película nos llevará entonces desde Suiza hasta África, desde Brasil hasta Rusia, desde Italia hasta Estados Unidos, desde Pascua de Resurrección hasta Moravagine, desde La Prosa del Transiberiano hasta Barloventear, desde El Sin nombre hasta El Hombre fulminado. Nacido como Frédéric Louis Sauser, Blaise Cendrars (seudónimo que viene de las palabras “braise” = “brasa” y “cendres” = “cenizas”), nació una segunda vez en 1915 cuando, durante la Primera Guerra Mundial, una explosión le sacó el brazo derecho, nada menos que su brazo de escritor. Volviéndose “el poeta de la mano izquierda”, Cendrars renace, se reconstruye y realiza una obra situada bajo la influencia del rayo. Un rayo que aparece como signo de muerte tanto como fuente de vida. Igual a las rupturas marcadas (pero con ecos y repeticiones secretos) adentro de la obra de Cendrars –época de los poemas, de las novelas, del periodismo y de las memorias– la película va a favorecer la (falsa) improvisación, las rupturas (calculadas) de tono y la sorpresa que contiene la rapsodia (refiriéndose a las Rapsodias Gitanas de Cendrars). Saltando musicalmente del documental puro (los países y los paisajes recorridos) a la ficción (reconstrucción de secuencias pasadas), pasando por el experimental (collages de fragmentos de películas, de publicidades, de noticieros). En La Brasa Las Cenizas voy a producir el relato de un renacimiento a través y gracias a la escritura. Cinematográfica, por supuesto.

Reina Mama


En el diario El Día de Gualeguaychú, hoy se publicó una nota sobre el corso Matecito, que empezó ayer, viernes 6 de febrero. Matecito se realiza todos los viernes de febrero y es una versión barrial, popular, del carnaval Hi Tech del corsódromo, donde desfilan comparsas fastuosas cada sábado. Sobre la noche de apertura de Matecito, El Día informó: "La inauguración de la pasarela de calle Estrada estuvo en manos de la murga 'Vieja Fantasía' del director Rubén Hernández, donde al momento del desfile se homenajeó con una plaqueta a Juancho Martínez y Pablo Weigandt, dos ex integrantes de 'La Barra Divertida', una murga de jóvenes que nació en el 1957 que en los años siguientes logró prestigio como la más esplendorosa del carnaval de Gualeguaychú".
Si quieren saber por qué Juancho Martínez se merece esa plaqueta pueden leer acá.

viernes, 6 de febrero de 2009

No me libro del fascismo


Parece que un post de agosto de este blog hizo que alguien de otro blog, en pleno verano porteño, tratase de comprar el libro de Michel Onfray Los vientres de los filósofos. Crítica de la razón dietética para devorarlo como hedonista lectura de vacaciones. Yo el libro lo compré hace casi un lustro en un puestito de los que rodean el Parque Centenario, me lo vendió un gran librero de barba cana que atiende uno de esos carcachos de chapa cargados de páginas usadas; ya en esa época estaba descatalogado de las librerías de cemento. Por eso, la odisea correntina del blogger fue infructuosa, y lo que le pasó lo cuenta en este otro blog sobre el fascismo saludable.

miércoles, 7 de enero de 2009

Demonios de la noche


Trío de maestros este mes en el Malba: Robert Aldrich, Anthony Mann y Jean-Pierre Melville. Se podría decir tres maestros de los géneros, y también es verdad. O genios del sistema que ellos mismos crearon, con una inteligencia estética y narrativa que desafió cualquier estandarización de las épocas que le tocaron vivir, filmar, afirmar y aniquilar. Todo eso lo hicieron con una cámara de cine, un aparato que supieron enchufar para que la electricidad se transforme en películas que dinamitan las paredes para ver un poco más allá en la noche cinematográfica (no se trata de negar la oscuridad, sino de saber moverse en ella). De entre las obras más oscuras del ciclo recomiendo El demonio de la noche (He Walked By Night, EUA, 1948), un police procedural convertido en film noir por Alton & Mann, dos tipos duros de matar. Acá mi texto breve sobre la película:
El mejor film noir cristalizó un conflicto esencial y no lo resolvió nunca: en un solo gesto puso en relación la carga crítica del realismo de posguerra junto a la estilización violenta traída de la vanguardia más retorcida. Así logró, principalmente desde la clase B, que el onirismo de Hollywood se convirtiera en una pesadilla maliciosa. El demonio de la noche es la más ignota de las obras maestras de esta sed de mal. Al estilo documental para retratar una investigación policial se le adosan los más brutales delirios del claroscuro; el resultado es un monstruo bicéfalo que sale desde el averno para devorar toda certeza. Los créditos dicen que dirige solo un tal Werker, pero no crean lo que leen. El verdadero autor es Anthony Mann y es fácil demostrarlo: El demonio de la noche nace de su relación bien establecida con John Alton, el virtuoso fotógrafo húngaro, que colaboró con Mann en media docena de películas. Varios momentos son coreografías perfectas de sombras y luces, como la secuencia underground del final que prefigura a El tercer hombre.

viernes, 26 de diciembre de 2008

Club Atlético Motorizado


En la celebración del fuego todos/as somos motorizados/as. Rara comunión plenaria en los recitales donde arden pirotécnicos los ruidos entre la destrucción total y la pasión por el renacer de la galaxia. Siempre que no estamos lejos, en otra galaxia, estamos ahí: comulgando entre todos/as, en los pogos paganos más mezclados. Ahí germinó una banda, entre un público que quiere ser musical y deportivamente ritualista. Y, de alguna manera, pertenezco a esa banda sin carnet, sin cuota al día, como me pasa en casi todas las bandas a las que pertenezco (como buen seguidor de la filosofía marxista: "No deseo pertenecer a ningún club que acepte como socio a alguien como yo"). Igual, el cariño, la hermandad espacial, existe entre todos/as, cuando abrazados sin conocernos aullamos cualquiera de esas canciones que nos hacen tanto mal que por bien no venga. Y como el cibernauta voyeur que soy, encuentro todos esos gestos virtuales que hacen del mundo algo más habitable (como estas palabras de elpanicplay en el flog de la banda).
La foto de arriba, que pertenece al último show del Marquee de este diciembre final, es de Brixie, otra de la banda, con quien no tengo el gusto pero que intuyo que alguna vez le di algún topetazo sin saberlo, provocando algún fuera de foco, alguna foto corrida, entre las tantas que obtiene de su obsesiva pulsión por el click digital con que retrata cada movimiento motorizado. Y si quieren investigar a los/as miembros desmembrados de la banda de Él mató a un policía motorizado, lo pueden hacer en este link de Vienen Bajando, el sitio creado por Mariano, otro bandido, con quien sí tengo el gusto.

viernes, 12 de diciembre de 2008

A la luz de la catástrofe


Voy a subir al techo a ver, admiraré el desastre bajo la luz de la luna gigante.
Mi próximo movimiento
Él mató a un policía motorizado

Algún recorrido posible de las historias del cine (el plural de historia es puramente godardiano) debería poder seguir los intentos de distintos cineastas por destruir el cine. Cineastas de impulsos criminales, francotiradores audiovisuales que, en lugar de seguir perpetuando una estética, una lógica, una esencia cinematográfica, quisieron arruinarla, aniquilarla, asesinarla. Godard, claro, es uno de los principales autores de estos crímenes, en parte un cómplice modesto del terrorista Guy Debord, quien alguna vez afirmó que quería asesinar al cine porque era más fácil que asesinar a un transeúnte (y lo logró en alguna de sus antipelículas más incendiarias). Así de oscuros son algunos creadores que usan la destrucción con forma expresiva-explosiva, que incluso llegan a hacer estallar literalmente las películas. Y, en este sentido, si se escribiese tal recorrido por la historia de la destrucción cinematográfica, algunas páginas deberían estar dedicadas a los finales de películas como Irma Vep de Olivier Assayas y Two-Lane Blacktop de Monte Hellman, o a cualquiera de los cortos del austríaco experimental Peter Tscherkassky, especialmente su Trilogía en Cinemascope. Momentos todos estos en los que la destrucción de la película proyectada se convierte en pirotecnia audiovisual, de ésa que además de encandilar llega a iluminar nuevas posibilidades de entender la imagen y el cine en general. Mi máximo ejemplo en este sentido es Gremlins 2, de Joe Dante, un catedrático de la destrucción (ver en EA 79 una nota sobre una de las últimas películas de Dante sabiamente titulada "Rompan todo"). Mientras se desarrolla una escena de caos masivo perpetrado por las extrañas criaturas de Gremlins 2, se comienza a quemar el celuloide de la película hasta que la luz blanca del proyector invade toda la pantalla. De golpe, los gremlins comienzan a hacer sombras chinescas sobre la pantalla blanca como si estuviesen en la cabina de proyección tras haber destruido la película. Así, en ese momento, el cine se convierte en un teatro de sombras grotesco, primitivo, absurdo, antinarrativo: la imagen fílmica sale del realismo fotográfico para encandilar con otros sentidos, con otra superficie visual. Y el falso accidente para Dante se vuelve un giro radical, pero con la premisa de que el espacio generado por la ruptura debe ser el atajo para salir a jugar, la destrucción es siempre diversión. Y Robert Rodriguez parece haber aprendido de ahí una de las tantas lecciones de los gremlins, para escribir la última gran aventura dantesca en la destrucción del cine: Planet Terror.
Fragmento de mi crítica publicada en El Amante 199.

lunes, 24 de noviembre de 2008

Jesus not Dead


www.invenciblevulnavia.blogspot.com dice:
cómo va el disco nuevo?
Santiago dice:
tengo que dejar el disco en la fábrica mañana antes de irme
www.invenciblevulnavia.blogspot.com dice:
uffffff, contrarreloj
Santiago dice:
tenemos que ir a buscar el master saliendo de capital al norte, y llevarlo a lanús
www.invenciblevulnavia.blogspot.com dice:
cruzar épicamente toda la capital
www.invenciblevulnavia.blogspot.com dice:
bueno, es un trip hasta el fin del mundo, porque si algún lugar puede ser el fin del mundo es lanús
www.invenciblevulnavia.blogspot.com dice:
lo digo por experiencia, me crié en lanús
www.invenciblevulnavia.blogspot.com dice:
lanús es medio apocalíptico
www.invenciblevulnavia.blogspot.com dice:
es el más allá
www.invenciblevulnavia.blogspot.com dice:
o al menos algunas zonas
Santiago dice:
jajaja
Santiago dice:
qué miedo
www.invenciblevulnavia.blogspot.com dice:
che, el recital de Jesus and Mary Chain estuvo muy alto, la verdad que los tipos envejecen con una dignidad que es envidiable
www.invenciblevulnavia.blogspot.com dice:
some candy talking fue el momento más alto en un recital de mi vida
Santiago dice:
a mi me volvió loco, como que
Santiago dice:
tocaban re sueltos, no les importaba nada
Santiago dice:
y esos temas,
Santiago dice:
todo bien salvaje pero un poco elegante
www.invenciblevulnavia.blogspot.com dice:
sí, claro, eran sobrios y sueltos, un tipo de informalidad sin pose rock
Santiago dice:
claro
Santiago dice:
fue increíble verlos, ya con verlos y que no sean fotos, yo con eso ya estaba hecho
www.invenciblevulnavia.blogspot.com dice:
sí, la elegancia es sustancial, elegancia pero no estilización
Santiago dice:
jeje
www.invenciblevulnavia.blogspot.com dice:
para mí la única falla fue que head on la tocaron muy pronto, fue segunda canción, y todavía era de día y no había clima, es una canción que necesita clima
Santiago dice:
jaja si, posta, que sea de día era medio bajón
www.invenciblevulnavia.blogspot.com dice:
igual fue increíble cómo oscureció con ellos tocando
www.invenciblevulnavia.blogspot.com dice:
como si llamaran la noche
Santiago dice:
jaja que bueno
Santiago dice:
escribite una reseña que la pego en mi pieza
www.invenciblevulnavia.blogspot.com dice:
jeje, el que tenés que escribir la reseña sos vos, que hiciste el mejor cover de Head on
Santiago dice:
je
www.invenciblevulnavia.blogspot.com dice:
para mí lo mejor del recital fue el pifie de las introducciones un par de veces
www.invenciblevulnavia.blogspot.com dice:
esos errores fueron hermosos, fue como una rebelión de los instrumentos
Santiago dice:
jaja siii!
www.invenciblevulnavia.blogspot.com dice:
como un ruido que no se puede domesticar, que sale y se va para cualquier lado
Santiago dice:
como que esas cosas, hacen todo más real
Santiago dice:
como que una banda tan importante en la historia, hace cosas de banda colgada
www.invenciblevulnavia.blogspot.com dice:
sí, que los tipos están vivos, que no son el robot con la canción programada
Santiago dice:
claro, pero rompe una brecha, como que..
Santiago dice:
es lo mismo tu banda que U2, son dos bandas de rock
Santiago dice:
u2 tiene millones de producción a la hora de un show, y los demás no
Santiago dice:
pero estos chabones van tocan sus canciones zarpadas
Santiago dice:
y si se equivocan se equivocan, arrancan de nuevo, no dejan de ser zarpados y gigantes
www.invenciblevulnavia.blogspot.com dice:
sí, claro, eso, los mejores tipos que rockean son los que nunca pierden la idea de zarparse, pero sin hacer de eso una pose, sino que se transforme en canción indomable
Santiago dice:
claro
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para mí era lo más opuesto que se podía ver a Offspring, que son los tipos que domestican el punk hasta hacerlo inofensivo
Santiago dice:
me siento identificado con ese salvajismo.. de hacer ruidos entre tema y tema.. el loco probaba la guitarra
Santiago dice:
y eso me enamora, no puedo resistirme
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sí, eso era genial, pedaleaba entre canción y canción
Santiago dice:
jaja se
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como que no se desaceleraba en las curvas
Santiago dice:
que buena esa frase
Santiago dice:
jajaj, sin desacelerar en las curvas
Santiago dice:
puede ser un estribillo letal
www.invenciblevulnavia.blogspot.com dice:
jeje
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hoy pensaba una metáfora motorizada para definir el recital de Jesus: es como ir en la ruta en auto a los pedos sin perder la visión lúcida, pudiendo ver perfectamente el paisaje al costado, y de pronto, distraído por el paisaje, chocás contra un camión y salís ileso, y ya no necesitás la velocidad del auto y te vas caminando, más sabio, con la experiencia esa como redención
Santiago dice:
que bueno eso para un video
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sí, a veces pienso la música con imágenes, somos de la generación formateada por el videoclip
Santiago dice:
imagino el choque en super cámara lenta, todas las partes desarmándose.. y el loco saliendo ileso
Santiago dice:
va como piña, jeje
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como Robocop saliendo entre el fuego de la estación de servicio ardiendo
Santiago dice:
jajajaja
Santiago dice:
la narpie de Robocop bajando del auto, qué lindo
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esa imagen es perfecta, sí, claro
Santiago dice:
están haciendo una remake, viste?
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no, no sabía
Santiago dice:
robocop 2000 algo así
Santiago dice:
o robocop 2010, no me acuerdo

sábado, 15 de noviembre de 2008

Fórmula alquímica


Rumbo al XXIV Concurso Nacional de Cine y Video Independiente de Cipolletti, al bajar del micro en la estación rionegrina de General Roca con Ezequiel Acuña, descubrimos un pub/restaurant/boite de nombre exquisito: "merlot y besos". Como si se tratase de una conjunción ensoñadora, como si fuese una fórmula alquímica coreada en el bolero más secreto, esas dos palabras nos hicieron fantasear durante todo el festival, pero las obligaciones profesionales y la distancia entre Cipolletti y Roca no nos permitieron visitarlo para, por lo menos, mojarnos los labios con su promocionado trago 007 o disfrutar de las "tres horitas felices" que prometen en el sitio oficial. Otra vez será. Nos queda el recuerdo digital de Magdalena Arau que encabeza este post, quien a diferencia de nosotros pudo capturar una estampa de ese edificio geométrico que ya es parte sustancial de nuestra fantasía más dionisíaca.

sábado, 1 de noviembre de 2008

La dicha en movimiento


Como el orgullo se demuestra andando, hoy, desde Plaza de Mayo a las 15 horas, se va a realizar la XVII Marcha del Orgullo LGTBT. Habrá recitales de Sr. Tomate y Javi Punga en Plaza de Mayo y después, alrededor de las 18 horas, todos a la Plaza Congreso. Eso nada más, y qué tengan feliz día del Orgullo LGBT.
Y a los que quieren saber por qué marchamos, en el último suplemento Soy algunxs lo explican.