domingo, 20 de marzo de 2011

Rosa Chancho


Rosa tiene 85 años y varios achaques de la edad la tienen a mal traer: inapetencia, pérdida de peso, alguna caída peligrosa en el baño, entre otros imprevistos malestares de los que igual está saliendo airosa. Vive en Gualeguaychú, en su casa al fondo de la de La Mari, su única hija, tercera entre tres varones. Ahora que La Mari se fue de vacaciones a lo de una prima, Rosa está acompañada permanentemente por El Coco, su hijo mayor. Pero La Mari y su prima llaman para ver cómo anda su madre y su tía respectivamente, para decirle que se cuide, etc. En un llamado del viernes, El Coco escuchó que Rosa, cansada del blablabla telefónico de las dos, tras colgar el teléfono dijo: “Por qué no se lavan la cajeta y se toman el agua”. Rosa es mi suegra. Y me siento muy, muy orgulloso de que esté atravesando un presente tan punk.

viernes, 18 de marzo de 2011

Alerta roja


Podía decir que no era muy mi tipo, aunque también tengo que admitir que ya en El informante, cuando lo encanecieron, Russell Crowne me parecía interesante, pero sabiendo que todo aquello era un efecto del maquillaje, es verdad que me deserotizaba un poco. Lo que no es obra de ningún truco es su cara medio rellena, que siempre le queda bastante bien. Cuando lo vi diez años después en Body of Lies, más gordito y promediando los cuarenta, me dieron ganas reales de sacarlo a bailar. ¿Me permite esta pieza? Ahora veo esta foto de arriba y directamente me lo comería en pan árabe, que es redondo como él. La foto de su rechonchez circula como un escándalo, como denuncia que del fornido gladiador que fue ya no queda nada. ¿Cómo que no, si se multiplicó? Para mí también es un escándalo, pero de dimensiones sensuales. Y si sumo la barba canosa con la que aparece muy seguido, me pongo como loco. Y ya no sé si mi gusto se amplía o si son los hombres que se vienen cada vez más amplios. Pero miro esa papada de la foto, esa tetilla que se marca por la remera, y me parece un espectáculo pornográfico.

sábado, 12 de marzo de 2011

Caminos por todas partes

En la compilación que armamos el año pasado sobre found footage con Leandro Listorti, escribí un artículo llamado "Post-cine", dedicado a Wound Footage, un corto de seis minutos de Thorsten Fleisch. Arriba tienen el corto, abajo está la traducción de la sinopsis original, más abajo la cita de Benjamin que abre el artículo, y al pie está la aclaración del propio Thorsten sobre el texto que escribió sobre esta película post. Citas, citas, citas: found footage, reproducciones, internet. La celebración del post.

“Encontré esto recientemente en mi disco duro. El material original es un metraje encontrado de película Súper 8. El rollo fue atacado en una multitud de maneras. Fue rayado, rajado y violado. Capturé un intento de proyectarlo. Se quemó y fue destruido por el proyector. Pobre pequeña película. Con las imágenes de video violenté una bajada a la computadora. Como resultado de ello fueron dislocados algunos píxeles. Finalmente, refilmé la película desde el monitor mientras, de
alguna manera, agitaba los cables que conectan el monitor con mi computadora. Todo esto puede sonar muy negativo, pero el resultado fue casi humanista. Se unificó lo digital con el mundo analógico. Parecen tan lejanos pero sin embargo no lo son. Al exponer las debilidades y las lesiones todos los materiales se hicieron uno. Al final, todas son sensaciones visuales. Rita Hayworth canta provocativamente*.” Thorsten Fleisch

"El carácter destructivo no ve nada duradero. Pero por eso mismo ve caminos por todas partes. Donde otros tropiezan con muros o con montañas, él ve también un camino. Y como lo ve por todas partes, por eso tiene siempre algo que dejar en la cuneta. Y no siempre con áspera violencia, a veces con violencia refinada. Como por todas partes ve caminos, está siempre en la encrucijada. En ningún instante es capaz de saber lo que traerá consigo el próximo. Hace escombros de lo existente, y no por los escombros mismos, sino por el camino que pasa a través." Walter Benjamin, Discursos interrumpidos I, Taurus, Buenos Aires, 1989.

* En la traducción que hice del texto original de Thorsten publicado en el Chicago Underground Film Festival (CUFF), intento salvar un equívoco en la última frase, tratando de respetar cierto sutil glamour degradado del corto, al mismo tiempo que ensayo una posible traducción de "grindly", que es una palabra medio inventada. Creo que no lo logré, por eso copio parte de un mail en el que Thorsten me explicó la confusión original: "the guys from CUFF changed the end of the text. originally I wrote 'rita hayworth grindily sings along.' they changed it to grandly as I made up the word grindily myself and they probably thought I meant grandly. but what I meant is that I grinded her voice. I used an audio sample of 'put the blame on mame' from the film gilda and played with it on a tape echo machine and some digital effects."

martes, 8 de marzo de 2011

Gremlin 3D



Soñé que se juntaban los fabulosos TNT y nos cantaban a mí y a mi novio Gremlin.

No puedo con él, no hay manera, mi novio Gremlin es una pesadilla, fue creado para el mal, aunque por eso mismo lo quiero tanto. Fuimos juntos a ver Piraña 3D, la mejor película de esta temporada, y él también se puso contento, tanto que ni siquiera le pintó el bajón al recordar la versión de su padre, Joe Dante. Creo que se identificó con los peces carnívoros, ancestros de la cadena involutiva de criaturas como él, que viven devorando todo, carcomiendo hasta los límites de su propia clase, la B, que ya avanzó a mordisco limpio hasta jugar en la A, y ganar cualquier torneo en la primera de cambio. Es que, justamente, es especialista en el cambio, nada se pierde, todo se transforma en Gremlin. Y ahora, cada vez que trato de ver una película en mi netbook, especialmente cuando me pongo retro y bajo una de los gloriosos 80, él viene con sus anteojos de tres dimensiones, que se los choreó en la función de Piraña, para que me deje de nostalgia y lo acompañe al cine, a la gloria de la pantalla gigante, porque los placeres hay que dárselos a lo grande. Hedonista salió. Y hoy, mientras miraba Muchacho Lobo, se apareció con un clon pequeño (ver foto arriba), que dice que es su hijo. De hecho, el niño me dice "Mamá", y yo, que no esquivé nunca el bulto, acepto el rol con orgullo, y si bien no me acuerdo cuándo lo parí, sé que ser madre no es sólo cuestión de parir. Lo que sí espero es que no le dé por querer que lo amamante, porque tengo los pezones sensibles como para tolerar que me succione un gremlin bebé. Eso sí, debo acordarme de no darle de comer después de medianoche.

martes, 1 de marzo de 2011

Arena zombie


Desde el próximo jueves, la filial Argentina de Fipresci, a la que pertenezco, hace una Semana de la Crítica, en el Cine Cosmos, donde se entregarán los premios a las mejores películas de 2010 y se proyectarán preestrenos, entre las seleccionadas está Survival of the Dead, de George A. Romero, última entrega de su saga de muertos vivos y de su genio horroroso. Si pasan por acá están detalladas las nominadas, por acá van a tener el programa completo y más detalles de la muestra. Y abajo copio mi texto sobre la película de Romero que escribí para el programa:

Desde el principio fue claro que los muertos vivos de Romero eran un campo de acción sin límites para el horror, nunca un modelo petrificado de cine de género, por eso se convirtió en el mejor ejemplar de Elige tu propia aventura, infinito en posibilidades como el borgeano Libro de la Arena: lo alto bien abajo, el cerebro a la altura de las vísceras, hacer de tripas, corazón. Esta sobrevida de Romero -su sexta explosión de una saga insumisa, supernumeraria-, parece mordisquear La isla del Dr. Moreau de H. G. Wells, para canibalizar eso de que el experimento cuanto más aberrante, más emocionante. Nada de arqueología sobre su propia obra (para eso está el ataque de los clones en forma de homenajes y remakes ajenas), para Romero la emoción es reinventar todo para alucinar zombies acuáticos, tirar chistes sobre sexo oral undead o enseñar a prender un cigarrillo con la cabeza de un muerto vivo. Pero, sobre todo, su sabiduría está en recordar que en la lucha con cada muerto vivo se debate cuerpo a cuerpo una idea del cine, donde todo vale oro dentro de una vitalidad narrativa que es política en su cristalina oscuridad. La ideología estética no se sostiene hasta la muerte, sino también más allá de ella.

jueves, 24 de febrero de 2011

Un montón de nada


Roderick Jaynes no existe. Tal vez ya lo sepan. El tipo que está acreditado como montajista de muchas películas de los hermanos Coen no es nadie. O, mejor dicho, es nadie por dos: son ellos, los Coen. Para ser el hombre que nunca estuvo no le fue tan mal, Jaynes recibió al menos dos nominaciones al Oscar, una por Fargo, otra por Sin lugar para los débiles. No ganó nada. Esta vez, entre las diez nominaciones que obtuvo Temple de acero, se olvidaron de Jaynes. O tal vez alguien se dio cuenta de que era ridículo seguir nominando a alguien que no existe. Un perfecto chiste de los Coen. Un chiste nihilista, perfecto porque nunca tuvo su remate, terminó en la nada. Y por eso, nada podría ser más coherente. Nada. Y de eso trata el cine de los Coen. En un primer intento de hurgar en el archivo visual de los Coen, de esa nada se pondrían extraer varias imágenes ejemplares: la hoja en blanco de Barton Fink o las nieves eternas que borran el paisaje de Fargo. Son válidas como ejemplo hasta cierto punto, porque además de decepcionar por su obviedad, son sólo excepciones de un cine más bien recargado de situaciones, personajes, estéticas. Porque los Coen ya arrastran con una serie de películas que ofrecen bastante, y multiplican demasiado, para sostener tan fácilmente que su recurrencia es la nada: hay comedia lunática, film noir recargado, dramas absurdistas, películas de época, adaptaciones literarias, etc. Pero igual, antes de seguir, conviene diferenciar la nada del vacío, como dos cosas bien distintas. El de los Coen es un cine más bien empachado, al límite de su capacidad, colmado, muy lejano a cualquier vacío; nunca una película de la dupla se exhibe raquítica, despojada. Más aún, incluso en las películas menos interesantes, ambos cineastas saben bien lo que quieren, son muy concretos y opulentos en la creación de su mundo, a todo nivel, empezando por lo minúsculo. Y justo ahí tal vez esté la clave de todo su potencial, de la locura nihilista de los Coen, en la reducción ridícula de todo a lo minúsculo.
Primera parte de mi crítica a la oscarizada Temple de acero de los Coen Bros., publicada en el número de este mes de la revista El Amante.

viernes, 18 de febrero de 2011

Llena mi cabeza de rock platense


Estoy dibujado, otra vez. Antes fue Sala (que se presenta la semana próxima en plan doble, dos libros más dos profesiones: historietista y músico; acá su flyer). Ahora es Olmos, o Gasto Fauno, si prefieren. Y este flyer pertenece a la fecha de hoy en La Plata, en el lugar rebautizado Pura Birra, en honor del litraje de rubia que se inyecta la muchachada que pulula por el recinto. Veo el flyer y no puedo dejar de identificarme, nostálgicamente, con mi rodete samurai (aunque tal vez sea más look dama antigua), que ahora brilla por su ausencia (suplantado por la cola de caballo o de potra, ustedes eligen), pero fue lo más glamuroso que alguna vez se posó en mi cabeza, como un nido vacío que tal vez sólo existió para justificar este dibujo. Pero también me identifico totalmente con mi piel de oso pálido, mi bigote asimétrica y despobladamente impresentable, mi barba sin ningún sentido de la prolijidad. Me identifica, me refleja tanto el dibujo que me da miedo ser tan parecido a eso. Ser eso. Qué le voy a hacer, soy lo que soy, pero me importa poco porque estoy cerca de lo bestial, alrededor de lo mejor: los tres grandes (Punga, Reno y Miro) de la canción low-fi hecha épica generacional que le hace frente a todo el caos, inhalándolo para devolverlo rítmica a todo pulmón. Y también los 107 Faunos como corona, mis favoritos del post-pop, con sus melodías rústicas de coros de barricada, resultado de la alta tensión nerviosa sumergida en el tumulto urbano y suburbano para encontrar, como todo trofeo, el sonido que no se entiende sin desaprender la miserable forma compositiva del hit indie elegante, con pose rocker afinada y estribillo poca cosa. (Con Linux no tengo el gusto, más tarde escucharé qué onda). Eso, que me gusta estar ahí, en medio del gentío ruidoso que me despeina con canciones por las que vale la pena entregar la cabeza.
PS: me aclararon que parte del arte del flyer, especialmente lo referido al texto, fue dibujado por Mora, tecladista de 107 Faunos, que ya tiene una doble en La Plata, que le sigue los pasos de cerquita, como una experta sabuesa clon.

miércoles, 16 de febrero de 2011

¿Fin de fiesta?


No hay seguridad de que sea el final definitivo, pero al menos es una primera despedida. El ósculo hirsuto, de golpe y porrazo, dijo chau a quienes seguimos las aventuras de Funes, el poeta pelado, bigotudo, panzón y peludito, enamorado (como yo) de Cornelio, daddy encantador. No me pasó nunca eso de compartir amante con un personaje de historieta, pero siempre hay una primera vez para la alucinación erotómana impensada. Tal vez sea la última (disculpen que esté pesimista). Aunque tengo la posibilidad de leerlos cuantas veces quiera, los voy a extrañar bastante, porque ya no los sentiré vivos: revisar sus viñetas será como ver fotos viejas. Tras la palabra fin, desconcertado, le hice una entrevista a Guibu, el titiritero detrás de las hilos de la historia de este amor (como no hay otro igual) que comenzó con una depilación perianal (una poda alrededor del agujero del culo, si prefieren) y termina con una cita a Borges, Jorge Luis. Y me atrevo a decir que para mí esta historieta fue como un Aleph anal. Tomá mate.

miércoles, 9 de febrero de 2011

Satana Superstar


Hace poco más de dos meses Laura Ramos, en su impecable y estimulante columna dominical de Clarín, me citaba por unas líneas que escribí sobre Tura Satana en una nota que publiqué hace más de dos años sobre las películas de Russ Meyer. El sábado, por desgracia, se nos fue redepente la heroína más guerrera, la Pussycat por excelencia de busto, caderas y mirada, Tura Satana. Y la bailarina oscura en la claridad me hizo derramar un par de lágrimas dulces. Me pasa, y cada vez más seguido, me estoy poniendo melancólico y pelotudo: me siento viudo de personas que sólo vi desfilar por un par de películas, y tal vez no las veo en movimiento desde hace años, lustros, décadas. Mi enfermedad es la cinefilia (o "cinéfilis", como decía Andrés Caicedo), y no tiene cura, ni tratamiento. Y me parece que es degenerativa (se sabe que todo lo relacionado con el cine se deforma en/por/con el tiempo). Para evitar que ustedes también lloren, les dejo mi traducción (apurada) del fragmento de John Waters donde nombra a Satana en el capítulo 11 de su (temprana) autobiografía de 1981 Shock Value: un pequeño réquiem risueño para la más temeraria de las actrices. Y si llegan a lagrimear con este texto de Waters, avisen, porque me serviría de consuelo (sabría que alguien está más enfermo que yo).

"Tras veinte años de ser el máximo fan de Faster, Pussycat! Kill! Kill!, traté de localizar a su estrella, Tura Satana, para averiguar cómo era su vida por estos días y cómo se sentía por haber estado involucrada en semejante obra maestra. Finalmente conseguí su teléfono de Los Angeles y decidí llamarla. Una niña atendió el teléfono y cuando pregunté por Tura, me sorprendió oir a la pequeña diciendo 'Espere', y gritar 'Mami'. Después de tantos años fantasiando sobre la vida de la más perversa de las pussycats, estaba shockeado al darme cuenta de que Tura Satana era, después de todo, sólo una actriz. Nuestra entrevista fue corta pero dulce.
Tura me explicó que actualmente estaba trabajando como enfermera y atendía el consultorio de un médico. Notando mi sorpresa frente a su cambio de carrera, se rió y acotó: 'Los pacientes no se portan mal conmigo, al menos'. Me aclaró que Tura Satana es su verdadero nombre, y traté de imaginarme esa belleza pechugona en un traje de enfermera con un prendedor en el bolsillo delantero que dice 'Enfermera Satana'. Ella era una estrella popular del buslesque y recuerda que 'eso mantuvo mi buena figura'. Tuvo el papel en Pussycat porque su agente la sugirió a Russ, sintiendo que ella 'estaba perfectamente modelada para ese personaje', con el condimento añadido de 'saber karate'. Tura nunca ha visto ninguna de las películas de Russ excepto 'esa en la que estoy', y agrega al pasar que ese film 'ni ayudó ni perjudicó mi carrera'. Ella también actuó en Irma, la dulce, Who's Been Sleeping in My Bed, Astro Zombies y The Doll Squad.
Tura tiene buenos recuerdos de Faster Pussycat... y de sus otras dos cinematográficas hermanas en el crimen, pero no sucede lo mismo con la actriz que interpretó a su víctima. 'Esa era la típica maleducada de Hollywood. Nunca llegaba puntual a nada. Me enfurecía con ella a tal punto que necesitaba descargarme partiendo un durmiente de la vía con un golpe de karate.' Del protagonista tiene recuerdos más terribles: 'Uffff, esas escenas de amor eran actuación pura. ¡Ese tipo era un tarado de gimnasio y tenía mal aliento!'
La opinión de la señora Satana sobre ser una estrella de culto haría dudar a cualquier aspirante actual de actriz: 'Cuando la película se estrenó, todos los que la vieron querían pegarme. Recibí un montón de cartas de tipos que querían tirarme toda la mierda que tenían dentro.'"

sábado, 5 de febrero de 2011

La sangre de un poeta


Sobre Buen día, día, un documental sobre Miguel Abuelo, les dejo mi nota publicada originalmente en el suplemento Soy, esta mismísima semana, donde para celebrar su veinte aniversario, las tetas de Batato se inflaron para la tapa.

En el principio fue el verbo del poeta sin final. “Todo lo que ata es asesino”, cantaba libertario en un single temprano de fines de los sesenta, “Oye niño”, cuando era La Perla de La Cueva, cuando el rock aún estaba en pañales y él ya se los había bajado para hacerle pis encima. Pis de Abuelo, pero nada de pañal geriátrico, porque era y fue siempre juventud, pura y contaminada juventud. Trovador danzarín que fue y vino, antes que todo, pero nunca al derecho siempre al revés, para inventar el rock nacional pero devolviéndole el n'roll, o mejor en plural, los n roles. Y por esos rollos gira el documental Buen día, día, con el que Sergio Costantino y Eduardo Pinto saludan al poeta con sus propias palabras, que son de cualquiera que se atreva a corear el paso de los libres. Nos dicen los cineastas que fue bautizado Miguel Angel Peralta, y aunque se hizo Abuelo de la Nada para tratar de ocultar el Angel, igual se le notaba su carácter celestial en el destello de bengala de ojos y rulos de querubín renacentista y en sus versos alados. Miguel Abuelo, mariposa de madera que repartió sus alas como regalo caido del cielo para volar a él, por él, abriendo su sonrisa luciferina, cómplice de amor, con dientes de azufre ardiente de ángel de la luz. La risa siempre sobre la palma de su lengua: “que no baje el nivel de comedia”, le gustaba repetir al poeta, recuerda su cómplice musical en distintos caminos y épocas, Kubero Díaz. La divina comedia de la loca, del putañero teatral que el Abuelo encarnó como nadie, contracara esperpéntica de la perfecta elegancia maricona de Federico Moura: dos lados de una misma moneda descarada. “Esas calzas fucsias”, dice Andrés Calamaro, casi como alucinándolas delante de sus ray-bans, o parapetado atrás de los lentes oscuros porque los recuerdos de Miguel encandilan, “sol que mata de verdad/solfeando en la oscuridad”. Esas calzas fucsias: uno de los vestuario-monumentos de los 80, cuando en el auge del rock de acá, del Sur que también resiste, Miguel se las enfundaba para bailar poseso, sobremaquillado, como casi nadie (¿Sandro?) se atrevió a agitar sobre tablas rockeras. A ese modelito, le siguieron y lo prenunciaron otros tantos, muchos, que ceñidos o volando alrededor de su cuerpo, de su aura, no sólo lo dejaban fuera de todo perímetro disciplinario de virilidad rock, sino que lo convertían en esa bandera liberadora a la que le cantaba en primera persona. En eso de ser payaso payador, el documental incluye un incidente clave, muy ochentoso: en una de las presentaciones de “Cosas mías”, fin del ciclo de Los Abuelos de la Nada, Miguel dice que hay chicas y chicos lindos entre el público, y alguien, escudado cobardemente en el anonimato del gentío, le grita “puto”, una de esas costumbres argentinas de decir. Miguel A. le responde que deje vivir. Y después no se serena y redobla la apuesta, y presenta a su banda y a él como putos, sin comillas. "Todos putos (una bendición)", como escribió otro poeta, Esteban García. Y así, entregando su histrionismo como cáliz de sangre sidosa, pero sin convertirse en mártir, sin ser prócer ni hacer proselitismo, fue la loca desatada, de ropa y gesto sin anclajes de género, con sus “elásticos enhebradores de deseos” sin mucha relación con el glam, más bien en plan neobarroso pop. Porque Miguel Abuelo vino a ofrecer su corazón como himno para hacernos transfusiones a todxs, o fusiones trans para dar su virus vital en comunión festiva, misa pagana de Dionisos terrenal, bestia cantada. Porque si hay algo por lo que da felicidad vivir y morir en la locura -y que por eso no tiene el pathos de un rito sacrificial-, es por una poesía desaforada de la música en libertad. “No me lloren, crezcan”.

viernes, 14 de enero de 2011

I was a Teen Wolf


"Muchacho Lobo en la madrugada, despierto aún,
iluminado por la luna azul."
107 Faunos
Viernes pasado, trasnoche de humedad y lluvia tropical, Pura vida con toda, toda La Plata metida adentro (que en esta época del año no es mucha gente). Javi Punga soltaba esas canciones que me hacen aullar cuando terminan, me vuelvo una bestia subnormal gritona. Cuando acabo uno de mis deformes alaridos de gratitud, Gasto, que estaba atrás mío, se me acerca y me dice: "Sos Muchacho Lobo". Ufffff, quedé desarmado, fue el mejor piropo que alguien me dijo. Después Gasto tocó con una formación anárquica de los faunos (como son y serán, por suerte, todas sus formaciones). Empezaron con Un montón de miedo; fue un comienzo memorable. Ayer me desperté queriendo gritar esa canción, puede que haya soñado con ella, pero olvido mis sueños agradables y sólo retengo las pesadillas. Puse el cd y grité esa canción y, como no pude resistir la tentación, seguí con todo el disco al taco, mientras me desgarraba la garganta para hacer honor al piropo de Gasto. Era temprano y creo que desperté a todxs mis vecinxs que todavía dormían. Nadie vino a reclamar nada, tal vez están agradecidxs, o deberían estarlo, no siempre se levanta unx con tan buenas noticias musicales.

lunes, 10 de enero de 2011

Araña la tumba


Me di cuenta de que nunca había leído un cómic de El Hombre Araña, y eso era muy raro. Especialmente, porque el personaje siempre me atrajo, desde que lo veía volar en uno de los dibujos animados que más disfrutaba en mi infancia hasta que escuché la versión de Ramones de la cortina de ese mismo dibujo o la alusión al arácnido en una de las mejores canciones de Los Planetas. Incluso, me gusta bastante la (por ahora) trilogía de Sam Raimi y su adaptación cinematográfica de las aventuras de Peter Parker y su versión enmascarada (el pico de la saga es la segunda parte y la siempre increíble performance cartoon de J.K. Simmons). Entonces, en los papeles, traté de empezar por una historieta que me gustase: elegí una buena tapa y un gran título, Night of the Living Ned!, juego de palabras que alude a la película de George A. Romero de 1968, veinte años antes del cómic en cuestión (últimamente tengo una obsesión creciente por el mundo zombie y aledaños). El juego con esa película seminal sobre muertos vivos continúa dentro de la historieta, pero además de la narración claustrofóbica del primer Romero, dibujos y textos se dan varias vueltas por otros territorios, tantas como es posible en unas pocas páginas autoconclusivas, aunque el cómic pertenece a un crossover. La cuestión es que del terror zombie pasa a la ciencia ficción, de la narración psicológica alucinatoria al género de superhéroes, de la supremacía por el poder masculino a la emancipación feminista. Todo en el microcosmos de un departamento de pocos pisos, con una New York colapsada, postapocalíptica, y dos personajes perdidos en una acción mutante que no tiene más lógica que la confusión de los sentidos. Cuando termina, el que parecía ser el Hombre Araña, que hacía las veces de héroe devenido villano, finalmente no es el arácnido de traje casi azulgrana. Porque al final de la historieta uno se da cuenta de que hay mensaje: que se defiende una realidad que no necesita de superhéroes; por lo tanto, el Spectacular Spider-Man que promete la tapa no existe nunca entre las páginas, era sólo producto de una suerte de accidente monstruoso. Terminé de leer el cómic un poco mareado, pero satisfecho de ese molino de papel que me descolocó con la misma sutileza que lxs historietistas que más me gustan. Pero como el héroe no aparece, al final me sorprendí volviendo al punto cero de mi aventura, como en un loop: cuando cerré la revista me di cuenta de que nunca había leído un cómic de El Hombre Araña, y eso era muy raro.

sábado, 8 de enero de 2011

Minas dandys


Oscar Wilde, el dandy decimonónico más pop, vuelve más trans: ahora cuatro mujeres de la entreguerra le hacen el aguante: Baronesa Elsa von Freytag-Loringhoven, Djuna Barnes, Florine Stettheimer y Romaine Brooks. Ellas, todas, desafiaron a su época tanto o más que el esteta irlandés, y confundieron sus obras con sus biografías, como el dandysmo proponía como nueva forma de intervención crítica al objeto artístico, al mundo del arte, a la estética plastificada de los museos. En esta nota del suplemento Soy, a partir de un libro de Gloria G. Durán, hago una introducción a la versión femenina del dandysmo. Pero, si quieren más, tienen la tesis de Durán, de unas 737 páginas en pdf, para leer durante el verano y saber más sobre las biografías de cuatro dandys que escaparon a la normalización genérica.
Y un poquito más de Wilde por acá.

jueves, 30 de diciembre de 2010

¡Arde, puto de cartón!


Termina 2010 bien arriba, o abajo de todo, en el mismísimo infierno: me convertí en un réprobo pajero de historieta (porque réprobo pajero en la vida real ya soy). O, mejor dicho, me convirtió Gustavo Sala a través de su Bife Angosto que sale todos los jueves en el suplemento NO. Vayamos a los bifes: ahora tuve una nueva salida del closet como puto de cartoon. Y eso me pone chocho porque me hace honor. Como podrán leer arriba (amplíen con un clic), mi versión funny animal es impecable, casi documental: tengo tetas, barba, me babeo con el cine mainstream, soy polideseante compulsivo, hiperpajero, cuando eyaculo me salta el pop-corn (ver viñeta tres), me prendo fuego en público inescrupulosamente y llego al averno con la japi y el culo quemados (que es como hay que llegar, porque si no te asás en vida, cuándo). Y abajo, en el sótano incendiado, me recibe el colorado cornudo, con físico de gimnasio, que es de los míos. Y, como ya se lo dije a la muchachada de Facebook, si tengo que ir al infierno por ser un puto pajero, me lo banco sin aire acondicionado.
A Sala lo conocí hace varios años, le hice una entrevista en uno de nuestros frecuentes encuentros marplatenses, que fue publicada en El Amante (creo que salió en marzo de 2009).
Cada tanto, su tira Bife angosto se compila en unos libros que edita De la Flor; el cada tanto del tomo dos llegó ahora, así que pueden degustarlo durante el verano. Pero su talento es bastante inagotable, no se limita al dibujo en tira, porque también canta en una banda casi fantasma que se llama Los dentistas tristes, hace espectáculos de humor, radio e, incluso, tiene tiempo de definir los gustos extravagantes de la heladería Italia de Mar del Plata, como lo hace en el flamante Libro de Oro del helado argentino de Javier Porta Fouz y Natalí Schejtman. Sala para todos los gustos.

domingo, 26 de diciembre de 2010

El jefe de los malos


Resultó ser que en el balance del año quedó entre mi Top Ten la película Halloween II de Rob Zombie. La crítica breve que publiqué en su momento incluía la letra de una canción, en ese momento inédita, de 107 faunos, ahora incluida en el disco Creo que te amo, que salió segundo entre los mejores discos del año del suplemento NO, pero en mi lista personal está primero. Abajo, entonces, les copio la crítica, originalmente publicada en El Amante, ahora en versión levemente extendida.

Pabellón psiquiátrico
Ni regodeo gore, ni torture porn ni nada que interfiera o condimente alla moda el horror, en Halloween II hay violencia directa al infierno, esa que asusta a repetición. Esta nueva masacre de Michael Meyer, el enmascarado de las Noches de brujas, tiene una veta slasher brutal hasta lo insoportable; incluso, en varios momentos la película es dolor puro. Cine bien heavy. Golpe a golpe, se hace camino al andar desquiciado, y Rob Zombie sabe que ese trazo grueso merece un grano del mismo calibre: la película está filmada en 16mm, con la emulsión física reaccionando a esa poca luz que queda entre tanta oscuridad. Por eso, la sangre no es roja, es oscura como la brea, lo que crea casi un nuevo subgénero: el gore dark. Pero esta negrura que recorre Meyer se interrumpe por su propio territorio-teatro onírico: imágenes níveas de él mismo y de su madre a caballo como zombies blancos. En un mundo oscuro, lo único que logra iluminar es la mente sucia: la mirada privilegia la inversión deformante, punto de vista perfecto para narrar con la malicia puesta (esa identificación con el monstruo, además, queda claro cuando Meyer se saca su icónica careta: lo que se logra ver de su cara entre sombras es igual a Rob Zombie). A primera vista se puede pensar que es una película psicológica, pero no: es terror psiquiátrico, y tal vez inaugure otro nuevo subgénero (es que Zombie hace películas sub, por debajo de lo que la conciencia estándar percibe como cine). Y sí, finalmente la psicosis (vía cita explícita a Hitchcock) se interna en Halloween II para confundirlo todo en un mismo brote de esquizo-cinefilia, para ser slasher y fantástica indistintamente, para ir en vaivén entre lo masculino y lo femenino (miren la androginia de la protagonista al final y la cita transexual de Rocky Horror Picture Show), para ser el gesto más descentrado de un loco peligroso: en la mente psicótica no hay anclaje posible, hay deriva impura y dura.
De los cinco largos para cine que dirigió Zombie, dos fueron segundas partes de películas propias. Halloween II además es remake, se puede decir que es segunda al cuadrado. Y como se dice, y se repite como frase hecha dogma: las segundas partes nunca fueron buenas. Y Zombie es un especialista en hacer las cosas mal, ese es su metier y ahí se mete sin asco. Un cirujano que sabe que la mala praxis es más incorrectamente aterradora y divertida. Así sea.
La canción que más tarareo por estos días, de esas que se instalan como un insecto zumbón en el cerebro, es una inédita de los 107 faunos, se llama “El jefe de los malos” y esto es todo lo que dice: “Ser el mejor en lo peor toda una misión cumplida. Una obra gigante.” Un himno perfecto para Meyer/Zombie.